Predicciones para serpientes

Carolyn Selwyn era una alumna del último curso de Slytherin, que tenía un talento especial para la Adivinación. Ella misma se hacía llamar La designadora de destinos, e iba de un lado a otro, prediciendo el futuro de sus compañeros. Podría parecer una farsante, pero la mayoría de sus compañeros no lo creían así, había acertado en varias predicciones. No hablaba de grandes acontecimientos, sus predicciones eran más mundanas. No podía predecir el regreso del Señor Tenebroso, pero podía adivinar qué tal te iría en tu próxima examen de Historia de la Magia. Tampoco podía decir quien sería el próximo Ministro de Magia, pero sí sabía si le gustabas al chico de tus sueños. Carolyn Selwyn se ocupaba del amor y los estudios, el resto de los temas se los dejaba a otros adivinos.

Lo mejor de Carolyn, a parte de sus predicciones, era su total discreción. Solo había que soltar un par de sickles, y ella mantendría su boca cerrada hasta el final de los tiempos. Por eso, no era de extrañar que la mayoría de sus compañeros se hubiera acercado alguna vez en busca de sus consejos. Tenía una mesa redonda en un rincón oscuro de la sala común de Slytherin, rodeada de velas, bolas de adivinación, barajas de cartas y un montón de símbolos de runas que la mayoría no entendía. Aún así, la mayoría se acercaba en busca de su consejo.

Pansy Parkinson, por supuesto, no era ninguna excepción. A la chica le daba igual que nota sacase en Transformaciones, lo importante para ella, era ver si conseguía a Draco. La joven estaba preocupada, ya que desde su conversación con el chico en el local de Madame Puddipie, este se mostraba más frío y distante, apenas se le acercaba. Por eso Pansy necesitaba encontrar respuestas a sus dudas, y nadie mejor que Carolyn Selwyn para resolverlas.

Aquella noche, durante la cena, la chica subió a la sala común de Slytherin, que estaría vacía. Había quedado con Carolyn Selwyn en ese momento, porque sabía que estarían a solas, y que podría preguntarle cualquier cosa. Después de decir la contraseña al retrato, entró en la sala y se dirigió hacia la esquina de Selwyn, que ya la esperaba sentada frente a su mesa.

- Buenas noches, Pansy – la saludó, con aire esotérico – ¿Qué te trae de nuevo al mundo de la adivinación?

- Necesito que veas mi futuro – le pidió, con nerviosismo.

- ¿Qué parte de tu futuro te interesa? – le preguntó, paseando las manos por su bola de cristal – ¿De nuevo el amor?

- Sí – asintió, mordiéndose ligeramente el labio inferior – Quiero saber si voy a estar con alguien en el futuro.

- ¿Te refieres a Draco Malfoy? – la miró, alzando las cejas.

- Por supuesto.

Carolyn no dijo nada más, se limitó a observar su bola de cristal. Pansy esperaba el veredicto mientras se mordía las uñas y agitaba las piernas, muy nerviosa. La chica estaba dispuesta a hacer cualquier por estar junto a Draco, lo que fuese. Miró la bola de cristal, pero solo pudo ver un espeso humo. Sin embargo, estaba segura de que Carolyn podía ver algo más, lo presentía.

- Estarás acompañada en tu futuro – declaró Carolyn, finalmente – Por un hombre de pelo negro.

- ¿Pelo negro? – Pansy hizo una mueca – ¡No puede ser!

- No puedo ver exactamente su cara – prosiguió Carolyn, sin hacerle caso – Pero estoy segura de que es moreno, no tengo ninguna duda.

- Draco es rubio – se aferró a la mesa y fulminó a la chica con la mirada – ¡Mi futuro marido no puede ser moreno!

- Solo te digo lo que la bola me muestra – contestó Carolyn, simplemente.

- ¡No puede ser! – gritó Pansy, ferozmente – ¡Estás completamente equivocada!

- Me limito a interpretar el futuro – repitió Carolyn.

- ¿Se puede cambiar el futuro? – la voz de Pansy se tornó en un grito de ansia – ¿Puedo hacer algo que cambie ese futuro?

