Este fanfiction es un regalo para una persona muy especial, que a pesar que la conozco desde hace poco tiempo ha llegado ser muy importante para mí. ¡Espero que lo disfrutes! (O te pego…) ;O…
Aclaratoria: La historia es AU y está situada en la época de 1900 (No sé para que lo explico si ni lo notarán xD). Será un two shot, un capítulo hoy y el otro para fin de año. ¿Por qué es tan largo? Porque me emocione. Fin.
Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter son propiedad de los más bello y horrible que existe en este mundo un señor llamado Yoshihiro Togashi (Espero que en este momento este en su casa pensando como shit continuar el manga).
Advertencia: Contenido Shonen-ai.
Nieve en tiempo de amor
El frío invierno azotaba en las solitarias calles de Peijin y este año la tormenta había sido más feroz que en épocas anteriores. La población a pesar de eso ya estaba acostumbrada a este clima por lo que seguían normalmente en sus actividades a lo largo del día y en las noches todos iban temprano a sus casas para sentarse cerca de la chimenea en familia y tomar una taza de chocolate caliente.
Esta linda ciudad formaba parte de un gran reino llamado Gorteau del Este que era gobernado por el severo y correcto rey que tenía por nombre Meruem, el cual no permitía que nadie rompiera las reglas. La Reina al cambio, era dulce y benevolente, ella se encargaba de aplacar al Rey cuando lo ameritaba y se apiadaba de todo aquel que viniese en su ayuda. Acompañados de sus tres leales guardias mantenían a los habitantes felices y protegidos de cualquier amenaza.
.~*~.
Era de noche aun en Peíjin cuando se escuchó el sonido de la puerta principal de una casa ubicada en los suburbios. Al entrar, todo estaba oscuro y solo se observaba la luz de la luna que entraba por uno de los ventanales dañados.
—Oye, Gon ¿estás aquí?—, preguntó una persona de cabellos oscuro que venía entrando bastante desabrigado a pesar del frío que había en el exterior.
—Si, Ging—. El joven encendió una pequeña vela que se encontraba en la mesa.
—¿Qué haces en la oscuridad?
—No tenemos dinero para más velas, reservaba esta para alguna emergencia, pero como estás aquí la usaré.
—Mmmm… ya veo…
Ging era un hombre algo tímido para hablar frente a las demás personas y el ser padre no era algo que lo llenaba de mucha emoción que digamos. Vivía con su hijo Gon en una pequeña casita hecha de madera que se encontraba algo deteriorada por el paso del tiempo.
Su situación económica no era nada buena, anteriormente, se dedicaba a la búsqueda de tesoros y tenía un impresionante talento para ello. Descubrió importantes reliquias perdidas y ayudó a restaurar ruinas antiguas, convirtiéndose en uno de los cazadores arqueológicos más famosos del mundo. Pero no todo salió con él esperaba, pues tiempo después, la organización a la que pertenecía le jugó una mala pasada y lo obligaron a abandonar su profesión, desde entonces las cosas no habían ido muy bien, y más aún cuando se enteró que tenía un hijo que cuidar. Ahora realizaba diversos trabajos para poder mantener a Gon con el poco dinero que conseguía.
Ging colocó sobre la mesa una bolsa con tres panes y se dio vuelta dándole la espalda. —Emmm… Traje esto… Lamento no poder darte algo más…
El niño esbozó una sonrisa al ver que su padre a pesar de ser despreocupado y un poco irresponsable aun se preocupaba por él. —Ging, no te preocupes, ya comí algo de fruta; tómalo tú, seguramente no has comido nada.
Él sabía que Gon era demasiado bondadoso y nunca antepondría sus necesidades por encima de los demás. —Si no quieres déjalo ahí—, dijo con un tono de enfado. Por unos instantes el Señor Freecss observó el inocente rostro del niño y sintió un nudo en su estómago. Esos grandes ojos castaños siempre lo miraban con una gran gentileza y eso lo ponía realmente incomodo. —Tsk… Eres idéntico a tu madre…— Caminó hasta la salida con una cara de disgusto. —Cuando vuelva espero no ver esos panes o sino los tiraré a la basura—. Cerró la puerta detrás de sí.
—Ging…— Él lo sabía. Ese semblante duro que mostraba su padre era una máscara, en realidad era muy bueno con él por eso estaba decidido a ayudarle y ya tenía en mente una forma de encontrar dinero.
A la mañana siguiente se dirigió a la casa de la Señora Mito, una dulce joven que tenía una floristería en las afueras de la cuidad, desde que Gon había venido a vivir allí, ella se convirtió en su amiga.
El pequeño le comentó la situación y ella muy amablemente aceptó ayudarlo. Le pidió que se encargara de vender flores por el centro porque las ventas en los alrededores estaban algo malas. Por cada flor que vendiera, le daría un porcentaje de su venta. A él, le encantó la idea y se dirigió en seguida a la plaza más grande de la cuidad para vender todas las flores que Mito-San le había encomendado.
Para Gon los días transcurrían rápidamente, su nuevo empleo le mantenía entretenido ya que anteriormente solo se la pasaba en su casa esperando que Ging llegará, pero ahora tenía un objetivo: Ayudar a su padre.
Se dio a conocer en el pueblo, todos lo querían mucho y eso se debía al gran carisma y amabilidad que desprendía. Jugaba con los animales y hablaba con los ancianos del parque. Las señoras del mercado siempre se acercaban para ofrecerle frutas o golosinas como agradecimiento por la ayuda que a veces él les brindaba. No cabía duda que Gon Freecss, era un niño ejemplar.
El chico de ojos color miel se encontraba hoy cerca de la fuente central saludando a los transeúntes mientras trataba de vender sus flores, parecía ser una día como los demás hasta que un bullicio lo distrajo de su labor.
—¡Detente niño!—, ordenó un oficial de policía.
—Atrápame si puedes viejo.
Un joven de cabellos blancos era perseguido por la ciudad, a los oficiales se les hacía bastante difícil el alcanzarlo pues era bastante rápido y además su excesivo consumo de postres no les estaba facilitando las cosas. Se detuvieron para tomar aire, tiempo; que el vivaz fugitivo tomó como ventaja para perderles de vista.
La curiosidad de Gon hizo que se acercara al lugar de donde provenía el alboroto. Cruzó la calle y para cortar camino decidió pasar por uno de los callejones que daban hasta la otra avenida, pero no esperó tropezar con algo en medio de la oscuridad del pasillo. Cayó al suelo y su canasto rodo haciendo que las flores volaran a todas direcciones.
—¡Ay! Duele….
Se incorporó con mucho dolor. Abrió los ojos con delicadeza mientras se sobaba la cabeza, realmente se había golpeado muy fuerte contra el piso. Estaba algo desorientado pero un murmullo lo trajo a la realidad haciendo que fijara la mirada al frente, solo para encontrar a un joven cubierto por sus flores. El desconocido muchacho tenía los ojos abiertos de sobremanera y respiraba pesadamente tratando de recuperar el aliento. Traía ropas de color blanco que estaban todas rasgadas y sucias. Sus cabellos estaban desordenados y su rostro tenía manchas de lodo. Al ver la condición del joven se acercó a él preocupado.
—¿Estás bien?
El chico asintió con la cabeza sin cambiar su expresión.
—No te ves para nada bien—, le replicó.
El ruido de los silbatos se acercaba, preocupando al misterioso desertor. Él, intentó levantarse para emprender su huída, pero fue inútil. Su tobillo estaba lastimado.
—¿Qué sucede? ¿Te has lastimado el pie?
No recibió respuesta. Un segundo intento por levantarse fue igualmente inútil.
Gon preocupado, levantó el ruedo del pantalón del chico, para luego quitar el zapato de su pie izquierdo.
—Hey, ¿Qué haces?—, preguntó el niño ante ese movimiento atrevido.
—¡¿CÓMO PUEDES ESTAR CAMINANDO CON ESTA HERIDA?!—, el rostro de horrorizado del moreno, sorprendió al herido. —Tu tobillo… Te doblaste el tobillo…— No podía imaginar cómo alguien pudiera estar caminando con una torcedura tan grave, y ni siquiera entendía porque ese chico estaba tirado allí sin que nadie le ayudara. Se asustó, seguramente este pobre joven llevaba días herido y no había recibido atención médica.
—Estoy bien.
—¿Cómo puedes estar bien? Está inflamado y de color morado—. Acercó su mano palpando superficialmente la lesión.
—¡Ay!—, gritó sonoramente.
—¿Lo ves? Te duele… Debo llevarte con un doctor.
—Déjame, no puedo ir allí.
—Pero debes curar tu pie.
—Deberías preocuparte por ti, mira tú frente—, lo señaló con el dedo.
El oji-miel se palpó la frente y sintió algo húmedo: estaba sangrando. Esa caída no había sido tan leve como pensó.
—No te preocupes, esto no es nada—, sonrió alegremente mientras se limpiaba con su desagarrada bufanda.
—Si tú lo dices…
—Oye, ¿qué hacías tirado acá en este callejón oscuro?
—Ese no es tu problema.
En ese instante los policías pasaron por un lado del callejón sonando fuertemente sus silbatos. —¿Dónde estará ese niño? Sigan buscando, no debe andar muy lejos.
Asustado el joven agarró por el cuello a Gon y lo atrajo hacia sí abrazándolo, para poder ocultarse de sus perseguidores, rogando internamente que no entraran al callejón. Pasaron unos minutos hasta que finalmente esos molestos hombres desaparecieron del lugar.
El frió clima le permitió darse cuenta de lo que ocurría porque sintió en su cuello una cálida sensación, era la respiración del pelinegro, el cual no se había movido ni un milímetro desde que estaban en esa posición. Observó su rostro y estaba sonrojado, no sabía si era por el frío que los rodeaba o por otra cosa, pero se veía realmente adorable así: con sus ojos cerrados y respirando suavemente contra su piel blanca. Lo tomó por los hombros y lo separó un poco de su cuerpo.
—¿Q-Qué… estás haciendo….?
—Tu cabello huele muy bien—, dijo dándole una tierna sonrisa.
Esas simples palabras lograron que su corazón latiera rápidamente, avergonzado; desvió su mirada azulina evitando tener cualquier contacto visual con ese niño que lo ponía nervioso.
—¿Es a ti a quien buscan?—, preguntó tristemente.
—Sí…
—¿Hiciste algo malo?...
De nuevo el joven guardo silencio.
Observó de pies a cabeza al chico para encontrar algún indicio de lo que ocurría, y la repuesta llegó a él enseguida, pudo ver colgado de su cuello un collar de oro que se veía muy costoso y un anillo en su dedo con piedras incrustadas y creyó entender la situación.
—¿Cuál es tu nombre?—, le preguntó al peliblanco, el cual no respondió nuevamente. —Yo soy Gon y tu ¿Cómo te llamas?—, le extendió la mano.
El chico extendió igualmente su mano y se dieron un apretón. —Killua… —, dijo finalmente.
—¡Killua! ¡Qué nombre tan raro!
—Gon no es un nombre muy normal que digamos.
—Tienes razón, jeje…—. Levantó su mirada y le dijo con valentía: —Killua… no es bueno robar.
—¿Eh?
—Puedo entender que estés pasando por una situación difícil, pero debes buscar una forma honrada de conseguir dinero.
—¿Ah?
—No te preocupes no te delataré, pero debes prometer que devolverás esas cosas—. Gon se acercó al chico, y comenzó a tomar una a una las flores que estaban encima de él. Las metió en el canasto y se levantó del suelo. —Killua te llevaré con el doctor Leorio, colócate esto—. Le lanzó su abrigo para que se cubriera con él y se dio la vuelta ofreciéndole la espalda.
—No iré a ningún lado.
—Deja de ser tan testarudo—. Usó sus dos manos para alzarlo en contra de su voluntad.
—¿Qué haces? ¡Suéltame!
—Deja de protestar, te llevaré y no hay pero que valga—. Levantó del suelo la canasta. —En vez de quejarte llévame esto por favor.
Killua se resignó, no podía ganarle a este niño y en verdad le dolía mucho el pie, así que no sería tan mala idea ir a ver a un doctor. Tomó la canasta y usó el abrigo para cubrirse la cabeza así no sería descubierto. Se recostó contra la espalda cálida del pelinegro y cerró sus ojos.
—Bien, vámonos.
Pasaron unas cuantas horas hasta que despertó, su sueño había sido placentero, tenía días que no dormía y extrañamente se sentía seguro en la espalda de este joven. Abrió los ojos y observó pequeñas esferas de nieve cayendo lentamente.
