A/N Único:

Hallo.
Bienvenidos a mi segundo fanfic.

En este fanfic. La guerra santa pasada fue Lost Canvas. No hay mención de Saintia Sho, Next Dimensión, ni la 5ta pelicula.
En cuestión del mandato de Shion. Tomó el canon del anime "arreglado" donde Shion le daba la armadura a Seiya y Arles es descartado. En esta línea temporal, su asesinato toma lugar más o menos entre el torneo galáctico y antes de las doce casas. Estoy consciente que la muerte de Shion canónica (la del manga) es poco después de que Athena renace, pero esto no se acopla a la serie de eventos que quiero contar.

Futuros capítulos contendrán contenido no apto para menores incluyendo temas sexuales explicitos y violencia.
Al ser esto un fanfic, los personajes no son míos, son de Masami Kurumada, Sólo adjudico el escrito y la trama como mía.

2nda edición.

Notas de mejora para siguiente edición:
Corrección ortotipográfica general.


Capítulo 1: Una vez al año

La delicada e invisible brisa viajó desde su ventana hasta colarse entre sus sábanas, le provocó un ligero destemple que lo hizo gemir en protesta y re-afianzar esas sábanas a su cuerpo. Quería engañarse a sí mismo, que esa brisa helada era parte de otro sueño y no indicios de la realidad.

¿Y si mejor se volvía a dormir? Era lo único que su nublada mente tenía presente. Siguió con entorpecidos movimientos hasta que el pequeño resplandor sobre las montañas nevadas viajó hasta chocar con sus párpados entrecerrados, no había algo más incómodo que sentir una luz acosando a sus ojos. Gimió débil con el arrepentimiento y la flojera de cada lado suyo, mientras recorría ambas manos sobre su rostro, respiró profundo para tomar valor y por fin se levantó para tender la cama.

Con el descaro de bostezar una vez más, se acercó a la ventana para contemplar lo que quedaba de aquel amanecer. La torre de Jamir era tan alta que a lo lejos se podían ver los pueblos cercanos, claro que decir "cercano" era mera expresión, para cualquier hombre común sería un martirio recorrer tal distancia para surtir la despensa.

Bajó su mirada y contempló aquel pequeño cargando con piezas de armadura en sus brazos. Ese extrovertido y energético niño, al único que consideraba alguien tan cercano como su familia. El pequeño Kiki, hablado de, recordó aquellos berrinches que le hacía por hacerlo caminar al pueblo, si bien la tele transportación era algo que ambos tenían dominio, era crucial enseñarle a su discípulo el manejo del poder mismo. La prudencia y el respeto a la vida eran la base de sus enseñanzas, lo que significaba vivir como personas comunes y corrientes la mayor parte del tiempo.

—¡Buenos días maestro! —, la voz de Kiki llegó hasta la cima de la torre.

—¡Buenos días Kiki! —, saludó Mu de igual manera.

El lemuriano bajó las escaleras de caracol, esperando reencontrarse con su pupilo en la segunda planta, lugar donde guardaban y preparaban sus provisiones. Al llegar, miró al pequeño correr de un lado a otro. Kiki sabía que debía tener el desayuno listo para cuando él bajase de sus aposentos, sin embargo, su maestro estaba consiente que se levantó más temprano de costumbre y no fue por casualidad.

—Ah-Ah —. Detuvo el maestro—. Yo me encargaré de esto el día de hoy.

Kiki apartó su mano de los cuchillos, retrocedió hasta llegar a una silla y se sentó. Observó a su mentor tomar las riendas en la cocina. Encendió una mecha y comenzó a hervir agua, al mismo tiempo que el sonar de la tabla y el cuchillo deslizarse sobre la verdura retumbaba en el cuarto, unas especias por ahí, el fogón por allá, preparar los platos. Al poco tiempo el delicioso olor comenzó a emerger, causando que el pequeño comenzara a tragar saliva con más frecuencia, no podía esperar a ver que estaba preparando su maestro para ambos.

El momento esperado llegó, el plato por fin estaba en su mesa. La mirada de Kiki se iluminó, jamás había visto tanta proteína animal en su plato, y no es que fuesen altos devotos del vegetarianismo budista, de hecho, los tibetanos en particular tenían esa fama de ser los carnívoros de la región. Su dieta de tendencia vegetariana era más bien por el hecho de que la torre de Jamir se había mantenido intacta desde la época del mito, en pocas palabras, cero luz eléctrica, cero electrodomésticos.

Kiki realizó una reverencia para dar gracias, a su maestro por molestarse en cocinarle y a los animales que le permitirían vivir otro día más, acto seguido comenzó a comer de forma voraz, llevándose grandes bocanadas que apenas y podía masticar.

—Kiki —, llamó Mu, el pequeño levanto su mirada del plato—. Con calma

Kiki tragó el bocado.

—Lo siento, maestro, la última vez que comí algo parecido fue con Seiya en el orfanato.

El desayuno de Mu era un poco más ligero, un huevo de proteína. Lo demás era comida de conejo a los ojos de Kiki.

—Debes mostrar respeto a estos animales mientras comes también —. Mu recalcó sin perder la serenidad.

Kiki respiró profundo y le dio un tragó a su jugo de naranja para calmar sus ansias.

—Está bien, maestro.

Después de esa leve llamada de atención, Kiki comió de manera apropiada con trozos moderados.

Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Mu. Aún recordaba aquel día el que su maestro, el patriarca, entró a su casa con un bebé en los brazos.

"Esta estrella ha reencarnado en uno de los nuestros"

Recordó la voz de su maestro y sus brazos estirados hacia él, ofreciéndole al bebé. Mu dejó su posición de seiza para ponerse de pie, sus marcas del entrecejo un tanto fruncidas y una mueca recargada a la izquierda. Su corazón comenzó a acelerarse y los brazos le temblaban a medida que él también los estiraba. Jamás había tenido un bebé en brazos, ¿Y si se le resbalaba? ¿Y si no podía cuidarlo bien? ¡Sólo tenía doce años! Apenas y le estaba comenzando a picar las curiosidades de la pubertad.

Su maestro rio ante la reacción de su aprendiz.

"No te preocupes, no es tan difícil" Shion se acercó a él y flexionó los brazos de Mu para colocarle al bebé. "El otro brazo abajo, así"

Acto seguido retrocedió un par de pasos para que Mu se acoplara al infante.

Mu se dedicó observar aquel indefenso humano, estaba un poco pálido y delgado, con una ligera capa de cabellera café apenas perceptible. No era el clásico bebé rosado y gordo con apariencia de extraterrestre. Su apariencia era más semejante a un siervo que debía luchar por su supervivencia desde el nacimiento sin ninguna verdadera protección. El carnero menor sintió algo más, algo no era normal en este bebé aparte de la apariencia inicial.

"P-puedo sentir un pequeño cosmos ¿Pero cómo? Es sólo un bebé", Mu dijo.

Shion asintió.

"Todos los caballeros con destino fijo, descienden a este mundo como estrellas fugases, ese cosmos que sientes es aquel que lo ayudó a llegar a la tierra sano y salvo. Encontrar a una estrella justo después de su descenso, es la única prueba irrefutable de que ese bebé tiene una estrella guardiana que lo guiara a ser un caballero de Athena"

"¿Y cómo encontró a este caballero?", preguntó Mu.

