Capítulo 23: "Mahaad, el Mago oscuro".

"Maldición".

Esa noche Mariku no lograba conciliar el sueño. Si bien sus heridas habían sanado en cuestión de horas, cada vez que cerraba sus ojos se encontraba con el brillo de los ojos de la serpiente de Diabound y luego los ojos opacos de Bakura observando desde la oscuridad. Era increíble que esos ojos color canela y marrón quedasen como simples piedras grises y violetas, sin pupilas, sin brillo, sin el juego de colores cálidos que siempre había admirado de su líder.

En el pasillo de las habitaciones del príncipe y el Faraón reinaba el silencio, y por un momento Mariku cerró los ojos calmando su corazón. Había visto parte del enfrentamiento en el salón del trono, cuando el dragón blanco de ojos azules del sacerdote se enfrentaba a una parte de Diabound y el Dragón dorado de plumas metálicas de Ra atacaba la cabeza del otro monstruo, había llegado a socorrer a sus cargas. Y es que Behu y Yuugi no debían ser expuestos a ese nivel de violencia.

Sus piernas le llevaron a la puerta de la habitación de Atemu. A un costado, la figura de Osiris acababa de abrir sus ojos y no lo perdía de vista, pero el dragón estaba tranquilo, sentía que el egipcio rubio era parte de quienes protegían a su elegido. Por eso Mariku decidió ingresar para asegurarse de que Atemu se encontrase descansando, y es que verlo sangrar había sido una imagen que esperaba jamás volver a presenciar.

Pensando en no interrumpir el descanso del Faraón, simplemente movió las cortinas de tejido a un costado, desde la puerta secundaria de las habitaciones podía ver la cama vacía del Faraón. Por un momento se preocupó, pero la silueta de Atemu era evidente contra las antorchas a cada lado del balcón desde donde el Faraón observaba la noche.

Las vendas y el cabestrillo en su brazo izquierdo solo recordaban que ese egipcio, por muy fuerte y poderoso que pareciera, en realidad era tan mortal como ellos, y muchos olvidaban que ese espíritu valiente solo tenía dieciséis inundaciones y esos mismos hombros donde pesaba Kemeth completa, se estremecían en un sollozo silencioso.

No quería imaginar lo doloroso que era para Atemu ver, a quien amaba, intentar destruir todo lo que era importante para él. La situación con Bakura, el Zork y Diabound significaba un estrés enorme para el Faraón. ¿Alguien había preguntado si necesitaba un abrazo?, ¿alguien se atrevería a ser el apoyo del Faraón?, sólo podía imaginar que Seth, Mahaad o Yuugi estarían en ese puesto, sin embargo el Sacerdote estaba en plena preparación meditando y orando para la campaña, el hechicero estaba de cabeza en la biblioteca con su mejor aprendiz buscando textos de sortilegios y conjuros para acompañar en la batalla, y el príncipe dormía abrazado al pequeño hermano de Bakura.

Existían dos opciones en ese momento, una de ellas era simplemente retroceder en silencio y permitir que Atemu se desahogara sin que otros le vieran, y la segunda era ingresar a la habitación y prestar el apoyo necesario. Probablemente, si Bakura estuviera aquí, sus brazos estarían alrededor del Faraón, quizás susurrando palabras de aliento y permitiendo que el gobernante sintiera, por un momento, que otros podían llevar el peso de la corona.

Tomó aire un momento antes de acercarse a su gobernante. El ruido de sus pisadas contra el piso hizo que Atemu levantara la mirada y luego la escondiera tras su mano derecha, limpiando sus lágrimas con fuerza, mientras intentaba controlar los sollozos y mantenerse en silencio. El movimiento de su pecho y hombros entrecortaba su respiración, por lo que Mariku sabía que no lograría hablar, así que extendió ambos brazos para sujetar los hombros de Atemu, quizás al fin notando que la estatura del Faraón llegaba a la altura de sus clavículas.

"No deberías estar solo ahora". Susurró antes de abrazar a Atemu, quien de inmediato rodeó el torso de su guardia para responder el abrazo con fuerza, mientras lloraba con fuerza con el rostro escondido entre la ropa de Mariku.

"Está bien, llora conmigo Atemu…". Mariku no sabía cuánto tiempo se quedó en el balcón, poco a poco cayendo sentado y quedando con la espalda apoyada en la muralla interna de la habitación de Atemu, los sollozos del Faraón silenciándose poco a poco hasta que el cansancio hizo que se quedara dormido.

Le egipcio rubio suspiró con fuerza, la respiración suave de Atemu contra la parte de arriba de su túnica se perdía con la brisa de la noche. Dejó sus manos apoyadas en la espalda del otro egipcio, una de sus palmas rozando desde la base del cuello hasta la espalda baja, en un movimiento lento y gentil, el cansancio emocional evidente de Atemu lo mantuvo dormido inclusive cuando el guardia se levantó y tomándolo en sus brazos lo recostó en la cama.

Akefia, eres un maldito. Mariku frunció los labios con furia antes de cubrir a Atemu con uno de las mantas que estaban a los pies de la cama. Por un momento se preguntó qué haría él estando en el lugar de Bakura y su primera respuesta fue: no permitiría que Atemu pasara por lo que había vivido hoy ni lo que ocurrirá en los siguientes días, haría todo en su poder y más para que este joven viviera tranquilo, pero ese no era su rol en esta partida del juego de la vida.

Hoy y siempre sería el guardaespaldas del Faraón.


Ra aún no comenzaba su viaje a lo largo del cielo cuando el ejército de Karimu se alistaba para salir hacia la última ubicación de Diabound. Esta vez la guía hacia el Zork sería de forma directa a través del rastro de magia que lograsen detectar después del ataque la noche anterior, por lo que Isis iría con el grupo hacia el combate y luego se retiraría del lugar junto a los sanadores, que volverían una vez el enfrentamiento acabase.

El mensaje enviado a Thebes la noche anterior aún no tenía respuesta, y es que la ciudad hermana en el sur del Nilo estaba a medio camino entre el lugar donde Mariku reportó haber sido atacado y Menéferes, por lo que existía la posibilidad de que su solicitud de ayuda y convocatoria de soldados, fuera completamente en vano.

Un grupo de avanzada partiría enseguida a reconocer la zona donde esperaban enfrentar al Zork. Varias horas de viaje les separaban del valle intermedio, debían viajar por la orilla del Nilo hacia el sur y luego seguir la dirección contraria a la barcaza de Ra.

Karimu confiaba en sus hombres y mujeres que conformaban el ejercito de Kemeth, todos entrenados para enfrentar lo que fuese, todos dispuestos a poner su vida en la línea que protegería a sus tierras y a sus habitantes, además los aprendices de Mahaad y Akunadín los acompañarían, hechiceros que llevaban el don de la magia de las sombras, y no podía olvidar al Faraón y los tres Dioses.

Solo esperaba que esa noche, todos volvieran a casa.


Yuugi presionó sus puños con fuerza, ambas manos temblando ante la furia contenida y desesperación que no podía demostrar en su voz en ese momento. Si perdía la calma, estaba seguro de que nada de lo que dijera sería tomado en serio, por lo que necesitaba pensar muy bien sus palabras. Frente a él, su hermano mayor, se preparaba para dirigir el combate contra Diabound, su hombro izquierdo cubierto en vendas con sangre fresca que Jouno intentaba evitar mientras ayudaba en el vestuario.

"Yuugi, necesito que practiques con tu brazalete". Comenzó Atemu mientras Jouno ocultaba las vendas de su hombro con parte de la túnica rojo oscuro que usaría ese día, claramente buscando que si continuaba sangrando, no fuera visible para quienes estaban a su alrededor.

"Tú necesitas descansar". Replicó entre dientes, ambas manos temblando de furia a penas contenida en su pecho. "Ate, sea lo que sea que quieras enseñarme, lo aprenderé, pero para eso quédate en Menéferes". Nunca usaba el diminutivo del nombre de su hermano, salvo cuando tenía pesadillas y se cambiaba de cama, pero en ese momento estaba dispuesto a usar todos sus artilugios para convencer a Atemu de quedarse en la capital.

"Hay una tableta para ti en el salón". Continuó Atemu. "Es…". Suspiró con fuerza cerrando los ojos y encogiendo levemente los hombros mientras Jouno elevaba la pieza del collar que había rozado el hombro izquierdo. "Es un dragón".

"Ate, no quiero un dragón, quiero a mi hermano aquí conmigo". Susurró Yuugi, sin aguantar más, se abrazó a la cintura de su hermano mayor, escondió su rostro entre las túnicas recién puestas sin importar que sus lágrimas arruinaran el arduo trabajo de Jouno. "Quédate".

Jouno tragó saliva tratando de controlar sus propias emociones, no estaba en condiciones ni era su lugar sugerir una acción para el Faraón, pero ver a uno de sus niños queridos llorando le partía el corazón. Yuugi tenía razón, una campaña planificada en menos de un día no era un paso sabio, mucho menos considerando el mal estado de la herida en el hombro de Atemu, Seth comentó que podía sentir magia de las sombras alrededor de la piel, pero por ordenes del Faraón, el plan de ir tras el Zork en Diabound debía continuar.

Atemu abrazó a su hermano con cuidado, su mano derecha en el pequeño hombro de Yuugi le permitió arrodillarse frente a él para quedar a su altura. "Heba". Llamó con suavidad, su mano derecha en la mejilla izquierda de Yuugi, secando una de las lágrimas que manchaban su rostro. "Debo ir". Su dedo índice silenciando por un momento las palabras de protesta de Yuugi. "Sin Osiris, Ra y Obelisco no podremos enfrentarnos al Zork, debo ir porque es mi tarea".