—¿Está nevando…?—, susurró.
—Oww Killuaw… ¿Ya dewperstaswte?—, dijo con dificultad, llevaba en su boca el mango del canasto.
Se levantó exaltado y observó su mano, ya no llevaba el canasto.
—Tew quewdaswtesw dormidows y lo solstwaqate.
—¿Qué?—. Killua le quitó el objeto que tenía en la boca para que pudiera hablar con normalidad.
—Que te quedaste dormido y lo soltaste.
—L-Lo siento…—, dijo avergonzado.
—No te preocupes, seguro estabas muy cansado—. Le brindó una sonrisa.
El peliblanco observó de nuevo a Gon, éste tenía las mejillas rojas y respiraba con dificultad, era obvio que se estaba helando pues sus ropas eran finas y desgastadas y ni siquiera tenía un abrigo para cubrirse ya que se lo había prestado a él. Hace bastante tiempo comenzaron a caminar, por lo que debía estar exhausto de cárgalo por todo el largo trayecto.
—Gon… ¿Falta mucho? ¿Cuánto tiempo llevas caminando?
—¿Eh? Llevamos 3 horas caminando, lo siento, pero no quise ir tan rápido para no despertarte. El doctor Leorio no vive en la ciudad, su casa está en las afueras en un pueblito, pero ya vamos a llegar, mira podemos ver las casas desde aquí.
—En serio... ¿Te preocupas por esas cosas? Bájame iré caminando hasta allá.
—No te dejaré, pero si así lo quieres aumentaré la velocidad—. Afianzó el agarré y comenzó a correr velozmente entre la nieve.
Impresionado por la velocidad absurda de su salvador, sostuvo su cabellos para que no se despeinara, no imaginó que alguien tuviese destrezas como esas. —¿Cómo es posible que corras tan rápido?
—Fui criado en el bosque, esto no es nada para mí.
—Wow genial.
En unos minutos llegaron hasta la casa del Doctor. El cual los recibió con amabilidad y atendió la herida del albino y curó la frente de Gon.
—Niños, ¿que estuvieron haciendo?—, preguntó intrigado ya que esas lesiones no parecían ser normales.
—Tropezamos accidentalmente en la calle y nos lastimamos.
—Gon, podría créelo de tu herida pero el pie de este jovencito tiene días que haberse lastimado y lo peor de todo es que al parecer caminó una larga distancia estando así. Gon, ¿lo trajiste caminando desde la ciudad?
—¡No doctor! Lo traje en mi espalda.
Killua permaneció callado, no tenía ganas de contar que era lo que le había ocurrido realmente. Leorio se dio cuenta de ello por lo que decidió no seguir indagando en el asunto.
—Gon, toma estas medicinas. Está…— Señaló un frasco que tenía una especie de píldoras. —Debes dársela cada vez que tenga dolor, y esta…— Señaló un frasco con un líquido adentro. —Debes aplicarla en el tobillo dos veces al día, es una loción con hierbas especiales que ayudará a que la inflamación disminuya y le aliviará el dolor igualmente.
El oji-miel colocó una enorme sonrisa en su cara. —¡Doctor Leorio! ¡Usted es el mejor! ¡Muchas gracias!
—Vamos, vamos, solo estoy haciendo mi trabajo—, revolvió los cabellos oscuros del niño.
—Killua… Agradécele también…—, le dijo dándole unos golpes con el codo.
Killua chasqueó la lengua y cruzó sus brazos, un poco molesto. Para él no era nada fácil dar las gracias o disculparse ni ninguna de esas cosas cursis, no lo habían criado así. —Gracias…—, dijo entre dientes. —Viejo, cuando tenga dinero te pagaré por esto.
Leorio se levantó de su asiento con una sonrisa y le revolvió igualmente su cabello al chico albino. —Los niños no deberían hablar así y no necesitas pagarme nada. Hice esto porque es mi deber como doctor ayudar a las personas. Solo prométeme que no te meterás en más problemas.
El peliblanco se sorprendió por ese comentario, al parecer todo el mundo sabía que estaba en problemas.
—Doctor ya nos vamos, muchas gracias otra vez—. El menor le hizo una reverencia.
—No dudes en venir si ocurre algo.
—¡Lo haré!—. Gon se dio la vuelta para ofrecerle la espalda a Killua. —Vamos, te llevaré de regreso.
—Ni loco, además… ¡mira ya me puedo mover!—. Cojeó hasta la puerta, tratando de parecer lo más normal posible.
—Yo como tú aceptaría ese aventón—, dijo Leorio desde el portal de la puerta. —Tu pie necesita descanso y ese vendaje se mojará si llegas a caminar por toda esta nieve.
Viéndose acorralado no tuvo más remedió que aceptar, en verdad hoy se sentía un inútil. Lo único que sabía hacer era molestar a los demás y causarles problemas, pensó. —Está bien, pero a lo que lleguemos a la ciudad, caminaré por mi cuenta—. Se montó en la espalda del pelinegro haciendo pucheros y blasfemando en voz baja.
Gon sonrió ante esa actitud infantil.
—Si, como digas Killua—. Se dirigieron hacia la ciudad ahora a un paso más veloz.
Mientras caminaban, él se hallaba sumido en sus pensamientos, estaba preocupado por su nuevo amigo. Luego de mucho pensarlo, no se contuvo de preguntar eso que le carcomía por dentro. —Killua, ¿tienes a donde ir? —. Esa pregunta fue bastante lógica al ver la condición en que se encontraba, parecía que hubiese estado en la calle por varios días.
—No.
—¿Quieres quedarte hoy en mi casa?—, preguntó emocionado, era verdad que no tenía mucho que ofrecerle y que su casa no era la mas cómoda de toda la ciudad, pero sería mejor que pasar la noche en la fría nevada.
Killua no podía creer que este niño no tuviese ni un poco de malicia, ¿Cómo invitas a alguien que acabas de conocer a tu casa? Y más aun pensando que es un ladrón. —¿Está bien que me invites?
—¡Claro! Ahora vivo con Ging, pero seguro él no se molestará.
—¿Ging?
—Mi papá.
—Ya veo…— Guardó silencio por unos minutos antes de continuar, meditando la situación. —No quiero ser una molestia… Creo que ya te he causado muchos problemas.
—No digas eso, seguro tú hubieras hecho lo mismo por mí.
Si, definitivamente este niño era muy inocente y bondadoso, era la primera persona que lo había tratado normalmente en mucho tiempo. Lo pensó por unos segundos, y decidió acompañarlo.
—Está bien, pero si soy una carga no dudes en decirme—, le advirtió apoyando su barbilla pesadamente sobre el hombro del otro.
—Lo haré—, dijo sonriendo.
Durante el trayecto no pudo evitar ver muy de cerca esos ojos castaños que parecían brillar con intensidad cada vez que sonreía, estar a su lado le hacía sentir muy bien. No recordaba el calor de una sonrisa como esa ni que alguien se preocupase desinteresadamente por él. Esos sentimientos desconocidos lo ponían nervioso, volteó la mirada avergonzado y solo se quedó disfrutando del paseo.
Ya estaba anocheciendo, había pasado una hora desde que salieron de la casa del señor Leorio y ya se encontraban en la parte más alejada de la ciudad. Gon se detuvo abruptamente haciendo abriera sus ojos.
—Llegamos.
El joven observó una pequeña casita que poseía un aspecto descuidado, las ventanas estaban en muy mal estado y el techo estaba cubierto de nieve hasta pensó que en cualquier momento se vendría abajo.
—¿Esta es tu casa?, preguntó dudoso. No creía que alguien pudiese vivir en lugar como ese.
—Sí. Pasa no te de pena—. Bajó al chico y abrió la puerta de madera con dificultad, para que pudiera entrar.
Entró con cuidado pues no quería romper nada. Todo estaba oscuro y hasta sintió más frío adentro que afuera en la ventisca.
El pelinegro cerró la puerta, la cual no dejaba de rechinar cada vez que la movía. En el interior del recinto solo había una habitación grande y la cocina donde estaba un pequeño comedor de madera.
—Hoy es un día especial, así que usaré esto—, dijo Gon entusiasmado al sacar una vela del estante. —Generalmente no podemos darnos el lujo de desperdiciar las velas pero como eres un invitado debo hacer que te sientas cómodo—. La encendió y la colocó en una mesa enfrente de él. —Siéntate Killua, seguramente tienes hambre.
Se dirigió a uno de los estantes y abrió la puertecilla de arriba para sacar un plato de madera y un cuchillo. Tomó dos de las frutas que se encontraban en un tazón y las peló y cortó en trozos para servirlas a su invitado.
—Come, es para ti.
Observó el plato de frutas que tenía en frente. —¿Tú no vas a comer?—, le preguntó al ver que no había otro plato en la mesa.
—No te preocupes, yo comí ayer un tazón de frutas como este. Puedo aguantar con eso hasta mañana—. En ese instante recordó algo. —¡Oh! espera, tengo algo más que darte—. Se levantó de su asiento y buscó entre las gavetas hasta que sacó un pequeño pedazo de pan. —Toma, lo trajo Ging hace unos días. Fue todo lo que quedó, pero está muy bueno, ya lo probé. Cómelo, necesitas recuperar fuerzas—, le dijo animadamente.
Impresionado bajó la mirada cubriéndolas con sus mechones plateados, su cuerpo comenzó a temblar y un sollozo ahogado brotó de su garganta.
—¿Qué ocurre Killua? ¿No te gusta la fruta?
"¿Cómo puede ser así? Preocuparse, más por otros que por él mismo. Es injusto."
El albino se quedó un momento en silencio hasta que levantó su rostro dejando ver sus ojos los cuales luchaban por no derramar ni una lágrima. Miró el plato y comenzó a devorar la comida que tenía en frente.
—¡Sabía que tenías hambre!—. Volvió a ofrecerle a su amigo una sonrisa mientras apoyaba el rostro sobre sus manos.
Luego de cenar ambos se fueron a la habitación, en la cual había dos camas pequeñas.
—Vamos a dormir, si quieres puedes tomar mi cama y yo dormiré en la cama de Ging.
Se recostaron sobre el colchón mirando el techo, sin promediar palabra alguna. Este día había sido extraño, ahora estaban con un total desconocido durmiendo en la misma habitación.
—Gon, ¿No estás preocupado por tu papá? Ya es bastante tarde.
—No… Ging no viene a casa desde hace algunos días.
—¿Eso es normal?
—Sí, siempre hace lo mismo. No lo culpo, no ha tenido mucha suerte en su vida. Fue expulsado de su trabajo, que era el sueño de su vida, y repentinamente se enteró que tenía un hijo que cuidar. Desde entonces no ha podido encontrar nada estable y se la pasa buscando la forma de encontrar dinero para mantenerme.
—Debe ser duro…
—Mmm si, mi madre murió hace unos años en un accidente cerca de la costa aun lo recuerdo… Ese día estaba lloviendo, y ella salió a buscarme pues me había ido al bosque a jugar y ya era muy tarde, pero no se percató que estaba en el borde de un risco debido a la maleza que crecía en ese lugar, pisó en falso y cayó al mar. Nadie la pudo escuchar, nadie estaba cerca.
—Gon… Lo lamento.
—No te preocupes, es algo que ya he aceptado. Luego de eso, mi abuela me trajo con Ging pues ella no podía cuidarme sola. Él ha hecho un gran esfuerzo hasta compró esta casa para yo pudiera vivir en un sitio estable y siempre anda en busca de trabajo para que podamos comer algo decente. Es un buen padre a su modo. Claro, que es tímido y un poco irresponsable, pero si no lo fuera no sería Ging.
—Ya veo…
—¿Qué hay de ti, Killua? ¿Cómo es tu familia?
—Verás… Y-Yo no tengo familia…—, dijo titubeando.
Se levantó sorprendido de la cama. —¿Enserio?
—Si…
El moreno se entristeció de solo pensar de todas las cosas terribles que su amigo debió pasar, ya entendía porque había cometido ese terrible acto. No tenía a nadie quien lo ayudará ni tenía a donde regresar. Su corazón se estrujó y sintió la necesidad de ayudarle. —Killua… ¿Quieres vivir conmigo?
Esa propuesta fue realmente imprudente, el peliblanco se levantó igualmente sorprendido y miró el rostro emocionado de su compañero. No podía creer lo que escuchaba.