"Estaba en la colina de las estrellas cuando la vi descender, pude rastrear el cosmos madre antes de que se extinguiera, de lo contrario, hubiese sido otra estrella perdida hasta que el destino lo trajese devuelta al Santuario."

Shion le hizo una señal a su discípulo para que lo siguiera. Se adentraron en la casa de Aries hasta los aposentos exclusivos del guardián de la casa. El maestro se acercó a la cama y sacó unos pedazos de cristal de su túnica, los trituró con un puño y soltó el polvo, confeccionando una pequeña cuna aun lado de la cama.

Shion dio un paso atrás, invitando a Mu a que colocara al bebé ahí. Este obedeció a la silenciosa orden de su maestro.

El patriarca recorrió un dedo sobre la delicada piel del infante.

"Te lo encargo mucho, Mu, en tus manos está el futuro". Se dio media vuelta dispuesto a irse.

"Maestro. ¡Espere! Le agradezco su confianza, pero jamás he cuidado de un bebé ¿Cómo lo lograre?", preguntó Mu con preocupación.

"Confió en ti, Mu", Shion se limitó a decir.

Mu desvió la mirada por unos momentos.

"¿Y cómo se llama?"

"Tú decides". Fue lo último que le dijo su maestro antes de tener tutela completa del bebé.

—¿Pasa algo? ¿Maestro?

Mu sacudió la cabeza y parpadeó de repente viendo su recuerdo interrumpido.

—Me ha estado mirando fijamente... —, comentó el pequeño.

El carnero mordió su labio inferior tratando de enmascarar su sonrisa.

—No puedo evitarlo, Kiki, este día es muy especial, tanto para ti, como para mí.

Le tomó unos segundos al pequeño procesar las palabras de su maestro, al conectar las piezas, sus ojos comenzaron a llenarse de brillo.

—¡Se acordó! —, exclamó al mismo tiempo que se abalanzó a los brazos de su maestro.

Mu respondió al abrazo de manera afectuosa, culminando con sus labios sobre la frente de su discípulo.

—Claro que lo recuerdo, como olvidarlo.

Kiki, a pesar de que ya le dolían las mejillas, no pudo dejar de sonreír. Se sentía tan afortunado de estar bajo la tutela de alguien tan gentil y accesible como Mu desde su nacimiento. Cerró el puño y apretó los ojos

—Gracias —. Levantó su mirada hacia Mu con los ojos llenos de lágrimas—. Gracias por soportarme un año más.

—Nada de eso, Kiki, jamás has sido una carga para mí —. Mu re-afianzó el abrazo por unos segundos más—. Iremos al Santuario, he organizado algo muy especial para ti

Kiki vio a su maestro con curiosidad, después reaccionó asintiendo con una sonrisa.

-X-

Al dirigirse al Santuario, Mu complació a Kiki al no hacerlo caminar... tanto, se tele transportaron justo en la entrada, donde era común que los aspirantes a caballero entrenaran. Al andar por el mitológico lugar, era imposible no llamar la atención. El caballero dorado de Aries pasando con su pequeño "¿Hijo?" Era una confusión bastante común, muchos aspirantes, si no es que todos, no creían que Kiki fuese un aprendiz de caballero. Querían vivir engañados que sólo era un recogido sin importancia, que algún día alguno de ellos captaría el ojo del carnero y se volvería el discípulo "oficial" de Aries.

—¡Cuidado!

Los ojos de Mu se abrieron de par en par. Kiki apenas y reaccionó a lo que pasó, contempló una barrera a su costado derecho y un pilar siendo pulverizado al chocar contra el cristal. Al disiparse el polvo, Mu deshizo su barrera y miró a los aspirantes con seriedad. Los novatos respondieron con miradas desviadas, con el "Yo no fui" en sus caras.

—Maestro...me duele...

Mu dio un grito ahogado en ese segundo de pánico en el que uno piensa lo peor. Miró hacia abajo, Kiki estaba prendido de su torso. Era la prenda estirada de su discípulo y su propio puño agarrando hasta la piel, lo que le estaba causando ese dolor a Kiki.

Mu lo soltó de inmediato y masajeó el lugar del agarre.

—Lo siento.

Kiki respondió con una sonrisa.

—¡¿Se encuentran todos bien?!

Mu alzó la mirada, al mismo tiempo que un trio de aspirantes se acercaron ellos. Ay no, no ellos otra vez, quizá estuviese un poco más agradecido ante el interés, de no ser que no era la primera vez que ese trio se cruzaba en su camino con sus "accidentes" durante el entrenamiento. Hesper era uno de ellos, un moreno del norte de Arabia, se pudiese decir que era e líder del grupo por su iniciativa, aunque dichas iniciativas no siempre eran las mejores. Tainn, de China, el más joven, calmado y servicial. Quizá el único que medio valía la pena de los tres, pero su extrema sumisión por la aceptación en un grupo social limitaba su potencial. Duha, de Rusia, el cabeza dura engreído "todo poderoso" Tal vez el que estaba detrás de este "accidente". Aunque poco podía alterar la paciencia de carnero dorado, estos estaban a punto de ganarse el premio por lograrlo.

—¡¿Vio eso señor Mu?! Ese pilar era enorme y pudimos levantarlo —, Duha exclamó con un orgullo casi criminal.

—Mhmm —, fue lo único que expresó el santo sin entusiasmo alguno.

—Bueno, hubiese sido más interesante si sólo uno de ustedes pudiese levantar un simple pilar —, comentó Kiki de manera sarcástica.

—Kiki... —, llamó Mu.

Kiki encogió los hombros.

—Perdón

—¡¿Y tú qué sabes hacer?! ¡Enano! —, retó Duha.

—Duha... —, susurró Tainn con preocupación. Ofendiendo al discípulo de Aries no era un movimiento inteligente para el pelinegro, pero ¿Él que podía hacer? Era el más débil del grupo, sólo esperaba que dicha acción no los metiese a él y a sus dos amigos en problemas graves.

Kiki peló los dientes dispuesto a contestarle, pero el brazo de Mu impidiéndole el paso, detuvo toda acción.

—No caigas en provocaciones.

Hesper se puso enfrente de sus dos amigos y dijo.

—Solo queremos su aprobación

—¿Fingir accidentes para llamar mi atención? No es el camino más inteligente —, respondió el maestro.

—¡Los tres tenemos telequinesia! ¡Merecemos un maestro que nos enseñe! —, exigió Hesper.

—No soy el único con telequinesia en el Santuario —, Mu contradijo.

—¡Pero usted es el mejor! —, exclamó Duha.

Mu cerró sus ojos y contestó.

—No me han mostrado que son aspirantes dignos de mi entrenamiento, ahora si nos disculpan, tenemos un compromiso. —. Los carneros pasaron de largo a los tres, pero un agarre en el brazo del mayor detuvo su caminata. Mu frunció el ceño y gruñó de manera casi imperceptible.

—Sólo, denos una oportunidad para probárselo —, pidió Hesper.

El lemuriano sacudió el brazo para librarse del agarre, ya perdió bastante tiempo con esos tres y no estaba dispuesto a perder más tiempo en este día tan especial para su discípulo.

