Title: Casanova

Chapters: 3 (Se divide en tres partes, esta es la primera)

Dedication: a una persona que aunque no conozco en profundidad, creo fervientemente que es una maravillosa persona. MyobiXHitachiin, (Myoby, para los amigos xD) este es el segundo regalo para ti, no te prometo que el segundo capítulo este pronto, pero por lo menos no tendrás que esperar mucho. ¡Y es UsUk!

Notes: El fic es raro, y cuando digo raro, es raro. Los personajes están OOC en varias partes, aunque en realidad, deben leer toda la historia para comprender bien todo. Estén preparadas, aviso. No está ubicada en ninguna fecha histórica exacta, más bien, es una mezcla de diferentes épocas, como un mundo alterno antiguo. Espero que igual les guste.

Absórbanse, analicen… descubrirán cosas muy interesantes en el relato.

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a Hidekaz Himaruya, genio entre genios, he dicho.

Inspiración: La película "Casanova" (aunque realmente no tenga mucha relación con la trama de ella)

Casanova

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Primera Parte

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

-.-

¿Qué es un Casanova?

Un hombre que vive muchas aventuras amorosas.

¿Quién es Casanova?

El hombre que amo más allá de toda razón y toda locura.

-.-

Fue hace ya varios años desde que había comenzado esta profesión. En ese entonces, me dedicaba solo a disfrutar de los pocos placeres que podía. Vivía por los hermosos prados, alejado de la ciudad molesta y ruidosa, como solía decirme mi madre cuando no quería que saliera. Éramos una familia de carpinteros y pintores, aunque yo nunca compartí el deseo por ello. Mi corazón siempre estuvo en la belleza, la hermosura que veía día a día pasar ante mis ojos, la sensualidad de los movimientos, la perfección del cuerpo. Para mí, no había nada más en el mundo que las sublimes ninfas que se hacían pasar por seres terrenales, seres a las que denominaban… mujeres.

Pero esto tan solo fue el principio, el comienzo de algo que yo aún ni sospechaba, el inicio de una historia oculta a mí mirada, debajo de trapos y mentiras que se teñirían a mí alrededor sin saberlo. Creo que aún no me he presentado a ustedes ¿Verdad? Mucho gusto, damas y caballeros, mi nombre es Alfred, y desde aquí, les contaré mi historia, mi vida, mi pasión…

-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-

Señorito… ¡Señorito! Arthur, ¿Me estás escuchando?

¿Eh? ¿Decías algo, Roderich? Lo siento, estaba pensando… — el muchacho le dirigió una sonrisa inocente, pero el hombre en frente de él sabía muy bien que solo era una máscara que tapaba su desconcentración consciente. Naturalmente, era algo que sucedía mucho en esa casa.

Honestamente Arthur, ¿Qué estabas imaginando esta vez? Tu mente debería estar en la organización de la iglesia, no en una de tus múltiples tonterías.

¡No son tonterías! ¡Es maravilloso! ¡Se me acaba de ocurrir la mejor historia de todos los tiempos!

Es lo que dices todas las semanas jovencito, y nunca logras nada— un suspiro salió de sus labios al ver como el menor fruncía el ceño ante el desprecio a su "fantástica idea"; llevaba trabajando para la familia Kirkland varios años, y a pesar de ser aún bastante joven, no podía aguantar al "señorito menor" cuando dejaba volar su mente a cosas que para él no lo llevarían a ningún lado. Por favor, ¿Qué no veía las oportunidades que tenía a su alcance? —Deberías dejar de volar tu mente, tienes muchas cualidades que podrías aprovecharlas para…-

Aprender lo máximo posible y suceder a la familia con honor. Lo sé, Roderich, pero a mí no me interesa nada de esa mierda llamada "Parlamento", solo es una pérdida de tiempo— apartó un mechón indiscreto de su frente mandándolo hacia atrás junto a las otras hebras doradas que componían su cabellera. Sus ojos verdes reflejaron un brillo especial, una chispa que solo se vislumbraba cuando por su cabeza aparecían sus sueños, sus deseos y todo lo que él quería lograr. Y que, lamentablemente, no podía.

