Los demonios. (Parte I)

-Si fuera tu, no me pondría la estola. -La mujer se toco la cicatriz en su cuello, entendiendo por qué la morena sugería no usar la estola.

-¿Y si me olvido? -Su voz tembló apenas cuando pronuncio esas palabras

-Lloro como bebe cuando vio tu corona y el triangulo del amor eterno -Kitsune se giro en la cama y quedo de lado- el idiota te ama... Inundara Crux cuando te vea delante de él. -Se levanto y le acomodo la chaqueta- Controla tu temperamento, puede que no veas a tu amado... Así que debes estar preparada para cualquier posible jugada por parte de ellos.

-Gracias por estar aquí ahora.

-Me caes bien, si no fueras quien eres y yo no fuera quien soy me hubiera gustado tenerte de amiga.

-En esta vida, solo seremos socias que esconden puñales.

-Mejor dicho imposible.

Fortaleza

-El mensaje decía que solo me reuniría con los miembros de Antares. -Elegante, de mirada intimidante y muy bonita... Tsubaki, tenia que reconocer que era la mujer ideal de cualquier algiedo desearía tener parada a su lado. Los ojos de Souma no pudieron evitar ir hacia la cicatriz que comenzaba a la derecha de la yugular subía hasta detenerse poco antes de alcanzar la carótida.

Suerte en su máxima expresión.

Sin la estola la cicatriz y el anillo desaparecido en Alshaim estaban visibles. Al parecer el príncipe de Antares si tenia buen ojo.

-¿Que le pasó en el cuello? -Shaka al fin hizo la pregunta que todos tenían en su mente. Shura había dicho que su esposa estaba muerta, sobrevivir a esa herida era casi milagro.

-Pregunta muy obvia ¿No lo cree? -Sus ojos eran feroces- fue el general Garuda de Elíseos ¿Donde están los representantes de Antares?

-El rey soy yo.

-Si, lo se, pero ellos tiene alguien que hace cinco años me fue arrebatado y lo quiero de vuelta.-Sus ojos fueron feroces- Alteza.

-Si eres...- Marín comenzó a hablar, pero la puerta se abrió dando paso a los de Antares. Tras ellos, estaba el rey de Algiedi... Quien se quedo tieso en su lugar cuándo vio a la mujer.

Egoístamente, deseó que alguien alguna vez la mirará con el amor que El Cid miraba a la mujer mientras estas con lagrimas en los ojos se acercaba a él.

-Milena... -De los ojos del hombre caían lagrimas, mientras acariciaba el rostro de la mujer. Sus ojos por un segundo se posaron en la cicatriz y luego volvieron a ella.- Mi hermosa flor de sakura. -Sonrió a medida que lagrimas caían- Mi Lena.

-Shura... -Sonrió, era una sonrisa tan hermosa que mas de uno le pareció imposible de encontrar en otro lado- mi amado demonio. Sabia que estabas vivo... -Lo abrazo con fuerza- Lo sabia

Esa misma noche.

Milo se movía de un lado hacia otro, no podía conciliar el sueño. No podía dormir, Shura tenia una deuda de honor con él y por eso le había solicitado permiso. Pero a pesar de ello, cuando el hombre le pidió permiso para ir con su esposa a Sakura. Le dijo que luego le daría la respuesta.

Quería por un lado decir que si... Pero el príncipe en él había dado un disimulado no antes que pudiera pensarlo. Recordaba a Sísifo asintiendo disimuladamente, como aprobando el que apartará a la pareja. Entendía el por que, Shura era la única cadena con la que podrían obtener cualquier cosa de la ciudad de Sakura y obtener algún aliado a la hora de negociar con Crux en el futuro.

-Me siento horrible.

Bosque.

-Mi hijo -El pequeño retrato estaba hecho dentro de un pequeño rectángulo con tapa. Un retrató pensado para ser llevado de un lugar a otro. -No puedo creer que por fin pueda verle.-No puedo creer que exista.- Supongo, que algo he hecho bien, para gozar así de la piedad de los dioses.

