¡Hola a todos! Para inaugurar mi nueva cuenta traigo un fanfic de mi OTP favorito de la saga Kagerou project. Espero que sea de su agrado.
Nota: Kagerou Project/Days no me pertenece, es propiedad de Jin.
Rojo. Todo a su alrededor era completamente brillante y de ese color. El sudor corría por su cuerpo, mientras que sus pulmones ardían. Fuertes punzadas atravesaron su pecho, tosiendo. El miedo inundaba su ser, logrando que su sentido común desapareciera. Era como un pequeño animal enjaulado sin ninguna escapatoria ante su dolorosa muerte. Sentía como aquel calor se acercaba a su piel.
Y allí era el fin de todo.
Sus ojos se abrieron rápidamente recobrando el sentido, encontrándose en su habitación. Suspiró pesadamente, notando como su cuerpo estaba cubierto de sudor. Cerró sus parpados fuertemente, recordando aquel rojo color que inundó sus sueños nuevamente. Ya era toda una rutina aquello, una miserable rutina.
Mordió su labio inferior intentando reprimir el llanto, justo en el momento que abrían la puerta de su cuarto.
—¿Señorita Tsubomi? Por favor despierte, ya es muy tarde y su padre se enojará si aún sigue en cama a estas horas —Entrecerró los ojos intentando que su vista se acostumbrase a la luz en el momento en que la sirvienta corría las persianas de su habitación— Su desayuno estará servido. Por favor apresúrese, ya que su padre la espera en el salón.
Solo escucho el "click" de su puerta al cerrarse. Su vida era la misma de cada día, despertar, comer, ir a la escuela, volver a casa a dormir. Ella estaba vacía, sin nadie alrededor para sostenerla. Toda su "vida" se esfumó aquel día en que perdió a una de las personas que ella más amaba, la única compañía en su soledad de ser la hija "producto" de una noche. Cada día se culpaba de aquel accidente que le arrebató la vida a su hermana mayor en esa calurosa noche de verano. Luego de eso nada fue igual. Podía sentir como todos a su alrededor deseaban que hubiese sido ella, y para su sorpresa pensaba de la misma forma. Realmente nada volvió a ser igual que antes.
Salió de la cama y se dirigió al cuarto de baño para tomar una ducha. Observó su rostro en el espejo. Aquellos oscuros ojos tenían algunas ojeras producto de su mal dormir, mientras que su piel estaba pálida como un papel. Su aspecto era horrible, o a menos eso pensaba todo el tiempo.
Luego de unos minutos ella estaba vestida con su uniforme escolar. Tomó sus cosas dirigiéndose rápidamente hacia el salón para desayunar junto a su padre.
—B-buenos días, padre— Agachó la cabeza al estar frente a él, para luego tomar lugar en la mesa.
—Buenos días— Su voz era grave y cortante.
De esa forma eran los pocos días en que ella desayunaba junto a él, en el que se formaba un ambiente tenso. Su padre jamás se había interesado en ella de ninguna manera.
Masticaba lentamente sin apetito alguno mientras divagaba en sus pensamientos, hasta que una voz la sacó de aquel lugar.
—Ha llegado una especie de circo a esta cuidad. Mis colegas me lo han recomendado, así que esta noche iremos a ver el espectáculo.
Observó sorprendida a su padre, sin creer lo que había escuchado. ¿Acaso estaba imaginando aquello? No era para nada común de él hablarle de esa manera, y mucho menos que quisiera pasar tiempo con su hija yendo a ver a unos "cirqueros", su padre era un hombre del que no se podría esperar ningún tipo de afecto.
—Está bien— Respondió tímidamente, aún con dudas en su cabeza.
Recogió sus cosas, viendo de reojo como su padre se retiraba del lugar sin despedirse ni desearle un buen día. Suspiró y comenzó a caminar hacia el jardín delantero, encontrándose con un coche que la esperaba para llevarla a sus clases como todos los días.
Subió al interior del auto, encontrándose con su chofer.
—Buenos días señorita— Un hombre de edad le saludaba cortésmente.
—Buenos días— Respondió inmediatamente.