Señorito, sabe perfectamente que no puede decir groserías, ¿Qué pasaría si alguien viene y lo ve hablando de esa forma? Es un noble, recuérdelo, no puede ir por ahí hablando como un vulgar campesino.

Pues hasta los campesinos tienen mejor educación que muchos de los jóvenes de la nobleza— argumentó sin amedrentarse. Tenía razón, conocía a muchos "nobles" que de nobleza solo tenían el título, el mejor ejemplo de todos eran sus hermanos, pero ¿Quién lo escuchaba en ese lugar? Nadie, así que de balde gastaba saliva en personas que nunca lo comprenderían.

Bien, no se para que discuto con usted si sé que nunca voy a ganarle. Mejor continuemos con la lección y por favor señorito, no vuelva a desconcentrarse, recuerde que quedan pocos días…— y dando finalizada la discusión, se dispuso nuevamente a recitar cada uno de los hombres de la Sagrada iglesia, aportando sutiles comentarios de cada uno, para facilitarle el aprendizaje.

Arthur se tuvo que mantener callado y procurar prestarle atención el mayor tiempo posible. Sin embargo, en el fondo de su mente, miles y miles de palabras se tejían la una con la otra, hablando de aventuras, de romances, de personajes que nadie conocía más que él. Esa era su vida, su verdadera vida.

-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-

[Cuatro años después…]

A varios kilómetros de la ciudad, escondidos entre sabanas y almohadas, dos seres disfrutaban del placer que sus cuerpos les proporcionaba. Bailando una danza que solo los conocedores del oficio sabían armarla a la perfección, cantando hermosas sinfonías compuesta de gemidos y suspiros. Era la danza del placer carnal, y sabían desenvolverse maravillosamente con ella. Luego de varios minutos en donde se entregaron a tan bella composición, terminaron con un último grito, acostando sus cuerpos en la suave cama dejando que sus respiraciones volvieran a la normalidad y que sus cuerpos se repusieran de la actividad.

El joven, que no podía superar los veintiún años, rápidamente se paró del edredón y sin importarle mostrar sus atributos a la dama que lo acompañó en la maravillosa danza todo ese tiempo, empezó a buscar sus ropajes para vestirse. La mujer, que por el contrario parecía de unos treinta años, solo lo miraba con deleite mientras se sumergía entre los almohadones, sumamente satisfecha.

Cariño, ¿Ya tienes que irte?

Sí, lamento tener que dejarte tan rápido, pero mi padre quiere que vaya a trabajar a la carpintería lo más rápido posible.

No hay problema, te lo aseguro. Vete, no quiero causarte problemas. Sin embargo, no te olvides de mí ¿Eh? Estaré esperándote.

Jamás me olvidaría de ti, volveré tan pronto pueda deshacerme de mis obligaciones familiares.

Lo esperaré con ansias, pequeño.

No soy ningún pequeño, señorita. Llámeme como todos me conocen, no tengo ningún inconveniente.

De acuerdo, Casanova.

El joven le sonrió acercándose a ella y besándola con toda la delicadeza que se merecía. Luego, despidiéndose con una sonrisa seductora, partió hacia las calles londinenses, ataviado con un traje azul y plateado, ocultando sus rubios cabellos debajo de un pañuelo atado a este y colocándose un antifaz para tapar sus brillantes ojos azules, una rareza en ese siglo, pero de un inigualable valor por el mismo hecho.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Una estocada. Dos. Tres. Izquierda. Derecha. Arriba. Abajo. Un salto. Otra estocada. Un sonido seco. Dos cuerpos moviéndose con agilidad. Un movimiento hacia abajo. Derecha. Izquierda. Esquivo. Contraataque. Defensa. Estocada por el costado. Ataque.

