Cap. 1

Entre sus brazos

Se sentía muy cansada, no entendía porqué en ese mundo su cuerpo se sentía tan pesado y era más frágil que en otros, no sabía porqué estaba tan abatida. Dolor y cansancio. Unos brazos la rodearon y no logró comprender qué era lo que sucedía, una voz que se le antojó dulce susurró su nombre con preocupación, unas lágrimas mojaron su cuello y hombro ¿Quién la abrazaba? Logró percibir su frágil aroma, flores y dulces… Dulce… como ella. Recordó todo, la batalla y su misión. Tomó entre sus brazos a la chica sobre ella, eliminando cualquier intento de separación, simplemente quería tenerla cerca. Suspiró al sentir la respiración sobre su mejilla, abrió los ojos y miró con agradecimiento los de su compañera.

-Homura-chan…-susurró, sus ojos llenos de lágrimas reflejaron felicidad, una sonrisa se dibujó en su rostro. Akemi se sonrojó un poco, dirigió su mano a su rostro y borró los rastros de lágrimas.

-Estoy bien –dijo.- Ahora que te puedo ver y sé que sigues a mi lado. Esta vez no te perderé, me haré más fuerte – quiso decir. Se incorporó no sin cierta dificultad, las demás chicas suspiraron aliviadas al verla caminar. Todavía no se acostumbraba a pertenecer a ese grupo como una amiga más y no una enemiga o una rechazada. Hacía mucho tiempo que no se sentí a gusto estando con mucha gente.

-¡Bien! Terminaron con la bruja –dijo el pequeño incubador con su sonrisa habitual, miró a Akemi.- Tomen la semilla –dijo antes de saltar al hombro de Mami, como medida de seguridad al mirar la expresión fría de la chica herida.

-Tómala, Homura-chan –Madoka le tendió amablemente la pequeña gema negra, al ver cierta resistencia, la colocó en su mano y con una sonrisa la incitó de nuevo a utilizarla.

-Siempre cuidando una de la otra –dijo Mami con una sonrisa gentil.-¿Tomamos el té?

-¡Sí! Quiero un pastelillo también –exclamó Kyoko antes de tomar de la mano a Sayaka llevándola con ella, la chica rubia las siguió con una ligera risa.

-¿Vamos? –preguntó Madoka antes de tomar a Kyuubee en sus brazos. Homura asintió, miró amenazadora a la criatura, quien se excusó y huyó.- No te llevas bien con él ¿verdad? – caminó tras sus amigas.

-No tenemos una relación amistosa…-sonrió un poco, caminando a su lado, aguantando el dolor de los daños de la reciente batalla.- Madoka, no confíes en él ciegamente… No debes confiar en nadie al cien por ciento… Él nos manipula y las demás en cualquier momento podrían convertirse en brujas.

-Confío en ti ¿no debería?

Un silencio se estacionó entre las dos.- ¿Homura-chan? –recibió una sonrisa como respuesta, se sonrojó un poco antes de reír.- Sabes… siento que nos conocemos desde antes.

Una punzada palpitó en el pecho de la otra chica, nostalgia.- Debíamos conocernos –susurró.- Estamos destinadas a conocernos –la miró.- Somos mejores amigas ¿no?

-¡Sí!

Todas se divertían, tomaban té, comían bocadillos, reían, platicaban, jugaban entre ellas. Sayaka y Kyoko se miraban de vez en cuando, sin ser conscientes de ello. Madoka reía dulcemente ante todo, comía con lentitud el trozo de pastel en su rebanada. Homura le había procurado la rebanada que tenía una gran rosa de merengue. Se permitió ver con tranquilidad la escena frente a ella, una idea fugaz cruzó su mente: ¿Podía conseguir que fueran así por siempre? Conocía la respuesta de antemano; no, no podía. Pronto estaba en su solitaria habitación, acostada, mirando el techo, pensando en ella, siempre en ella. Concilió el sueño.

Lloraba con el cuerpo de Madoka entre sus brazos, ella la miraba con amor antes de recorrer con su mano sin fuerza el cabello oscuro, deshaciendo las trenzas. La mirada ahora era vacía. Despertó sobresaltada. –Una pesadilla…-miró por la ventana, aún estaba oscuro fuera. Tomó una ducha, dejando que el agua se llevara todo recuerdo triste. Se miró en el espejo, trenzó su cabello, no se reconocía; la mujer ante ella se veía frágil; no quería mostrar eso, quería ser una mujer que pudiera protegerla, una mujer que ella mereciera. Trenzó en una sola pieza su cabello, era extraño, mechones de cabello escapaban al agarre, se sintió bien, sonrió ligeramente ante su reflejo, acomodó el listón y salió al ambiente frío.

Caminó entre las calles, pensando en su plan; todavía no estaba definido. Sus pies la condujeron a un puente junto al camino que solía recorrer antes de llegar al colegio, se sentó en su orilla, mirando su reflejo en el agua. ¿En quién te has convertido, Akemi Homura?, se preguntó. Kyuubee apareció frente a ella, distrayendo sus pensamientos dispersos.

-Se acerca el gran día –dijo simplemente.

-No llegará –sentenció antes de apuntarle con un arma, mirada cansada.- No te la llevarás esta vez.

-No has logrado salvarla hasta ahora. No has podido ni siquiera hacer que me rechace –saltó esquivando un disparo.- Tu deseo es protegerla ¿no? Si lo logras no lograrías nada.

-¡Ha! No entiendes me deseo –se levantó.- No entiendes el corazón de una chica mágica. Eres tan estúpido cómo te sientes inteligente –disparó, gozando el ver su sangre y carne esparcirse en la madera. Apuntó al nuevo incubador.- Lárgate –disparó de nuevo, caminó sobre el cadáver y se dirigió al colegio.- Voy a cumplir mi deseo… Cueste lo que cueste…

¡Hola gente!

He vuelto con un nuevo fic que no será un one-shot como suelo escribirlos… todavía no sé cuán largo será pero a ver qué va surgiendo. Nunca en mi vida había pretendido escribir yuri… no soy escritora de yuri… peeeeero… caí en el poder del yuri de Madoka ¬¬ y el amor es el amor sin importa qué ¿no? =P Así que les traigo esta historia… que espero les guste y que sigan ^^ ¡Agradeceré reviews! Tanto buenos como malos :D Iré subiendo la historia conforme la vaya teniendo, disculpen si voy subiendo de poco en poco.