Aquello era casi el único diálogo entre ambos. Miró hacia la ventana viendo como comenzaban a avanzar. Luego de unos minutos el coche se detuvo, percatándose de que ya habían llegado.
Caminó a su salón rápidamente sin llamar la atención de nadie, llegando por fin a su asiento viendo a su alrededor. Era lo mismo de siempre, los mismos rostros, las mismas palabras alegres de todos. Eso la enfermaba.
Sacó de su bolsillo su ipod, desenredando los audífonos lentamente. Aquel ruido de sus compañeros la enfurecían. A sus oídos llegó una conversación del puesto frente a ella, atrayendo su atención
—¿Te enteraste del nuevo circo que llegó a la ciudad?— Decía con emoción una chica pelirroja.
—¡Claro! Todo el mundo habla de él— Con casi la misma emoción le contestaba una rubia.
—Dicen que son verdaderamente buenos, que sus trucos son increíbles...me encantaría ver eso— Su voz era cada vez más chillona.
—Y también escuché que hay chicos muy guapos...— Una mirada con picardía apareció entre ambas.
—Deberíamos ir un día de estos, hoy será su primera función en este lugar...ya quisiera verlos...— Ambas comenzaban a reír.
Rodó los ojos colocando por fin los audífonos en sus oídos. Siempre escuchaba conversaciones de sus compañeras respecto a chicos que se han ligado "esas noches", eso la enfurecía aún más. El romance no era lo suyo, y jamás lo sería. Aquel sentimiento llamado amor no existía para ella. Su destino estaba escrito; casarse con un hombre de negocios cuando fuese más mayor elegido por su padre. Aquello lo sabía perfectamente, ella jamás podría amar a nadie ni ser feliz, y de cualquier manera ella sentía que no era merecedora de aquellos sentimientos.
Su atención volvió al percatarse de la llegada del maestro, dando el comienzo de esa larga jornada de estudios.
ஐ
Suspiró, estirando los brazos levemente, sintiéndose exhausta.
—Pueden retirarse— Escuchó la voz de la maestra que se retiraba del salón.
Tomó sus cosas, percatándose de como los alumnos salían rápidamente. Algunos se golpeaban amistosamente, otros se reunían en grupos para ir a esos tan populares "karaokes" luego de clase, mientras que otros simplemente salían del salón con sus amigos. Poco a poco el lugar quedó vacío, a excepción de ella.
Aquello era cosa de todos los días... ella era invisible para todos.
Observó la hora, recordando al instante la invitación de su padre a ver ese esperado espectáculo, sintiendo un pequeño cosquilleo en su estómago. El auto debería de estar esperándola para llevarla a casa. Y efectivamente fue así.
—Señorita Tsubomi, bienvenida— Ella sabía que esas palabras eran sólo por educación de parte de su chofer— ¿Cómo estuvo su día?
—Gracias, estuvo bien— Sintió como el auto comenzaba a moverse.
—Debo de entregarle una información de parte de su padre; ya que por un asunto de negocios de último minuto ha tenido que salir por unas semanas de la ciudad, y me ha dejado a cargo a mí de su cuidado, ya que él aún quiere que asista a la función de esta noche que prometió. Mis disculpas. La esperaré a las nueve fuera de la mansión para llevarla y la traeré cuando haya acabado el espectáculo.
Su decepción fue instantánea pero predecible. Para ella era sólo una fantasía aquella salida con su padre, y así ocurrió. Pero una duda se cruzó en su mente, ¿cuál era el motivo por el que su padre aún quería que ella fuese a ese espectáculo? Sus manos apretaron fuertemente el borde de su falda, ¿estaría tramando algo?
—Está bien —Su voz era sólo un susurró.
Al llegar a su hogar fue recibida por los empleados de turno de aquella tarde. Sentía como las miradas de odio se posaban en ella al pasar por la entrada. Corrió hacia la escalera, intentando llegar lo antes posible a su habitación. Sus ojos comenzaban a picar en señal de que pronto perdería el control, apresurándose hasta llegar a la puerta, cerrándola tras suyo. Su cuarto era el cómplice de todos sus miedos y secretos.