Las dos espadas chocaban constantemente mientras los hombres se movían de un lado a otro tratando de derribar a su oponente. Se conocían los movimientos del otro a la perfección por lo que era difícil desarmarse, pero no se detendrían hasta que uno de los dos gane.

Salto hacia atrás y luego avance de frente, empuñando el arma. Una mano se suelta y deja caer la espada. Un ganador. La batalla concluye.

¿Casanova? — inquirió el vencedor con una sonrisa burlona. La conversación durante el duelo es algo infaltable, aunque esta vez le desconcierta que el mayor hable sobre un rumor que circula por el pueblo.

Has oído de él, ¿Non, Mon Chérie? El hombre que es capaz de conquistar a cualquier mujer hasta lograr llevarla a su cama— el perdedor de esa contienda hace una reverencia y se quita unos mechones de su pulcro cabello atado en una coleta baja. Hace un movimiento con su mano invitando al menor a sentarse junto a él, en unos grandes troncos que sirven de asiento. Sus ojos celestes reflejan lo mismo que su sonrisa, una picardía y seducción capaz de derretir a muchos, excepto quizás, el hombre en frente suyo.

¿Quién no, rana? Su reputación es tan famosa como la tuya… ¿Acaso estas celoso de que alguien te está haciendo la competencia? Y por lo que veo te está ganando…— una carcajada sale de sus labios con sumo placer. Adora de una forma extraña provocar a su compañero francés, desde que eran unos niños. Tantos años de conocerse y la rivalidad seguía en pie, sin perder por ello la camarería que existía.

Hay una diferencia entre ese sujeto y yo, Arthur. Para mí el amour puede darse a cualquier ser y no solo a través del sexo, hay múltiples maneras; sin mencionar que yo doy eso: amour. Él solo busca el placer en mujeres, las hace sentir hermosas y luego las desprecia como si fueran objetos, yo nunca haría algo semejante…— hace un gesto despectivo con la mano ante su propio comentario. Le parecía degradante usar a criaturas tan delicadas y bellas solo para satisfacerse a sí mismo.

Pues todas esas mujeres dicen que él es un caballero, y que les demuestra lo que es el amor verdadero…— comenta sin importarle mucho eso. En su opinión, esas chicas que decían aquello, no conocían lo que era esa palabra, solo se dejaban llevar por ese sujeto que las manipulaba a su antojo.

¿Tú crees que él lo hace por amor?

Lo que yo crea no tiene relevancia ¿No crees? A ninguno de los dos nos afecta su persona…

Arthur, a ti por lo menos debería importante, dentro de poco tendrás que tomar el lugar de tu padre, y seguramente te pedirán que te encargues de ese "hereje" — el francés se preguntaba qué cosas consideraban sinceramente como herejías, porque por el pueblo esas cosas sucedían bastante.

Bien sabes que no tengo ningún interés por tomar el lugar de mi padre. Y ya me cansé de hablar de ese Casanova. En mi opinión, el único amor que satisface es su amor propio. Ahora, ¿Vamos al mercado o tengo que soportar un regaño hasta de ti, rana? Porque me basta y me sobra con el maldito de Roderich…

D´accord, no hay porque ponerse agresivos, Mon Petit. Cambiémonos y vamos a ver que bellezas encontramos…

La única "belleza" que quiero encontrar es un buen libro, Wine Bastard.

Nada raro viniendo de ti, absolutamente esperado.

Cállate y no perdamos el tiempo.

Oui.

-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-

Se deslizaba entre los puestos con soltura, sonriendo abiertamente a todo el que se cruzara por su camino. Ese día estaba bastante contento, pues su padre le había dado tiempo libre para hacer lo que quiera… ¿Y qué mejor que disfrutar un poco? Aunque primero debía encontrar una ninfa lo suficientemente hermosa como para complacerlo. Con esa meta se había metido en las calles más concurridas del pueblo esperando, simplemente esperando que llegara la indicada.