"¡Tu tarea es estar para Kemeth!". Gritó Yuugi, claramente furioso y dolido por la actitud de Atemu. "¡Para eso tienes que estar aquí!".

Un momento de silencio antes de que Atemu tomara la mano izquierda de su hermano y comenzara a guiarlo por la habitación hacia el pasillo. "Así es, tienes razón, así como tu tarea siempre ha sido estar a mi lado y recordarme que soy necesario". Guió a su pequeño hermano por el pasillo de las habitaciones hacia el salón del trono.

Jouno los seguía de cerca, Behu tímidamente semioculto tras los pilares de la entrada, mientras Atemu guiaba al príncipe hasta quedar frente a una tableta recientemente tallada. "Yuugi, ella es Gandora". Era uno de los dragones que descansaba en la pared bajo los tres Dioses, al lado derecho de Osiris.

Heba abrió sus ojos para observar la tableta. En la jerarquía de poder entre las criaturas de las sombras, mientras más cercana a los tres Dioses, mayor era su poder, por lo que ver al dragón de amplias alas justo debajo de Osiris, era aterrador.

"Es tuya". La mano firme de Atemu sobre sus hombros. "Ya es tiempo de que aprendas a guiarla". Comentó alzando su mano derecha y con un movimiento suave de sus dedos, la tableta se marcó en la pared de piedra y una línea dorada se dibujó frente a ellos. "Gandora". Llamó el Faraón, guiando al dragón de escamas negras y marcas de color rojo a los largo de su cuerpo.

La criatura avanzó desde el reino de las sombras hacia el salón del trono, sus ojos de color magenta y dorado fijos en los dos humanos frente a ella.

"Gandora, desde hoy serás su guardiana". Indicó Atemu presentando a Yuugi. "Protégelo porque es mi más preciado tesoro". El dragón asintió, sus ojos fijos en la pequeña figura del príncipe.

"Ate…". Yuugi no sabía qué decir ni qué hacer. Recién había comenzado a entrenar con un brazalete al cumplir once inundaciones, y su propia magia de las sombras sólo permitía convocar Kuribohs, jamás había intentado con una criatura que requiriera tributos o convocar con sangre como base de energía.

"Por eso necesito que comiences a usar tu brazalete". Explicó Atemu, su mano derecha sobre el hocico de Gandora, mientras esta permitía que le acariciara. "Gandora es una criatura poderosa, su habilidad especial es destruir a todos los enemigos del campo independiente del tipo de invocación, y gana poder de ataque con cada criatura que sacas de combate". Los ojos violeta de su hermano se abrieron con sorpresa. "Incluirla en combate sería una gran ayuda".

"Entonces, debes llevarla tu, no la dejes conmigo, la necesitas". Interrumpió Heba hablando a toda velocidad. "Debes llevarla".

"Gandora es tuya, ella te escogió". Explicó Atemu. "Así como los tres me escogieron… y pronto Behu también deberá aprender, hay una tableta que también será para él".

Yuugi apretó los labios con fuerza y asintió. Si Atemu estaba confiando en sus manos el poder de Gandora, aprendería y daría su mejor esfuerzo en el único guardián digno de esa confianza, lograría llevar el poder de esa criatura al campo de combate y así sería parte de quienes protegen a Kemeth.

Mana se quedaría en palacio, junto a Simon serían los encargados de mantener las barreras de protección a lo largo y ancho de la ciudad. Un grupo de aprendices de Isis apoyarían cada hechizo que se decretara como necesario, ya que los seguidores de Mahaad formaban la defensa mágica de la campaña.

"¿Dónde está Atemu?". Preguntó Mariku trayendo a Infírima hacia la zona de espera. Su propio caballo ensillado y listo para salir ya movía una pata delantera indicando su impaciencia por comenzar a correr, mientras la yegua terca de Infírima parecía protestar de forma nerviosa, moviendo sus patas traseras y su cabeza.

"Estaba con Heba, sé que iba a entregar a Gandora a Yuugi". Comentó Seth antes de alzar la mirada hacia la entrada principal de palacio, donde vio a Atemu y Jouno caminar a paso mesurado hacia ellos. Observó a su primo con preocupación, el viejo sanador había recomendado que el Faraón descansara al menos un día completo, algo en el filo de la espada de Bakura impedía que la magia cerrara la herida por completo, por lo que debían esperar a que su propio cuerpo reparara el tejido a su propia velocidad.

Las conversaciones de los sacerdotes y los altos mandos de las tropas de Meneferes se acallaron al ver a su Faraón con su brazo izquierdo vendado y siendo sostenido por un paño de lino afirmado en su cuello. Seth empuñó ambas manos con fuerza, esperando a que Mahaad o Simon hablaran exponiendo que Atemu no estaba en condiciones de dirigir el ataque a Diabound, pero ninguno de los hombres presentes fue capaz de hacerlo, por lo que Seth tomó la decisión en sus manos y avanzó hacia su primo para detenerlo. "Atemu, no debes venir con nosotros". Las líneas de kohl aplicadas en sus ojos solo resaltaban los círculos oscuros de cansancio en la mirada del Faraón.

Un suspiro. Definitivamente Atemu sabía que alguien diría que no estaba en condiciones de dirigir la campaña.

"No Atemu… designa a alguien más, quédate a descansar y-". Seth se detuvo cuando Atemu levantó el dedo índice de su mano derecha indicándole silencio.

"Seth, sin los tres Dioses no lo destruiremos". Y sin decir más, Atemu avanzó hacia Mahaad, quien claramente estaba de acuerdo con el Sacerdote, pero sabía que era imposible ir al enfrentamiento con Diabound sin el Faraón y el poder que blandía en su espíritu. El hechicero tomó su cetro con fuerza, el anillo del milenio colgando desde su cuello no era más que un peso que recordaba su bajo nivel de magia comparado con el del Faraón, porque si fuera suficientemente fuerte, no sería necesario obligar a Atemu a exponerse en combate así.

"Oye". Llamó Mariku a Mahaad. "Aunque no fuera necesario, iría con nosotros, se siente responsable por esto y por Bakura".

Por un momento Mahaad no entendió las palabras de Mariku, pero al ver al guardia ayudar al Faraón a subir a Infírima logró entender lo que quería decir. Y tenía razón, en los dos años de reinado Atemu siempre estuvo en medio de la solución de los grandes problemas de Kemeth, sin embargo eso no ayudaba a calmar su conciencia.

La caravana llevaba a Karimu y Mariku al frente, ambos flanqueador por arqueros, luego Seth, Mahaad, Atemu y Akunadín, lanceros y arqueros de amplio rango a su alrededor, luego la infantería y finalmente los hechiceros e Isis en la retaguardia junto al último grupo de arqueros junto a tres catapultas.

"Por lo que hemos recopilado existen tres categorías de Zork". Comenzó Mahaad sin sacar los ojos del camino por entre las arenas una vez que salieron de Menéferes. "Un Zork es el resultado de la cosecha de odio, angustia, pena, miedo y deseos de venganza, mientras más personas a su alrededor sientan esas sensaciones y sentimientos, más fuerte se hará, pero todos siempre comienzan siendo una bola de piedra gris y marrón".

Seth prestaba medianamente atención a Mahaad, sus ojos estaban entre el camino y la mano derecha de Atemu sobre las riendas de Infírima, estaba preparado para sostener a su primo en caso de que perdiera el control del caballo. La verdad, la información que Mahaad estaba entregando era parte de su propia investigación, ya si bien en un comienzo creyeron que Zork era solo una manifestación de la oscuridad, en realidad existían múltiples manifestaciones a lo largo de la tierra. A esa primera fase de recolección de sentimientos de energía densa le llamaban fase de larva, ya que el espíritu se parasitaba en el corazón de un grupo de personas, buscando alimentarse hasta que la energía se tornaba tan densa como para desarrollar un cuerpo físico. Solo entonces pasaba a un estado basal o fase uno como había denominado Akunadín.

"En esa forma su única arma son las púas de su coraza". Mahaad continuaba con su explicación hacia quienes viajaban a su alrededor, era importante que la mayor parte de quienes dirigirían el ataque reconocieran lo que verían en unas horas más. "Si esas púas entran en contacto con tu piel, serán heridas equivalentes a magia de las sombras, por lo que deben cuidar que no se acerquen a ustedes".

Seth asintió antes de agregar sus propios comentarios. "Sin embargo esos Zork en fase larva se multiplican rápidamente, así que su bajo nivel es un arma de doble filo". Mahaad asintió al comentario acertado del sacerdote. "Esas larvas pueden continuar creciendo hasta transformarse en una transición, donde toman forma como las criaturas de las sombras que copian características humanas, al menos lo que hemos recopilado de descripciones es que varían mucho entre ellos".

Mahaad decidió continuar con la idea de Seth. "Nunca se ven completamente humanos, pero si pueden pasar por una criatura de sombras de un tributo, el problema de ellos es que aprenden, por lo que usar una técnica dos veces puede darles la opción de encontrar una debilidad, y eso solo los vuelve más peligrosos cuando pasan a su fase final de desarrollo que es cuando pueden apoderarse del espíritu de un humano o de una criatura de las sombras".

"En resumen, Heishin era una fase final de Zork". Comentó Atemu, sorprendiendo a sus acompañantes. "Me pregunto si la magia de sombras del propio Cetro del Milenio puede tener relación con el crecimiento de ese Zork".