—Está bien —, Mu accedió—. Kiki...

Su discípulo lo miró atento.

—A'Fragma —, ordenó.

Kiki sonrió de manera maliciosa y asintió. Se dirigió a una parte despejada, junto los brazos e hizo aparecer un cubo de cristal, el cual Kiki pudo traspasarlo para salir de el sin ningún problema.

—Si logran entrar y salir libremente de la caja de cristal justo como lo hizo Kiki, serán mis discípulos —, anunció Mu.

Ni tardes ni perezosos, los tres comenzaron a averiguar cómo entrar a la caja. Aries por su parte le hizo una señal a Kiki para que se pudiesen largar en silencio lo más rápido posible.

—¿Cree que en verdad puedan hacerlo? —, reguntó Kiki.

—Si algo me enseñaron Seiya y los demás, es no subestimar a un caballero de rango menor. Debo darles el beneficio de la duda, de ellos dependerá mi decisión final.

Después de ese infortunado suceso, por fin llegaron a la entrada del camino a las doce casas. Para su fortuna su segundo hogar no quedaba lejos. La tensión desapareció al sentir la presencia de un poderoso y sereno cosmos.

Kiki se vio bastante atraído por esa energía tan familiar, se apresuró a subir las escaleras con uno que otro tropezón. Al llegar a la casa, ahí estaba ella, su diosa Athena justo en la casa de Aries.

—¡Señorita Athena! —, exclamó Kiki.

Saori sonrió.

—¡Buen día! Mi querido Kiki —. Se arrodilló y cogió al pequeño lemuriano en sus brazos—. Feliz cumpleaños.

Kiki respondió al abrazo de manera afectuosa.

—¡Gracias!

—¿Estás listo para la excursión? —, preguntó la diosa.

Kiki ladeó la cabeza.

—¿Eh? ¿Excursión?

—Athena me ha concedido dedicarte todo un día de caridad —, aclaró Mu.

—Es un día muy especial para ti, estoy comprometida a lograr que sea el mejor —, dijo Saori.

Kiki asintió con felicidad que cargaba desde la mañana. Athena y Mu por su parte intercambiaron miradas en silencio dándole a su diosa la custodia completa de su pupilo por el resto del día.

—Diviértete —, se despidió Mu.

—¡Lo haré, señor Mu!

Mu se sentó sobre el escalón más alto de su casa y miró a ambos descender hasta perderlos de vista. Su satisfactoria sonrisa era evidente, Kiki sin duda tendría uno de los mejores días de su vida. Hasta este punto ya nada podía desanimarlo o alterar su aparente infinita serenidad.

—Mu.

El lemuriano dio un pequeño salto, esa voz, esa voz la conocía a la perfección, y su tono no era nada agradable.

—A mi sala, ahora —, ordenó.

Mu tragó saliva, cualquiera que cosa que su maestro fuese a decirle, no sería nada bueno. Como era de costumbre, comenzó su larga caminata a pie por las once casas que restaban.

En Tauro, Aldebarán lo vio con curiosidad al mismo tiempo que el "¿Qué hiciste?" se podía leer en su rostro. En Géminis, Saga y Kanon lo miraron en silencio como un par de gatos desde que entró hasta que salió. En Cáncer, Deathmask no paraba de reír al mismo tiempo que le ofreció al patriarca hacer el "El trabajo" por él en repetidas ocasiones. En Leo, Aiolia puso su mano sobre el hombro del carnero acompañado de un "Todo estará bien, no te preocupes".

Al salir de la quinta casa, miró hacia arriba. Si tuviese el comodín de saltar una casa, sería la siguiente. Su corazón se aceleró, ya ni sabía si era por lo asustado que estaba al seguir a Shion a su sala, o por el hecho de que estaban a punto de entrar a Virgo. Su maestro pasó de largo como si nada, no hizo ni el más mínimo esfuerzo de interactuar con Shaka.

Mu por su parte, se sintió como si unos rayos X hubiesen pasado sobre él y se encontrase expuesto. Caminó mirando al suelo, evitando cualquier posible contacto visual con Shaka, no es que el hindú estuviese muy interesado en abrir sus ojos solo para verlo. Mu no tenía cómo reaccionar ante la situación en la que se encontraba en ese momento. Quizá Shaka ya conocía su destino, o él no significaba nada para la reencarnación de Buddha. Ese último pensamiento, el hecho de que quizá él no fuese más que otro caballero dorado para Shaka de Virgo, le bajó mucho la autoestima. ¿Qué nada podía arruinar sus ánimos este día? Que ganas de tirarse a sí mismo la sal. Ese sentimiento fue aún más reforzado al salir de la casa, ni una mirada, ni una palabra, ninguna presencia, nada, fue como caminar por una casa con un Shaka de cartón dentro.

Libra estaba igual de sola, esta vez, maestro y discípulo intercambiaron roles. Ahora, Shion era el de la mirada nostálgica y perdida. No era secreto de que Dohko y él fuesen muy cercanos, pero la soledad en la cara de su maestro era evidente. Quería que estuviese ahí y no en los Cinco Picos, quería verlo, aunque sea para decir un hola.

Shion paró en seco y le hizo una señal con la palma para indicarle que continuase. Mu se adelantó y lo esperó afuera de la casa.

El patriarca se recargó en un pilar con los brazos cruzados. Dohko le hacía más falta de lo que se disponía a aceptar. Creyó que vencer a Hades y que su diosa les concediera una segunda oportunidad de vida. Dohko dejaría los Cinco Picos y regresaría al Santuario, que mal estaba. El caballero de Libra ahora tenía una familia ahí, jamás la abandonaría para volver con él.

A veces se preguntaba si era el sentimiento de culpa de haber sido los únicos sobrevivientes de una antigua guerra santa, por haber sido manipulado por Hades, por haber sido débil ante Saga o por el hecho de haber aceptado la posición de patriarca. Le era difícil definir en qué momento su relación comenzó a caerse a pedazos, pero de algo si estaba seguro, por más que intentase poner sus sentimientos de lado y concentrarse en su labor como sumo pontífice. Sólo había una persona capaz de sacarlo de dicho objetivo. Ese hombre que le prometió la luna y las estrellas entre otras fantasías típicas de un noviazgo juvenil, y él, enredado en las pegajosas telarañas del amor. Fue presa fácil ante esas promesas. Ahora, no había nada, sólo ese amargo sabor de la realidad de su situación. Dohko de Libra, tenía mejores cosas que hacer que preocuparse por él, su viejo y oxidado amorío.

Inhaló y exhaló profundo, con su índice eliminó los primeros indicios de tristeza de sus ojos. Continuó sus ejercicios de respiración hasta que dedujo que estaba lo suficiente sereno como para volver con su discípulo y pretender que no tuvo una pequeña crisis emocional. Pasó de largo a su pupilo. Este comenzó a seguirlo en silencio.

