N/A: Este fanfic es una traducción del original Stages of Hope de kayly silverstorm. La trama del fanfic va igual que la original de J.K. hasta la boda de Bill y Fleur, de ahí en adelante todo está cambiado.
Espero les guste, y si es así déjenme saberlo en los comentarios c:
Disclaimer: Los personajes son propiedad de la genial J.K. Rowling.
Editado: 13 de julio de 2016.
Capítulo 1
En lo profundo de las bóvedas de Gringotts, Harry Potter y Hermione Granger luchaban contra un dragón.
Las cosas no iban muy bien pero eso era tan común en esos días que apenas los preocupaba. Muy ocupados como para preocuparse, de hecho.
Mientras Hermione mantenía erguido un escudo contra el fuego del dragón, Harry Potter, líder de la considerablemente patética resistencia contra Voldemort estaba siendo vencido por un candado.
Un candado medieval para ser precisos pero estaba hecho por duendes y era endemoniadamente terco.
-No puedo mantenerlo por mucho tiempo. -Hermione gritó, su escudo despareciendo bajo el fuego de las llamas.
-Nada funciona, -gritó él en respuesta. -¿Quieres intentar?
Ella asintió y cuando el estúpido -y enorme- dragón tomó aire, ambos intercambiaron posiciones con la facilidad que la práctica les concedía.
Aunque no ayudó en nada.
Ella golpeó el candado con cada hechizo que Flitwick, Bill Weasley y la biblioteca de Hogwarts le enseñaron. El metal ardió con la ráfaga de hechizos pero la bóveda de los Lestrange siguió cerrada, ¡malditos duendes!
El escudo de Harry seguía resistiendo pero incluso él no podía mantenerlo para siempre, y ella podía oír los sonidos de la batalla acercándose. Luna y Neville eran un excelente equipo, y en los angostos túneles dos personas podían pelear contra un gran número y ganar... por un tiempo limitado.
-¡Tienes que usar fiendfyre! –Gritó Hermione.
Muy apenas podía escuchar su propia voz sobre el rugido del dragón pero Harry entendió perfectamente.
-¡No sabemos qué hay adentro de esa bóveda! –Contestó gritando.-Podríamos empezar una cadena en reacción mágica…
-También podríamos ser asesinados por un dragón, ¡y muy pronto debo agregar!
Harry dudó. Hermione sabía que estaba considerando alternativas y dándose cuenta que no había ninguna. Ella observó su cara endurecerse y supo que concordaba con ella.
-Cambio de posición… ¡ahora! –Ella gritó y una vez más irguió un escudo mientras Harry dejó caer el suyo.
Fue más difícil esta vez y sintió la fuerza del ataque del dragón en cada hueso. No podrían resistir mucho más. Al menos Neville y Luna seguían vivos, y acercándose a cada minuto por lo que oía…
Entonces sintió la atmósfera cambiar, su propia magia gritando en el aire, y supo que Harry estaba usando fiendfyre.
El dragón paró su ataque –tal vez incluso él estaba sorprendido por su osadía-, Harry gritó en triunfo, la puerta de la bóveda se abrió, algo explotó…
Y Hermione es estaba ahogando en magia.
Mientras tanto, en un mundo muy parecido y aun así fundamentalmente distinto, dos amigos estaban sentados hablando dentro de las fuertes paredes de Hogwarts, calentados por un animado fuego y el flujo de su conversación. Era una vieja costumbre de ellos, el sentarse de esa manera, la familiaridad de la situación conectando a los chicos que se habían convertido en hombres.
El reloj los despertó de su plática y, aunque ninguno de los dos sentía la más mínima inclinación a enfrentar el invierno escocés en medio de la noche, el deber es deber, e incluso un Slytherin no podía ignorarlo siempre.
-Es tu culpa-, Severus Snape acusó a su segundo más viejo amigo mientras se ponía una gruesa y negra capa y una bufanda verde. –Yo quería tomar el turno de otoño pero no, tú estabas demasiado ocupado persiguiendo a esa mujer y ahora nosotros tenemos que caminar penosamente a través de esta maldita helada en vez de emborracharnos.
Su compañero sonrió, dientes blancos brillando en una cara que era considerada como "soñada" por la mayoría de la población femenina de Hogwarts.