Gon saltó desde la cama contigua para quedar a un lado del albino. —¡Sí! ¡Será divertido! Iremos con Mito-San y le diré que me ayudarás a vender flores así ambos podremos conseguir muuuuchoooo dinero y comprar deliciosa comida. También podremos comprarnos trajes nuevos y en navidad podríamos… ¡Comernos un pavo entero!
Killua se dejó llevar por la emoción y se unió a la conversación. —¡Y un pastel de fresas!
—Si un pastel de fresas giganteeeee—. Abrió sus brazos haciendo el gesto. —También comprar muchos obsequios de navidad. ¿No te parece genial, Killua?
—Emm… Si…— Luego de unos instantes recobró la compostura y puso una cara muy seria, no le agrada la idea de ser una carga más para la familia de Gon y menos con la difícil situación por la que pasaban.
—No te pongas así. ¿No te gusta estar conmigo?—,dijo al observar su reacción; se entristeció y sus ojos temblaban de solo pensar en esa idea.
—No podría decirte, solo nos conocemos hace unas horas.
—Es cierto… —Suspiró y repentinamente tomó las manos del otro. —Killua, a mi si me gusta estar contigo, sé que eres un buen niño y a pesar de que pareces un poco gruñón eres muy amable, lo sé…
—¡Hey! ¿Eso fue un alago? Pareció un insulto.
—Jeje… ¿Lo ves? Eres muy gracioso.
Killua se sonrojó avergonzado, este niño creía conocerlo como la palma de su mano, y más aun no tenía pena en decir lo que pensaba. "¿Qué soy amable? ¿Qué soy un buen niño? En verdad no me conoce, pero así está bien…" Definitivamente a él le gustaba estar con este jovencito tan curioso y amigable, así que no era mala idea pasar algún tiempo con él, después de todo, no tenía un lugar a donde volver.
—De acuerdo—, dijo volteando el rostro mientras hacia un puchero. —Pero con una condición.
—¿Cuál es?
—D-Duerme conmigo…
—¿Eh?
—No pienses cosas raras…—, dijo con su rostro rojo por la vergüenza. —Hace mucho frío, no tienes chimenea ni buenas cobijas que nos calienten. Es mejor… si dormidos cerca el uno del otro… así no tendremos tanto frío.
—Está bien.
—Bueno me acostaré mirando para allá y tu para allá, ¿de acuerdo?—, le indicó con su dedo.
—Ok, Killua.
Se recostó mirando hacia la pared dando la espalda al moreno y se cubrió con la delgada sabana que su amigo le había proporcionado anteriormente.
Gon lo imitó y se dejó caer en la cama pero sin seguir el plan del mayor. Pasó uno de sus brazos alrededor de la cintura ajena y se apegó peligrosamente al él.
El cuerpo de Killua se tensó por completo y un escalofrío recorrió por su espina dorsal al sentir la respiración tibia en su espalda. —¿Q-Qué haces…?
—Es mejor así, si estamos más cerca podremos abrigarnos mejor—. Se arrimó aun mas, hundiendo su rostro en el dorso del peliblanco. —Puedo sentir la calidez que emana tu piel, es agradable. Es preferible que dormir solo en mi cama.
El oji-azul tragó grueso, intentando callar sus feroces latidos presionado su pecho; según él, Gon podría oírlos sino hacia nada. En toda la noche no pudo pegar un ojo, esta situación era muy incomoda, después de todo, tal vez no había sido una buena idea pedirle esa condición.
"¿Por qué me pongo tan nervioso cuando estoy al lado de este chico?"
El menor estaba durmiendo plácidamente sin saber lo que sus despreocupadas acciones producían en su amigo y ocasionalmente hacia unos graciosos resoplidos que hacía con la nariz mientras dormía.
Se percató que su compañero se había quedado dormido y aprovechó la ocasión para acariciar los dedos morenos que lo arropaban al nivel del estómago, esas manos eran un poco ásperas pero estaban tibias, se sentía muy confortable estar rodeado por ellas.
"Gon, sí que eres extraño…"
Sin darse cuenta se fue acostumbrando a la presencia detrás de él, y se dejó vencer por el sueño cuando ya los rayos del sol entraban por la ventana.
.~*~.
Ya habían pasado varios días desde que Killua decidió vivir un tiempo en la casa de los Freecss.
A pesar de los constantes reclamos y berrinches que hizo el oji-azul, Gon no dejaría que saliera de la casa hasta que su pie estuviera completamente sanado. Mientras tanto él iba a vender sus flores y buscar algo de comer.
Esa situación ya lo tenía harto, no soportaba estar encerrado entre esas cuatro paredes así que ese día decidió escapar, iría solo unos minutos a ver que había de nuevo por la ciudad y respirar algo de aire fresco.
"Gon nunca se enterara, serán unos cuantos minutos."
Se cubrió el pie con una manta haciendo una especie de envoltorio ya que no quería que su vendaje se mojara con la nieve. Listo para salir en su aventura colocó un pie por la ventana, pues el paranoico pelinegro había trancado la puerta para que no tuviera ni la más mínima de oportunidad de escaparse.
—¡Ya estoy en casa, Killua!
Un fuerte golpe proveniente de la habitación lo asustó asi que se acercó para ver que ocurría. Fue una lástima para Killua, pues del susto se le quedó el pie enganchado en la ventana cayendo sobre la fría nieve.
—¡Killua! ¿Qué crees que estás haciendo?
—¡Gon! Jajaja… Bueno… Yo… estaba… tu sabes… —, dijo desde afuera.
—Querías escapar de nuevo…
—No, yo solo quería estirar las piernas.
Suspiró, esta era la tercera vez que intentaba escaparse. Ayudó al peliblanco a entrar y a que se recostara en la cama. —Killua, si te digo que te quedes aquí es por tu bien.
—Ya estoy cansado de estar aquí sin hacer nada—. Cruzó sus brazos e hizo una mueca de disgusto. —Además Ging dijo que ya podía salir.
—Lo sé, pero necesitas descansar unos días más para que sane por completo.
—Ya estoy harto…
El moreno se sentó en la cama y tomó su mano. —Hazlo por mí Killua…— Puso sus ojos tristes y arrugó su boquita de forma muy tierna. —No quiero que te pase nada malo…
Gon había aprendido como manipularlo. "Maldición, de nuevo colocando esa cara…" No podía resistirse a cada una de las peticiones que le hacía y más con esa táctica de poner cara de niño regañado.
Chasqueó la lengua disgustado. —Está bien. Pero si me aburró demasiado me iré y lo sabes.
—¡Gracias Killua!— Se le abalanzó encima abrazándolo fuertemente.
—¡Hey! ¡Ya te he dicho que no hagas eso! ¡Me avergüenzas!—, dijo mientras lo empujaba por la frente para apartarlo pero este se aferraba aun mas a él, solo para molestarlo.
Luego de un rato recordó algo importante y se levantó. —¡AH! Se me había olvidado. Killua te traje algo—. Se dirigió hacia la cocina y volvió trayendo entre sus manos una caja y se la colocó en las manos a su amigo.
—¿Qué es?
—¡Ábrela! ¡Es una sorpresa!
No estaba muy convencido, esto no parecía ser un regalo, torció la boca con desconfianza, bueno si Gon decía que lo era no podía ser tan malo. La abrió y en seguida salió un animal y lo atacó aferrándose a su rostro. —¡Wa! ¿Qué demonios es esto?— Intentó quitarlo pero era inútil, la bestia se sujetaba con más fuerza. —¡Ayúdame Gon!
—¡Ah! ¡Killu! ¿Qué haces?— Jaloneó a la criatura hasta que por fin logró desprenderla de la cara rasguñada del oji-azul.
—¿Un gato?— Con su manos se sobaba el rostro luego del violento ataque que había recibido.
Alzó sus brazos sosteniendo al gatito mostrándoselo a su compañero con mucha emoción. —¡Sí! ¿No es lindo? Le puse Killu.
—¿Killu? ¿Le pusiste mi nombre a un gato?— Eso fue bastante ofensivo para él.
—Mira, es idéntico a ti. Tiene los ojos azules y su pelaje es blanco y esponjado. Hasta tiene mal carácter de vez en cuando.
—¿Qué quisiste decir con eso?—, dijo apretando los puños enojado.
Gon omitió lo que decía y se puso a jugar con su nueva mascota. —Killu, eres un lindo gatito. Tú eres el gatito más lindo de todos.
—Rayos, me está ignorando por completo…
El peliblanco suspiró resignado bajando su rostro, tener una mascota sería complicado y más aun con ese carácter tan explosivo que al parecer tenía. Mientras estaba sumergido en sus pensamientos sintió algo húmedo en su rostro, al alzar la mirada vio un pequeño perrito con ojos muy grandes que sobresalía de la caja y que le estaba lamiendo las heridas que le había causado el otro animal.
—¿Qué es esto? ¿Un perrito?—. Era un cachorro con un pelaje de color negro, que jadeaba graciosamente y movía sus orejitas caídas, se veía realmente adorable.
—Ya viste a Gun.
—¿Gun?
—Mi nombre es muy corto para sacar una abreviatura, y para no ponerle Gon, le puse Gun.
—¿Tienen que tener nuestros nombres?
—!Si!
"Que infantil es a veces", pensó. Es inútil ponerse a discutir por eso. Sacó al perrito de la caja y lo colocó sobre su regazo. Este movía felizmente su colita y daba pequeños ladridos. Killua se enamoró de él a simple vista.
—Wow… Es demasiado tierno…
—¿Verdad que si?
Lo alzó y lo acarició contra su mejilla. —Waaa es muy suave—. El cachorro le daba lamidas en el rostro.
—Está decidido. Le pondré Gon-Chan…
—¿Eh? ¿Qué pasó con Gun?
—No le pongas un nombre tan feo solo porque es un animal.
Hizo un berrinche alzando sus brazos al aire. —¡Buaa! que malo eres Killua. Me costó mucho pensar en ese nombre.
Killua jugaba muy feliz con Gon-Chan, lo acariciaba y le jalaba la colita mientras que el cachorro se movía animadamente respondiendo a cada gesto que recibía. El pelinegro observó contento la escena y se sentó a su lado colocando sobre su regazo a Killu.
Infló sus mejillas. —Si te portas tan bien con Gon-Chan me pondré celoso—, dijo en un tono burlón.
—Baaakaa… No te compares con una mascota—. Le estiró una mejilla pellizcándola con fuerza.
—Jejeje…— Sonrió gustoso, esas palabra por alguna razón le habían puesto de muy buen humor.
El albino miró a los animalitos y recordó que ya era bastante difícil encontrar el suficiente dinero para que pudieran comer ellos, ahora debían conseguir alimentos para dos bocas más. "Esto no es buena idea, si ya Gon se la pasa todo el tiempo preocupado trabajando duro, ahora será mucho peor". Su semblante cambió a uno más serio y miró al pelinegro con tristeza. —Además… Gon, porque los trajiste si tu sabes qu-
—¡No te preocupes!— Lo interrumpió.—Trabajaré el doble de duro, para poder conseguir comida para ellos también.
—Pero Gon…
—Los encontré solos en un callejón, al parecer alguien los abandonó ahí. Cuando los vi, me recordaron a nosotros, dos animalitos que necesitaban un hogar. Estaban llorando y no me pude resistir… —. Tomó al cachorro y al gatito en sus brazos. —Además recordé que tú estabas aquí solo todo el día y seguramente querrías compañía, así que los traje—. Los apretó contra su pecho. —Sé que podremos hacerlo.
No cabía duda que el corazón bondadoso de ese niño no tenía limites, apresar de su situación, no le importó ayudarlos aunque eso significara que debiera esforzase mucho más. —"Gon, eres demasiado gentil". Bueno, eso es cierto. Creo que está bien si ambos cooperamos para cuidarlos.
—Claro. Seremos sus padres de ahora en adelante. Escucharon Killu, Gon-Chan… No permitiremos que nada malo les pase.
—¡Nyau!
—¡Guau!
Respondieron animados.
—¡Viste Killua son muy inteligentes! Entienden lo que les decimos.
—¡Sí!— Miró feliz a los que de ahora en adelante serían su preciada familia.
Luego de ese día el joven peliblanco se quedó en la casa cuidando de los pequeños. Gon, por su parte, seguía con sus labores y venia a la casa al anochecer. Esto siguió así por una semana hasta que por fin el pie de Killua sanó completamente.
—Mira Gon, ya puedo moverme como yo quiera—. Se sacudió en todas direcciones estirando sus pies y manos.