Se recostó en su cama, tirando su bolso al suelo para luego observar el techo color rosa pastel de su habitación. Aún era tratada como a niña, a pesar de sus 17 años. Siempre le dirían que hacer y como comportarse, lo que debería tener y lo que no.
Los pensamientos comenzaban a inundar su mente, sintiéndose cada vez más cansada. Sus párpados se cerraron, entrando al mundo de los sueños.
Se removió en su cama, sintiendo como su cuerpo temblaba de frío. Abrió los ojos pesadamente encontrando un lugar oscuro. Ya era de noche.
—¡Me quedé dormida! —Saltó de la cama rápidamente, encendiendo las luces.
-8:35 PM-
Su alma volvió al cuerpo, percatándose de que le quedaban 25 minutos para poder arreglarse e ir al coche donde la esperaba su chofer. Siendo sincera con ella misma, no tenía ninguna motivación para ir a ese lugar, pero cada cosa que ordenaba su padre debía de cumplirse a toda costa.
Decidió echar un vistazo a su clóset, optando por una prenda sencilla y algo elegante para su gusto; una camiseta gris combinado con una falda negra, unas panties oscuras y unos pequeños zapatos sin tacón. Se observó en el espejo, aplicándose algo de labial transparente, para luego peinar sus verdosos cabellos y dejarlos en una coleta.
Miró el reloj que colgaba en la parte superior de aquel lugar, viendo como le quedaban 5 minutos. Tomó su abrigo para por fin salir de su habitación.
Apresuró su caminata, percatándose de algunas sirvientas que la observaban divertidas, murmurándose entre sí. Bajó la vista, intentando ignorarlas.
Salió de aquella enorme mansión, observando la brillante luna sobre ella. Siempre la miraba desde su balcón, pero no se comparaba como en ese momento. La noche estaba realmente hermosa.
Continuó su caminata por el jardín lleno de rosas, hasta encontrarse con un coche negro aparcado fuera. Avanzó hasta llegar donde se ubicaba, viendo como su chofer le abría la puerta trasera.
—Gracias— Susurró.
El coche se puso en marcha. Sus ojos se centraban en las luces de la ciudad, y en algunos rostros de personas cuando el coche se detenía momentáneamente. De pronto a lo lejos, notó una gran carpa de colores que iluminaban todo el sector. Abrió los ojos sorprendiéndose de lo hermoso que se veía.
—Llegamos señorita, aquí tiene su entrada. Gracias a su padre puede evitar la gran fila para conseguir un ticket. Si necesita algo sólo llámeme, estaré esperándola aquí hasta que finalice el show.
Asintió, abriendo la puerta y saliendo hacia el exterior. El aire helado agitó su cabello. Observó una enorme fila de personas que de seguro intentaban comprar algún ticket avanzando lentamente hasta una gran entrada que era el acceso al interior de la carpa. Sintió como su corazón comenzaba a golpear en su pecho, percatándose de una pequeña emoción que afloraba por su pecho.
Sacó la entrada de su bolsillo y se percató de la cantidad de gente que intentaba entrar, siendo demasiada para su gusto. Si de verdad aquel circo era sorprendente, ella sin duda debería de verlo por sus propios ojos. Se unió a la fila, viendo como avanzaba rápidamente.
—!S-siguiente!
Escuchó una aguda vocecita proveniente de una chica albina de ojos rosa, que en sus manos traía una variedad de papelitos. Viendo que era su turno, entregó su entrada notando como la pequeña nerviosamente recibía aquel trozo de papel en sus manos, para luego darle otro mas pequeño.
—¡L-le pido que p-por favor cuide este papelito, ya que habrá u-una sorpresa más adelante en el show! —Su cabello caía como una cascada de nieve sobre su espalda, mientras que su pálido rostro estaba algo teñido de rojo, cerrando fuertemente sus ojos —!S-siguiente por favor!
Caminó hacia en interior del circo viendo lo que estaba en el papel que le habían entregado.
"072"
Un número estaba escrito en negrita con una perfecta caligrafía. Lo guardó justo en el momento que se un gran murmullo de personas se alzaba en sus oídos. Su mirada recorrió todo el lugar, viendo lo hermoso que era. Habían tarimas con acolchados asientos rodeando todo el escenario hacia lo alto, siendo lo último lo más llamativo; variadas cortinas de colores, alfombras, diversos implementos de juguetes, un trapecio, cuerda floja, y sin duda, una enorme pantalla que estaba en blanco. Sin duda el lugar era diferente de como se lo imaginaba.