En Escorpio, Milo tenía signos de interrogación flotando sobre su cabeza, nada era más raro que ver a dos grandes caballeros con caras largas pasar por su casa. En Sagitario, Mu fue recibido por Aiolos con la misma actitud compasiva y optimista que en Leo, no cabía duda que esos dos eran hermanos. En Capricornio, Shura sólo los vio con seriedad, elaborando teorías silenciosas de lo que pasaría, mas no se acercó a los dos pasantes. En Acuario, Camus fue el único quien le preguntó a Mu lo que había pasado, a lo que Mu sólo respondió con un "Ni yo sé que sucede". En Piscis, fue la única ocasión en la que Shion habló, y fue para pedirle a Afrodita que les limpiase el camino hacia su sala.

Por fin habían llegado al recinto del patriarca. Shion se sentó en su trono mientras que Mu se arrodilló ante él. El silencio le pareció eterno al carnero dorado, no sabía que esperar.

—Veamos, ¿Por dónde empiezo? —, habló Shion—. A pesar de tu poder, sigues siendo el más blando de los doce, y eso se ve reflejado en tus inusuales "peticiones"

—Con todo respeto, maestro, solicité la presencia de nuestra diosa con la única condición de que no interrumpiese deberes importantes. Ella accedió adjudicando que tenía tiempo libre.

Shion masajeó su tabique nasal.

—¿Tiempo libre? Mu ¿En serio crees que ser un dios es un trabajo de ocho horas? —. Mu tragó saliva—. Nuestra diosa Athena tiene un deber permanente con la Tierra, el tiempo libre es sólo una ilusión de paz.

—¿Insinúa que aún hay problemas? —, preguntó Mu con preocupación.

—Los problemas siempre existirán en esta tierra, Mu, no sabemos cuándo o dónde ocurrirán. Sólo debemos estar alerta ante todo. Poner a nuestra diosa en una situación tan vulnerable como lo hiciste hoy, se presta para que muchas cosas pasen —. Mu desvió la mirada con decepción. Shion continuó—. No me gustaría saber que la raíz de una desgracia reside en los hombros de mi discípulo. Ahora, retírate a tu casa y medita respecto a lo que has hecho.

—Pero, ¡Maestro! Yo...

—¡Fuera de aquí! —, interrumpió Shion, este alzó su puño rodeando a Mu de cosmos dorado, terminando por tele trasportándolo a la entrada de Piscis.

El carnero se recargó en un pilar y masajeó su rostro, no estaba acostumbrado a que alguien ajeno lo llevase a otro lado, hasta podía jurar que se sintió un poco mareado. Trató de dispersar sus síntomas viendo la larga escalera y las casas del zodiaco. Dio un suspiro, esa conversación fue más corta que la caminata misma. Al menos pudiese pasar a cada casa con más calma y recordarles la reunión que había esta noche en su casa.

Siempre celebraba el cumpleaños de Kiki en privado, pero según la costumbre popular, los doce era la edad especial cuando se decía que los niños se convertían en "hombrecitos" Así que decidió salirse un poco del ámbito privado. A pesar de la inusual invitación, los demás caballeros reaccionaron de manera positiva, era una buena excusa para reunirse sin que el mundo estuviese al borde de la destrucción.

Continuó bajando por las casas hasta volverse a topar con su talón de Aquiles, de nuevo en la sexta casa. El corazón del carnero se volvió a acelerar al mismo tiempo que se adentró al recinto de Shaka. El hombre más cercano a dios se encontraba en la misma posición que hace una hora aproximadamente. Mu se detuvo a su lado, ahora que lo pensaba, era el único a quien no le avisó con anticipación. Nunca se sabía con ese hombre cuál era el momento adecuado para decirle algo. Quizá no tenía caso decirle que la reunión era ese mismo día...

—Tu presencia es bastante perturbarte —, la voz de Shaka rompió el silencio de su casa, provocando un ligero salto en Aries—. ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?

Mu miró a todos lados como si hubiese alguien más en la casa a quien Shaka dirigió su atención.

—Siéntate, Mu —, ofreció Virgo.

Mu asintió y se sentó a un lado de Shaka. Respiró profundo tratando de calmar su acelerado corazón y el sudor resultante de tal emoción.

—Sólo me preguntaba si hice bien el día de hoy —, articuló con uno que otro tropiezo.

Shaka levantó un poco el mentón.

—Athena es una diosa, Mu, ella más que nadie debería apartar sus sentimientos humanos, la convivencia con tu discípulo sólo los reforzará.

—No querrás volver a discutir la influencia de los sentimientos humanos sobre nuestros cosmos, ¿Oh si? —, Mu respondió.

—Mantengo mi postura sobre ello, no hay necesidad de iniciar otro debate. —, Shaka se limitó a decir.

Mu dio un suspiro, Shaka era tan necio y fiel a su ideología, sacarlo de ahí sería una tarea de varios días y quizá una que otra batalla. No tenía tanto tiempo para convencerlo de asistir a la reunión, no tenía caso decírselo, pero, tenía que, aunque fuese por cortesía.

—Esta noche celebraré el cumpleaños de Kiki en el templo de Aries, todos estarán ahí. Apreciaríamos mucho tu compañía.

Shaka asintió.

Mu asintió también y se puso de pie, por alguna razón se sentía menos agobiado que la última vez que pisó ese recinto. Quizá sólo fue porque Shaka le dirigió unas palabras. ¿Por qué sus palabras tenían tanto impacto sobre su persona? Sacudió su cabeza, no podía distraerse con eso ahora, tenía bastantes cosas que recoger en los pueblos cercanos al Santuario si es que quería tener todo listo para esa noche.

-X-

La cascada rugía con la mítica fuerza de los dragones que la resguardaban, sus rugidos estaban tan rebosantes de vitalidad que llenaba su ser de una energía infinita. Inhaló la brisa de la cascada como si este cargase la esencia de aquellos dragones. Pasó a darle sorbo a su taza con un delicioso té hecho por su hija Shunrei. A pesar de que él siempre la vio como hija desde el momento en el que la acogió en sus brazos, envuelta sólo en una delgada sábana. Siempre fue referido como el abuelo por su antigua apariencia. Ahora que su diosa le otorgó una segunda vida, prefirió envejecer con dignidad junto con esta generación.

Le tomó un tiempo tanto a Shunrei como Shiryu acostumbrarse a un joven "Viejo maestro" he incluso comenzaron a llamarlo padre. Le agradaba más ser llamado así, cada vez que oía esa palabra sentía una inyección de endorfina y le recordaba la razón por la que prefirió regresar a este lugar, sin importar que los espectros ya no se encontrasen ahí. Este era el hogar de su nueva familia.

Percibió como el espíritu de los dragones danzaba con más vigor. Esto era un saludo, los dragones saludaban a alguien, alguien con un poderoso cosmos.

Dohko abrió sus ojos y miró hacia su derecha. Ese cosmos de luz infinita era inconfundible.

—Mi señora —, dijo con sorpresa.

No esperaba verla por estos lugares, venía acompañada de una figura muy peculiar. Dohko no pudo evitar sonreír con la melancolía impregnada en su expresión. Habían pasado doce años desde que acompañó a Shion en busca de un "algo" Jamás imaginó que regresarían al Santuario con un bebé en los brazos.

—¡Kiki! —. Lo cogió y lo alzó—. Que grande estas.

Kiki sonrió.

—Gracias ¿Y Shiryu?

—Está en la cabaña —. Le guiñó el ojo—. Te doy permiso de que vayas a molestarlo

Kiki sonrió mostrando los dientes y se fue a buscar al caballero del dragón.