-Es inquieto, no se queda en un mismo lugar mucho tiempo. -Rodeo con sus brazos la cintura de Shura y recargo su cabeza en el pecho de él- es igual a ti, solo que tiene mi cabello...me hizo tener fe todos los días... Pensé que los dioses me daban una señal a través de él -Estaban en medio del bosque, Shura con la espalda recargada en el árbol y ella ahí... Parada delante de él, disfrutando del sonido se sus latidos. -nos están observando.

-Ni un momento de paz, podemos tener -Dejo salir lentamente el aire de sus pulmones y observo de nuevo la imagen iluminada por la luna- Milo, como suponía, dijo que no... No literalmente... Pero no tengo su permiso.

-Si te hubiera dicho que si, era mas estúpido de lo que podría llegar a aparentar. -Sus ojos tuvieron un peligroso fulgor- Da la orden... Y serás libre, pero si me preguntas... No estoy de acuerdo con que lo hagas.

-Ya he derramado mucha sangre... -Supongo que por ello, los dioses me compensaron con la vida de ustedes dos.

-¿Tu demonio interno ha perdido el gusto por la sangre? -Sonrió- o el chico goza de lo que muy pocos podemos disfrutar... -Shura esbozo una sonrisa que ella conocía muy bien- como El Cid desee... Hare correr la voz, que es tierra prohibida.

-Hablando de tierra prohibida. -Deslizo su mano libre por debajo del abrigo de ella. Donde ningún ojo podría seguir su movimiento, solo imaginarlo.

-Llevo cinco años esperándote…-ronroneo para él- pero hay muchos ojos...

-Veamos si ellos pueden correr al ritmo de dos demonios.

-Procura, ser capaz de correr a mi ritmo o te dejare atrás.

Campamento León.

Se les habían escapado en sus narices. Había hecho vigilar a Shura desde el primer momento, hasta entonces el hombre había sido de lo mas común. Comenzó a creer que todo lo que Izo había dicho alguna vez, fue influenciado por sus ojos de hermano menor. También estaba lo que sus propios soldados, una buena cantidad ex soldados del ejército Algiedo, habían susurrado con respecto a su rey.

Temible guerrero.

El maestro de las espadas.

El gran genio táctico.

El demonio del desierto.

Ella le había llamado, su demonio... Luego de que se supo de la reina Algieda, también habían comenzado otros susurros... El demonio de Algiedi, se había casado con el alacrán rojo...Y según tenia entendido, por cortesía de Tsubaki, ese era el otro nombre que recibía Red Inmortal.

Se llevaba bien con los soldados, así que estos solían contarle mas de lo que muchos creían. Había hecho sus propias averiguaciones... Shura había dicho que era teniente, jamás agrego que era el teniente del decimo escuadrón especial algiedo: "Ashuras".

Temidos dentro y fuera de Algiedi

15 soldados y un teniente al mandó.

El rostro de Izo, cuando era mas joven, se iluminaba cuando hablaba de los "Demonios de Algiedi". Recordaba que una vez este había mencionado que su sueño era ser uno de esos demonios y pelear bajo el mando de su hermano.

Lo que mas le aterraba era una cosa: Mao literalmente rey demonio. Así apodaban al El cid Shura, la política de no prisioneros había venido de los labios del entonces príncipe heredero.

Mata a todos tus enemigos, no dejes ninguno vivo.

El príncipe Milo de Antares tenia al terror de Elíseos y Reino del Mar bajo sus narices, pero no lo sabía y si lo sabia fingía ignorancia.

Shura parecía un tipo común y corriente, lo que menos pensarían que literalmente era un demonio.

-Aunque siempre exageran... Debe ser una exageración -Yo se de rumores exagerados mejor que nadie.

Estoy marcado por ellos.