Seth frunció el ceño, el cetro pesaba en el cinto alrededor de su cintura y túnica.

"Si los artículos fueron creados en base a muerte, todos tienen gran oscuridad y sufrimiento en su interior". Continúo Atemu, sus ojos fijos en el camino sobre la cabeza inclinada de Infírima. "La magia de sombras es anterior a la creación de los artículos, pero el grado de oscuridad aumentó con la aparición de ellos en el mundo, quizás son la clave de que los Zork sigan creciendo".

"¿Entonces destruirías los artículos?". Preguntó Seth con tono incrédulo, gran parte del poder de la corte provenía de ellos, inclusive eran responsables de mantener las fronteras de Kemeth, pensar en destruirlos era un disparate, ya que abriría las tierras ante de Egipto a criaturas muy peligrosas.

"Si tienen parte de la oscuridad que mantiene al Zork aquí, claro que sí". La firmeza del tono de Atemu era impresionante. "Las defensas que se conjuraron alrededor de Kemeth no fueron capaces de mantener a Diabound fuera de nuestras fronteras, la única explicación es que esa criatura de sombras con Zork en su interior, sea reconocida por la magia de los artículos…".

Mahaad casi pierde el control de su propia montura, solo Seth fue capaz de responder. "Es porque la oscuridad se reconoce". De ser así, en las manos de cada sacerdote inclusive el Faraón, llevaban llaves que podían entregar acceso al Zork, no solo a sus tierras, sino a sus propios espíritus.

"Mantendremos la batalla lo más alejada posible de nosotros, no quiero a Diabound cerca". Decretó Atemu, cerrando el tema con sus sacerdotes y hechiceros, al fin que la posibilidad de que Mahaad, Seth o inclusive Isis fueran poseídos, era aterradora para el futuro de todos.


Mana era una joven aprendiz de hechicero, con su humor y sonrisa había logrado ganar a la actitud cascarrabias de Mahaad, quien era su actual maestro. Recordaba hace unos años atrás que su primera tarea fue enseñar a leer al joven Behu, pero también fue quien comenzó a enseñar algunas invocaciones pequeñas a Yuugi.

"Yuugi". Llamó al príncipe que llevaba horas frente a la tableta de Gandora, el brazalete de duelo o ala de Horus desplegado en su antebrazo izquierdo, su mirada de concentración completamente centrada en la figura de la criatura tallada en piedra. "¿Quieres intentar llamarla?".

Heba posó sus ojos sobre su mentora. "Aún no puedo". Susurró empuñando ambas manos.

La joven egipcia sonrió tratando de calmar a su príncipe. "Está bien, no es una criatura fácil de convocar, vamos a necesitar mucha práctica para que puedas llamarla según tu voluntad". Explicó tomando su propio brazalete y llamando a su criatura favorita, la pequeña hechicera de traje celeste y rosa. "Será más fácil con el paso del tiempo".

El príncipe asintió, de seguro si fuera capaz de convocar esa tableta estaría al lado de su hermano y no temiendo que no regresara a Menéferes. "Mana, necesito aprender". Y sabía que contaba con la ayuda brusca de Simon, pero ante todo con el cariño de los otros sacerdotes y aún así Mana era con quien sentía mayor cercanía. "Necesito ayudar a Atemu".

"Primero tienes que dejar de esperar ser un experto en unas horas, requiere práctica y entrenamiento". Comentó Mana. "Si Atemu te entregó a Gandora, es porque sabe que estás listo para ella, si no confiara en tu habilidad, no te expondría a estos esfuerzos, pero ante todo sabe muy bien que no podrás controlar su fuerza sin práctica".

En ese momento Simon decidió hacer saber su presencia. "Así es". Sus palabras sobresaltaron a Yuugi. "Es un gran desafío controlar a Gandora, no solo por su forma física, sino por la cantidad de magia que requerirá para activar sus habilidades por completo". Explicó sin sacar su mirada de la tableta. "Necesitará practicar a diario, príncipe Heba".


Cuando Ra estaba en el cielo, el fondo del horizonte, las líneas elegantes de las dunas alrededor de la primera parte de las tumbas en pequeña altura de los Faraones de hace diez generaciones o más, se veían interrumpidas por las formas de la serpiente de Diabound moviéndose contra la arena, mientras el cuerpo del gigante alzaba sus brazos y rugía contra el viento del desierto.

Karimu avanzó a la cabeza de la caravana para indicar que se detuvieran. Sus hombres y mujeres del ejercito, bien entrenados comenzaron a tomar posición, arqueros al frente, infantería inmediatamente y las catapultas se instalaron para ser manejadas por los hechiceros que cargarían sus pociones para debilitar a los zorks alrededor.

"Majestad, estamos listos". Declaró el guardia al acercarse al Faraón.

"No descuides los flancos". Indicó Atemu, antes de dirigir su mirada hacia el encargado del ejército. "Nos atacaran los por los costados".

Karimu asintió, sin embargo, desde la perspectiva táctica, estar en altura en las dunas les permitiría ver los ataques a su alrededor, y dudaba que el Zork fuera inexperto, considerando el conocimiento de Heishin. "No se preocupe mi Faraón, todo estará cubierto".

La corona de Atemu brilló cuando este asintió a la respuesta de Karimu, quien tomó posición frente a ellos, moviendo al equipo de avanzada, los arqueros divididos en parejas, uno arrodillado en frente del que se encontraba de pie, ese disparaba primero y mientras cargaba su siguiente proyectil, el que estaba al frente se levantaba y disparaba.

Ni bien la primera catapulta fue cargada con una piedra cubierta de símbolos mágicos, desde las arenas frente a ellos se levantaron cientos de criaturas ovaladas de color marrón y gris, de un golpe un grupo destruyó la primera maquinaria de batalla y el resto se dejó caer sobre la infantería.

La figura de Diabound se alzaba contra el horizonte, su estructura oscura proyectando una sombra gigante a cada paso pesado que daba contra las arenas de Kemeth, a sus pies, las figuras oscuras de un ejército corriendo alrededor de sus pies, dirección hacia ellos, mientras los Zorks de corazas y púas sobrevolaban el cielo sobre ellos, atacando en masa a grupos de humanos. Sus púas filosas y endurecidas perforaron cuerpos sin descanso.

El campo estaba perdido para el ejército de avanzada, la infantería y los arqueros perecían ante sus ojos. Karimu había perdido su primera estrategia táctica, y por la velocidad del contraataque la única opción era continuar y mantener el grupo firme.

Con una señal de su mano, Karimu y Akunadín se prepararon para guiar al ejército a una muerte segura.

Seth vio a Atemu dejar caer la venda que sostenía su brazo izquierdo e indicar a Infirima que avanzara. La yegua terca movió la cabeza con nerviosismo, pero hizo caso a su jinete avanzando para quedar ligeramente frente a las tropas, quienes de inmediato notaron que su Faraón rompía formación y tomaba posición entre ellos y el ejército de las sombras. Eso pareció devolverles el color a las mejillas.

Atemu sabía que la maniobra que necesitaba realizar en ese momento sería un pivote central en el resultado de la batalla, sería peligroso extender su propio espíritu a lo largo del campo de combate, pero sus hombres estaban en desventaja frente a Diabound, los salvajes y los zork que sobrevolaban el horizonte.

Ra, ayúdame. No era una petición hacia el Dragón alado que fielmente servía a sus órdenes, sino al Dios Sol que cruzaba el cielo con su barcaza cada día e iniciaba el movimiento en el mundo. Por un momento el sol pareció calentar con más firmeza sus hombros y Atemu tomó aire extendiendo sus brazos a cada lado de su cuerpo.

"Para esta invocación, Yo, Faraón de Kemeth, descendiente de Ra, llamo al que viaja en la barca del Sol para ayudar a los nuestros".

Seth conocía ese canto, todos en palacio debían conocerlo, pues eran las palabras secretas que debían pronunciarse para abrir todos los portales de las criaturas de sombras a voluntad del Faraón. De inmediato respondió con voz firme. "Para esta invocación, Tú, Faraón de Kemeth, descendiente de Ra, llama al que viaja en la barca del Sol para ayudar a los nuestros".

Mahaad se sumó en medio del canto de Seth, provocando que los otros sacerdotes se unieran en el coro, respondiendo a la primera estrofa pronunciada por el Faraón. Mariku, al lado de ellos, sin saber qué hacer, pero algo en su interior le instaba a participar, tomó su escudo con firmeza y comenzó a golpearlo como si siguiera el latido fuerte de su corazón, poco a poco ese mismo ritmo fue imitado por los egipcios a su alrededor.

Entonces, frente a ellos, la pirámide comenzó a brillar enmarcando la figura de Atemu, quien subió la voz con el canto. "¡Para esta invocación, Yo, Faraón de Kemeth, descendiente de Ra, llamo al que viaja en la barca del Sol para ayudar a los nuestros!".

Mahaad alzó su báculo, imitando a Mariku mientras golpeaba con fuerza uno de sus brazaletes protectores, esperando el momento de responder a coro. "¡Para esta invocación, Tú, Faraón de Kemeth, descendiente de Ra, llama al que viaja en la barca del Sol para ayudar a los nuestros!".

Y el cielo se llenó de símbolos circulares. Cada uno de diferentes tamaños, brillando en un tono violeta como el atardecer antes de que una línea dorada los dividiera por la mitad y poco a poco, sus queridas criaturas de las sombras comenzaron a aparecer frente a ellos. El Dragón dorado de plumas metálicas abrió sus alas en el centro, a su costado izquierdo, Obelisco se alzaba y a su derecha, la figura de Osiris serpenteaba alrededor de Atemu, los colores turquesa de Timaeus, negros y rojo de un dragón de ojos rojos, plata y azul del mago del silencio y otras criaturas que acudían al llamado de su Faraón.