Al quedar con su diosa, la predecible pregunta escapó de sus labios

—¿Y Shion?

—Él no sabe que estoy aquí —, respondió Saori.

Dohko ladeó un poco la cabeza y se rascó el cuero cabelludo. No podía definir si eso era bueno o era malo. ¿A caso su diosa vino hasta acá para discutir asuntos de su consejero? No estaba seguro si quería entablar una conversación sobre el antiguo caballero de Aries. Las cosas entre ellos se habían tornado bastante extrañas. Él aquí, Shion allá. Él intentando acoplarse a una vida de paz, Shion encerrado tratando de predecir la siguiente guerra. Pareciese que ya no se encontraban en esa sincronía que los caracterizaba como compañero de armas y más que eso.

—Supongo que sabes del evento de hoy —, comenzó Saori.

—¿El cumpleaños de Kiki? Si. Mu me dijo y Shiryu me extendió la invitación. Él irá con sus hermanos. También escuché por ahí que fue usted quien los invitó personalmente.

Saori asintió con determinación.

—Me he comprometido al evento y no estoy dispuesta fallar —. Su cara pasó de determinación a incertidumbre—. Pero...

—Shion... —, Dohko completó.

—Él es una persona muy firme, no me gustaría imponer mi autoridad ante él por no querer cumplir mis deseos. Pensé, que tal vez alguien que lo conozca muy bien pudiese... persuadirlo —, sugirió la diosa.

Dohko comenzó a atar los hilos. En otras palabras, Saori estaba preocupada de que Shion terminara siendo un completo aguafiestas esta noche, pero como la diosa tan noble que era, no quería sacarlo de la ecuación para solucionar el asunto. Lo que convertía a él en el mediador, pero ¿Qué podía hacer él para hacer la diferencia? Si algo rondaba entre las malas lenguas, era que caballeros ascendidos a patriarcas pasaban por una ardua limpieza espiritual. Sellaban sus aspiraciones, deseos y sueños. Todo para responder a las exigencias que conllevaban dirigir al Santuario. Claro, eso sólo era un rumor, pero para Libra, no le pareció tal cosa. Con el paso del tiempo, la mirada de Shion se volvió fría, su paciencia era cada vez más corta, se olvidó de Jamir, e incluso se negó a criar a una estrella de su etnia y terminó encargándoselo a su discípulo de tan sólo doce años. Ese último recuerdo, fue demasiado para él.

"¿Se puede saber a dónde vamos?" Dohko recordó su propia voz mientras daba varios saltos de roca en roca.

"Estamos cerca", Shion contestó en seco y continuó su camino.

Dohko rodó los ojos y continuó siguiéndolo. Siempre era lo mismo, desde que se convirtió en patriarca todo era ven, dame, tráeme, haz esto, ve y cuidadito si se atreviese a contradecirle. No es que no lo hiciera, pero sus discusiones sobrepasaban el límite del ridículo. Se supone que su trabajo era cuidar los Cinco Picos y Shion tenía la mala costumbre de llamarlo por cosas que a decir verdad, no eran su deber. Como por ejemplo, este viaje... Ni si quiera se había molestado en decirle cual era el propósito de hacerlo, Shion sólo ordenó su presencia.

Shion se detuvo en la cima de una montaña que daba vista a un valle bastante amplio, Dohko se detuvo a su lado.

"Aquí es ¿Puedes sentirlo?", preguntó el patriarca.

Dohko cerró sus ojos y se concentró en escanear la región.

"Es un cosmos, abarcando toda esta región", gritó ahogado y abrió sus ojos de repente. "¡Shion! ¿A caso...?"

Shion asintió.

"Debemos encontrarlo". Miró hacia arriba, observó las nubes y sintió el viento que traía consigo un fuerte olor a humedad. "El clima no está a nuestro favor"

Ambos descendieron de inmediato y se separaron para cubrir el terreno de manera más eficiente. Los vientos húmedos se tornaron más violentos, al poco tiempo las ramas frágiles comenzaron a desprenderse y azotar sin piedad, seguido de la prevista lluvia.

Dohko comenzó a preocuparse, un recién nacido no sobreviviría a un clima como este. Continuó buscando, evadiendo la basura natural que el viento cargaba, hasta que lo escuchó. Ese llanto característico del comienzo de la vida. Se detuvo y centró atención en el llanto, lo siguió hasta llegar a una zona de pasto muy denso y alto. No cabía duda. El bebé se encontraba en ese pastizal.

"¡Lo encontré!", Llamó al cosmos de Shion. Este se tele transportó de inmediato a su lado.

Al reincorporarse. Shion se quitó la capa y la utilizó para envolver al bebé.

"Está muy helado, le transferiré cos-"

"¡Es un recién nacido! Shion", Dohko interrumpió "¿A caso quieres volarlo en mil pedazos?"

"¿Entonces qué hacemos? No puedo tele transportarlo tampoco, no resistiría" Shion contestó.

Dohko miró de un lado a otro.

"Necesitamos un refugio", concluyó.

Al no ver ningún refugio natural, Libra se vio forzado a crear uno, su puño se iluminó y arremetió contra una montaña creando una cueva artificial.

Ambos se adentraron ahí y con un poco de contratiempo lograron encender una fogata. Shion se acercó a ella, esperando el calor del fuego hiciese lo suyo y estabilizará al bebé.

Por más molesto y desgargante que el llanto fuese, seguía siendo una buena indicación de que seguía consiente. Shion no intentó calmarlo hasta que estuviese seguro de que su temperatura había subido lo suficiente para mantenerlo estable.

Dohko se sentó a su lado y lo abrazó con fuerza, brindando calor extra. Al cabo de unos minutos, Shion comenzó a arrullarlo para que esa pequeña vida dejase de sentirse sola, su arrullo fue acompañado de un leve tatareo.

"Sigues siendo muy dulce después de todo", Dohko le susurró. Acto seguido, se atrevió a besarle el cuello, sintió como la piel del rubio se erizo ante la sensación. Tenían tanto tiempo que no se demostraban afecto, que sólo un simple beso fue suficiente para avivar esa chispa que le recordaba porque lo amaba tanto. Saber que aún había un dulce Shion detrás de esa mascara de patriarca le daban fuerzas para seguir manteniendo viva la relación.

"El instinto una vez que se manifiesta, nunca desaparece", Shion respondió, refiriéndose a su experiencia criando a Mu. "Míralo, ese pequeño universo. Yo conozco ese tipo de universo...¡Dohko! Es... es lemuriano"

"Entonces ¿Vas a quedártelo?", Dohko preguntó.

"No puedo, haber cuidado a uno mientras estaba en la sala patriarcal fue demasiado, se lo encargaré a alguien que sepa transmitirle la sabiduría de mi gente", afirmó.

Dohko aprovechó para acercarse más a Shion. Debía admitir que extrañaba criar a un caballero desde bebé. Desde que Mu se convirtió en caballero dorado, no había vuelto a tener esa oportunidad. Extrañaba esa emoción de ver a un discípulo crecer y descubrir el poder de su cosmos.

"Yo te conozco a la perfección", sugirió

Shion cerró los ojos.