—¡Sí! Qué bueno, por fin podremos salir juntos a explorar por la ciudad.
—Ven aquí Gon-Chan, dame un abrazo por haberme recuperado—. Estiró sus brazos para cargar al perrito y estrujarlo suavemente.
—¡Ahí voy!— El pelinegro se lanzó encima del muchacho agarrándolo por el cuello. Los tres cayeron al suelo. El cachorro se soltó y se movió para evitar ser aplastado.
—¿Qué estás haciendo, tonto? Casi aplastas a Gon-Chan—, dijo desde el suelo.
—Te doy un abrazo por haberte recuperado.
—Se lo dije a Gon-Chan no a ti.
—Awww, pero yo también quería hacerlo—, respondió inflando sus mejillas. —Además, estoy muuuuuy muy feliz porque ahora podremos estar juntos todo el día.
—Ya, ya… Quítate de encima…— Si, últimamente Gon se estaba comportando muy extraño. "Creo que el frío le está afectando más de lo que pensaba", pensó. No podía estar tranquilo cada vez que él llegaba a tal punto que cada una de sus acciones le estaba afectando.
—No quiero…— Se aproximó al rostro del oji-azul y le miró con intensidad. —¿No estás feliz, porque ahora pasaremos mas tiempos juntos?
Definitivamente no entendía, no sabía descifrar que era lo que sentía cada vez que él se le acercaba así, cuando se lanzaba a sus brazos y le observaba con esos grandes ojos, era una sensación extraña. —"Me pone muy nervioso". Gon…
—Sabes Killua, desde el día en que nos conocimos siento que todo es diferente. Cada día es divertido y me despierto animado cada mañana pensando en todo lo bueno que nos pasará. Gracias por decidir quedarte aquí—. De nuevo le brindó esa sonrisa que le derretía el corazón.
Era cierto, desde que estaba aquí todo era mejor que antes, no se imaginaba que haría sino no estuviera ese pelinegro en su vida. —Y-Yo también me divierto mucho estando contigo—, contestó con un nudo en la garganta.
—¡Qué bueno!— Emocionado por esa respuesta se acercó aun más y le dio un suave beso en la mejilla que duró solo unos segundos.
Eso fue cálido, y le produjo un sin fin de sensaciones. Al darse cuenta de lo que ocurrió su rostro se encendió, y el sofoco que sentía no era normal, pensó que se desmayaría de la vergüenza en ese instante. —¿G-Gonn…? ¿P-Por qué hiciste eso…?
El moreno soltó el cuello del mayor y se separó de él, levantándose lentamente y quedando de rodillas en el suelo. —¿Por qué lo hice?— Al parecer él estaba tan confundido como el otro. —No lo sé, solo quise hacerlo.
"¿Qué demonios es esa respuesta?". Killua se sentó tocándose la mejilla que hace unos momentos había sido besada. —¿Gon?
—Jejeje… Lo siento Killua… Creo que me emocione más de lo que debía—. Se puso de pie y tomó a los pequeños entre sus brazos. —Les daré de comer, hoy traje algo delicioso—. Salió de la habitación dejando a un muchacho muy confundido en el suelo.
"¿Qué ocurre contigo Gon?"
.~*~.
—¡Killua, es por aquí!—, señaló hacia una tienda.
El albino venía detrás corriendo con dificultad. —Espérame, no puedo correr tan rápido como tú.
—¿No te da vergüenza? Hasta unos bebes como Gon-chan y Killu corren más rápido.
—Yo corro rápido, bueno; para una persona normal. Tu eres un monstruo o algo así.— Respiraba forzadamente mientras se apoyaba en sus rodillas.
—Jajaja, excusas—. Le sacó la lengua, burlándose.
—En fin, ¿Dónde está la casa de esa señora?
—Es allí, vamos—. Cogió su mano y lo jaló por la nieve hasta que llegó a la floristería. —¡Mito-San! ¡Mito-San!—. Llamó desde afuera.
La joven abrió la puerta. —Oh… Gon-Kun, buenos días.
—Mito-San, Buenos días.
—¿Qué te trae tan temprano por aquí?
—Vine a presentarle a alguien—. Tomó al peliblanco por los hombros y lo puso en frente de él. —Él es Killua.
—¡Ohh! Tú eres el famoso Killua.
—¿Famoso? "¿Acaso alguien le ha hablado de mi?"
—Claro, Gon todos los días me habla de ti y de Gon-Chan y Killu-Chan.
Killua suspiró aliviado. "Con que era eso".
—Es un placer conocerte.
—Igualmente.
—Pasen, no se queden ahí.
—Mito-San ¿pueden ellos entrar también?—, dijo señalando a sus mascotas.
—Claro, les daré una taza de leche.
—¡Muchas gracias!
Ambos chicos entraron y fueron guiados hasta la acogedora sala. Tomaron asiento al lado de la chimenea. Mito-San trajo leche y galletas y se sentó junto a ellos para conversar.
Ella los veía felizmente mientras comían. Los dos se peleaban por las galletas y se gritaban graciosamente. Era la primera vez desde que conoció a Gon, que lo veía compartir con alguien de esa forma. En el interior siempre pensó que el separase de su madre y venir a vivir con el irresponsable de su padre le había afectado tanto que nunca pudo conseguir un amigo de su edad, y lo más extraño era que su carácter gentil y amigable atraía a cualquier persona, pero no, él nunca trajo un amigo y ahora este jovencito, le hacía salir de ese cascaron y le permitía que él pudiese liberar toda esa luz que llevaba opacada por un largo tiempo. Eso era bueno, por fin ella podía respirar tranquilamente, Gon era como su hijo, verlo así de feliz la llenaba de una gran paz.
—Gon-Kun, ¿de qué es lo que querías hablarme?
Tragó con dificultad pues tenía la boca llena de las deliciosas galletas y se apresuró a responder: —Mito-San, Killua también quiere ayudarte en el negocio.
—¿Enserio? Eso es bueno. Ustedes dos me ayudaran mucho.
El peliblanco puso la cara más seria que pudo y agachó la cabeza con vergüenza. —¡Quiero ganar mucho dinero para que Gon-Chan y Killu-Chan puedan comer mucha comida!
Sonrió feliz ante al escucharlo. —Ya veo, no hay problema. Entre más ayuda tenga es mejor.
—¡Es genial!—, dijo emocionado el moreno. Chocando su palma con la del otro.
—¡Sí!—, corearon a voces.
—Vaya, vaya. Veo que ustedes se llevan muy bien.
—¡Sí! Killua es mi mejor amigo en todo el mundo. Él y yo seremos amigos para siempre—. Levantó las manos animado.
—¡Gon!— El rubor se apoderó de sus mejillas, de nuevo con sus indiscreciones, definitivamente él nunca aprendería a controlarse.
—Jajaja, entiendo—. La joven se incorporó. —Niños tengo algo para ustedes—. Salió de la habitación y al volver traía en sus manos dos cajas cerradas con un moño.
—¿Regalos?—, preguntó el pelinegro.
—Este es para ti Gon-Kun y este para ti Killua-San—. Le dio a cada uno una caja con una enorme sonrisa.
—¡Sí! ¡Regalos!— Gon tomó la caja y comenzó a brincar por todos lados agitándola para saber el contenido de la misma.
—¿Para mí?—, preguntó asombrado el albino mirando con detenimiento a la joven.
Mito-San se acercó y le susurró al oído: —Sí, tú eres el importante amigo de Gon, también quería darte algo para agradecer todo lo que has hecho por él. Te lo encargo—. Finalizó guiñándole un ojo.
Killua la miró con sus ojos abiertos muy confundido.
Ella se levantó y aplaudió unas dos veces para llamar la atención de ambos o mejor dicho la de Gon.
—Niños, estos regalos no los pueden abrir hasta navidad.
—¡Sí!—, respondieron ambos.
—Bueno, tomen. —Les dio una canasta llena de flores a cada uno. —Esto es lo de hoy.
—¡Sí!
Salieron por la puerta para dirigirse a su labor. Antes de marcharse Mito-San jaló por el hombro al menor.
—Emm… Gon-kun… ¿Cómo está Ging-San?— Tenia un tono bastante extraño, hasta podría decirse que estaba nerviosa.
—Él está muy bien, aunque últimamente se está portando algo raro.
—¿Raro?
—Si, casi no viene a casa y cuando lo hace murmura algo sin sentido y se va. Es extraño.
—Ese Ging es un sin vergüenza...—, dijo mientras apretaba sus puños, como queriendo tenerlo en frente para golpearlo. —Como se atreve a andar de vago, en vez de cuidarte como es debido. Mira que dejarte solo todo el tiempo. ¡Es imperdonable!
—No te preocupes Mito-San, Ging siempre ha sido así, pero sé que se preocupa mucho por mí; además, Killua está conmigo así que no me siento solo.
—¡Guau!— Ladró como replicándole su comentario.
—¡Nyau!—, replicó igualmente el gatito; el cual se subió al hombro del pelinegro.
—Es cierto, también están Killu y Gon-Chan conmigo, así que más nunca estaré solo.
La muchacha sonrió ante esa respuesta, definitivamente no tenía porque preocuparse más por él, estaba en buenas manos. —Adiós Gon-Kun, cuídate mucho. Adiós Killua-San.
—Adiós Mito-San, nos vemos mañana—. Caminaron unos cuantos metros hasta que escucharon la vos de la joven a lo lejos.
—Killua-San, Gon-Chan y Killu-Chan, cuiden muy bien de Gon-Kun—. Bandeó sus manos despidiéndose de los chiquillos.
—¡Sí!— Gritó el peliblanco antes de perderse a la vista de la chica.
"Gon-Kun eres muy afortunado…", pensó ella mientras veía como se alejaban felizmente.
Los chicos al llegar al centro de la ciudad se separaron para abarcar más terreno, el menor se quedó con Killu en la plaza central y el mayor fue por los alrededores acompañado por Gon-Chan.
Habían pasado solo unas horas cuando Killua volvió con Gon-Chan y su canasta vacía.
Gon estaba sorprendido, ¿Cómo era posible que lo hiciera tan rápido? Seguro había usado algún truco. —¡Killua! ¿Que hiciste con todas la flores?
—Las vendí…— Colocó una cara burlona mientras apoyabas sus mano detrás de la cabeza, estaba feliz por su hazaña.
—¿Tan rápido? Es imposible.
—Sí, no es mi culpa que seas un mal vendedor.
Ese comentario lo enojó, no podía perder ante él. —Ya verás, yo también lo lograré.
—Te esperaré en la casa con Gon-Chan. ¿Killu quieres venir? Compré algo de comer—. El gatito lo siguió ansioso.
—Hey, yo también quiero comer de eso.
Apareció su cara felina. —Los que no han terminado de hacer sus deberes no pueden comer—. El ver el rostro de frustración del pelinegro era tan gracioso. Hacia un gesto muy tierno con su boca y hasta creía ver salir humo por sus orejas. —Gon, tal vez algún día te diga mi secreto—, le dijo mientras le guiñaba un ojo.
—Waaa, Killua. Eso es trampa.
El chico de piel más oscura se quedó ahí mirando como sus "amigos" se iban sin él. —Que malvados son.
Ya era de noche y aun Gon no volvía. No era común que él hiciese eso, pero no debía desesperarse seguramente se quedó ayudando a alguien en el mercado, así que esperaría un poco más. Luego de un rato, ya estaba bastante preocupado por lo que decidió salir a buscarlo.
—Ustedes dos, esperen aquí—, le dijo a los pequeños. —Hace demasiado frío afuera para que salgan; además, alguien debe quedarse por si regresa Gon.
Los animalitos estaban preocupados por sus dos amos, asintieron con un ladrido y un maullido, solo por esta vez le harían caso a Killua.
El albino salió a la calle, examinando en cada rincón de la ciudad. "¿Dónde se habrá metido ese idiota?". Con la nieve cayendo con fuerza y sin ninguna luz que pudiera alumbrarle, la búsqueda se estaba haciendo bastante complicada. Se dirigió hasta la casa de Mito-San. "Tal vez la nevada lo agarró allí y no pudo regresar". Fue inútil, no se encontraba ahí. Trató de no darle detalles a la joven para no preocuparla y se fue con la excusa que llegaría tarde a algún lugar.
"No me puedo dar por vencido, piensa Killua. ¿Dónde no has buscado?". Y como una revelación divina llegó, aquel único sitio en el que no había estado. Fue corriendo lo más veloz que su cuerpo le permitió y lo que vio lo dejó perplejo. Era Gon y estaba tendido en el suelo de la plaza central.