Seth no se quedó atrás, levantó su mano izquierda convocando a su amada Kisara en la forma del dragón blanco de ojos azules, que tomó posición al lado de Ra, el sabio oscuro de Mahaad, el espadachín de Karimu y el dragón de la compuerta de Mariku rápidamente pasaron a la formación de combate.

Fue Ra quien inició el avance, sus alas metálicas reflejando el sol por un momento antes de extender sus garras hacia el primer ser oscuro que cruzaba el cielo hacia ellos, y entonces las criaturas siguieron su ejemplo.


"El espíritu es la madre de la energía, y la energía comanda al espíritu". Recitó Mana, Yuugi estaba sentado frente a ella en un ejercicio de visualización de los portales necesarios para llamar a Gandora. A su lado izquierdo, Behu practicaba la misma instrucción. "La energía nace en el corazón, si pones tu corazón en una acción, esa acción llevará fuerza". Eran antiguos versos que Mahaad solía recitar para ella cuando era solo una niña aprendiendo de él. "Gandora es parte de tu espíritu, lleva tu energía y necesita guía, piensa en una antorcha que ilumina el camino frente a ti, ese es tu espíritu para Gandora".

Por un momento un pequeño círculo violeta se formó en el piso frente a Yuugi, pero en unos segundos desapareció.

"Bien hecho". Mana estaba muy contenta por ese intento. "Es excelente, esa es la sensación que buscamos, ahora podemos intentarlo una vez, pero en un tamaño mayor".

Entonces las tabletas de la pared del trono se marcaron. Normalmente las paredes parecían una sola roca tallada con dibujos, sin embargo, en el proceso de convocación, los márgenes las individualizaban para determinar cuál criatura aparecería por el portal. En ese momento todas las tabletas del salón, salvo Gandora y las que flanqueaban la entrada al salón, se marcaron y los tallados comenzaron a desvanecerse.

"¿Qué pasa?". Preguntó Behu, extrañado por lo que observaba a su alrededor. "¿Desaparecen?".

Simon acudió a la entrada del salón a tocar las cinco tabletas que formaban el arco de la puerta, sus manos viejas parecían buscar algo entre los dibujos, pero Exodia el prohibido continuaba en su lugar. "Son las tabletas que responden al Faraón y los sacerdotes". Comentó acercándose a la plataforma del trono donde Yuugi aún permanecía sentado. "Todas las tabletas del Faraón han sido convocadas".

"Atemu, ¿en qué estás pensando?".


Con Ra en el punto más alto del cielo, los tres dioses eran implacables en cada ataque hacia Diabound, Kisara a su alrededor ya había sacado un trozo de uno de sus brazos, mientras Osiris sostenía a la serpiente con su mandíbula inferior y movía la cabeza de un lado a otro de forma violenta, claramente intentando arrancar esa parte de Diabound. Pero así como lograban asestar un golpe, Diabound respondía, y Obelisco yacía en la arena con la mitad de su cuerpo destruido, Timaeus junto a él.

Durante un momento Mariku movió su dragón a cubrir la última catapulta que quedaba, esa maniobra le hizo retroceder hacia la base de la línea de combate de ellos, y vio a Atemu sostener su pecho por un momento, el grito de Osiris se escuchó por el campo de batalla cuando Diabound logró sacar a Ra de su cuello, y con ambas manos, el gigante oscuro acababa de arrancar las alas del dragón rojo.

Cada vez que una criatura caía, el espíritu de Atemu recibía un golpe directo. ¿Cómo lo habían olvidado?, era la regla básica de cada combate.

"¡SETH!". Gritó hacia donde creyó ver al sacerdote, necesitaba a alguien con una conexión de mayor poder que la suya, su Dragón de la Compuerta era miserable en poder al lado del Dragón Blanco

A un costado del combate, Seth continuaba dirigiendo a Kisara mientras sostenía la defensa con su propia espada. Escuchó su nombre, pero no podía responder mientras se quitaba de encima a humanos poseídos por el zork.

Atemu no podía respirar. El dolor de Osiris era palpable en su espalda, sentía como si tirasen de sus escápulas y la arrastraran por los huesos de su espalda, mientras Osiris se movía con fuerza tratando de sacar las manos de Diabound de sus alas. Dirigió su atención hacia Ra, dando más fuerza a sus garras para que arrancasen ambos brazos del gigante, pero esa maniobra le costó que la serpiente de la parte inferior de Diabound, capturase el cuello de Osiris separando la cabeza del dragón del resto de su cuerpo.

El mundo dio vueltas a su alrededor por un momento, casi sentía su cuello perforado, ambas manos sosteniendo la zona en un momento de pánico. Pero debía seguir, y su gran esperanza era mantener a Ra.

Debía concentrar su energía en Ra, moverlo de un lado al otro, pero el gran dragón del cielo estaba agotado.

Tenía suficiente energía para una última invocación.

Quizás Yuugi tenía razón.

Gandora era la opción.

Gandora, te pido ayuda en este momento.

Mahaad notó el círculo de invocación que acababa de aparecer en el cielo. La cabeza alargada del dragón de piel negra y joyas rojas en su cuerpo delataba la llegada de Gandora. "¡CUBRANSE!".

Sin esperar a que Gandora llegase por completo al campo de combate, Atemu permitió que la criatura desplegara su poder sobre ellos, generando una destrucción en cadena de cada criatura a su alrededor. Era simple, el color rojo de las joyas en sus escamas se reflejaba en tu cuerpo y desaparecías. Multiplicando esa maniobra por cada zork y humano poseído en el campo de combate, las arenas se levantaron como una tormenta enviada por Anubis y el sol se cubrió por un momento, dejando las dunas ocultas en la oscuridad.

Mariku, acostumbrado a las inclemencias del desierto fue el primero en abrir los ojos y salir de entre las arenas. En el horizonte ocre y semi cubierto, simulando los colores de los grandes incendios en las aldeas del delta cuando fueron atacados por los invasores del otro lado del mar, observó a Diabound ser absorbido por la arena, claramente dejando el combate.

Sus oídos aún no se recuperaban del todo, por lo que no escuchó a Mahaad moverse, sino que lo vio tambalear en su dirección y caer de rodillas muy desorientado. Pero si escuchó el rugido del Dragón alado de Ra, que ya no estaba cerca de los restos de Diabound, sino en la arena, moviendo algo con su nariz y elevando su cabeza para gritar.

¿Dónde estaba Infírima?.

Vio a Seth correr hacia Ra, sus pasos torpes en la arena suelta a su alrededor que le hicieron tropezar más de una vez, hasta que las alas del dragón dorado lo hicieron caer hacia atrás, el rugido de Ra era uno de advertencia, sus ojos esmeralda brillaban amenazantes hacia todos quienes dirigían su mirada hacia él, porque entre sus patas delanteras se distinguía el cabello tricolor de Atemu.

El sacerdote se levantó y con ambas manos intentó calmar a Ra, quien continuaba rugiendo hacia el cielo y mostrando su plumaje metálico erizado alrededor de su cuello y cabeza.

Mariku se sumó a Seth, ambas manos hacia adelante mostrando que solo querían acercarse a Atemu, pero Ra solo pareció sentirse más acorralado y con eso su agresividad subió. De sus fauces dejó salir fuego hacia ellos, y de no ser por la maniobra rápida de Mahaad, ambos habrían sido quemados hasta morir.

Seth no esperó más, aprovechando el momento en que Ra jadeaba después de usar una versión abreviada de su gran poder, corrió hacia Atemu cayendo de rodillas al lado del Faraón, ambas manos a medio camino entre su rostro y los hombros de su primo, sin saber si era correcto tocarlo o no. La desesperación en su rostro debía ser visible porque pronto Mahaad y Mariku se sumaron, sin que alguno lograra reaccionar.

Fue Ra quien los sacó de su estado de choque, el borde romo de la nariz del dragón rozó suavemente el pecho de Atemu, sacando un gemido de sus labios, sangre manchando la mitad derecha de su rostro, desde el borde inferior de su ojo, su mejilla, nariz, labios y quijada, sangre que se perdía entre su cuello, ropa y las arenas de Kemeth. Con cuidado, Seth tomó la base del cuello de Atemu para levantarlo de la mano de Ra, el movimiento hizo que el egipcio comenzara a recuperar la consciencia, pero al abrir sus ojos los tres notaron que el ojo derecho no solo sangraba hacia el exterior, sino que la esclera se encontraba completamente cubierta de vasos capilares rotos, dando una tonalidad aterradora a la mirada desenfocada del Faraón.

"Atemu, cierra tus ojos, descansa, te llevaremos a casa". Susurró Seth con voz temblorosa, a penas controlando sus manos. Cuando su primo le hizo caso y volvió a cerrar los ojos, dirigió su mirada de desesperación hacia Mahaad.

"Tenemos que llevarlo a Manéferes". Declaró Mahaad, levantando la mirada a su alrededor, buscando, quizás a Infírima, quizás a otros sacerdotes o hechiceros, o algo, solo buscando. "¿Crees que Kisara pueda llevarlos?".