Miraba cada puesto desinteresadamente, en unos había alimentos, frutas, verduras; en otros había objetos de todo tipo, desde relojes antiguos hasta baratijas sin ningún valor. Muchas personan pasaban por ellos buscando algo que comprar, quizás algún artefacto que les interesara o solo una naranja o durazno con que llenar el estómago. Lo importante, es que por allí podías encontrar cualquier cosa, podías encontrarte con cualquier persona, incluso.

¿Le interesa comprar algo, señor? — cuestionó un hombre de cabellos blancos y unos misteriosos ojos rojos, mostrándole su mesa llena de diferentes chucherías, como le gustaba decir.

Jajaja, ¿Me ves como un viejo, Gilbert? — respondió riéndose alegremente el joven, sacándose su antifaz dejando salir sus prismas azules. Sus rubios cabellos seguían ocultos debajo de un pañuelo.

¡Casanova! ¡Ya sabía yo que eras tú! ¡Alguien tan awesome como yo nunca se equivoca, kesesese! ¿Vienes en busca de belleza, Alfred? — inquirió con arrogancia y prepotencia. Gilbert podía jurar que no se equivocaba al decir que ese era su objetivo, nadie conocía a ese chico mejor que él, quien prácticamente le había criado, a falta de su padre que se hallaba todo el tiempo en la carpintería de la familia. Y así como lo conocía, sabía perfectamente su reputación.

¿Tu qué crees, amigo? ¡Tengo que aprovechar que el viejo me dejó salir hoy! Últimamente está muy pesado con que lo ayude… no que yo no pueda, soy tan genial que es imposible que no pueda lograr algo, pero no me interesa pasar todo el día reparando muebles o pintando casas, ¡Mi vida son las mujeres! — exclamó abriendo sus brazos señalando su alrededor, donde varias chicas, menores y mayores, lo observaban con coquetería, tratando de llamar su atención.

No hay duda de ello, tu apodo lo dice todo. Sin embargo, deberías tener cuidado, tus "aventuras" han empezado a llamar la atención del Parlamento religioso, y hay muchos hombres queriendo cortarte el cuello…

¡Nunca podrán atraparme, Gilbert! ¡Soy Casanova! ¡Vivo de las mujeres! Y ellos son solo unos cerrados que me tienen envidia, por mi gran suerte… que se queden sentados, no podrán hacerme nada— expuso volviendo a colocarse su antifaz cuando se dio cuenta de la atención que estaba provocando. No era su intención en ese momento armar pleito, solo buscaba diversión, y ya veía varias ninfas que podían ayudarlo en ello…—Me retiro amigo, es mejor que entre en acción de inmediato…

Suerte, veamos cuento te dura la buena fortuna, Alfred, kesesese…

El rubio salió de allí y se dirigió a un pequeño puesto lleno de libros. Se dispuso a observarlos mientras de reojo miraba como dos jóvenes hablaban en voz baja sin apartar su mirada de él. Compuso en su rostro una sonrisa coqueta, haciendo como si solo le prestara atención a lo que tenía en frente.

Libros de historia, biología, literatura, filosofía, hasta novelas había. Fue justo en esa sección que algo le llamo la atención: un pequeño libro de tapa verde, y con letras plateadas que dejaba ver el título: Amores…

Se preguntó que podría tener como contenido, de que amor hablaría exactamente. Por un momento pensó que quizá solo sería una novela cursi de dos enamorados, pero debajo de la portada, una pequeña frase hacia que creyera otra cosa: "Para los verdaderos amantes del amor…"

Verdaderos amantes ¿Eh? Si alguien verdaderamente sabia sobre aquel tema, era él. Su mano fue hacia el único ejemplar que se hallaba colocado, pero justo cuando estaba por tomarlo, otra mano se colocó encima de la suya.

¿Uh? Lo siento mucho, no me fijé en que a usted también le había interesado el libro.