—¡Gon!— Al acercarse se horrorizó, la piel morena se había vuelto de un tono morado. El frío que había esa noche no era normal. En realidad, lo que no era normal, era el hecho que estuviese ahí a esas horas. —¡Gon! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
El menor abrió pesadamente los ojos al escuchar la voz de su amigo. —¿Killua?
—Idiota, ¿no sabes que no puedes estar a estas horas afuera?
—L-Lo siento Killua…— Su voz se fue perdiendo en el viento y poco a poco cerró sus ojos.
—¡Hey! ¡Ni se te ocurra dormirte ni muchos menos morirte! Porque iré al mismo infierno a golpearte.
Lo levantó en sus brazos, y se dirigió hasta la casa, el camino fue una total pesadilla, de por sí ya era complicado caminar sobre la nieve, pero era peor llevar a alguien cargado; aun así, con toda la fuerza de voluntad que tenía logró llegar hasta su hogar. Golpeó la puerta con el pie, y corrió rápidamente hasta la habitación. Al entrar lo desvistió por completo pues esas ropas húmedas no ayudarían en nada. Lo recostó en la cama con cuidado, tapándolo con un manta.
—¡Demonios! No tenemos chimenea, no hay otra ropa que le pueda dar, mi ropa esta empapada también—. Se jaló del cabello y pataleó en todas direcciones. —¿Qué debo hacer? ¿Dónde demonios esta ese viejo Ging cuando se le necesita?
Gon-Chan y Killu se acercaron al pie de la cama para observar a su dueño, era obvio para ellos que algo no andaba bien. Al ver las reacciones coléricas del albino se asustaron y comenzaron a llorar.
—¡Hey, hey! Cálmense. Gon estará bien. Mejor ayúdenme a encontrar algo para cubrirlo.
Luego de apaciguarlos, buscó en los gabinetes y encontró dos cobijas, pero nada de ropa.
—Waa, ¿es que acaso no hay nada aquí?—. Desde la habitación escuchó los maullidos de Killu y se dirigió hasta la cocina. —¿Qué ocurre?
El gatito traía en su boca una pequeña vela.
—¡Oh! Eso servirá de algo. Gracias Killu, sigan buscando seguro encontraremos algo más.
Luego de un rato de indagar en la oscura vivienda, solo pudieron encontrar tres mantas, unos calcetines, y una vela.
—¿Esto es todo?— Las mascotas aullaron para responderle. —Bueno, esto deberá servir.
Le colocó al tembloroso muchacho las medias que había encontrado y le arropó con cuatro mantas que tenía. Encendió la vela sobre una pequeña mesita que estaba en el cuarto, esto no era suficiente ni siquiera llegaba a alumbrar por completo la habitación.
—¿K-Killua…?— Gon temblaba con ferocidad, su cuerpo no se recuperaba de aquel frío bestial por el que pasó.
—Aquí estoy, ¿Qué ocurre?... —Se sentó en la cama de Ging para observarlo. Hoy no dormiría, mas bien no dormiría hasta que él estuviera bien.
—T-Tengo mucho frío…—, tartamudeó.
—Claro idiota, agradece que salí a buscarte sino hubieras muerto bajo esta tormenta.
—Jeje… Gra…cias Killua…— El único sonido que se escuchaba era el tintineo constante de sus dientes. El pelinegro se quedó en silenció por unos minutos hasta que por fin volvió a hablar. —Ki…llua..., ¿q-quieres… dormir conmigo…?
—¿A qué viene eso? Siempre dormimos juntos…
—No quiero… dormir solo…
A este punto, ya se había dado cuenta que frío le estaba afectando, estaba diciendo cosas sin sentido.
"¿Acaso no es suficiente?" Movió las mantas y palpó la piel. "Dios mío, esta helado." Algo debía a hacer o sino Gon podría sufrir un hipotermia o un terrible resfriado. Pensó tratando de hallar una respuesta, hasta que esa idea llego a él como una luz:
"Es mejor… si dormidos cerca el uno del otro… así no tendremos tanto frío."
Recordó sus propias palabras, esa era la única solución que tenía. Se quitó velozmente toda ropa mojada que llevaba puesta, quedando solo con sus calzoncillos. Miró al chico que respiraba con dificultad y se llenó de nervios. Él también comenzó a temblar, no sabía si era porque estaba casi desnudo o porque tenía miedo. "No es la primera vez que duermes con él ¿Qué demonios te pasa?" Tragó grueso, ignorando por completo su debate mental y se metió en la cama, cubriéndose con las mantas.
Adentro, debajo de aquella gruesa capa de cobijas que los abrigaban, sintió enseguida un calor intenso que era contrarrestado con el frío que había en el exterior, se sentía muy bien. Era increíble que a pesar del calor que había allí, aun el cuerpo de su amigo no subiera su temperatura.
"Es mejor así, si estamos más cerca podremos abrigarnos mejor"
Era verdad, su objetivo era brindarle su calor corporal. Se acercó, y lo primero que sintió fue una mano helada que trataba de alcanzarlo. Sus dedos se rozaron con delicadeza, podía sentir lo áspero de aquella mano y como esta temblaba débilmente contra la suya.
—K-Killua, estas calentito… jeje…— Gon se volteo de medio lado quedando enfrente del oji-azul.
Él tomó su mano con las suyas y la posó sobre su mejilla. —Gon, estas congelado…
Estaba muy preocupado, no quería que él se enfermara gravemente, en realidad lo que no quería era perderlo… A él, a la única persona que había estado ahí, brindándole una sonrisa sin importarle quien era. Aquel que se preocupó por él cuando estaba lastimado y que dio toda su energía para cuidarlo por todo ese tiempo que no pudo moverse. En verdad, ese niño de cabellos puntiagudos, se convirtió en la persona más importante en su vida. No podría imaginarse un mundo en el que él no estuviera. —Gon, por favor… recupérate…— Le jaló con sutileza y lo atrajo a su cuerpo para abrazarlo con ternura.
Gon sintió como era envuelto por esos cálidos brazos, eso fue mil veces mejor que estar cubierto por esas sabanas y su corazón se estremeció ante aquel gesto latiendo con intensidad.
Killua apoyó su rostro en el hombro ajeno y lo presionó con más fuerza. Si, definitivamente tenía miedo. Miedo de no saber qué hacer, miedo de no poder ayudarlo. Involuntariamente comenzó a temblar como su hubiera sido él el que estuvo por largas horas bajo la ventisca.
Sus cuerpos semi-desnudos estaban en contacto trasmitiéndose mutuamente ese vestigio de calidez. A pesar que el pelinegro aun estaba totalmente helado, para él este había sido el abrazo más cálido y embriagante que hubiera recibido en su vida.
Siguieron así por un largo tiempo, pero la temperatura de su cuerpo no volvía a la normalidad. Los escalofríos continuaban y su respiración seguía acelerada. Gon alzó el rostro del otro para mirarlo, esos ojos azul intenso que tanto le gustaban estaban llenos de una gran tristeza. —K-Killua… N-No te preocupes… Estaré… bien…
—¿Bien? ¡Mírate en el estado que estas!—, dijo exasperado. Algunas lágrimas descendieron por su rostro. —¿Por qué no volviste a casa? ¿Qué estabas haciendo?
—No… quería volver… sin vender todo…
—¿Qué te quedaste allí por lo que te dije en la mañana? ¿Eres un idiota? ¡Estaba jugando! Mira lo que te ocurrió por eso, tonto.
—Lo siento…
—¡Estaba muy preocupado! Todos lo estábamos…—No pudo contener más su llanto. —Tonto…
Ver el rostro de Killua cubierto de lágrimas fue una tortura para él. Lo que menos quería era hacerlo sufrir aun más. Un nudo en su estómago fue la clara señal de que no soportaría ni un minuto más esta situación. Su boca tembló, como tratando de decir algo, pero no logró salir ni un sonido de ella. Agitado, su corazón le ordenó hacer una cosa.
Se acercó y posó sus labios sobre los del mayor.
El albino abrió sus ojos sorprendido al sentir ese delicado beso que se apoderó de su ser, una sensación de tranquilidad lo llenaba y simplemente se dejó llevar por aquella muestra de afecto que estaba recibiendo.
Al separase, ambos respiraban con dificultad, mirándose a los ojos sin decir una palabra. Ese contacto tuvo en efecto fascinante, los latidos de sus pechos eran alarmantes cualquier medico diría que estaban por tener un ataque cardíaco; pero no, todo era debido a ese beso que apareció sin avisar, inundando sus bocas con el sabor dulce y seductor del otro.
Gon sonrió gustoso, y pasó una de sus manos por la mejilla suave y blanca, con bastante dificultad cabe decir; pues le era difícil moverse con coherencia.
—¿Q-Qué fue eso?—, preguntó el oji-azul con nerviosismo.
—¿A-Aun… no te has dado cuenta…? T-Tu me gustas… No… Y-yo.. te quiero… te quiero como a nadie, Killua…
—Gon… pero…— Esto aclaraba él extraño comportamiento que tenía desde hace unos días.
—Eres… lo mejor que me ha pasado… N-No me importa… sino tengo dinero, sino tengo donde vivir, sino tengo comida… S-Solo quiero estar contigo… Daría todo por estar contigo.
—¡Tonto! Yo estoy aquí contigo. ¿Acaso no te das cuenta?— Lo apretujó con más fuerza.
—S-Sí y estoy feliz por eso… p-pero… pero no estés más triste ¿sí?... Yo… Estaré bien…
—Gon…
—Killua… ¿Tu también me quieres?...—, dijo mientras delineaba con su dedos la comisura de los labios pálidos de su amado.
El joven miró los ojos castaños que hoy brillaban más que nunca. "¿Cómo puede preguntarme eso?". Él innumerables veces se hizo esa misma pregunta, pero nunca se había detenido a pensar en la respuesta. "¿Tengo que responder ahora? Claro que si, idiota —se reprendió a sí mismo— Gon acaba de confesar sus sentimientos y estas callado como un completo imbécil." Tal vez, esta fue la primera vez en su vida que no tenía una respuesta que dar.
Observó detenidamente al joven entre sus brazos, el rostro inocente de ese niño siempre lo derretía por dentro y sus ojos eran como dos estrellas que nunca dejaban de deslumbrarlo. Ahora que lo pensaba, se veía muy tierno con su nariz y sus mejillas rojas. "Y su boquita siempre hace un gesto gracioso…"
Solo bastaron dos segundos para que lo comprendiera.
Cerró los ojos. "Yo…".
Y se fue acercando lentamente. "Amo a Gon…".
Hasta que selló sus labios en un profundo beso. "Amo todo de él".
Esas palabra retumbaron en su mente "Amo a Gon… Yo amo a Gon…". Nunca creyó que algún día diría eso, nunca se imaginó que le dedicaría esas palabras a alguien; no con la vida que llevaba, no como fue criado, no con la familia que tenía. Sintió como sus ojos trataban de sacar todo aquello que llevaba contenido por tanto tiempo, pero se resistió. Hoy no, no habría más lágrimas.
Prensó contra sí el cuerpo moreno para ahondar más aun ese beso; sintiendo la gélida piel sobre él. No entendía el porqué pero no quería separarse, quería quedar se así toda la noche, tratando de transmitir con ese contacto todos los nuevos sentimientos que estaban revoloteando en su pecho.
No se separaron hasta que Gon sintió que se quedaba sin aire.
—L-Lo siento.. No puedo respirar por la nariz…
El albino rió por esas palabras. —No pasa nada, tonto—. Usó su mano para acariciar los cabellos negros que aun estaban un poco húmedos.
—Tomaré ese beso como un sí, Killua.
—Si…
—N-Nunca… pensé que fueras tan tímido—, dijo riendo.
—¡C-Cállate!— Sus mejillas se tornaron de un color carmín por la vergüenza.
Sonrió, le gustaba ver cuando se sonrojaba por cualquier cosa, era sumamente gracioso. —Creo que ya me siento mejor… Tus labios eran tan tibios que hicieron que me subiera un poco la temperatura…
—¡Gon!
—¡No miento es la verdad!
Chasqueó la lengua simulando que estaba molesto pero en realidad estaba feliz por esas palabras. Suspiró, tomando valor para lo que haría en este momento. Se bajó cubriéndose por completo por las sabanas dejando a un confundido Gon arriba.