Sus ojos se posaron en diversos asientos vacíos de un sector cerca de ella. Subió unos escalones hasta llegar al asiento que eligió. Vio la hora en su celular, faltando solo 5 minutos para que todo comenzará, dedicándose a observar cada detalle de ese lugar. Un chico de cabello negro con una sudadera roja se paseaba con una variedad de bebidas "coca-cola" intentando venderlas entre los presentes. Al parecer estaba algo enfadado. Bajó la mirada cuando una variedad de personas comenzaban a sentarse cerca de ella.
Las luces se apagaron sin previo aviso, sintiéndose algo inquieta y nerviosa. Su vista se dirigió a la única fuente de iluminación del lugar, viendo como la pantalla gigante comenzaba a cambiar de colores rápidamente, mientras una cibernética y femenina voz se alzaba en el ambiente.
—!Bienvenidos a todos al gran y misterioso KagerouCircus!, !¿están preparados para una noche realmente entretenida!?...Pueees...!Que comience el espectáculo!— Intentó encontrar la fuente de la voz sin éxito alguno.
Los colores de la pantalla comenzaron a explotar, lanzando confeti y mostrando como una pequeña chica de color azul con un elegante traje de anfitrión salía de entre aquellos colores.
—¡Mi nombre es Ene-chan y seré su anfitriona! —Giró sobre ella, haciendo que su traje comenzara a brillar desenfrenadamente—!Presentamos al primer espectáculo de la noche, trayéndoles todo el talento de nuestra increíble malabarista, bailarina y cantante, junto a su pequeño asistente!— Las luces se encendieron, para luego apagarse levemente iluminando el escenario con variados colores— !Demosle la bienvenida a Momo-chan y Hibiya!
Rápidamente entro una rubia chica, vestida con un brillante vestido naranja, llevando un pequeño micrófono ajustado cerca de sus labios. Tras ella entraba a la pista un pequeño chico castaño con un traje celeste, llevando consigo esferas plásticas de colores.
—!Hola a todos, soy Momo y este pequeñin es Hibiya!, ¡esperamos que disfruten de nuestro show! —Ambos se posicionaron y esperaron hasta que una melodía comenzaba a escucharse.
Tomando ambos cuatro de las esferas circulares en sus manos, sus cuerpos se agitaban al ritmo de la música, mientras que hábilmente lanzaban las esferas al aire una y otra vez. Luego de unos segundos la voz de la rubia se alzó sobre el lugar, emitiendo alegres melodías.
Tsubomi sintió como toda su atención involuntariamente se concentraba en ella. Era un espectáculo hermoso y se encontró a si misma disfrutando de aquello. Sin ninguna explicación la chica rubia emitía algo que lograba captar la atención de la audiencia maravillandolos a todos.
—"Oye, ¿continuamos juntos?...a la soledad vamos a romper, ¡MIRA!— Su voz estaba por cada rincón del lugar, mientras que el público gritaba y se divertía observando como cantaba. Ambos chicos hacían malabares a la vez con cuatro, luego cinco hasta seis brillantes esferas.
—!Momo-chan, muchas gracias por tu presentación! ¡Un aplauso por favor!— La chica cibernética aparecía nuevamente, mientras la rubia y el pequeño hacían una inclinación ante su público agradeciéndoles. Ambos desaparecieron luego de un instante tras la enorme cortina roja.
Y en ese momento ella se dio cuenta de que sus manos aplaudían descordinadamente. Sonrió levemente al darse cuenta de que realmente el espectáculo de aquellos chicos fue increíble. ¿Habrían más cosas que la sorprenderían?
—¡Y bien mi hermoso público, continuaremos con la diversión!, ¡ahora, ante todos ustedes presentaremos un espectáculo realmente increíble, así que demosle la bienvenida a nuestro domador de animales...Seto y a su querida asistente Mary!