- La bola muestra el futuro tal y como es – Carolyn miró fijamente a Pansy – Pero si crees que puedes hacer algo por cambiar, inténtalo.

- ¿Y funcionará? – Pansy apretó los dientes – ¿Cambiaré el futuro?

- Puedes intentarlo – insistió Carolyn – Haz lo que creas conveniente.

- Lo haré – Pansy se levantó de la silla, mirando a Carolyn con aire desafiante – Desde luego que lo haré.

La chica volvió a fulminar a la adivina con la mirada y salió de la sala común dando grandes zancadas. ¿Un hombre moreno? ¿No iba a ser Draco su futuro esposo? ¡Ja, eso no pasaría nunca! Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por estar junto a Draco, nada la iba a detener. Entró en el Gran Comedor y buscó al chico la mirada. El rubio parecía estar contando algo muy gracioso a sus amigos, que se reían a carcajadas. ¡Perfecto, Draco estaba contento! La chica se acercó felizmente a su novio, y cuando estaba detrás de él, lo rodeó del cuello y lo besó en la mejilla.

- ¿Qué demonios…?

- Estoy preparada para hacerlo – le susurró al oído – Quiero que nos acostemos juntos.

- ¿En serio? – la cara del chico dibujó una expresión de interés – ¿No te echarás atrás?

- No – negó, con una sonrisa – Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por ti.

- Eso es lo que me gusta oír – Draco se dio la vuelta y tomó a la chica de la cintura – Veo que has recapacitado, eres más lista de lo que pensaba.

- Gracias.

Pansy se sentó felizmente junto a Draco y se puso a servirle comida en el plato. Aquella bola de cristal de Carolyn Selwyn estaba equivocada. No acabaría con cualquier desconocido poco merecedor de su amor, terminaría siendo Pansy Malfoy, la flamante esposa de Draco Malfoy.

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Por primera vez desde que estaba en Hogwarts, Blaise estaba realmente contento. Por fin había encontrado un amigo con el que podía charlar y pasar buenos ratos. Desde que Alexander Jenkins y él se habían conocido, habían entablado una grata amistad. El día que se conocieron, pasaron la tarde en Las Tres Escobas tomando unas cervezas de mantequilla mientras hablaban animadamente. A Alexander tampoco le entusiasmaba mucho el quidditch, pero le gustaba la música y compartía su gran afición por el snap explosivo. No a aquellos juegos de niños que jugaban sus compañeros, sino a juegos serios.

Blaise disfrutaba compartiendo junto a Alex, una tarde de snap explosivo, acompañada de algo de música y con unas cuantas cervezas de mantequilla. Pasaban la mayor parte del tiempo en el cuarto de Blaise, que solía estar vacío. Después de todo, Draco siempre deambulaba por el castillo con Crabbe y Goyle, y Theo no salía de la biblioteca hasta que la cerraban. Así que Blaise y Alex se encerraban en la habitación del primero, y pasaban muy buenos ratos.

Aquella tarde, Blaise estaba sentado en su cama, esperando a que Alex fuese. El joven había ido a la lechucería, para hacer un recado. En cinco años que llevaba en el castillo, jamás había hecho una amistad tan estrecha como la que tenía con Alex. En solo dos semanas, lo había conocido mejor que en cinco años a sus compañeros de curso. Estaba claro que nunca era demasiado tarde para encontrar un buen amigo.

- ¡Blaise! – Alex apareció por la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja – ¡Tengo una sorpresa para ti!

- ¿Sí? – Blaise sonrió, entusiasmado – ¿El qué?

- Mi hermana acaba de mandarme el último vinilo de Magical Sound – sonrió, sentándose junto a Blaise en la cama – ¡Ni siquiera ha salido todavía a la venta!

- ¡Eres el mejor, Alex! – estuvo a punto de abrazar al chico, pero se contuvo – ¿Lo ponemos?

- Sobra decir que sí.