Seth abrió la boca para responder, no estaba seguro si su fuerza sería suficiente para traer a Kisara una vez más. Acomodó a Atemu en sus brazos, la cabeza de su primo segura contra su clavícula mientras sostenía su espalda con la fuerza de su brazo izquierdo. "Creo… podría…". No estaba seguro, por su primo lo intentaría, no podía fallar.

Ra los sacó de su conversación, el dragón dorado les observaba claramente comprendiendo que buscaban ayudar a su guía. El sonido gutural desde su pecho mientras alzaba su cuerpo sobre las arenas de las dunas semi destruidas, ambas patas delanteras ofreciendo sus palmas hacia Seth y levantando la mirada en dirección a Menéferes.

"¿Nos llevarás?". Preguntó Seth a la criatura, quien volvió a ofrecer sus manos al sacerdote. Por un momento Seth pensó que Ra solo quería a Atemu, pero de un movimiento rápido el dragón le rodeó obligándole a permanecer sentado en la palma de cojinetes dorados. "Mahaad o Mariku deben venir con nosotros".

"Mahaad ve, yo me quedaré y llegaré a Menéferes con el resto". Declaró Mariku empujando al hechicero hacia Ra, quien no esperó a que tomara la decisión por su cuenta, y solo cubrió la cintura y pecho del mago egipcio antes de levantar el vuelo con sus tres cargas.

Vamos Ra, llévalos contigo lo más rápido que puedas.


Behu observaba con atención la forma en que Mana explicaba los diferentes diagramas de magia de sombras a Yuugi, cada posición de sus dedos en el espacio creando patrones en tres dimensiones que correspondían a llaves de portales que permitían llamar a una criatura sin tributo. La verdad él jamás había puesto atención a las lecciones de magia, pero si gustaba de observar los dibujos de las criaturas y esquemas de combate que se describían en algunos libros, como los ataques combinados o habilidades que requerían estrategia para ser utilizadas en su máximo provecho.

"Critias requiere a sus dos hermanos convocados en la cercanía, así que si quieres llamarlo, debes considerar que tu espíritu sostendrá tres criaturas". Explicó Mana señalando las tres tabletas vacías a un costado del trono del faraón. "No es fácil llamarlos al mismo tiempo, por eso es una buena idea usarlos en ataques combinados con más participantes". Sonrió la aprendiz de hechicera.

Yuugi asintió a la explicación, sus ojos aún en la tableta de Gandora, que aún permanecía vacía, junto a la mayoría de los tallados en el salón. "Mana…". Tenía una corazonada, pero no estaba seguro de que fuera cierta. "¿Existe alguna forma de llamar a cientos de criaturas de las sombras al mismo tiempo?".

"Claro que no". Respondió la joven egipcia. "Es imposible, cada criatura toma un trozo de tu espíritu para acudir al llamado y a través de la forma de tu espíritu adquiere su cuerpo real, llamar tres criaturas requiere que tu fuerza espiritual total se divida en tres, por eso es imposible llamar cientos de criaturas".

"Hay una forma". Interrumpió Simon, su espalda encorvada era lo único visible de él desde la posición donde Yuugi permanecía sentado frente a la tableta de Gandora. "Es una forma avanzada de convocación, requiere demasiada magia, pero es posible lograrla si tienes suficiente fuerza".

Un momento de silencio antes de que el príncipe decidiera continuar con sus preguntas. "Entonces, ¿es posible que Atemu convocara a todas las criaturas?".

Antes de que Mana o Simon respondieran las tableta a su alrededor comenzaron a marcar sus bordes y a desplegar a las criaturas esculpidas en ellas. Una a una desde Kisara, el sabio oscuro, el soldado del fulgor negro, Obelisco, Osiris, Gandora, claramente cada criatura regresaba a su lugar de descanso, algunas con marcas de batalla, como Osiris, el dragón rojo no tenía sus alas, pero lentamente la piedra comenzaba a dibujarlas una vez más, al igual que la mitad de Obelisco.

"Ya terminó". Susurró Simon, luego una sensación de alerta en su pecho, por un momento se quedó escuchando lo que su corazón quería decir. "¡Mana, ve por los sanadores!". Gritó antes de partir cojeando y a paso veloz hacia la entrada de palacio.

"¡¿Qué?!". Mana se levantó de su puesto frente al príncipe y suspiró con pesadez. "Nunca entiendo a Simon". Y sin más comentario corrió en dirección contraria al Consejero principal de Atemu, claramente siguiendo la orden que se le había entregado.

Fue Behu quien se acercó a Yuugi, sus manos buscando las del príncipe. "Yuugi". Susurró, no se atrevía a preguntar si acaso era posible que en el retorno de los que partieron a combatir también regresara Bakura.

"No lo sé Behu, quizás…". Yuugi abrazó a su amigo. "No siempre entiendo todo lo que Seth y Atemu hablan acerca de Diabound y Bakura, pero estoy seguro de que encontrarán la forma de traerlo".

El pequeño de cabello blanco asintió ante las palabras de Yuugi, su mirada fija en las manos de ambos porque no quería que el otro niño le viera llorar. Ya era suficiente considerando que solía quedarse dormido llorando por todo lo que extrañaba a su hermano, y la noche anterior, al ver a Bakura dirigirse hacia él con una espada, esa imagen permanecía en su mente cada vez que cerraba los ojos.

"Oye". La mano de Yuugi en su cabello le hizo levantar la mirada. "Si estuviera en tu lugar no serían tan valiente como tú, de seguro lloraría todo el día". Ese comentario sacó una sonrisa de los labios de Behu, sus ojos chocolate un poco más luminosos al recibir el comentario positivo de Yuugi.


Ni bien el dragón dorado logró aterrizar en la explanada del palacio, su forma comenzó a desaparecer. Su último esfuerzo había sido recorrer horas de viaje a pie por el cielo, llevando al Sacerdote, el Hechicero y el Faraón, ahora podía dejar la realidad por un momento para descansar y estar listo para continuar protegiendo a su elegido.

Gracias.

La criatura cerró los ojos recibiendo el cariño tras ese pensamiento, pudo sentir la caricia suave en su pata delantera cuando el sacerdote acomodó al Faraón en sus brazos, la mano de su guía claramente buscando tocarlo por un instante. Sólo pudo enviar el calor del sol de una mañana de temporada de cosecha, pero estaba seguro de que su guía lo entendía.

Mahaad corrió frente a Seth, quien con una fortaleza interna admirable logró iniciar la carrera con Atemu en sus brazos. Solo avanzaron algunos metros en el camino de piedras, cuando un grupo de Sanadores, junto a Mana corrían a su encuentro.

La última imagen que vio Ra antes de volver por completo a su tableta fue al Sacerdote caer de rodillas una vez que el Faraón fue entregado a los sanadores. Todo estaría bien, lo sabía.


Simon paseaba de un lado al otro del pasillo fuera de las casas de los sanadores. El ruido dentro de las amplias habitaciones era un caos de movimiento, hechizos, morteros e hierbas siendo quemadas y otras molidas. La última vez que había estado a la espera de noticias desde los sanadores fue para el nacimiento de la primera hija de Akenamón, quien de haber sido niño, habría pasado inmediatamente a ocupar la línea de sucesión al trono. Tendría la edad de Heba de no ser por la peste.

"¿Noticias?". Preguntó Mahaad sentándose en la banca de madera frente a la puerta, sus manos, brazos y piernas con vendajes, una taza de Barsh'u entre sus manos. El brebaje amargo le ayudaría a recuperar la magia usada durante el combate.

El consejero negó con la cabeza. "¿Qué pasó?".

"El canto del descendiente de Ra". Respondió el joven hechicero, sus hombros hacia adelante dejando que el peso del mundo se apoderara de ellos. "Soy un desastre, soy tan débil que fue necesario usar ese conjuro". La culpa claramente estaba comiendo su alma en ese momento, pero el Consejero no tenía palabras que ofrecer para Mahaad, quien solo continuó. "Si tan solo fuera más fuerte, si tuviera más magia, si mi sabio oscuro fuera más poderoso, si-".

"Oye, ni siquiera Kisara podría haber enfrentado a Diabound por si sola". Interrumpió Seth, su túnica azul y celeste había sido reemplazada por un shendy blanco, pecho cubierto por vendajes y la cofia sustituida por un amplio vendaje en la parte posterior de su cabeza. Una de las heridas que ni siquiera notó hasta que los brazos de su consorte estuvieron a su alrededor. "Era una batalla perdida, sin Atemu ninguno de nosotros habría vuelto".

El ambiente sombrío no se levantó cuando el viejo Drishti abrió la puerta de las habitaciones de sanación y salió al pasillo donde le esperaban. "Va a necesitar descansar". Sus palabras hicieron que Seth respirara con mayor facilidad. "Su majestad usó toda su magia, necesitará semanas o inclusive meses antes de lograr convocar a cualquier criatura". Continuó el viejo egipcio, su mirada dirigida en especial hacia Simon. "Dos semanas de descanso en cama, luego comenzará a caminar bajo el cuidado de nosotros, quizás en la siguiente luna nueva pueda volver al salón del trono por periodos cortos de tiempo, pero ahora debe descansar".

"Estamos en guerra, el Faraón debe poder usar su magia de sombras lo antes posible". Replicó Simon, siendo la voz de la corte como siempre debía serlo.

"¡¿Qué parte de dos semanas en cama no entiende?!". Exclamó el sanador, su mirada de furia enfrentando a Simon. "De no ser por Ra estaríamos preparando los ritos funerarios de otro Faraón, y ¿quién asumiría el trono?, el pequeño Heba aún no tiene la edad… tú estás tan ciego de mal llamado deber que te creo capaz de exponer a Heba a enfrentar a Diabound con tal de mantener a la dinastía". El Drishti secó el sudor de su frente con la manga de su túnica. "Mahaad, Seth, les encargaré el descanso total de Atemu".