Un chico de quizás uno o dos años menos que él, había retirado su mano apresuradamente luego de aquel comentario. Lo miró fijamente notando sus facciones finas y sin ninguna arruga. Su cabello dorado, de menor intensidad que los suyos, estaba desordenado dando la impresión de que recién se acababa de levantar de la cama y sus ojos, unas impresionantes esmeraldas nunca antes vistas, lo miraban con nerviosismo. Podía decir que era muy atractivo, pero… ese rostro tenía algo que lo opacaba: unas cejas sumamente gruesas que le daban un aspecto feroz. "Que lastima", pensó al apartar la mirada, eso iba a dificultarle conseguir alguna mujer.

En realidad no me interesa, solo me daba curiosidad el saber que podría decir el autor acerca de ser un "verdadero amante" — contestó agarrando el ejemplar y colocándolo en las pequeñas manos del joven, bastante suaves notó.

Oh, pues el autor señala la diferencia que hay entre un amante que ama a una sola mujer en toda su vida, y el amante que dice amar a más de una sola. Marcando el hecho de que un verdadero amante es eso: alguien que se entrega a su amor y no a su pasión— comenta con un brillo inusual en sus ojos. Conocía a la perfección ese libro, y creía fervientemente en cada una de las palabras que el escritor "Antonio Fernández Carriedo" expresaba en esas páginas. Un resoplido lo sacó de su ensoñación haciendo que frunciera sus cejas con molestia. —¿A qué viene eso, señor?

Es que me parece absurdo, un verdadero amante sabe que debe ofrecer su amor a todas las mujeres que lo necesiten, el conformarse con una sola, solo lo privará de una satisfacción plena del amor— argumentó lanzando una carcajada. ¿Cómo ese chiquillo podía creerse tantas patrañas juntas? Solo eran puras mentiras.

Me temo señor que tenemos conceptos muy diferentes de lo que es el "verdadero amor" , esa manera de expresarse solo se le puede comparar a la del reconocido "Casanova" que usa la excusa de brindar amor a las mujeres para aumentar su amor propio— rebatió enojado. No podía creerse esas palabras que había soltado el hombre en frente suyo, como si pensara que las mujeres solo fueran una "fuente de satisfacción", ellas debían ser tratadas con respeto, no ser consideradas objetos.

Mira tú, ese me parece un excelente ejemplo, Casanova es un excelente hombre por si no lo sabes, siempre dispuesto a dar un poco de su tiempo a toda mujer que lo requiera, siempre dispuesto a satisfacerla.

Eso quiere decir que usted lo conoce ¿no? Es evidente de que si son amigos compartiría sus pensamientos sin ningún fundamento. También es obvio señor que usted no sabe nada sobre lo que es el amor, y si sigue con esa línea de razón nunca podrá conocerlo— manifestó colocando el libro en su mochila y comenzando a caminar fastidiado con la actitud de aquel hombre.

¿Amor? ¿Qué sabe un niñato como tu sobre lo que es el amor? Y si, Casanova y yo somos grande amigos, por lo que no me agrada que se dirija así sobre él— olvidándose de su plan de buscar bellezas se dispuso a seguir al joven para reclamarle por su palabrería ofensiva. ¿Por qué no le decía que él era el famoso "Casanova"?, simple: quería demostrarle que estaba equivocado y si se presentaba por quien era en realidad, no querría escucharlo.

Al parecer mucho más que usted. Un hombre que se oculta detrás de un antifaz no me parece alguien lo suficientemente razonable como para poder hacerme cambiar de parecer— ¿Por qué le seguía? ¿No tenía algo que hacer? Ya le caía mal, su tono de voz, creyéndose superior, su sonrisa deslumbrante que hacía creer que todo era verdad mientras saliera de su boca… era evidente que no sabía nada sobre el amor.

Bien, en eso tienes razón— se sacó su antifaz dejando mostrar sus ojos que se dirigieron inmediatamente a los verdes del menor. Por un segundo, el ojiverde sintió que le faltaba el aire y que sería capaz de hundirse en esas profundidades azules pero sacudió su cabeza para sacarse esas ideas, no era momento de dejarse llevar solo por una cara bonita. —Mi nombre es Alfred por cierto, ¿Cuál es el tuyo?