—¿Qué haces Killua? Ven aquí. Ya no te molestaré.
Tomó con sus manos la cintura del menor por debajo de las mantas. —Aun estas frío…Te ayudaré a calentarte…— Posó sus labios en el vientre del moreno dando suaves besos por toda su piel y fue subiendo lentamente cuidando que no quedará ni un solo rincón sin besar.
Arriba el efecto que estaban produciendo esas caricias era el contrarió al que esperaba pues estaba temblando más que antes; sentir el roce tibio que producía Killua sobre su tez lo estaba enloqueciendo y especialmente cuando su lengua húmeda lo palpaba sin darse cuenta. Cuando llegó hasta su cuello, el hormigueo que percibía por todo su cuerpo era penetrante. Nunca había experimentado este tipo de sensaciones y nunca creyó sentirlas por unos simples besos.
—¡Killua..!—, gritó ahogadamente. Pero al parecer el peliblanco no podía escucharlo pues también estaba sumergido en un mundo de placer indescriptible.
El albino había perdido su objetivo primordial de vista, y se dejó llevar por sus emociones. Su corazón se aceleró un poco más por cada beso que le daba. Inconscientemente deseaba hacer algo como esto desde hace mucho tiempo. Sus mimos se volvieron desenfrenados y hasta llegó a mordisquear el cuello largo del otro, literalmente se lo quería comer. Escuchar los jadeos entrecortado que provenían desde arriba de las sabanas lo estaba alterando cada vez más, hasta creyó escuchar como el menor gemía su nombre. "Killua…" Volvió a escuchar. Es cierto, no debía dejar sin atención a su amado. Subió sacando la cabeza entre las cobijas y sin pensarlo se apoderó de su boca que ya llegaba a sentirla más tibia que antes. Al parecer estaba funcionando «su tratamiento».
—Gon… yo…—, dijo mientras mordisqueaba con suavidad lo labios carnosos.
—Killua…
—Yo te… quiero…— Él no dejaba de besarlo mientras pronunciaba estas palabras, era como si se hubiera quitado un gran peso de encima y ahora era libre de expresar lo que sentía.
Gon cerró sus ojos con una dulce sonrisa en su rostro, contento de que por fin se lo hubiera dicho, sintió que su pecho se inflaba y eso tal vez era porque se estaba llenando cada vez más con el amor que sentía por Killua. Le dio un último beso apartándose de él.
El peliblanco quedó un poco desencajado por esta acción.
Se arrimó hasta el pecho del mayor y se acurrucó allí, sin decir nada.
—¿Te encuentras bien?— Se preocupó pues tal vez había hecho algo que lo molestara.
—Sí, ahora estoy mucho mejor. Solo quiero quedarme así, sintiendo el calor de tu cuerpo.
Killua suspiró feliz y lo envolvió con sus brazos. "Es cierto, ya tendremos mucho tiempo para eso".
.~*~.
Los días pasaron rápidamente y la noche de navidad se acercaba. Killua acompañaba a Gon cada mañana luego de que terminaba su labor. No se quería arriesgar que ocurriera algo malo de nuevo.
En esta temporada del año, la ciudad estaba muy animada, la navidad era una festividad que alegraba a todos, las calles estaban adornadas y las personas caminaban en todas direcciones de la cuidad comprando comida y regalos para la tan esperada fecha.
—Señor Ming, cómprele unas rosas a la Señora Ming para esta noche, es el mejor regalo, ¡sé que le encantarán!
—No hijo, ya le compré su regalo, pero gracias.
—Está bien, no se preocupe que pase una feliz navidad—, dijo ondeando las manos mientras se despedía del hombre. Bajó triste la cabeza y lanzó la canasta al suelo. —Awww, no hay manera… Ya todos han comprado sus regalos. No hay forma que pueda vender esto hoy.
—Es que eres mal vendedor—, dijo el albino desde un asiento cercano mientras comía un caramelo. —Yo ya vendí las mías—. Señaló con su dedo al suelo, donde se encontraba su canasta vacía.
—¿Cómo lo haces? ¿Cómo vendes tan rápido tus flores?
Se acercó y lo apretó por el cuello. —Ahhh mi querido Gon, eso es un arte milenario, que ha pasado de generación en generación.
—Jajaja…. Muy gracioso…—, dijo sarcásticamente. —Enserio, ¿Cómo lo haces?
—Está bien, te lo mostraré porque quiero que nos vayamos temprano. Pero con una condición...
—Tú y tus condiciones Killua…
—Claro que sí, no haré esto de gratis. Quiero que me compres un dulce, el más azucarado que haya.
—Desde que te conozco, lo único que haces con tu dinero es comprar dulces, te vas a enfermar.
—Ya, ya mamá Gon, ¿Aceptas o no?
—Acepto. Más bien; acá mismo lo tengo, en mi bolsillo. Lo estaba guardando para dártelo en la casa. ¿Lo quieres ahora?
—¡Sí!
—Bueno, cierra los ojos, para que adivines que es.
Él obedeció y hasta se estaba saboreando la boca con la idea del precioso manjar que se comería. —Está bien. Ojalá sea chocolate, hace mucho tiempo que no lo pruebo.
—Te doy una pista, sabe a chocolate—, río sin hacer ningún ruido mientras el otro no lo veía "Si que es inocente…"
—¿Enserio? Yupiii— Estaba realmente emocionado.
El pelinegro se acercó y le dio un beso fugaz.
Killua abrió los ojos sorprendido y se sonrojó de sobremanera. —¿Qué diablos hiciste?...
—¿Verdad que sabia a chocolate?— Sonrió felizmente.
—¡Esas cosas no se hacen en la calle!
—Jaja, no cabe duda que eres demasiado tímido. Vamos, enséñame como se hace.
—¡Lo haré!—, dijo enfurecido pero luego su voz bajo de intensidad hasta parecer un susurro. —Solo… porque me gustó mi pago… ¡Vamos Gon-Chan! Enseñémosles—. Se dio media vuelta y se paró en medio de la calle.
—¿Que es lo que piensa hacer? Me muero por saber…
El oji-azul se peinó el cabello hacia atrás y se sacudió la ropa, tratando de parecer lo más decente posible. Divisó una joven pareja que venía caminando hacía él y se acercó a ellos.
—Señor… —Comenzó a hablarles repentinamente. —Usted es afortunado, tener a su lado una señorita tan linda.
—Aww que niño tan adorable—, musitó la joven.
—O tal vez es usted la afortunada, se ve que es un hombre responsable y que la complacerá en todo lo que quiera.
El hombre le revolvió el cabello. —Que niño tan simpático.
—Tome, le regalo esta flor; es tan bella como el amor que seguramente se tienen.
—Muchas gracias niño…— La chica se volteó para ver a su novio y le dio un codazo haciendo un gesto con sus ojos. —Págasela…— El muchacho sacó el dinero y se la pagó.
—¿Le gustó señorita?—, preguntó el peliblanco curioso.
—¡Sí! ¡Esta bellísima!
—Ve señor, si quiere complacerla porque darle solo una y no un ramo entero. Demuéstrele que la quiere.
—Bueno... es que...—, tartamudeó.
Ella se molestó al ver la reacción de su compañero ¿Acaso no valía lo suficiente para que le dieran un ramo entero?—Tiene razón, cómprame un ramo entero. ¿Acaso no me quieres…?
—Yo no he dicho eso—. El joven comenzó a sudar, lo que menos quiere un hombre que está comenzando a cortejar a una señorita es hacerla enojar.
—Mi madre tenía razón, debí casarme con el Oficial Hikari—. Ella comenzó a llorar.
—Niño dame todas las flores que tengas… Nada es poco para mi princesa—, sonrió nerviosamente esperando la respuesta de su amada.
—Tome Señorita, espero que las disfrute—. Cogió el dinero y salió corriendo hasta donde estaba Gon.
Detrás de él la pareja discutía, mientras se perdía a la vista de los chicos.
Se acercó dándole vueltas la canasta con uno de sus dedos presumiendo así que estaba vacía.—Mira Gon, hoy hice un nuevo record. Las vendí todas a una sola persona.
Su cara estaba sería y tenía una ceja levantada mirándolo enojado.—¿Ese es tu plan secreto? Engañar a las personas…
—No es engañar…Es hacerle saber que en verdad quieren flores aunque ellos no lo sepan.
—Killua….
—Bueno, bueno… lo importante es que ya podemos irnos a la casa ¿no?
Se resigno, hoy no quería andar discutiendo, pero ya lo regañaría mejor por eso, no es bueno andar engañando a las personas. Suspiró y colocó una sonrisa un poco forzada. —Está bien…—, le dijo para cortar con el asunto. Es verdad, hoy debía irse temprano para preparar todo para esta gran noche.
Al llegar su hogar se dirigieron a la habitación y abrieron un frasco que tenía muchas monedas adentro.
—Mira, Gon. Todo el dinero que logramos reunir.
—¡Wiii! ¿Es mucho, verdad? ¿Crees que podamos comprar todo lo que planeamos con él?
—Seguro que sí. Pero primero tenemos que encargarnos antes de algo.
—¿De qué?—, no tenía ni idea de lo que hablaba su amigo.
—Sé que no podremos comprar un árbol de navidad de esos que venden en el pueblo. Porque no buscamos el árbol nosotros mismos, podemos adornarlo con flores, de esas que Mito-San no vende por estar un poco deterioradas.
—Killua eso es una excelente idea.
—Bueno, aun es de día pongámonos en marcha ahora, para tener todo listo en la noche.
—¡Si!
Los dos se dirigieron hacia el bosque para buscar un árbol y luego de indagar un rato, se dieron cuenta que en esa zona no crecía nada parecido a un pino, se desilusionaron porque su fantástica idea se estaba yendo al caño. Pero la aguda vista del peliblanco fue la salvación pues detrás de una gran cantidad de maleza había unos árboles en forma de triangulo.
—Allí, ese de allí puede servir.
—Es cierto, es una conífera—, le aclaró Gon.
—De verdad sabes mucho de la naturaleza ¿no?
—Me crié en el bosque, no puedo evitarlo.
Por suerte, su tamaño no era muy alto por lo que pudieron tumbarlo fácilmente y entre los dos lo llevaron hasta la casa y lo pusieron en la cocina cerca de un rincón.
—Ahora tenemos que ir por lo demás. Tu ve a buscar las flores en casa de Mito-San y yo me encargaré de las compras.
—¡Si! Tratemos de llegar lo más pronto posible.
—¡Bien!
Killua se dirigió hasta el centro de la ciudad, a una tienda de comestibles que tenía una gran variedad. Antes de entrar contó el dinero de nuevo.
—Rayos, esto no alcanzará para mucho, pero no podía decirle a Gon. Después de todo lo duro que trabajó para conseguirlo.
Entró y observó los precios; a sus ojos era económico, pero la realidad en la que estaba viviendo ahora era muy diferente. Esos precios eran una locura para lo poco que tenían. Suspiró triste y decidió seguir pensando en una solución por lo que volvió a meter el dinero en el bolsillo, cuando lo hizo sintió algo en sus pantalones y al sacarlo, sonrió.
Tomó una gran canasta y la lleno de dulces, pan, frutas, castañas, avellanas y leche. También cogió muchas velas y se dirigió al mostrador.
—Señor, quiero un pavo asado y un pastel de fresa—, colocó la canasta sobre el mostrador.
—Lo siento pero no tenemos pavo.
—Awww.. ¿y ahora que le diré a Gon…?— Ese iba a ser el platillo principal de hoy "¿Ahora qué hago? No hay ninguna tienda que venda a estas horas" Estaba sumergido en sus pensamientos cuando el señor volvió a hablar.
—Aunque tenemos un pollo en el fogón.
—¿Enserio? Bueno, es mejor que nada.
El vendedor observó al joven con sus ropas desgastadas y algo sucias y a la cantidad de cosas que llevaba. —¿Niño tienes dinero para pagar todo eso?
Killua se sintió ofendido por esa pregunta. —Viejo, ¿crees que vendré aquí a robar o algo parecido? Por supuesto que tengo para pagar. Deme lo que le pedí por favor—, dijo en tu tono grosero.
El hombre guardó todo en unas cajas las cuales amarró con cordel haciendo una especia de pila con ellas. Le lanzó algunas miradas con enojo mientras acomodaba todo, al terminar forzó su voz tratando de parecer amable. —Discúlpeme señor, aquí tiene lo que ordenó.
—¿Esto alcanza cierto?—, preguntó el albino con indiferencia.