Seth asintió, respetaba a Simon, pero esta vez su primo era prioridad por sobre todo lo relacionado al reino. "Cuenta conmigo Drishti, seguiremos tus indicaciones".

"¿Y si Diabound vuelve?". Preguntó Simon una vez que el otro anciano regresó a las habitaciones de los sanadores. "Si es tan fuerte como lo han descrito ustedes, solo contamos con el canto del descendiente de Ra como arma".

Mahaad tomó la palabra. "No lo sé, pero es posible que el Zork dentro de Diabound esté muy debilitado y que demoré semanas en recolectar suficiente odio y sufrimiento para reconstruir su poder, puede que podamos esperar y que salgamos victoriosos". Comentó pensando en las múltiples posibilidades que aparecían ahora que sabía que Atemu estaría bien. "Quizás podemos tenderle una trampa y encerrar a Diabound y al Zork en una tableta".

Por un momento el silencio entre los tres hombres se mantuvo hasta que los pasos rápidos de Mana se escucharon en el extremo del pasillo.

"Maestro, Sacerdote Seth". La joven aprendiz saludó a ambos. "¿Hay noticias?".

Seth asintió. "Estará bien". Eso sacó un suspiro y una sonrisa de alivio en Mana.

"Sería buena idea contarle a Heba".


La mañana siguiente fue un día de regocijo para Menéferes y la aldeas cercanas, pues a media mañana, Mariku y Karimu arribaron a la cabeza de la caravana que traía al ejercito de regreso a la ciudad. En la túnica de Karimu pesaba el trozo de papiro donde llevaba los nombres de quienes habían perecido en el campo de batalla, cada nombre llevaba a una familia, quienes tenían el derecho de saber que su ser querido había muerto en valiente combate defendiendo a Kemeth.

El avance de las tropas hacia el palacio fue dejando a algunos soldados repartidos en los brazos de sus esposas e hijos, algunos hechiceros reencontrándose con sus grupos, pero la mayoría llegó a la explanada de palacio, donde fueron recibidos por el sacerdote Seth y el príncipe Heba.

La imagen de Yuugi en una túnica blanca y morada, con el rostro serio fue suficiente para que el vitoreo de alegría de todos se silenciara. Por un momento Mariku, la corte y cada egipcio presente temieron lo peor, que frente a ellos se alzara la figura de un nuevo Faraón.

"Bienvenidos". Comenzó Yuugi, su voz firme, aún con el tono agudo de la infancia. "En nombre de mi hermano, el Faraón Atemu, les recibo de regreso en Menéferes".

Mariku cerró los ojos y respiró nuevamente. Atemu estaba vivo.


El Consejo se reunió enseguida. En la mesa habían dos puestos vacíos: el de Shadi, y el trono del Faraón, el primero porque aún no se decidía quién ocuparía el lugar del Embajador y el segundo porque su dueño debía descansar.

Seth comenzó. "Durante el combate contra Zork, su Majestad usó el canto del descendiente de Ra, el esfuerzo le obliga a permanecer descansando hasta recuperar fuerzas, por lo que las decisiones del Consejo serán tomadas según votación, además el príncipe Heba participará con nosotros".

Yuugi hizo su parte saludando con un movimiento suave de su cabeza, sintiendo sus piernas colgar desde la silla donde estaba. A su lado, la sacerdotisa Isis sonrió hacia él y Mahaad respondió su saludo con todo el respeto que merecía la realeza. "Mi participación no es permanente, Atemu requiere descanso y recuperar fuerzas, por lo que estaré presente en algunos consejos para llevar la información directamente a mi hermano".

"¿Qué sabemos de la batalla?". Preguntó Seth ante el mapa de Kemeth extendido en la mesa del consejo.

Karimu tomó la palabra. "Diabound contaba con dos grupos de Zorks de bajo nivel, el que barrió con nuestra arquería de avance y el último que nos atacó por el Este, en un comienzo pensamos que contaba con humanos en sus filas, sin embargo, Mahaad confirmó que eran zorks de segunda fase de desarrollo, por lo que en este momento sabemos que él único hombre poseído es Bakura Akefia". Las piezas de arcilla que simulaban los ejércitos fueron dispuestas en la mesa siguiendo las órdenes del Comandante. "Luego de la aparición de las criaturas de sombras convocadas por el Faraón logramos sacar a nuestras tropas del campo, por eso se redujeron las bajas a pesar del número de enemigos presentes".

"Seguimos el rastro de Diabound a lo largo del campo de batalla". Intervino Mariku desde el costado de la mesa, sin ser parte del consejo, era uno de los mejores ojos en combate. "Su tamaño se redujo al de un hombre y se deslizó por las arenas hacia el antiguo campo de esclavos alrededor de la pirámide de Aknakanon".

"¿Lo vieron entrar?". Seth tenía una teoría ante la presencia de Diabound en ese lugar.

"Puedo confirmarlo, la visión del collar del milenio me permite saber que Diabound se encuentra en el nivel central de esa pirámide". Confirmó Isis. "Su defensa ante mi seguimiento es muy baja en este momento, su poder es el de una criatura de un tributo".

"Podemos ganar". Comentó Mahaad hacia Seth, quien se tomó un momento para reflexionar, por lo que el hechicero continuó. "Con ese nivel de magia bastará con Kisara y mi sabio oscuro, podría ser la única oportunidad de destruir al Zork".

"¿Cuánto demorará Diabound en recuperar sus fuerzas?". Preguntó el sacerdote sin despegar la mirada del mapa.

"Al menos dos lunas". Isis mantenía su mano en el collar, claramente consultando las posibilidades en sus visiones para responder a las preguntas de Seth. "Por el momento no es una buena idea ir por él, Luna Nueva aún no termina, y estamos agotados de magia".

"Es nuestra oportunidad". Presionó Mahaad.

"Sería peligroso acercarnos ahora, necesitamos recuperar magia para mantener de forma continua la extensión de nuestro espíritu, Kisara es poderosa, pero sin mi espíritu no puede permanecer en este plano, por eso necesitamos prepararnos". Respondió Seth, claramente calmando a Mahaad. "Atacaremos a Diabound en Luna llena, Atemu ha logrado contactar al espíritu de Bakura en ese momento del ciclo lunar, por lo que puede que recibamos su ayuda desde el interior de Diabound".

El comentario del sacerdote hizo que todos en la mesa tomaran aire sorprendidos, ya que ninguno sabía del contacto del Faraón con el Ladrón de tumbas que había sido poseído. "¿Contactarlo?, ¡eso es muy peligroso, abrir una puerta para comunicarse con un espíritu va en ambas direcciones, el Faraón podría haber sido poseído por el Zork!". Replicó Simon.

Seth decidió que era momento de recordar a Simon que su primo era monstruosamente poderoso desde su coronación por los Dioses. "Simon, te recuerdo que Atemu puede mantener a tres Dioses en el plano físico, Diabound y el Zork no serían capaces de poseer su espíritu, menos considerando que la conexión es con Bakura, que debo recordarte, es el amor de infancia de tu Faraón y que es plenamente correspondido".

Mana cubrió su boca con ambas manos ante la confesión del Alto Sacerdote.

Un golpe en la pesada mesa de madera los sobresaltó, las manos robustas de Simon mientras se quitaba la cofia. "¿Atemu y el ladrón de tumbas?". Preguntó incrédulo, su tono furioso y dolido, ya que al fin comprendía por qué el Faraón se negaba a tomar una reina. "¿Toda esta guerra por un capricho de infancia?, ahora entiendo por qué esperar a rescatar esa alma en vez de destruir directamente a Diabound y el Zork, ¿cómo permitimos que un sucio ladrón se acercara al Faraón?, ¡mierda!, ¿para eso perdimos a Akunamukanon?... para que un hijo de la favorita del harem sea Faraón… ¡cuando el puesto siempre ha sido del hijo de la reina!, Heba es más Faraón que Atemu".

"Bastardo, eres-".

"¡Simon!". El tono se Akunadín interrumpió a Seth. "Has sido el Consejero real por tres generaciones, pero no permitiré que hables así de mi sobrino, de tu Faraón". El viejo Akunadín se levantó de su silla para enfrentar la mirada de Simon. "¿Cómo pones en duda su preocupación por Kemeth?, ¿cómo te atreves a cuestionar su decisión de levantar la ciudad y a su pueblo en vez de salir persiguiendo un monstruo por el desierto?, ¿acaso olvidas que el Faraón cuida del rebaño?". El sacerdote negó con fuerza. "¿Acaso cuestionas la sabiduría de los Dioses al escogerlo?".

Yuugi observaba incrédulo. ¿Cómo se atrevía a insinuar que su hermano no cumplía con su rol como Faraón?, era su hermano mayor quien estaba inconsciente en su cama después de haber llamado a cada criatura de las sombras que respondió a su convocación para enfrentar a Zork porque este había atacado a Kemeth. "Es… ". Su susurró llamó la atención de Mahaad, quien con una mirada pareció darle valentía para hablar. "¡Es mi hermano quien está en cama sin despertar, es mi hermano quien llamó a todas las criaturas para luchar y ellas respondieron!... ¡¿Cómo pueden cuestionar su puesto como Faraón, si fue Ra quien cruzó el desierto para traerlo a casa?!".