"Gracias, pero no gracias". Alzó al bebé de frente a su rostro. "Mu se encargara de él"

Dohko suspiró, negarle la crianza de Kiki lo afectó bastante, mas no se dio por vencido.

"¡¿Por qué no?!", la sala patriarcal retumbó con su exclamación. Un llanto emergió al instante.

Shion se acercó a su cama y levantó al bebé.

"Deja de gritar Dohko, lo asustas"

Dohko posicionó una de sus palmas sobre su pecho en señal de indignación.

"Criamos a Mu juntos, ¿Por qué no me dejas hacerme cargo?"

"Mu siempre nos comparó con una familia separada, le entristecía saber que no podíamos estar los tres juntos en un sólo lugar. Le hicimos daño, y no pienso cometer el mismo error", Shion explicó.

"Mu sólo tiene doce años, estás comprometiendo la poca libertad que le queda de llevar una vida normal", Dohko contestó.

"¡¿Desde cuándo ser caballero de Athena es sinónimo de vida normal?!", Shion exclamó de manera moderada para no perturbar más al bebé.

"Shion, por favor. Piensa en Mu, piensa en ti", Dohko bajó la mirada. "Piensa en mí..."

Shion sostuvo al bebé de manera posesiva.

"No puedo dejar que nos separes a los tres...No puedo"

Libra tenía la tristeza y la decepción tatuada en su rostro. A caso ¿A caso Shion estaba diciéndole que él quedaba fuera de todo? ¿Qué él ya no era parte de esa familia que juraron tener algún día?

"Eres increíble..."

La dedición final de Shion lo consideró el fin de todo. Aunque jamás hablaron del tema en sus últimos encuentros antes de ser asesinado por Saga. No tenía idea si a Shion aún le importaba. Al cabo de un tiempo, Shunrei y Shiryu entraron a su vida, no le quedó más que dar el trago amargo y seguir adelante con los que ahora dependían de él.

—Con todo respeto, no sé si pueda lograrlo. El patriarca Shion es muy diferente al Shion de Aries que conocí hace más de doscientos años —, respondió después de un gran silencio.

—¿No te gustaría recuperarlo? —, Saori preguntó

—Moriría una segunda vez sólo por verlo sonreír con calidez, ser el hombre dulce que solía ser. Ahora sólo es un paranoico que no deja de pensar en la siguiente guerra santa...

—El futuro se ha convertido en su más grande temor. Dohko, ayúdame a recuperar a Shion de Aries, eres el único que lo puede lograr —, pidió su diosa.

Dohko bajó la mirada, no había mucho que pudiese hacer para intentar recuperar al viejo Shion. La única solución rápida que se le venía a la mente, era apelar a su oxidada relación, darle una buena bañada de aceite y hacerla rodar.

Dohko se arrodilló ante su diosa.

—Yo, Dohko de Libra. Jamás me negaría a una petición suya, lo haré con gusto, recuperaré al hombre que amo, aunque no tengo un plan claro de cómo empezar.

Saori sonrió.

—Puedes empezar por no dejar que arruine el evento de hoy, haz lo que tengas que hacer. El fantasma de mi pasado, me dice que ya posees los medios para hacerlo.

Dohko asintió con determinación, haría lo que lo que fuese para re-afianzarlo aunque esto significara hacer circo, maroma y teatro.

-X-

El atardecer estaba haciendo presencia en el cielo. Mu estaba en lo que fuese el rustico fogón de su templo. A pesar de haber mandado a pedir un banquete para la fiesta. Él quería hacer algo más para esas personas que consideraba especiales, sus compañeros de oro. Hacía ya mucho tiempo que nos les daba un gesto de cortesía tibetana. A decir verdad, ya habían pasado muchos años desde la última vez que cocino algo para ellos. Sólo esperaba que lo recibiesen de buena manera en honor a los viejos tiempos, y que ninguno se enfermase del estómago por algún descuido suyo. Preparó la última porción y la guardo en un lugar donde nadie pudiese encontrarlos por accidente. No quería verse grosero al negarle esta comida a alguien, así que si alguien la encontraba, se vería forzado a compartirla.

Al cabo de unas horas, los invitados comenzaron a llegar, no esperaba mucha gente, pero nunca faltaba el invitado del invitado. A Mu no le incomodaba eso siempre y cuando no fueran a desatar algún tipo de conflicto.

Mientras los invitados se acoplaban al ambiente, Mu se quedó en la entrada del templo. Escuchó a lo lejos como unas risas iban cobrando fuerza. Su diosa y su discípulo regresaban de su convivencia, Athena cargaba a Kiki como si fuese un hijo propio, una risa tras otra, sonrisas que no parecían tener fin.

El tibetano dibujó una débil sonrisa, al menos le gratificaba saber que tanto Athena como Kiki pasaron un buen tiempo juntos y no "Desperdiciaron tiempo" Como su maestro Shion declaró.

—Muchas gracias por su tiempo señorita Athena.

—Fue todo un placer. ¿Qué dices si hacemos esto el año que viene? —, propuso Saori.

—¿En mi cumpleaños? —, preguntó Kiki inocente.

—¡Claro! —, respondió Saori. Ella puso al pequeño carnero en el suelo—. Ve, te esperan todos adentro.

Kiki asintió y se unió a la fiesta, dejando a Athena y a Mu solos afuera.

Mu se arrodilló ante ella.

—Muchas gracias por su tiempo. Espero no haber sido una molestia

Saori ayudó a Mu aponerse de pie.

—Nada de eso, Mu, fue todo un placer convivir con él —. Miró hacia la casa, observando cómo Kiki era saludado y felicitado por demás—. Es un gran muchacho, lo estas educando de una manera excepcional, sigue así, y llegará muy lejos.

Ambos entraron a la casa donde Saori fue recibida con el respeto de siempre.

—Por favor, permítame acompañarla hacia a sus aposentos —, ofreció Mu, a lo que Athena respondió con una cara de confusión. Mu desvió la mirada un poco, tenía muy presente el regaño de su maestro y lo menos que quería era hacer que la diosa desperdiciara más tiempo, pero la expresión de su diosa decía lo contrario, no podía, no podía decepcionar a su diosa —. O... ¿Le gustaría tomar asiento y humm pasar un tiempo de caridad extra con sus caballeros?

Athena dibujó una sonrisa y tomó asiento en la sala, reuniéndose con sus protectores de la infancia, sus preciados caballeros de bronce.

Mu se dispuso a reanudar sus actividades como anfitrión, y asegurar que todos estuviesen cómodos durante su estancia. Al poco tiempo, una presencia en la entrada posterior de su casa lo hizo sentir un escalofrió. No era la visita que esperaba, pero eso no le impediría ser igual de respetuoso, pese a los acontecimientos de hace unas horas.

—Bienvenido, maestro Shion —, Saludó.

—¿Dónde está Athena? —, Shion preguntó sin rodeos.

—Ella está a-

—¡Shion! —. Una tercera voz emergió, tomó al patriarca por la espalda y lo abrazó con fuerza —. ¡Qué gusto verte!

—Erghh...Urghh ¡D-Dohko! —, exclamó Shion con dificultad.

Dohko soltó el abrazo y ambos veteranos se miraron cara a cara.

—Te extrañé.

Shion cerró sus ojos.