Blaise se levantó, para sacar de su mesilla el pequeño gramófono. Lo accionó con la varita y puso el vinilo de Magical Sound. El jazz mágico comenzó a salir del gramófono, provocando una atmósfera de tranquilidad y magia. Blaise volvió a sentarse junto a Alex en la cama, que había cerrado los ojos y movía la cabeza al suave ritmo de la música. Blaise sonrió al mirarle, le encantaba el entusiasmo del chico por la música.

- ¿De qué te ríes? – le preguntó Alex, al ver que sonreía.

- De nada – negó, sin dejar de sonreír – Solo te miraba.

- Ah – miró a su alrededor, fijándose en cada detalle – Me gusta esta habitación más que la mía. No sé, tiene más personalidad.

- ¿Personalidad? – Blaise soltó una risa irónica – No sé que tiene de personal.

- Bueno, será porque sois los cinco muy diferentes – Blaise le había hablado de su nula relación con sus compañeros de casa – No te enfades, Blaise, solo es una broma.

- Si tuvieras que soportar dormir con el niñato de Malfoy, el silencioso Nott y los cabezas huecas de Crabbe y Goyle, no dirías lo mismo – el chico hizo una mueca de desprecio.

- Ya veo lo mucho que te desagradan tus compañeros – Alex dio un suave empentón al chico.

- Nott no me desagrada – se apresuró a aclararle – De hecho, él es el único decente. Solo que es imposible mantener una conversación con él.

- ¿Y Malfoy es con vosotros tan presumido como con los demás? – inquirió, muy interesado.

- ¡Es peor! – gruñó, con desagrado – Se cree que es el dueño de Hogwarts y se pavonea allá por donde va. No sé que cree que tiene de especial, los cinco somos sangre limpia y aunque no somos unos ricachones como él, no nos podemos quejar. ¡Solo es un creído al que todo el mundo le baila el agua!

- No te enfades, Blaise – le calmó Alex, con su suave voz – ¿Y qué me dices de las chicas?

- Eres un poco cotilla ¿sabes? – le reprochó Blaise, en plan de broma.

- No lo voy a negar – Alex sonrió con culpabilidad – Cuéntame cosas de las chicas.

- No hay mucho que contar – se encogió de hombros, negando con la cabeza – Pansy es la novia de Malfoy, y es incluso más tonta que él. Lo que pasa es que tiene muchas dotes de líder y las demás la siguen. Millicent es una bruta, pero es más decente que Pansy, por lo menos, se puede hablar con ella. Daphne es muy inocente, ni siquiera parece de Slytherin. Es muy guapa, pero demasiado niña. Y Tracy es un poco…

- ¿Guarrilla? – le ayudó Alex, con una sonrisita.

- Bueno, podría decirse que sí – los dos se echaron a reír – Pero es la que mejor me cae de todas, equilibra un poco la balanza. No es una presumida como Pansy, ni una bruta como Millicent, ni tan inocente como Daphne. Es un término medio, es una tía de verdad.

- ¡Vaya! – el chico alzó las dejas, desviando la mirada – Parece que Tracy es muy importante para ti.

- Sí, bueno – se encogió de hombros, mirando al chico que seguía sin mirarle – Pero te aseguro, que nadie es tan buena compañía como tú. En todos los años que llevo en Hogwarts, tú eres el único amigo que he tenido.

- Gracias, Blaise – le agradeció, mirándole con una sonrisa – Tú también eres el tío más interesante que he conocido en el castillo.

Los dos se quedaron mirando con una sonrisa, mientras el suave jazz de Magical Sound seguía sonando en el gramófono. Sus ojos se atraían como dos imanes, no podían dejar de mirarse. Alex se acercó imperceptiblemente a él, entreabriendo un poco los labios. Aquellos labios parecían deliciosos, pensaba Blaise mientras se miraban. Al chico le asaltó un impulso y se inclinó hacia Alex, estaban a punto de…

- Perdón – la puerta se había abierto y Theo había parecido tras ella – He venido a buscar un libro de Aritmancia.

- Ah, vale – Alex y Blaise se separaron – ¿Estás haciendo los deberes?