El príncipe quería llorar, pero debía mantener su voz firme y evitar la imagen de un niño que aún se ocultaba tras las vasijas para asustar a su hermano o robaba dulces desde la cocina, necesitaba ser el primero en la línea de sucesión al trono. "¿Existe algo más fuerte que el amor?, ¿acaso van a negar que el Faraón ama a Kemeth?". Sostuvo la mirada de Simon y Akunadín con fuerza, intentaba canalizar la misma sensación que provocaba Atemu cuando se enfrentaba a retadores en el juego de sombras. "Si Atemu no amara a Kemeth, el día en que Diabound huyó, habría dejado todo por seguirlo, inclusive a mí, pero no lo hizo, se quedó porque nosotros somos importantes y sabe que su deber como Faraón, su gran tarea es estar para Kemeth". Tomó aire por un momento y cerró los ojos. "Espero que sea la única vez que escucho a alguno de los presentes cuestionar a mi hermano, de lo contrario como príncipe de Kemeth dejaré que Gandora los juzgue".

Esa noche Yuugi dejó su habitación para cruzar el pasillo hacia la de su hermano. Dos guardias en la entrada, dos en el balcón, dos sanadores pendientes de todo movimiento, y la figura de su hermano mayor recostado en la cama, su ojo derecho cubierto de vendas y ungüentos, el olor de Barsh'u en el ambiente, y aún así avanzó hacia Atemu.

Las manos seguras de Seth en sus hombros los guiaron a sentarse al borde de la cama de Atemu. Recordaba otros días más felices, cuando en plena temporada de lluvias solían quedarse hasta tarde observando el agua caer, otras veces jugando Mehen mientras Atemu hacía trampa solo para molestarlo. O quizás cuando su hermano se apoyaba sobre su cabeza haciendo mención a que tenía el tamaño perfecto para ser una mesa.

"Todo va a salir bien". Seth lo abrazó con fuerza, la diferencia de edades algunas veces dificultaba que su relación de primos fuera fluida.

"Quizás si el príncipe Heba se queda a dormir, el Faraón se sentirá más a gusto". Comentó uno de los sanadores. "El frío no es bueno para su majestad".

Yuugi alcanzó una de las manos de Atemu notando que estaba helada en comparación con la suya. "Creo que me quedaré…". Iba a recostarse, a abrazar a su hermano e intentar dormir un poco, pero el suave movimiento de los dedos de Atemu contra su palma y el pulgar que acababa de acariciar sus nudillos hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas que había aguantado durante todo el día. "Ate…".

"Ven"

Seth ayudó a Yuugi a recostarse sobre el lado izquierdo de Atemu, su brazo alrededor de los hombros y espalda del príncipe más pequeño, quien mantenía los ojos cerrados contra el pecho de su hermano. Iba a dejarlos solos, quizás a traer a Behu para que ayudara a los sanadores, pero el ojo a medio abrir de su primo le hizo quedarse sentado observando.

"Gracias".

Por un momento Seth también pudo cerrar sus ojos, sabiendo que todo iba a estar bien y que no solo eran palabras para que Yuugi no decayera. "Está bien… habrías hecho lo mismo por mi".


"Vas a permanecer en cama unos días". Susurró Mahaad al tiempo que dejaba el paño de lino remojado en hierbas sobre el ojo derecho de Atemu, quien solo asintió suavemente. "Necesitas reponer fuerzas y magia".

"No más Barsh'u". Protestó Atemu, haciendo un gesto de asco que sacó una sonrisa de los labios de Mahaad. "Sabe feo".

"¿Quién está feo?". Interrumpió Mariku, relevando al guardia del balcón con un movimiento suave de su cabeza, dejando que el otro egipcio se retirara. "Este es feo porque siempre ha sido feo". Comentó señalando a Mahaad. "Aunque su mamá le diga lo contrario, es feo".

"Si yo estoy feo, tu estas re feo". Respondió Mahaad, ya acostumbrado a las palabrerías infantiles del guardia, en un principio su actitud grosera y vulgar le era insoportable, pero luego de trabajar años a su lado, ya era una parte de su día a día.

"Yo estoy divino". Sonrió Mariku cruzando los ojos y sacando la lengua. "Tu mami me lo dijo".

Atemu negó con la cabeza, espalda apoyada en varios cojines para mantenerlo sentado en la cama mientras las hierbas que debía aplicar en su ojo hacían efecto. Días después del enfrentamiento, el color rojo de su esclera aún no bajaba y el lagrimal aún sangraba con el cambio de posturas entre acostado y sentado. Sin contar el susto que le dio a Jouno cuando este lo llevaba a la cámara de baño y de la nada el lado derecho de su cara se cubrió de sangre.

"¿El ojo sigue dando problemas?". Preguntó Mariku, notando la incomodidad de Atemu. "Según Drishti serán varias semanas…". Por un momento el egipcio rubio pareció titubear, pero recuperó su sonrisa rápidamente. "¿Qué se siente tener el culo plano de estar tanto en cama?".

Eso sacó una carcajada a Mahaad, quien rápidamente se censuró. "Por Ra, eso no se pregunta".

"Está bien, mi culo suele estar plano, el trono no es cómodo". Cinco días en cama ya permitían que Atemu lograse mantener una conversación y permanecer más despierto durante el día. Necesitaba tomar varias siestas que aún no lograba distinguir si eran de cansancio o por alguna hierba que estaban metiendo en su comida. "¿Qué novedades hay?".

Tener noticias del reino era una tarea dificultosa, al fin que Simon, Akunadín y Karimu estaban desterrados de su habitación por los sanadores, Yuugi y Behu solo llevaban comida, juegos y té, además de alguna aventura del entrenamiento de Heba, mientras que Seth sólo respondía sus preguntas acerca de rumores del palacio o situaciones que no tenían nada que ver con la guerra.

"Bueno, además de que debo confesar que no tienes culo, llegaron noticias de Nubia". Comentó Mariku tomando los tobillos de Atemu por sobre la cobija de algodón. "Dejando de lado todo lo relacionado a seguridad, que ya te contaremos cuando estés más repuesto, tienes que saber que Teana de Nubia llegó esta mañana".

"Espero que sepa que no estoy para recibir visitas".

Mahaad intervino. "Lo sabemos, por eso Yuugi ha tomado la responsabilidad de la audiencia con ella".

"Probablemente no sea para lo que estás pensando Mahaad". Continuó Atemu cerrando su ojo izquierdo. "Es posible que venga a solicitarnos ayuda".

"¿Por qué lo crees?".

"Mahaad, para que Diabound pasara a Kemeth a esa velocidad, no cruzó el borde costero de Nubia, sino la orilla del Nilo que les corresponde a ellos, puede que gran parte de sus ciudades estén destruidas".


Ya estaba decidido. El desastre del combate contra Diabound no solo fue por el número de zorks de diverso nivel, sino también del bajo poder que tenía como hechicero y de depender de las fuerzas del faraón. Era imperdonable que por su debilidad, la vida de su faraón estuviera en peligro.

Si la teoría de Seth era correcta, Diabound necesitaría recuperar fuerzas para mantener su forma física y así sostener al Zork en el plano material, por lo que Bakura iría por magia de las sombras o energías oscuras, el mejor lugar era el antiguo campamento de esclavos que quedaba cerca de la zona de combate, convenientemente junto a una pirámide a medio terminar del periodo del abuelo de Akunamukanon que nunca se finalizó. ¿Qué mejor lugar para alimentar a un Zork que un lugar donde las personas morían por la ambición de otros?, ¿qué mejor lugar que la pirámide no terminada de uno de los Faraones más crueles de la historia?.

Si Diabound estaba en su forma básica, sería fácil atraparlo en una tableta, a él y a Bakura, y con eso el Zork necesitaría otro contenedor, una tercera tableta o una criatura de sombras débil que podría ser encerrada en una de las vasijas y sepultada en esa vieja pirámide para siempre.

"Mahaad, no es buena idea". Replicó Isis, el collar sobre sus clavículas claramente entregando una advertencia.

"¿Ves algo que me pueda ser de utilidad, sacerdotisa?". Preguntó el hechicero mientras observaba las preparaciones para terminar tres tabletas disponibles para ser habitadas.

"No hay claridad, pero si fallas y la Sortija cae en manos del Zork será como tener a Heishin completamente de regreso". Insistió la mujer. "Estarás entregando una ventaja ilimitada al enemigo y una conexión directa con la pirámide y los otros artículos".

"Tu misma has dicho que el Zork se encuentra debilitado, que las almas del campamento no han sido suficiente fuente de energía para él". Replicó Mahaad, cansando de que Seth e Isis insistieran en esperar. "Es nuestra gran puerta para atrapar a Zork y no volver a enfrentarnos a él".

"Entonces vamos todos". Contestó Isis. "Vamos con Seth y Karimu, llevemos nuestra magia como apoyo, la pelea es tuya, pero déjanos ser tu apoyo".

"No". Mahaad no permitiría que ese margen de fallo de su plan fuera una posibilidad de que no solo uno, sino tres artículos cayeran en manos del Zork. "El mejor lugar para ustedes es aquí, si puedo atrapar al Zork, la guerra habrá terminado, pero si tus advertencias son ciertas y la Sortija cae en sus manos, necesitan mantener los otros seis artículos fuera de su alcance".