Un chico de vestimenta verdosa elegante como la de un domador de fieras entraba a la pista junto a una tímida chica albina, siendo su traje un vestido blanco con blondas rosas y su largo cabello amarrado en un moño. Pudo reconocerla de inmediato; era la chica que estaba recibiendo las entradas del público.
—!Buenas noches a todos, mi nombre es Seto y mi pequeña acompañante es Mary, realmente deseamos que disfruten nuestro espectáculo!, ¡que comience nuestra función!— El cabello oscuro del chico contrastaba con las luces amarillas sobre el escenario.
En ese justo momento comenzaban a entrar en el escenario una variedad de perros de todas razas, vestidos con faldas y trajes elegantes. Una vez que llegaron al centro del lugar, sus movimientos fueron de forma sincronizada, mientras que en el ambiente nuevamente un ritmo se escuchaba. El público empezaba a aplaudir, mientras la albina bailaba junto al chico, quien pareciera que controlaba a cada uno de los animales. Aquellos caninos parecían realmente entrenados, ya que cada cosa que decía el chico, ellos lo cumplían a la perfección, logrando que las personas aplaudieran desenfrenadamente.
—!Espero que hayan disfrutado nuestro show, pero antes de irnos haremos una última demostración, con nada menos que uno de los animales más peligrosos! ¡Por favor Mary!— El chico hizo una señal con su cabeza y la chica amablemente corrió, ocultándose tras esa enorme cortina, para luego salir montada sobre un tigre.
Los ojos de Tsubomi no podían creer lo que estaba sucediendo, ni mucho menos el público que con expectación veían como en cualquier momento aquella niña podría ser comida por el animal salvaje, pero aquello estaba lejos de suceder. El tigre llegó ante el chico, quien ayudaba a bajar a la pequeña en el mismo momento en que le ordenaba al animal salvaje que rodara por el suelo como un simple cachorro lo haría. Y así ocurrió. Cada orden que salía de los labios del chico, el tigre obedientemente lo cumplía.
—¡Gracias por todo, espero que se hayan divertido!— El chico hacía una reverencia antes todos acompañado por la pequeña, y sorprendentemente el tigre también, haciendo estallar los aplausos, gritos y silbidos del público.
Al momento de retirarse del escenario, los gatunos y feroces ojos del tigre se clavaron por unos segundos con su mirada, haciendo que su espalda sintiera un leve escalofrío. Aquellos amarillos ojos la observaron intensamente, antes de desaparecer de la vista del público junto con sus domadores.
—¡Si que fue un asombroso show de parte de nuestro domador y su hermosa asistente, pero ahora, señoras y señores, el ambiente se pondrá realmente tenso!— Música de tensión se escuchaba en el ambiente— ¡Nuestro siguiente espectáculo será protagonizado por un chico con una gran puntería, que intentara reventar pequeños globos alrededor del cuerpo de otra de nuestras hermosas asistentes, así que demosle la bienvenida a Shintaro y Ayano!
Detrás de la gran cortina se asomaba un chico con una fría mirada portando una especie de arma, reconociéndolo como el chico que vendía cola-cola. Su vestuario consistían en una larga chaqueta roja, mientras que su camiseta y pantalón eran negros, combinando perfectamente con su cabello, seguido por una chica de estatura baja y cabello castaño. Su cuerpo estaba vestido por un hermoso vestido rojo y su cuello era cubierto por una larga bufanda roja.
Al escenario fue llevado una especie de tablero gigante, en el cual estaban pegados de cierta forma variados globos de colores. Sus tamaños realmente eran diminutos, ya que Tsubomi apenas lograba distinguir los colores.
—!Debo de agregar que no será nada fácil para Shintaro, ya que para que él pueda reventar cada globo posicionado cerca de todo el cuerpo de su asistente, deberá ser a nada menos que 15 metros de distancia!— La música de tensión comenzaba a sonar nuevamente.
Desde su asiento, ella pudo notar el nerviosismo de todo el público ante semejante acto, percatándose de que sus manos apretaban levemente el borde de su falda.
La chica de cabello castaño se posicionó a la distancia dada, acomodando su cuerpo en el espacio entre los diminutos globos, quedando en una especie de pose de una bailarina de ballet.