—Niño... esto es…—, dijo mirando asombrado el objeto en sus manos. Quedó con la boca abierta de la impresión y trató de decir algo pero fue interrumpido inmediatamente.
—No lo robé si es lo que quiere insinuar… Y si, es genuino, es de oro puro, un obsequió de mi madre—. Volteó el rostro dándole unos ojos fríos al vendedor, logrando asustarlo. —¿Alguna otra pregunta?
El hombre negó con la cabeza debido a que estaba en un estado shock.
—Quédese con el cambio… O mejor dicho, guárdemelo, puede que vuelva para comprar algunas cosas más—. De muy mal humor salió por la puerta llevando entre sus manos las cajas con comida. Nunca había experimentado un trato como ese, y no era de extrañar, en su antigua vida ese señor ya estuviera en el suelo pidiéndole perdón de rodillas. Respiró profundo tratando de calmarse, era hora de olvidar sus malos hábitos y disfrutar de la nueva vida que llevaba ahora con su adorado pelinegro. Caminó feliz por la calle tratando de llevar con delicadeza lo que había comprado, hoy sería un día magnifico pues el solo pensar en la gran sonrisa que pondrá Gon cuando viera todo lo que llevaba sería suficiente para que estuviera feliz.
En unos minutos llegó a la pequeña casa y al entrar se quitó los zapatos que estaban cubiertos por la nieve. La primera imagen que tuvo fue a Gon de espaldas subido en una silla tratando de poner flores en lo alto del árbol. "Esta es una buena vista", pensó. Se acercó por detrás y le abrazó las piernas al menor que temblequeó al estar subido allí.
—Ah, no me di cuenta que habías vuelto Killua. Espera me bajaré—. Descendió dando un saltó pero al estar en el suelo el albino lo empujó para que se sentara en la silla detrás de sí. —¿Qué ocurre Killua?
El mayor se colocó de rodillas y recostó su cabeza en el regazo de su amado, quedando sentado en el suelo.
—¿Killua?
No quería aceptarlo pero de una u otra forma, la situación de hace un momento le había afectado, su pasado lo estaba asediando y no quería que nada ni nadie lo separa de Gon. Sabía muy en el interior que tarde o temprano pasaría, que alguien vendría a buscarlo y que trataría de llevárselo muy lejos de él, de su ángel y de sus dos niños traviesos, de su ahora nueva familia. Solo necesitaba un abrazó y que lo reconfortara haciéndole olvidar todo lo malo, porque él tenía ese poder de borrar todo con esa dulce sonrisa que siempre le brindaba.
—Gon, pase lo que pase… ¿Recordarás que yo te quiero?
El pelinegro se asombró por esa pregunta, pero enseguida notó que el peliblanco no estaba del todo bien. —Killua, pase lo que pase tu y yo nos querremos para siempre—. Le acarició sus suaves cabellos plateados. —¿Lo entendiste?—, dijo para aclararle cualquier duda.
Killua no respondió y simplemente se quedó allí sentado por un rato disfrutando de las caricias. Luego de un rato se paró exaltado dando un brinco desde donde estaba. —Pase lo que pase, estaremos juntos ¡lo prometo!—, gritó con fuerza.
Sonrió al ver que finalmente había recuperado el ánimo. —Ese es el Killua que conozco.
—Pues claro, ¿Quién más seria?—, le sacó la lengua juguetonamente.
—Un día de estos te arrancare esa lengua de un mordisco si sigues haciendo eso—, exclamó mientras recogía los adornos sobrantes.
Se tapó la boca de solo pensar en el dolor que eso le produciría. —Que malo eres…
Ignoró por completo los lloriqueos del mayor y se colocó en frente de él señalando con la mano hacia el rincón. —Mira Killua, ¿que te parece nuestro primer árbol de navidad?
En verdad, no lo había detallado cuando llegó. El árbol estaba decorado con unas flores de color naranja que lo hacían ver muy llamativo, también lo rodeaba una especie de listones de papel del mismo color y en la punta tenía un gran arreglo de flores. —Wowww… Quedó genial.
—Sí, le conté a Mito-San y ella me dio estos adornos. Ella es la mejor—. Giró dando vuelta sobre sí mismo de la emoción.
Se quedó pensativo y se rascó la barbilla para parecer interesante.—Es verdad, pero a ese árbol le falta algo.
—¿Qué cosa?
El albino corrió hasta la habitación y rebuscó algo entre los estantes solo para volver con los regalos que Mito-San les había obsequiado. —Hay que ponerlos allí abajo. Por fin hoy podremos abrirlos.
—¡Si!—. Gon saltó felizmente, este día se estaba convirtiendo en el mejor día que pudiese recordar.
Al anochecer, ambos se prepararon para la gran cena que tendrían. Hoy se habían duchado y peinado como era debido, les tomó toda la tarde, pero hoy era un día especial así que cualquier lujo estaba permitido. Cepillaron sus ropas para quitarles el polvo y habían bañado a Gon-Chan y Killu ya que ellos también eran parte de la familia.
Cuando por fin estuvieron listos Gon se sentó en la mesa de la cocina, mirando atentamente cada movimiento de su compañero.
—Bien, déjame encargarme del resto—, le pidió al menor. Quería darle una gran sorpresa con todo lo que había traído.
Killua no abrió las cajas cuando llegó, más bien se lo había prohibido a Gon por lo tanto seguramente no tenía ni idea de lo que contenían. Se acercó a la mesa y quitó el nudo que las amarraba y destapó la primera caja, la cual contenía dulces y las velas que compró. Sacó todo y encendió las velas, llenando toda la casa con ellas.
—Ohhh nunca había visto tantas velas encendías al mismo tiempo.
—¿Te gusta verdad?
El moreno asintió emocionado desde su silla.
Abrió la segunda caja y sacó de ella todo tipo de frutas, castañas, pan y un jarrón de leche y las sirvió sobre la mesa.
—Aún hay más—, le advirtió.
—¿Más?
Abrió una tercera caja que contenía el pollo asado y lo colocó sobre la mesa. —Lo siento, no pude encontrar un pavo. Espero esto pueda compensarlo.
Su boca hizo una forma de "0" cuando vio salir ese plato de la caja, estaba impresionado. —¡Killua es el pollo más grande que he visto en mi vida! ¡Se ve delicioso!—. Alzó los brazos moviéndolos en todas direcciones.
—¿El más grande? Si que exageras…—, dijo riendo entre dientes.
El joven observó una caja que no había sido abierta y la curiosidad lo embargo. —¿Y qué hay allí?
—Es un secreto, primero comamos, luego te enseñaré que hay adentro.
—Está bien.
Separaron un poco de comida para guardársela a Ging, que seguramente volvería muy pronto y le dieron en unos pequeños platos un pedazo de pollo a cada una de sus mascotas para después sentarse en la mesa, juntaron las manos y dieron las gracias por recibir esta deliciosa comida. Luego, disfrutaron del banquete, comiendo hasta saciarse y hasta se pelearon por los dulces de chocolate. Cuando terminaron, Gon recogió los platos y espero con ansias para ver que había dentro de la misteriosa caja.
—¡Ábrela!—, ordenó el pelinegro ansioso.
—Debes cerrar los ojos primero.
Él obedeció pues no podía esperar ni un minuto más para saber que era el contenido de esa caja. El peliblanco se apresuró y colocó el pastel encima del mesón, luego tomó una de las velas y la encajó sobre el merengue.
—¡Ya puedes ver! ¡Sorpresa!—, gritó con entusiasmo.
Él abrió los ojos lentamente.
—Sé que no es tu cumpleaños, pero... ¿Cuándo tendremos otra oportunidad de tener un pastel? Aprovechemos para celebrar todo lo que ocurrió en este año.
El moreno no dejaba de observar la luz que brillaba calmadamente encima del postre, emocionado comenzó a derramar lágrimas que descendían suavemente sobre su piel y terminaban estrellándose sobre la mesa.
—¿Gon que te sucede? ¿No te gustó el pastel?
Definitivamente no era eso por lo que lloraba sino todo lo contrario «Le encantaba», nunca se había sentido tan feliz, no era por el pastel ni por todo lo que habían comprado hoy, era por tener el privilegio de compartir estos inolvidables momentos con la persona más importante para él.
—Nunca tuve un pastel de cumpleaños…
—¿Enserio…?— Observó el rostro cubierto de lágrimas y aun no comprendía como alguien tan bondadoso y gentil llevara un vida tan difícil, cuando personas malvadas e intolerables poseían una vida completamente perfecta. Que injusto había sido Dios con su inocente niño. ¿Qué nunca celebro su cumpleaños con un pastel? Tal vez para cualquiera eso sería insignificante, pero para alguien como Gon no. Hasta él mismo había desperdiciado cada pastel que recibía en su cumpleaños, al recordarlo, se sintió miserable.
Su ángel debería estar sentado en este instante en un trono cubierto de lujos y riquezas por el gran y puro corazón que tenia.
Recobró la compostura y abrió los brazos haciendo un gesto bastante llamativo. —¡Pues lo celebraremos! ¡Hoy celebraremos tu cumpleaños con este delicioso pastel de fresas!
—¿Es de fresa…?— Luego de pronunciar estas palabras sus ojos se aguaron aun mas.
—¿Y ahora porque lloras?—, le dijo con algo de enojo.
Se bajó de la silla para abrazar por el cuello a su amigo. —Killua, ¡Gracias!
—¿Por qué me das las gracias?—, preguntó confundido, no recordaba haber hecho nada para que le agradeciese.
—Esto es… como aquello que deseamos el día que decidiste vivir conmigo. No, esto es mucho mejor—. Restregó sus cachetes con los otros dando suaves caricias. —Estoy muy feliz…
El verlo tan contento lo hacía sentir de igual manera, aunque sea por una vez quería darle todo lo que se merecía. Le acarició el cabello oscuro sintiendo como él le respiraba cerca del cuelo causándole cosquillas. —No hay nada que agradecer, esto lo hicimos juntos. ¿No recuerdas lo duro que trabajamos? Este es el premio por eso.
Se separó para verlo directamente a los ojos. —Nunca creí que ese dinero alcanzaría para comprar todo esto.
Esas palabras lo pusieron nervioso y comenzó reír tontamente intentando buscar una buena escusa que darle. —Fui a una tienda que estaba muuuy lejos y allí vendían las cosas económica.. Creo que tendremos que seguir visitándolos.
—Que suerte tuvimos.
Menos mal que Gon era lo suficiente inocente para creerse esa mentira. "¿O es que soy muy bueno para inventarlas?" Sacudió su cabeza para no seguir pensando en ello y continuar en lo que estaban. —¡Comamos pastel hasta reventar!
—No olvidemos guardarle un pedazo a Ging.
—Ese viejo, no tiene la decencia de aparecerse ni en Navidad.
—No podemos hacer nada—, dijo para calmarlo.
Disfrutaron complacido del exquisito pastel, para Gon fue como un manjar enviado por los dioses no recordaba probar un sabor tan único y para Killua fue como comer una nube esponjada; si, su debilidad eran las cosas dulces; llenos y satisfechos, guardaron un poco para comerlo en la mañana.
Luego de cenar se sentaron en el suelo cerca del árbol para abrir los regalos que Mito-San les había dado. Su sorpresa fue grande cuando al destaparlos vieron dos hermosos trajes, hecho con telas de algodón; el de Gon era de color verde y el de Killua de color morado, emocionados; se cambiaron enseguida. Hacía mucho tiempo que no sentían una tela tan suave sobre su piel. Dentro de la caja venían dos pequeñas bufandas con una etiqueta que decía para Gon-Chan y Killu-Chan, ella definitivamente era un ángel. Le colocaron sus nuevos atuendos a sus mascotas que al principio se resistieron a usarlas pero luego se acostumbraron a ellas.
Los dos niños sonrieron con gusto al verse con sus nuevas ropas, ahora sí que todo había salido como ellos planearon. Nuevamente, se sentaron los cuatro cerca del árbol y se rodearon de velas para entrar en calor, afuera había comenzado a nevar como de costumbre y ya se podía sentir el frío que entraba por las abolladuras de las maderas. Se recostaron contra la pared mirando fijamente hacia la ventana. No hablaron de nada por un tiempo hasta que Gon se levantó con ímpetu y corrió hasta la habitación, fueron unos segundos cuando volvió y se paró frente al otro.
—Killua, tengo un regalo para ti—. Sus mejillas estaban coloradas.
—¿Para mí?
