Disclaimer: YOI no me pertenece. Si fuera mío el JJBek hubiera sido canon desde el capítulo 2 para no quitarle protagonismo a Vitya y Yuuri (?)
Advertencia: este fic contiene contendrá BL, yaoi, violencia, angst y una que otra mala palabra junto con temas subidos de tono. Si te sientes incómodo/a o no te gusta la temática, eres libre de cerrar esta pestaña y buscar algo más acorde a tus gustos para leer! Rated M para el futuro aunque comenzaremos suavemente.
Tu nombre y el mío
Las despedidas siempre habían sido difíciles, una de las peores cosas que había hecho en su corta vida. Primero había tenido que decir adiós a la pista en Almatý y también a toda su familia para ir a terminar con un tutor en Moscú. Su familia era lo que más le dolía dejar, pero tal como su primer entrenador le había dicho a sus padres, en Kazajistán no tendría suficientes oportunidades de crecer, su potencial se vería destruido si no comenzaba desde pequeño aprendiendo bien y con los mejores, y a pesar de todo lo que pudiera pensarse, tenían que reconocer en qué lugar se encontraban tanto los entrenadores como las escuelas de patinaje de mayor prestigio.
Así fue como terminó en Rusia. Pero había resultado evidente luego de ese campamento de verano, que no podría seguir el ritmo de ellos con lo respectivo al ballet y finalmente habían decidido por el bien del menor que debía probar suerte en el otro continente. Tener que cruzar el mar fue demasiado pero lo soportó todo con su usual estoicismo. Lloró por supuesto, pues todavía no había alcanzado el grado de control de sus emociones que tendría años más tarde, pero sí pudo sobreponerse llevando en su memoria a todas las personas que quería y que habían sido importantes para él, incluso ese niño ruso con el que sentía que tenía una conexión especial desde que lo había visto en los entrenamientos.
Luego de llegar a América, con un corto paso por EEUU, el último destino fue Canadá. Tenía el apenas 13 años y unos cuantos meses cuando se decidió que allí se quedaría y que era el lugar correcto. Lo inscribieron en una de las escuelas de la ciudad para que no dejara de lado sus estudios y comenzó a practicar en una de las pistas allí disponibles, además de que apenas tuvo la oportunidad ingresó al club de patinaje del colegio. Todos los norteamericanos que se convertirían en sus compañeros de estudio desde ese momento eran algo especiales con respecto a él, pero Otabek lograba darse a respetar a pesar de ser el extraño chico nuevo de un país que al parecer ninguno de esos otros mocosos conocía.
Hasta que llegó él, como un torbellino. La primera impresión que le dio no fue buena, pero Otabek no solía juzgar en base a tan pocas pruebas así que esperó pacientemente a poder conocerlo un poco mejor. Y logró hacerlo. Estaban juntos como los únicos dos hombres en el club de patinaje aunque Altin intentaba a toda costa no entablar muchas conversaciones con sus compañeros, más por timidez que por otra razón.
El kazajo era bueno observando. Y de ese paciente estudio de sus cercanos su atención terminó por dirigirse al único otro competidor que tenía en el mismo colegio, de hecho estaban en el mismo curso por razones que Otabek desconocía, a pesar de que el otro tenía ya un año más que todos. Fue un día sorprendente cuando pudo notar que el chico que parecía el más ruidoso del salón de clases y también de los entrenamientos, era en realidad un alma solitaria. Leroy aparecía siempre unido a todas las actividades extra curriculares que existían en el colegio, con el ánimo de siempre y el optimismo en el aire, pero su forma de hablar solía molestar a otros por su tendencia al egocentrismo, creando sin querer un muro entre él y el resto del mundo.
Otabek pudo notar incluso que jamás llevaba amigos a su casa, y tampoco parecía comer con alguien en particular. Solía perderse luego de negar amablemente el compartir la hora de almuerzo con alguien más, y Altin entendería tiempo después de su pacífica observación, que el canadiense lo hacía porque solían pedirle comer con él más de una chica a la vez y se sentía mal aceptar a solo una y terminaba por negarse a todas. Eso claro, no caía nada bien en el grupo masculino del curso que le había cerrado la puerta hace tiempo a la joven promesa del patinaje.
–Eres kazajo, ¿Cierto? Las chicas me dijeron que venías de Siberia pero estoy seguro de que escuché al entrenador mencionar otro país –comentó con su usual sociabilidad incomprendida el mayor de ambos.
–Sí –fue toda la respuesta que le dio el chico.
–¿Cómo es ese lugar? Estuve buscando en internet el otro día y parecía que habían sacado Astaná de una película de ciencia ficción –la risa del canadiense era contagiosa pero no lo suficiente para hacer sonreír al niño que lo miraba sin entender por qué insistía en hablarle tanto–. Me agrada que estés aquí, soy el único que patina en el colegio y como todos prefieren otros deportes no son muy abiertos a hablar del tema, aunque los he invitado hasta a mis presentaciones –continuó con su charla el chico que había tomado asiento en la silla que quedaba justo frente al pupitre del kazajo.
¿En serio se había dedicado a buscar en internet antes de poder hablar con él? Pensar en eso hizo que la boca de Altin se curvara ligeramente hacia arriba. Lo que generó un alboroto de parte del otro patinador que se levantó de un salto de la silla.
–¡Lo sabía! ¡Puedes sonreír! ¡Nadie puede resistirse a mi JJ style! ¿Quieres que seamos amigos? Será divertido –los ojos de cachorro que parecían haberse iluminado en el mayor le hicieron pensar a Otabek que estaba tratando con un perro. Y la sola semejanza le hizo soltar una risa algo seca y gastada porque no solía hacerlo.
–Otabek Altin –se presentó aunque resultó ser innecesario pues Leroy le dio una charla de al menos cinco minutos de cómo es que se había enterado de su nombre. Detallando que había escuchado de él cuando lo presentaron en el club de patinaje escolar y que desde entonces le seguía la pista por esas semanas que ya llevaba en ese lugar.
–Pero bueno, como decía. Es un placer que nos conozcamos, ¿Sabes? Soy más divertido de lo que parezco –el chico le guiñó el ojo haciendo que Otabek se sintiera ligeramente inquieto aunque no lo demostró.
–Gusto en conocerte, Jean –respondió al fin aceptando la mano que el otro le había extendido y que había dejado colgando entre ellos.
JJ no pudo estar más sorprendido ni más feliz cuando escuchó su nombre de la boca de ese otro niño. Todo parecía ir perfecto. Era en definitiva el primer amigo que podía contar con los dedos de su mano y esperaba no fallar estrepitosamente en el camino.
Notas Finales:
Estaba un día yo intentando decidir entre el Pliroy y el Otari y terminé en el JJBek o Jabek para los amigos, preguntándome junto con una amiga como podrían calzar estos dos luego de la mirada de odio profundo que le dedicó Beka al canadiense antes de su gran caída.
Este fic nace como un intento de explicar la relación de estos dos y probablemente no tendrá mucho sentido en principio pero es para llenar todos los huecos que nos dejaron sobre estos personajes que poco aparecieron pero que varios apreciamos con todo el corazón. El fic seguirá una línea temporal hasta toparse de lleno con el anime, y en este primer capítulo como habrán podido notar, en teoría Otabek tiene 13 años y JJ 14 a su haber.
Muchas gracias por leer hasta aquí, esta historia fue beteada por Maiev-S a quien agradezco su tiempo y ayuda para hacer que esto tuviera sentido no solo en mi cabeza.
Se agradecen los comentarios/críticas constructivas/galletas y hasta tomates siempre y cuando los pueda usar para algo útil.
Saludos!