- Sí – asintió, cogiendo el libro. Miró a Alex y se acercó a él estirando la mano – Hola, me llamo Theodore Nott.

- Alexander Jenkins – le estrechó la mano – Encantado.

- Igualmente – se inclinó suavemente, con una reverencia – Siento haberos molestado. Hasta luego.

Theo se despidió de nuevo con educación y salió de la habitación. Cuando cerró la puerta, Blaise miró a Alex, muy incómodo, sabiendo lo que había estado a punto de hacer. Se levantó de la cama y apagó el gramófono.

- Yo también debería hacer mis deberes de Aritmancia – se apresuró a coger los libros – Voy muy retrasado. Hablamos mañana ¿vale?

- Como quieras – Alex recogió su vinilo y miró a su amigo – Hasta mañana, Blaise.

Cogió la corbata del chico y se la arregló, ya que la llevaba un poco torcida. Le miró fijamente durante unos segundos, para luego marcharse de la habitación, con la mirada de Blaise sin apartarse de él.

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Millicent se había pasado la tarde terminando los deberes de Runas Antiguas en la biblioteca. Era una asignatura bastante complicada, pero siempre había sido una de sus favoritas. Además, estar enfrascada en aquellas complicadas traducciones mantenía su mente alejada de Daphne. Aunque la chica había insistido en acompañarle, ella le había rechazad, excusándose con que necesitaba estar a solas. Cada vez que hacía los deberes con Daphne, se pasaba las horas mirándola disimuladamente y dejando sus deberes de lado, para atenderla a ella.

Daphne se había quedado en la sala común con Tracy, y Millicent esperaba, en su fuero interno, que Theo se mantuviese alejado de ellas. No podía creer que su único compañero aquellas navidades fuese Theodore Nott. No porque el chico le cayese mal (¡ojala pudiera odiarlo!), sino porque no iba a visitar a su familia. Bueno, no quería engañarse a sí misma, si no volvía a casa, era por ellos. En Hogwarts se sentía mejor y aunque Daphne no estuviese allí, por lo menos, todo le recordaba a ella.

Abandonó la biblioteca para ir a cenar, esperaba encontrar a Daphne en el Gran Comedor. Dejó los libros en el dormitorio y bajó a la común. En una esquina, vio a Carolyn Selwyn sentada en su mesa, mirando atentamente su bola de cristal. Millicent miró a su alrededor, y tras comprobar que no había nadie, se acercó a la chica.

- Hola Millicent – le saludó, con una sonrisa – ¿Qué quieres que vea para ti esta vez?

- Lo de siempre – se acercó a la chica, con aire confidente – Estoy desesperada.

- Veamos lo que dice la bola – la chica posó sus manos en la esfera de cristal y la contempló atentamente – Parece que estamos igual que siempre.

- ¿Saliendo del Ministerio de Magia? – preguntó, con disgusto.

- Tu carrera está más que focalizada desde hace tiempo – sonrió a la chica, que no parecía contenta – De todos modos, veamos que surge.

Millicent contempló a la adivina, que miraba su bola de cristal atentamente. Siempre que le consultaba, Carolyn veía lo mismo: a Millicent saliendo del Ministerio de Magia. Sin embargo, a Millicent no le interesaba su futura carrera, quería saber si iba a tener a alguien para compartirla y que, a ser posible, fuese Daphne.

- ¡Veo algo! – dijo de repente, sobresaltada – Estás esperando a alguien y parece que se acerca.

- ¿Quién es? – se aferró a la mesa, ansiosa.

- No puedo verle la cara – negó, escudriñando en la esfera – Solo veo una cosa.

- ¿El qué? – Millicent se hacía daño al agarrarse a la mesa.

- Tiene el pelo rubio – la miró, con una sonrisa – Un precioso pelo rubio largo y ondulado.

- ¿Y qué hacemos? – notaba el corazón a punto de salirse de su pecho.

- Vais hacia vuestra casa – miró a Millicent fijamente a los ojos – Parece que he conseguido ver que en tu futuro no estás sola.

- No, claro que no – se levantó y le dio dos sickles, con una sonrisa – Sabía que estaría con ella.