—¡Toma!—, dijo dándole una pequeña bolsa en las manos. Luego se sentó a su lado para esperar su reacción. —Puedes abrirlo.
El joven la abrió rápidamente y sacó de ella una bufanda toda deshilachada de color azul, que tenía una forma bastante desigual. —¿Qué demonios le pasó a esta bufanda?—, dijo sin medir sus palabras.
—Lo siento Killua—, dijo haciendo una reverencia como pidiendo perdón. —Reuní todo el dinero que me tocaba para comparte un regalo, pero me fue imposible, todo era demasiado costoso. Luego fui a pedirle ayuda a Mito-San y me dijo que sería buena idea que te regalara algo hecho por mí, por lo que tomé el dinero y compre hilo para tejerte esta bufanda porque sabía que no tenías una y en verdad sería algo útil y la usarías. Ella trató de enseñarme a tejer pero soy un desastre. Lo siento, esto fue lo que me salió.
Killua rió para adentro.
—Entiendo que no la quieras, esta horrible—. Intentó quitársela de las manos pero este la agarró rápidamente y se la envolvió en el cuello.
—Es cierto, esta horrible, así que te haré el favor de quedármela para que no la tengas que usar tú—, por dentro se sentía como un niño que acababa de recibir un nuevo juguete: estaba realmente emocionado. "Es la primera vez que alguien me regala algo hecho por sus propias manos." Acarició sin darse cuenta su obsequio y se sonrojó al pensar que era algo hecho con amor por su amado. Soltó una risilla tonta mirando en la dirección contraria a su amigo.
—Qué bueno que te gustó…—, dijo burlonamente el pelinegro.
Sus orejas hirvieron de la vergüenza. —Ya te dije que solo te hacia una favor.
—Claro, claro—. Gon sonrió alegremente mientras veía como Killua trataba de esconder su emoción.
En unos instantes el albino se dio cuenta de que él no tenía nada que darle y se sintió desbastado, después de que Gon se había esforzado tanto para darle un presente y él se aparecía hoy con las manos vacía "Rayos, soy una basura", se dijo a sí mismo. Pensando en lo insensible que era, recordó «eso», era lo único que podría servir como un regalo, aunque no sabía si era buena idea, después de todo era algo que no le traía buenos recuerdos. Lo pensó por unos minutos y decidió hacerlo, al fin y al cabo de ahora en adelante Gon sería el único por el que debía preocuparse. Metió la mano en el bolsillo y tomó el objeto en su puño.
—Gon, yo también tengo un regalo para ti—, dijo nerviosamente.
—¿De verdad? No esperaba que me dieras uno.
—¿Acaso insinúas que soy un tacaño?
—Jeje, no lo dije por eso. Simplemente me es suficiente pasar este día junto a ti, ese es el mayor regalo que me puedas dar.
—Pues si tengo uno…—, susurró. Su mirada se tornó seria y observó su mano con tristeza, suspirando para armarse de valor. Mientras lo hacía, ocultó su rostro con lo mechones blancos y sin mirarle a la cara estiró su brazo ofreciéndole el contenido que llevaba en su mano. —Toma es para ti, quiero que lo tengas tu…
Al descubrir de qué se trataba, Gon observó el objeto con asombro, era aquel collar que él tenía colgado de su cuello el día en que se conocieron. Este tenía un dije de forma circular en donde estaba grabado un escudo y en la parte superior tenía un rayo que lo atravesaba. —Killua… esto es…
—Sí, es ese collar.
—Pensé que lo habías devuelto…—, dijo con su cara afligida. De alguna forma se sintió traicionado, después de todo lo que pasaron juntos, él aun seguía conservando esa prenda que había robado. —¿Porqué no lo hiciste?...
El oji-azul volteó para mirarlo con un semblante nostálgico. —Tú lo mal interpretaste desde un principio…
—¿Eh?
—Yo no robe esas cosas… son mías…
—No mientas Killua, como puedes tener algo de tanto valor.
—Dale vuelta…
Al girar el medallón pudo observar escrito con unas hermosas letras cursivas: «Killua Z.».
"¿Z? ¿Es la inicial de su apellido?".
Y más abajo se encontraba lo que parecía ser una fecha: «07-07-1887».
—¿Es el día en que naciste…?, preguntó sorprendido.
—Si…
Él estaba realmente confundido "¿Esto es de Killua?", si era cierto que nunca se detuvo a preguntar por su pasado pero nunca se imaginó que tal vez ese fuera totalmente diferente a como se lo había imaginado.
—Quiero obsequiarte esto, no es porque tenga un apego especial a él, en realidad solo lo veo como una prenda mas, pero quiero que lo tengas porque es algo que he llevado conmigo desde que nací, quizás signifique algo para ti si lo llevas contigo.
—Killua…— Recogió las piernas y lo apretó con fuerza mientras cerraba los ojos, en ese instante un vació patético sintió en su interior. "Que tonto he sido… En todos estos meses nunca fui capaz de preguntarle nada de su vida, no sé nada de él."
Notó el repentino cambio en la actitud del pelinegro, de inmediato descubrió el porqué y se acercó para abrazarlo juntando sus cabezas de lado. —No te sientas mal, si nunca hablé de mi pasado, es porque en realidad no quiero recordar nada de eso.
Sus ojos marrones se posaron sobre los azules tratando de entender el porqué de su decisión "¿Acaso tuvo un pasado tan terrible?" Miles de dudas pasaron por su pequeña cabecita en un instante, ahora tenía tantas preguntas que hacerle. Killua era la persona más importante para él por eso quería saber todo: ¿Cómo creció? ¿Cómo era su familia? ¿Qué cosas le gustan? ¿Qué le desagrada?, pero si él no quería hablar de ello, no tenía otra opción de aceptar su deseo.
Volvió su mirada a sus manos las cuales apretaban con fuerza el medallón del collar. "Si esto es lo único que puedo saber de ti, lo acepto". Su voz tartamudeó al principio pero las palabras salieron finalmente como un gritó valeroso: —¡Lo acepto Killua, acepto tu regalo! Este se convertirá en mi más preciado tesoro, te prometo que nunca lo perderé.
Cerró sus ojos y sonrio para luego revolverle los cabellos negros con suavidad observando el rostro lleno de convicción de su compañero. —No exageres es solo un regalo, no es como si fuera un pulmón o algo parecido.
—No Killua, esto es muy importante para mí, definitivamente lo cuidaré.
—Está bien, está bien; como tu digas—, le dio un suave beso en la mejilla para que se calmara. Fue un gesto espontaneo.
El moreno se tocó la zona recién besada, era la primera vez que Killua hacia algo como eso. Siempre era él, el que debía tomar la iniciativa; era obvio, pues a pesar del carácter fuerte y burlón que el peliblanco tenía, en el interior era tímido y se avergonzaba por todo. Este gesto lo enterneció haciendo que gateara por el suelo hasta quedar de frente a su amado, lo observó con sus grandes ojos cafés adentrándose entre sus piernas pálidas y se sentó entre ellas.
—Killua, gracias, hoy ha sido el mejor día de navidad que he tenido.
Lo miró con ternura y depositó sus labios sobre los del mayor. Queriendo transmitir todos los sentimientos que tenia guardados en su interior, el encontrase a ese niño tirado en un callejón fue la mejor de las bendiciones que pudo recibir. Su mano se deslizó por el rostro suave y delicado que casi resplandecía con ayuda de la luz que desprendía las velas; al mismo tiempo, sus besos se fueron convirtiendo en más necesitados, como si no quisiera dejarlo escapar de su lado.
El albino aun no salía del asombro tuvo que parpadear unas cuantas veces para procesar lo que estaba ocurriendo, su inocente niño actuaba un poco extraño, pero esos besos le estaban llevando al cielo haciendo que no pudiera coordinar bien los pensamientos en ese momento simplemente se dejó llevar por todo aquello que en este mismo instante sentía y lo abrazó por la cintura apretándolo más contra su cuerpo.
—Killua…—, susurró.
—Shhh…—, le dijo el peliblanco entre besos con el único propósito de que ambos se concentraran en este mágico momento. No quería ninguna interrupción.
Los besos se convirtieron en caricias suaves que fueron recorriendo con temor la cálida piel del otro.
Killua estaba embriagado por aquellos labios carnosos que ahora poseía con desesperación. —Gon.. Gon..—, repetía cada vez que se separaba para repartir besos en una zona diferente; por esas mejillas rechonchas, su nariz perfilada, su frente, su cuello largo y su barbilla, no quedó lugar en su rostros que no hubiese rozado.
—Shhh…—, le replicó el menor ahora queriendo silenciarlo como lo había hecho él anteriormente.
Ambos rieron.
El pelinegro fue el primero en dar el siguiente paso al despojar de su chaqueta al mayor y desbotonar los botones blancos de la camisa que le impedían ver su bien formado pecho, lo palpó torpemente con sus manos degustando cada centímetro de ese contacto. Descendió su rostro dejando desocupado los labios pálidos para mover un poco la bufanda y centrase en el cuello largo y sedoso, sintiendo le aroma peculiar del oji-azul con cada beso que le daba. "Killua es tan lindo y suave… quiero… sentirlo aun mas". Ante ese pensamiento su corazón comenzó a latir rápidamente intentando salir por su garganta, esta extraña sensación que estaba experimentado le asustaba, pero mayor era el deseo de poder sentir de una forma más intima y cálida a su amado. Se mordió los labios tratando de contener esos raros pensamientos pero terminó por ceder a ellos.
—Killua quiero más de ti…—, le dijo contra su oreja.
Su piel se erizó al escuchar ese deseo. Killua se estaba conteniendo desde hace rato pues no quería llevar las cosas demasiado aceleradas y que eso incomodara a su angel, pero ahora tenía luz verde para hacer todo lo que deseaba en ese momento. Besó con frenesí al chico que tenía en frente y poco a poco lo fue dejando caer sobre el suelo. Ver esa vista fue como un sueño, el rostro iluminado con la luz de la velas permitía detallar cada una de las facciones del moreno. Veía su boca abrirse con cada bocanada de aire que tomaba, respirando con dificultad y sus mejillas estaban bañadas de un rosado intenso
"Que adorable…".
Ambos querían sentirse completamente por lo que las ropas estaban demás, el uno desvistió al otro con la mayor ternura que pudieron, dando besos fugases cada tanto. Solo una última prenda molestaba para cumplir su objetivo; Gon tomó la bufanda que colgaba del cuello del peliblanco para retirarla y que así ambos quedaran expuestos haciendo un contacto pleno entre ellos, pero este lo detuvo mirándolo con dulzura.
—Déjala…—, le pidió.
Él sonrió ante esa petición. Alzó una de sus manos la cual estaba cerrada en forma de puño y la puso al nivel del rostro del albino. —Entonces… quiero usar esto…—. Al aflojar el agarre dejó caer el collar para sostenerlo al final con dos dedos.
Tomó la joya entre sus manos y le ayudó ponérselo sin moverse de la posición en la que estaban. —Esto definitivamente te luce mejor a ti—. Le dio una sonrisa mientras lo observaba. Gon era como un sueño hecho realidad, a sus ojos era perfecto, el ser más tierno y puro que había conocido. Se aproximó hasta su oreja y le dijo suavemente: —Gon, yo te amo… te amo con todo mi corazón.
Al escuchar esa confesión, lo abrazó con fuerza presionado sus dedos contra la espalda descubierta. —Killua… yo también…—, de nuevo comenzó a llorar aunque esta vez las lagrimas salían en contra de su voluntad. Se sentía tan feliz que su corazón no halló otra mejor forma de expresarlo que así.
—Hoy estas muy llorón…—, dijo mientras le retiraba con su pulgar lo mojado de su rostro.
—Lo siento…
Le acarició suavemente las mejillas y las besó tiernamente. —No importa, te ves adorable así…
El moreno lo tomó por el cuello para continuar besándolo con pasión.
El sonido de sus besos y leves gemidos era lo único que se escuchaba en la habitación, creando en ese espacio una atmósfera perfecta para el amor. Por hoy, lo único que importaba eran ellos.
Esa noche de navidad, cuando una fría nevada cayó sobre las calles de Peijin, dos jóvenes e inexpertos chicos se convirtieron en amantes, entregándose en cuerpo y alma a sus deseos y al amor que sentían.
En ese momento, solo retumbaba en sus mentes una palabra: "Te amo".
Sólo quiero desearles una FELIZ NAVIDAD y que la pasen muy bien con sus familiares y amigos.
Byebye!