Seth no estaba de acuerdo con el plan de Mahaad, pero Isis y él habían sido derrotados en la decisión por los votos de Simon, Karimu, Mahaad y Akunadín. El plan del hechicero era simple, ir a la pirámide, atrapar a Diabound y al Zork en las tabletas, de ser necesario, también atraparía a Bakura, sin embargo el silencio por parte del Collar del milenio y el no acceso a visiones por parte de Isis era una señal de que el futuro se encontraba en pleno movimiento. Para algunos era una esperanza, para él no era más que la crónica de una muerte anunciada.

"¿Qué quieres en tu nombre?". Preguntó al hechicero cuando este salía de la ciudad en medio de la noche, mientras Yuugi y Behu dormían junto a Atemu, siendo suficiente distracción para que su ausencia no fuera notoria.

"Si he de morir, Sacerdote Seth, será para continuar sirviendo a mi Faraón". Respondió el hechicero, su báculo guardado en el estuche sobre su espalda brilló por un momento en la semi iluminación de la luna creciente. "Si muero, yo mismo me encerraré en una tableta".

"Si mueres Atemu se encargará de matarte una segunda vez". Suspiró el Sacerdote, sus manos ejerciendo presión contra sus ojos, durante un momento sintió el alivio del dolor de cabeza que había sufrido todo el día. "Recuerda que cada Obsidiana que llevas debe ser encantada con el sello de las sombras, una vez que el Ba sea atrapado, formaremos las tabletas acá y esperaremos tu regreso para transportar al Zork a las catacumbas".

Mahaad asintió y sin responder, usó sus talones para que su montura avanzara a paso firme por el desierto.

Seth sintió que sería la última vez que vería a Mahaad.

El campamento había sido abandonado cuando el abuelo del Faraón actual asesinó a su padre. El Faraón Cruel, como le llamaban en las lecciones de historia era recordado por sus campañas sangrientas en los alrededores del delta del Nilo, casi llegando a separar Kemeth en dos reinos nuevamente. Se dice que quería construir un monumento mortuorio para sí mismo que le permitiera estar lo más cerca del sol luego de morir.

Era una ventaja que los artículos no fueran creados en su época, de lo contrario existirían más Zorks de alto nivel en los desiertos. Quizás una de las razones para que esos objetos existieran en la actualidad era porque los gobernantes eran justos, porque estaba orgulloso de la mente ágil y bondadosa que veía en su Faraón.

Cuando Atemu nació, él ya era un aprendiz, recordaba que en más de una ocasión debió vigilar al pequeño príncipe cuando su maestro lo solicitaba o participar de las enseñanzas de los otros hermanos. Atemu era su niño favorito, educado, travieso, juguetón, su risa era inconfundible. Luego de Kuru Eruna las cosas eran diferentes, su sonrisa seguía, pero no con la misma intensidad, seguía siendo un niño adorable con una felicidad un poco distinta. El nacimiento de Heba pareció devolver parte de esa inocencia a los ojos granate del Faraón, y es que un hermano menor a quien cuidar y mostrar el mundo era exactamente lo que necesitaba Atemu para continuar creciendo.

Y ahora, ya hace dos años era Faraón.

Mi Faraón.

Mahaad presionó sus manos sobre la empuñadura del báculo, su magia de las sombras rodeando la explanada del nivel intermedio de la pirámide sin terminar, las paredes a medio construir dejaban entrar a Ra, creando halos de luz que mantenían la figura de Diabound siendo una pálida serpiente, y a su portador, como una marioneta de las sombras.

Las tres obsidianas estaban en su lugar, el reflejo de sus superficies negras como las aguas del centro del Nilo, cada sello listo para atrapar el Ba de cada componente del Zork.

Sin embargo había fallado.

Su sabio oscuro no era suficiente para contrarrestar el poder actual del Zork, quizás si hubiera hecho caso a Isis y Seth.

No permitiría que el Zork escapara de esa pirámide, sería la tumba de ambos.

"Tonto". Susurró el Zork, su mano humana sosteniendo una de las antiguas lirpas, mientras Diabound tumbaba al sabio oscuro en el camino de piedra bajo sus pies. "No me encerrarás". Cada golpe que recibía la criatura de Mahaad era daño directo a su espíritu, cada vez que tambaleaba, el cuerpo de Bakura avanzaba un paso más. "No aprendes, eres débil, tan débil que tu Faraón tiene que proteger a su patético hechicero".

Zork buscaba sus miedos, lo sabía, pero solo un poco más…

"Patético pedazo de mierda". Continuó Zork. La lirpa precariamente balanceada en sus manos, pero el cuchillo semicircular que su extremo sería efectivo contra la garganta del hechicero.

"¡Morirás conmigo!". Gritó Mahaad al ver a Bakura pisar la zona más debilitada del piso del nivel. "¡Mago oscuro, destruye la pirámide!". Su criatura titubeó un momento, las sombras que cubrían su rostro dudaron hasta sentir la verdadera intensión de su guía y dejó caer su magia en el piso del nivel donde estaban. Las piedras se quebraron, deslizándose hacia el centro para caer sobre el nivel inferior, cada loza a medio terminar desintegrándose ante el peso de las superiores.

Mahaad sintió el suelo bajo sus pies desmoronarse, luego el golpe de su cuerpo contra las piedras de la construcción y la oscuridad sobre él. Su criatura, su fiel Mago oscuro estaba a su lado y por un momento, Mahaad sintió que podía mover su cuerpo una vez más, se vio a si mismo frente a su Faraón, sus manos sosteniendo un cetro diferente, pero cumpliendo el deber que siempre había sido suyo, el de proteger a Atemu y Heba.

En un parpadeo estaba al lado de su propio cuerpo, su cadáver destruido por el fuerte golpe de las lozas contra sus huesos y carne. Y él ocupando el lugar de su fiel Mago Oscuro.

Atemu…


Teana de Nubia era una antigua conocida de su infancia, inclusive parte inicial de su adolescencia, muchas veces empujada por sus padres a interactuar con él, pero en el fondo se soportaban bastante bien. Pero así como él ya no era el tercer príncipe de Kemeth, ella ya no era una princesa inocente.

"Mi gente necesita ayuda, y Kemeth tiene los recursos para ello". Declaró la joven de ojos azules. Yuugi estaba molesto con su presencia, y lo hacía notar desde el costado de la cama de Atemu. "Por ahora no puedo ofrecer grandes recursos a cambio de vuestra ayuda, pero si la gratitud de los míos y el respeto de mis ancestros".

Seth intervino. "Princesa, el Faraón está convaleciente, debe disculparnos por ahora, pero tiene órdenes de descansar".

"Mi gente necesita una respuesta pronto".

"Prin-". La mano de Atemu en la muñeca de Seth le hizo detener su frase, como siempre, con un movimiento suave su primo le estaba dando una orden.

"Princesa, haremos lo posible por ayudar a Nubia". Comenzó Atemu acomodándose espalda contra los cojines que le mantenían sentado a esa hora del día, su cuerpo ya pedía que se recostara unas horas. "Zork también nos atacó y debemos reorganizarnos, por el momento puedo ofrecer la ayuda desde mis puestos de frontera, pero desde Menéferes sólo saldremos cuando ese Zork sea destruido".

La joven nubiana asintió, una sonrisa temblorosa en sus labios, ninguno de los hombres comentó acerca de sus ojos enrojecidos y brillantes, claramente respetando la fortaleza de la princesa. "Gracias Faraón, no pediremos más que aquello que nos pueda dar".

"Yuugi". El príncipe volteó hacia su hermano para prestar atención a sus órdenes. "Envía un halcón a Thebes, autoriza la entrega de granos, agua y ayuda médica… y acompaña a nuestra invitada a sus habitaciones para que pueda descansar".

El joven príncipe asintió e indicó con su mano a la princesa para que ambos se dirigieran a la puerta. "Por aquí princesa Teana".

Solo cuando la joven y su hermano salieron de la habitación, Atemu permitió a Seth que le ayudase a cambiar de posición. El cansancio en sus ojos era evidente para su primo, por lo que rápidamente quitó los cojines sobrantes y deslizó por la cama hasta quedar sobre su costado, cubriendo su espalda con la tela entretejida.

"Fue grosero de su parte entrar a tu habitación sin permiso".

"No es la primera vez". Comentó Atemu cerrando los ojos, un gesto de asco en su rostro. "Te juro que si vuelvo a ver una taza de Barsh'u vomitaré".

El sacerdote de ojos azules sonrió por un momento. "Eres un niño". No esperaba respuesta, pues la respiración de Atemu se iba profundizando poco a poco.

Ra brillaba en suposición de media tarde cuando Atemu abrió los ojos nuevamente, Seth meditaba en un cojín cerca del balcón, y desde su posición en la cama no veía a nadie más en la habitación, pero estaba seguro de que Mahaad había tocado su frente. "¿Mahaad?". Llamó al hechicero con voz suave para no molestar al sacerdote.

Extraño.

Atemu cerró sus ojos una vez más, su cuerpo aún necesitaba dormir. Si tan solo su nivel de magia de sombras fuera un quinto de lo que normalmente llevaba en el día a día, habría sido capaz de ver la figura de Mahaad en las ropas de su Mago Oscuro, vigilando a su Faraón a pesar de ahora estar anclado al reino de las sombras y a una tableta en el salón del trono.


*Barsh'u: No tiene traducción, es ficción, pero pueden pensar en una buena taza de té amargo.

Siempre pensé que Mahaad tenía una conexión especial con Atemu y Yuugi. Y si, saqué la O de su nombre, me gusta como se lee Mahaad, la verdad cuando comencé este fic el 2004 sólo tenía acceso a los capítulos en RAW, partes del manga y naa más, quizás por eso he mantenido Atemu en vez de Atem.

Gracias por leer.