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Los días de Theo siempre eran iguales y, sin embargo, a él le gustaba esa rutina. Se levantaba pronto, se duchaba, bajaba a desayunar y repasaba antes de clase. Iba a las clases, en el descanso se quedaba en el patio leyendo un libro, volvía a clase, comía rápidamente y luego iba a la biblioteca. Volvía a las clases de la tarde y pasaba el resto de la tarde en la biblioteca. Normalmente, se quedaba de los últimos y cuando bajaba a cenar, ya apenas quedaba gente. Subía a la sala común y se quedaba hasta altas horas haciendo sus deberes o leyendo algún libro. Sólo, siempre sólo.

Aquella noche, había mucho ruido en la sala común, algo que le impedía concentrarse. No era fácil terminar sus deberes de Pociones, con todo aquel escándalo. En una butaca, Draco y Pansy se besaban apasionadamente; en otra mesa, Crabbe y Goyle jugaban al snap explosivo haciendo mucho ruido y comiendo dulces. Tracy estaba riéndose tontamente de algo que leía, parecía ser algo muy divertido. Blaise y su nuevo amigo Alex, escuchaban música de un pequeño gramófono. Por último, miró a Daphne que estaba sentada con Millicent, enseñándole algo. Observó la sonrisa de la chica y no pudo evitar sonreír también. Ella le provocaba cosas que ninguna chica le provocaba: un cosquilleo en el estomago, una sonrisa involuntaria, unas ganas irrefrenables de mirarla, un agradable sensación en su cuerpo… La chica se percató de que la estaba mirando y le dedicó una dulce sonrisa, aquella sonrisa tan encantadora que tenía.

Theo volvió a sus deberes de Pociones, intentando no mirar a aquella rubia tan guapa. Escribía rápidamente, pasando el dedo por las líneas del libro. Una sombra tapó las letras del libro y cuando alzó la vista, vio a Carolyn Selwyn.

- Hola, Theodore – saludó, con voz etérea.

- Hola Carolyn – le saludó, educadamente – ¿Cómo estás?

- Bien, gracias – se sentó frente al chico – Eres el único de la casa que nunca me ha consultado ¿sabes?

- No me interesa la Adivinación – negó, con una sonrisa amable.

- ¿Ni siquiera una pequeña predicción? – le ofreció, de manera tentadora.

- No, no me interesa – repitió de nuevo.

- He mirado en la bola y le he preguntado por ti – le dijo, con aquel aire místico que la caracterizaba – Y he visto muchas cosas, Theo, cosas muy interesantes.

- Gracias por interesarte por mí, Carolyn – le agradeció, con una sonrisa – Pero ya te he dicho que no estoy interesado.

- Eres un chico solitario y reflexivo, Theodore – comenzó Carolyn – Siempre andas sólo, falto de afecto y sé que tampoco te llevas bien con tu padre.

- …

- Sin embargo, eso no será así siempre – Theo la miró, con curiosidad – He visto en tu futuro, que alguien te va a querer muchísimo, más de lo que te ha querido nunca nadie.

- Carolyn…

- Y es alguien que ya conoces, Theodore – su sonrisa se acentuó con misterio – Alguien que te considera muy importante y te tiene en muy alta estima.

- ¿Y puedo saber quién es? – preguntó, intentando sonar despreocupado.

- No lo sé – negó, con una sonrisa – Solo sé, que tiene una preciosa y larga cabellera rubia.

- …

- Espero que pienses en lo que he dicho – concluyó Carolyn, levantándose de la butaca – Hay alguien que ya te quiere, no estás solo.

Theo miró como Carolyn se alejaba, sin dejar de mirarle con aquella misteriosa sonrisa. El chico sacudió su cabeza y volvió a sus deberes de Pociones. Nunca había creído en la Adivinación y todas aquellas cosas que decía Carolyn, aunque acertadas, eran fáciles de presagiar. Sin embargo…

Nota: Terminamos otro capítulo y para el próximo capítulo, las cosas se pondrán calentitas para nuestras pequeñas serpientes.