—Yo también, Dohko...

Dohko sonrió y descansó su brazo detrás del cuello de Shion.

—¡Ven, vamos a divertimos un poco, estas bebidas que Mu trajo están buenísimas!

El patriarca se inclinó hacia atrás rompiendo el abrazo.

—Lo siento, Dohko pero tengo cosas qu-

No pudo terminar su frase, Dohko re afianzó el abrazo y lo flexionó detrás de su cuello, obligándolo a inclinarse hasta que las caras de ambos quedaron muy juntas.

—Si nuestra diosa se está divirtiendo ¿Por qué tu no? —. Se acercó al oído—. Vamos cariño.

Un ligero rubor se formó en sus mejillas, ese caballero de Libra y sus simples, pero efectivas técnicas para persuadirlo con facilidad, como lo odiaba y amaba también.

—Está bien —, Shion contestó entre dientes.

La fiesta transcurrió con una tranquilidad moderada, estómagos llenos, bebidas por aquí y por allá, risas, chismes, chismes y más chismes. La sucesión de risas en el círculo de Mu fue interrumpida por el un jalón en su ropa.

—Mu...

Mu miró hacia abajo.

—¿Qué sucede Kiki?

Kiki bostezó y se talló su ojo izquierdo.

—Ohh, ya es tarde —, comentó el lemuriano—. Ve a dormir, no te preocupes

Kiki asintió, no importase que los demás aclamaran que ya era un hombrecito, dormir a sus horas era algo que aún no lograba evadir.

—Gracias a todos por venir, hasta luego.

—Buenas noches, Kiki —, dijeron los invitados al unísono.

La fiesta continúo un par de horas más, ahora que Kiki ya no estaba presente, era ese momento oscuro de sacar las bebidas no aptas para menores y subir el tono del ambiente. La risas se convirtieron en carcajadas, el lenguaje colorido empezó a florecer y que decir uno que otro atraco debido a los que ya se les estaba subiendo el alcohol.

Dohko mantuvo su postura del abrazo por detrás del cuello de Shion, se la pasó contando historias de la antigua guerra santa y como eran los predecesores de los demás caballeros dorados.

—Albafica nunca dejaba que nos acercáramos a él, solíamos asustarlo de vez en cuando aclamando que estaba sangrando y que nos había manchado. Claro que después de un tiempo dejó de caer. Pero fue divertido mientras duró—. Contó a los de su alrededor.

Luego fijó su mirada a lo lejos. Los guardianes de Aquario y Scorpio habían estado picando del mismo plato de bocadillos hasta que sólo quedo uno. Ambos miraban el bocadillo con esa cara de "Yo lo quiero" Pero al mismo tiempo se miraban entre si silenciosos con el "Te lo doy" Sus caras eran demasiado indiferentes, cualquiera no hubiese notado lo que estaba pasando. Pero el ojo entrenado de Dohko pudo notarlo. Palmeó con suavidad el costado del brazo de Shion para llamar su atención y con un ligero titubeó de su cabeza le señaló la escena.

El patriarca cerró los ojos e hizo el mejor intento para ocultar su sonrisa. Todos empezaban por algún lado y esa escena era muy familiar. Dohko volvió a palmearlo y repitió titubeo. Shion volvió a desviar la mirada, esta vez con su palma cubriéndole el rostro, no iba a hacerlo, no debía hacerlo...

—Ándale —, susurró Dohko.

Shion inhaló profundo para ahogar sus emociones. Volvió a fijar su mirada en aquellos dos. De la manera más discreta posible, partió el bocadillo en dos con su telequinesia y los introdujo en las bocas de los dos tortolos.

Los dos guardianes abrieron sus ojos de par en par y comenzaron mirar para todos lados buscando al responsable. La reacción fue tan cómica que le resultaba cada vez más difícil al patriarca conservar su compostura. Estar tan alivianado como para participar en una fechoría cupido sólo podía suceder si estaba bajo la influencia del alcohol. Pero aún conservaba suficiente cordura como para no hacer el ridículo soltando la carcajada enfrente de todos.

Dohko observó a su derecha, parecía que el patriarca iba a explotar en cualquier momento. En un acto repentino, este su puso de pie y se dirijo a la salida posterior de la casa. Libra le siguió de inmediato pero lo perdió de vista en el proceso.

—Shion ¡Shion! ¿Dónde estás? —, llamó.

Se detuvo al oír cotilleo detrás de una roca, la escaló para encontrarse con el rubio recargado en el otro lado.

—Ah... ah... Mi estómago —, Shion se quejó mas no impidió que otra carcajada se escapase de su boca. Gimió en repetidas ocasiones para intentar controlarse. —Estoy ebrio ¿No es así?

Dohko levantó una ceja.

—Un poco.

Shion hizo un gesto de rendición.

—Llévame a mi sala-

—Pero la fiesta aún no termina, ven, volvamos —, invitó el moreno.

—No puedo volver así, no puedo poner en riesgo mi reputación —, Shion declaró arrastrando un poco las palabras gracias a la bebida.

Libra miro de reojo la pachanga, al mismo tiempo que una mescolanza de caballeros de todo rango comenzaron a cantar sin sentido alguno. Típico del embriagado colectivo.

—No creo que a los demás les importe.

—Pero a mí sí.

Shion sintió como Dohko posicionó una mano en su hombro.

—No te estoy pidiendo que te embriagues hasta perder la razón, tampoco te pido que te pongas a cantar ni a bailar. Sólo quiero que compartamos este momento juntos. Disfrutar este momento de paz en compañía de la generación por la que nuestros amigos dieron la vida.

Dohko levantó el mentón del patriarca.

—Tú más que nadie sabe que el espíritu de nuestros compañeros reside en sus sucesores, no les niegues tu compañía. Si no piensas hacerlo por mí, al menos hazlo en su nombre.

Las palabras de Dohko lo hicieron sentir una culpa inmensa, recordar que sólo ellos alcanzaron a ver la luz del sol bajo una era "de paz" Mirar atrás y recordar el costo de ella era algo que seguía atormentando su mente. ¿Y Dohko osaba utilizar eso para chantajearlo?

—Eres cruel...—, Shion susurró.

—Tú eres cruel contigo mismo —, Libra respondió.

Rendido, Shion se recargó en el hombro de Dohko. No podía negar que la fiesta le generó cierta nostalgia, de aquellos días en los que Mu no era más que un niño con un corazón demasiado grande, en un mundo dispuesto a arrancárselo y hacerlo pedazos. Fue una tarea casi imposible mantener dos caras. El patriarca insensato y el mentor que quería mantener ese gran corazón lo más intacto posible. No tanto porque pensaba que era lo mejor para Mu según su mentalidad de patriarca, si no que papi Dohko no estaba muy de acuerdo con sus métodos de crianza.

Libra respondió al gesto uniendo su frente con la del rubio. Miró los ojos Shion, la frialdad que se había vuelto habitual en él ya no estaba, había una creciente emoción en el rubio que lo hacía detectar ese espíritu noble y tierno. El corazón de Dohko comenzó a exaltarse. No cabía duda, esa era la esencia perdida de aquel Shion del cual se había enamorado. No importarse que sólo estuviese recargado a su lado con una mirada que aparentaba neutralidad. Sus sentidos podían ver más allá. El Shion que tanto deseaba de vuelta había resurgido y no estaba dispuesto a perder la oportunidad de mantenerlo en ese estado mental.