-¿Celoso Snappy?- Preguntó.
-No me digas así. –Snape dijo, pero la demanda carecía de convicción. Este intercambio era tan viejo como su amistad e incluso el cabeza-dura de Severus se había resignado a perder este encuentro desde su niñez.
-Oh, pero tú lo amas, yo sé que sí…
-Cállate Fluffy, o te arrojaré a Lily. –Severus suspiró, apagó las velas y dirigió un pequeño maleficio irritante hacia su amigo para hacer que se siguiera moviendo.
Él simplemente lo desvió de su curso, no esperando menos de Severus después de tantos años.
-Te estás haciendo lento.- Se burló. –Creo que tanta investigación y logros científicos no te sientan bien.
Severus solo rió.
-Te refieres ¿a comparación con vivir con cientos de estudiantes en un viejo y húmedo castillo? No, muchas gracias. Si hay una sola cosa que me reduciría a ser un viejo miserable sería ser maestro.
-Enseñar es adorable.- Su amigo discrepó mientras atravesaban los silenciosos corredores y se dirigían al resplandeciente frío de Escocia en diciembre. –Solo tienes que mantenerlos interesados, es todo.
-¿Y cómo haces eso? –Severus arrastró las palabras. -¿Mostrando tu reluciente sonrisa a las chicas y presumiendo tu placa de auror a los chicos? Un trabajo exhaustivo, debo decir.
Esta vez el maleficio estuvo dirigido a Severus, pero lo bloqueó con facilidad mientras regresaba su atención a la tarea que tenían entre manos. Últimamente no había amenazas contra el castillo y las barreras eran más fuertes que nunca; sin embargo, la última barrera construida de Hogwarts tenía debilidades, y una de ellas era en el borde del Bosque Prohibido.
Así que no importaba que fueran la institución mágica más vieja de Europa, con uno de los hechiceros más poderosos de todos los tiempos; había que patrullar. Incluso en medio de una helada.
Severus suspiró, luego diligentemente realizó los encantamientos de localización y detección que eran parte del trabajo, y usó el tiempo para pensar en un inteligente plan para, de alguna manera, meter nieve en el cuello de su amigo. ¡Ah! Las simples alegrías de la escuela.
Sin embargo, los resultados de los encantamientos mandaron esos pensamientos fuera de su cabeza.
-Dos intrusos -, susurró, sus ojos escrutando la oscuridad.- Deberían de estar a la izquierda, ¿podrías…?
-En ello, dame un momento.
Severus lo siguió lentamente, un escudo listo para ser activado en la punta de su varita. No era un mal duelista, pero carecía de la experiencia de su amigo, y no sería tomado por sorpresa. No obstante, nada pasó.
-¡Oi! ¡Severus, por acá!
Sin apodo, sin alguna broma. Severus apresuró sus pasos hasta que, una vez más, estuvieron lado a lado.
Estaba mirando a los cuerpos inconscientes de un hombre y una mujer, ambos no podían ser mayores de veinte años. Estaban acostados cerca del otro, sus extremidades enredadas al azar entre ambos, sus caras cubiertas de suciedad y sangre; a pesar de todo lucían en paz. No había señal de cómo habían llegado ahí, ni rastro de otro intruso, como los frenéticos hechizos de Severus lo confirmaban. Se agachó, tomó las varitas de sus manos, las guardó en su bolsillo y se permitió a sí mismo observarlos detenidamente.
Estaban vestidos completamente mal para la temporada, fue lo primero que notó. Ambos usaban lo que parecía ser una especie de camisetas rasgadas y suéteres, una capa encima de otra, el brazo derecho de la chica estaba desnudo a excepción de una funda para varita, y los pantalones del chico eran de un material delgado más apropiado para verano. También su cabello estaba quemado, muy quemado.
Y el chico tenía la espada de Gryffindor, la mítica arma que era protegida por el mismísimo fénix de Dumbledore, en su cadera.
-Huh-, dijo Severus, aliviado que solo su amigo presenciara la expresión en su cara.
Y Sirius Black, Jefe de la Casa de Slytherin, profesor veterano de Defensa Contra las Artes Oscuras, y compañero en crimen de Severus Snape, encontró los ojos de su amigo con idéntico shock reflejado en ellos, su amigable broma olvidada en presencia de este misterio.