Arthur, y dime Alfred… ¿Por qué te ocultas? — una sonrisa burlona se hizo presente en su rostro— ¿Acaso tienes miedo que alguien se asuste al verte la cara y salga huyendo?

Haha, que gracioso. Pues no, Arthy… oculto mi rostro para que no me reconozcan, porque… ¿Te digo un secreto? ¡Soy un Héroe!

¿Arthy? ¿Quién te dio derecho a llamarme de esa forma, Git? — Frunció el ceño disgustado hasta que procesó el resto de la oración del mayor y no pudo evitar soltar una carcajada— ¿Héroe? ¿Alguien como tú? ¿Y Héroe de que, si se puede saber?

¿Cómo que de qué? ¡Héroe del amor, por supuesto! ¡Yo salvo los corazones de las mujeres! — exclamó con gran entusiasmo, que disminuyó al oír una nueva risa del mocoso a su lado.

Así que del amor… muy bien Héroe, ¿Puedes decirme el nombre de un hombre que sea capaz de amar a una sola persona hasta el punto de dar su vida por ella? Porque ese hombre, sería el único digno de que se le ame, ese hombre sería el único digno de que lo ame eternamente— inclinándose en forma de despedida se marchó doblando la esquina, dejando al rubio mayor con la boca abierta, totalmente sorprendido y parado ahí sin moverse. Luego de unos segundos se dio cuenta de su estado y sacudiendo su cabeza volvió a colocarse el antifaz, tomando el camino contrario para volver a su casa, se le había quitado las ganas de encontrar una mujer. Las palabras de Arthur se quedaron en su mente durante todo el recorrido; sonriendo sin darse cuenta, y pensando en lo interesante que era aquel joven. Quería verlo. Quería volver a conversar con él.

Quería conocerlo completamente.

-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-

¡Mattheeeeew!

Ese fue el grito que se escuchó por toda la casa una vez Alfred ingresó azotando la puerta. El nombrado, que no era otro que su hermano menor, solo suspiró acostumbrado a sus desplantes.

¿Quién te persigue ahora, Al? ¿El esposo enojado? ¿El padre posesivo? ¿O por fin te encontró esa mujer a la que dejaste en medio del antiguo castillo en ruinas y quiere vengarse? Ya te había dicho que dejaras de meterte con cualquier mujer…

¡No, no, no! ¡Nada de eso! ¡Y no me recuerdes a esa mujer! Aún tengo que cerrar mi cuarto con candado por si llega a ubicarme…— sacudió la cabeza y su cuerpo tembló al recordar la cara de la chica jurando que se las pagaría— más bien, quiero que me consigas una información…

¿Sobre qué? — inquirió levantando la ceja aprensivo.

Querrás decir "Quien" — aclaró sonriendo con diversión al notar como el menor ponía los ojos en blanco creyendo intuir lo que le pediría— y no, no es una mujer…

¿En serio? — cuestionó incrédulo. Alfred nunca se había interesado por nada que no tenga figura femenina. Entonces, ¿Quién sería?

Sí, ¿Es tan difícil de creer? — Hizo un gesto con la mano para callar el comentario que su hermano iba a hacer— no me respondas. Mejor, ayúdame. Necesito saber todo lo que puedas de un tal "Arthur"

Hermano, te das cuenta que hay miles de personas con ese nombre ¿no? ¿Cómo planeas que encuentre a alguien si…?

¡Shhhh! ¡Aun no termino! ¡Este Arthur es único! Nunca conocí a nadie con una cejas tan grandes, y que se atreva a decirme que el amor es solo para una persona ¿Lo puedes creer?

Sí, lo puedo creer. Pero, ¿no estarás exagerando un poco?

¡Para nada!