—Shion, te conozco desde hace, bueno, sólo sé que más de doscientos años. Bastante tiempo de noviazgo ¿No lo crees?

La cara de Shion se tornó al rojo vivo. Dohko ya estaba bastante ebrio, tanto así como para soltar la lengua de esa manera ante un tema que pensaba muerto.

—Pensé que-

—Yo nunca dejé de creer en nosotros —, Dohko le interrumpió—. La verdad, no estoy tan ebrio como pensarás que estoy. Aunque, me apena admitir, que necesito ayuda del alcohol para tener valor. Porque...

Dohko alzó una de sus palmas y la iluminó con su cosmos, revelando un peculiar objeto plano, alargado de apariencia blanda.

—Yo sé quién eres. Tú no eres frio, no eres amargado, no eres inflexible. Eres un hombre noble de gran corazón, e incluso me atrevo a decir que Mu es tú viva imagen. Y me gustaría que el Shion que esta frente a mi permaneciera.

Shion miró de un lado a otro, tragó saliva, el rubor en sus mejillas estaba comenzando a ser más notorio gracias a las punzadas de su corazón. No podía creerlo ¿Estaba soñando? Pudiese jurar que Dohko estaba insinuándole que. No... no podía ser, si hace unas horas él se estaba lamentando de que su relación estaba más que pérdida, las cosas no suceden por arte de magia, algo debió haber ocurrido como para que Dohko tomase una iniciativa así. Será que en verdad, ¿Aun le importaba? Mordió su labio inferior, la verdad no sabía que pensar.

—Athena me concedió este listón dorado en la antigua guerra santa, me dijo, que si tú y yo éramos el uno para el otro, este listón se ataría a nuestros meñiques y estaríamos juntos para toda la eternidad.

La sensación de sofoque le informó al patriarca de que había detenido la respiración. Sus manos cubrieron su boca para evitar verse como un tonto con los labios separados. Intentó contenerse, pero fue imposible. Las lágrimas comenzaron a brotar al igual que su corazón latía sin control. Por un momento pensó en huir despavorido para que nadie lo viese en ese estado, ese estado de calidez que lo hacía preocuparse por su gente, de los demás y no sólo pensar cuando los enemigos atacarían el Santuario.

—Lo he tenido conmigo durante más de doscientos años, hasta te perdí una vez, y no estoy dispuesto a dejarte ir de nuevo. Shion, yo más que nadie, he visto todo lo que estás dispuesto a sacrificar pensando en el bien de la mayoría, pero también, he visto las consecuencias de esos sacrificios. Te he visto transformarte en toda clase de persona posible para cumplir los deberes que la vida te ha arrojado. Sólo espero que con este listón, sientas que jamás estarás solo en esos tiempos difíciles, que jamás tendrás que sacrificar a la persona que se encuentra del otro lado de ese listón. Por qué esa persona, también está dispuesta a estar a tu lado y convertirse en una sola entidad contigo para sobre llevar ese pesar, sea cual sea —. Inhaló profundo—. Shion ¿Me permites?

Shion asintió en silencio, después de tanto tiempo, era el momento de la verdad. Momento de saber si todo ese tiempo que estuvieron juntos valió la pena. El listón comenzó a atarse por sí solo en los meñiques de ambos. La tensión fue tal que terminaron abrazándose fuerte, en lo que la luz cegadora del listón daba el veredicto final.

-X-

Los ojos azules de un desubicado rubio se abrieron de repente. Dos poderosos cosmos habían explotado de una manera bastante poderosa he inusual. Shaka se puso de pie y caminó hacia la entrada de su casa. Miró hacia abajo. La casa de Aries estaba bañada en una luz pura, cálida y poderosa. La incógnita ahora era ¿Qué diablos estaba ocurriendo ahí abajo? No era una pelea eso era seguro. Pero ¿Por qué liberar tanto cosmos de esa manera? ¿Cuál era necesidad? ¿Cuál era el propósito? Quizá era demasiado tarde para ir a investigar, su detección de cosmos inestables sugerían bebidas embriagantes, no era el mejor momento para hacerlo. Quizá al amanecer. Shaka cerró sus ojos y regresó a su casa.

-X-

El resplandor llamó la atención de los que se encontraban a dentro, quienes ya disfrutaban de la sorpresa que Mu les había preparado en agradecimiento a sus compañeros de oro, unos deliciosos momos. Se aproximaron a la salida posterior del Santuario, pero fue Mu quien se aproximó a la pareja.

—Disculpen —, Mu los interrumpió a la distancia—. ¿Está todo bien?

Shion y Dohko intercambiaron miradas. El patriarca cedió y regresó al templo. El otro le siguió después.

—¿Pasa algo? —, Mu le preguntó a Libra

Dohko sonrió de oreja a oreja

—Todo está bien, Mu —. Miró de reojo a su diosa—. Mejor que nunca.

Ante esas últimas palabras, los ojos de Athena se iluminaron, Seiya al notar esto, juraría que ella estaba a punto de llorar.

Era oficial, Dohko y Shion jamás volverían a agobiarse por especulaciones. Lo que sentían era real. Dohko acercó su rostro al rubio, dispuesto a sellar todo con el tradicional beso, fue un poco difícil para el moreno afianzar esos labios. El temblor en la mandíbula del patriarca, sugiera un nerviosismo considerable. Era entendible, jamás habían mostrado afecto en público.

El acto aunque repentino, no fue mal visto, sino celebrado, siempre había existido el rumor que había algo más entre estos dos individuos. Mu era el único que sabía con certeza, pero se reservó cualquier tipo de comentario sobre la relación de sus padres, el hecho de que finalmente habían arreglado sus diferencias para ser felices después de tanto tiempo, era algo digno de celebrarse también.

Shion, al apartarse de Dohko, miró de un lado a otro formulando un plan rápido que divergiese toda atención de lo que acababa de ocurrir.

—¡Bien! Se acabó el evento señores, los quiero a todos en sus casas, ahora —, ordenó. El "Aaww" en coro emergió—. ¿Qué es eso de "Aww"? Ya no tienen cinco años para que me vengan con "Awws"

—Háganle caso a mamá Shion —, bromeó Libra.

—Sí, háganle caso ma- ¡Oye! —, protestó el patriarca.

Al cabo de unos minutos, los caballeros comenzaron a marchase a sus respectivas casas.

Dohko se dirigió a Mu y Athena.

—Mi señora, Mu. Espero que esto no haya sido demasiado.

Mu negó con la cabeza y abrazó a Dohko.

—Me alegra que estén juntos.

Mu dibujó una sonrisa al ver a sus...padres, tan felices, lo que inevitablemente lo hizo sentirse algo melancólico. Observó como ellos y Athena comenzaron su viaje hasta la cima del Santuario. Miró hacia arriba, a la sexta casa. No sabía porque le dolía tanto, porque tal hecho llenaba de tristeza ese gran corazón que todos aclamaban que tenía. Su ausencia era predecible, aun así, mantuvo la esperanza de que él se presentaría en cualquier momento.

Cosa que nunca sucedió.