Viendo ya a su asistente en su lugar, el chico apunto con la pistola hacia ella, disparando finalmente, dando en un globo ubicado cerca de la mano de la chica.
Todo el público exhaló el aire que habían acumulado en sus pulmones, mientras que los aplausos comenzaban a salir velozmente.
El chico nuevamente apuntó con su pistola, disparando una bala de goma, acertando nuevamente en un globo. Y así continuó disparando de una manera perfecta, reventando cada uno de ellos cerca de su asistente, quedándole sólo uno por terminar. Apuntó a la cabeza de la joven, reventando el último sobre ella, dando por terminado su show.
Los espectadores comenzaban a aplaudir mientras que los jóvenes de inclinaban ante su público, retirándose tras la enorme cortina roja.
Suspiró. Aquel espectáculo la había puesto algo nerviosa, pero de todas formas se encontraba aplaudiendo junto a los demás.
—¡Sí que se nos ha puesto los pelos de punta, ¿verdad?!— Las risas se oían ante lo dicho por la cibernética anfitriona— ¡Y como todos dicen, el show debe de continuar, les presento a un chico con unas habilidades físicas increíbles, sin mencionar a su pequeña asistente, la cuál a su corta edad los sorprendera!— Luces de colores iluminaban lo más alto del lugar, precisamente en el trapecio— !Ante todos ustedes, les dejo la increíble rutina del trapecio a cargo de Konoha y Hiyori!
Todos los presentes alzaron la vista, encontrándose a un delgado chico de cabello gris, vestido con una especie de buzo bastante llamativo, mientras que en el otro extremo una pequeña chica pelinegra saludaba entusiasmada con un vestido y mallas de color rosa y negro. Ambos agitaron por ultima vez sus brazos para dar inicio a la riesgosa rutina, que para sorpresa del público, sin red de seguridad.
El chico se lanzó rápidamente al vació, seguido por su pequeña asistente, tomando fuertemente el trapecio con ambas manos, esperando a que la menor diese una voltereta y media, para sostenerse por los pies de su compañero, quedando colgada de ellos, para luego volver a girar en el aire y quedar ambos en sus antiguos puestos. Cada pirueta que daban, resultaba perfectamente. Intercambiaron los lugares nuevamente, quedando sujetos boca abajo por los laterales del trapecio. Impulsándose con todas sus fuerzas, la menor saltó hacia el chico, quedando ambos en el mismo trapecio, dando por termina su presentación.
Las personas coreaban sus nombres, acompañados por aplausos y gritos. Tsubomi vio como comenzaba a descender el trapecio en el que estaban ambos, logrando que sus pies tocasen el suelo. Se inclinaron ante su público.
—!Muchas gracias a todos!— Gritó el chico con una gran sonrisa en su rostro, despidiéndose de todos junto con su compañera del lugar.
Suspiró. Si que este último show la dejó aún más nerviosa, viendo como en cualquier momento a la más mínima equivocación podrían haber terminado con sus vidas. Observó su celular, viendo que llevaba sentada algo más de una hora. Estiró levemente sus piernas, justo en el momento en que la cibernética anfitriona volvía a aparecer con un diferente y elegante vestuario circense.
—Y bien mi adorado público, lamentablemente se acerca el final de nuestro show, ¡pero no se entristezcan aún, ya que para nuestro gran final hemos dejado lo más increíble!— Las luces comenzaban a apagarse lentamente, hasta quedar todo completamente a oscuras— !Para nuestro acto final, les dejo con nada menos que uno de los mejores magos e ilusionistas... hablo de nuestro increíble y misterioso Kano-san!
Las luces se encendieron, revelando una oscura silueta en medio de una cortina de humo que había aparecido de la nada, tomando por sorpresa a todos.
Un mal presentimiento se incrustó en su pecho mientras intentaba ver al chico que estaba frente a todos.
"¿Realmente fue buena idea venir a este show?"- Pensó, mientras el humo se disolvía completamente del escenario.
En el próximo capitulo aquel papel con ese número le dará un dolor de cabeza a Tsubomi...
Espero que haya sido de su agrado. Actualizaré cada cierto tiempo,mientras la inspiración venga a mí.
¡Gracias por leer!