Ok, ok. Mmm… ¿De qué edad, más o menos? — se dirigió a una pequeña repisa en donde se encontraban una gran variedad de libros y comenzó a ojearlos distraídamente.

Yo le daría unos dieciséis años… tenia cabello rubio y ojos verdes, era muy delgado… y se atrevió a contradecirme, ¡Ja! ¡Ya verá! ¡Eso no se le hace a un Hero!

¿Un Hero?

Yes… él no sabe quién soy, le dije que soy el Héroe del amor, Magnifico ¿Verdad? ¡Ahora tengo dos apodos geniales! ¡Jajajaja!

Aja´, como digas hermano. ¿Algo más que añadir?

Mmm… llevaba un atuendo gracioso, y en la capa verde estaba la imagen de un conejo y un sol, ¿Eso sirve?

Mmm… no recuerdo conocer o ver a alguien con esas características…— siguió ojeando el libro tratando de hacer memoria hasta que al doblar la página, se topó con algo interesante—Bro, ¿La imagen tenia también una estrella y un circulo?

¡Sí! ¡Exactamente! ¿Cómo lo sabes?

Porque lo tengo justo aquí— alzó el ejemplar y le mostró el dibujo antes descripto que cubría toda una página— creo que ya sabemos quién es tu chico…

En el libro, la imagen tenía una breve reseña, en donde decía:

[La familia Kirkland, ha sido una de las familias más prestigiosas y antiguas del mundo. Con una descendencia masculina enfocada al cumplimiento de las órdenes religiosas. El Obispo, Auguste Kirkland, ha revolucionado el orden religioso desde hace varios años. Actualmente reside como miembro del Parlamento en Inglaterra, junto a sus cuatro hijos: William y Glen, en Escocia y Gales, respectivamente. Los gemelos, Alan y Bryan, nacidos en Irlanda. Y el menor de todos, y según se sabe, el heredero directo al puesto de líder del Parlamento, hijo de su segunda esposa, Arthur Kirkland. Remontándonos a los comienzos…]

¡¿Heredero directo? ¡Wow!

Hermano, ¿No entiendes lo que significa?

He… ¿No?

Arthur Kirkland es un noble, el hijo del Obispo, la máxima autoridad luego del Rey…

Imposible, ¿Por qué estaría alguien así por el pueblo? Y comprando un libro sobre amor… el Arthur que te digo debe ser otro, y la imagen debe ser solo una coincidencia…

Es probable— expresó Matthew guardando el libro donde estaba— Entonces, ¿Sigo buscando?

No, déjalo. Me diste una idea, se de alguien que seguro sabrá lo que quiero…

No iras a verlo a él ¿No?

¡Para nada, Matty! ¿Por quién me tomas? Jeje…

Alfred…

¡Me voy yendo, Bro! ¡Iré a ayudar a padre en el taller! ¡Bye!

¡Al!

Pero el rubio ya había salido por la puerta. Matthew rogaba para que no se metiera en problemas de nuevo, y posando un momento su mirada en donde había colocado lo que habían estado leyendo recién, se preguntó si cabía la posibilidad de que ese Arthur…

No. Imposible. Era mejor olvidarse de aquello e ir a limpiar un poco. Alfred volvería tarde o temprano, y comenzaría a incordiar, prefería soportarlo en un ambiente limpio a uno sucio. Sea dicho.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Fin de la Primera Parte

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Continuará…

Notas de Luni:

¡! ¿Entendieron algo? ¿Les resultó tan raro como a mí? ¿Les gustó? ¿Qué les gustó más? ¿Qué creen que pasará? ¡Soy toda oídos!

¡Nos vemos! ¡Cuídense! ¡Espero Reviews si les agradó aunque sea algo! ¡Byeeee!

PD: Solo queda un regalo, el más esperado. ¿Ya saben que es? ¡Les doy una pista más! TERROR, jaja, ¡Apuesto que ya lo descubrieron! ¡Estén esperando! ¡En un rato estará!

¡Ciao!