Hola a todos!

Les traigo un nuevo cap, un poquito ligero, aunque también Endymion va comprendiendo un poco la magnitud de lo que siente. Espero que les guste

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Capítulo 9. Revelaciones.

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Aquella noche, como raramente pasaba en el recinto, todos los Chiba que residían ahí, se habían reunido para cenar, todos a excepción de Darien, quien Artemis vio con disgusto que no estaba para la cena nuevamente.

Darien comenzaba a preocuparle seriamente, no solo porque temía que se metiera en problemas, sino también porque le preocupaba el hecho de que arruinara sus planes de tregua con los Tsukino.

El clan necesitaba aquello; un aliado incondicional. Y estaba convencido de que los Tsukino eran los indicados.

Era bastante consciente de que con todo lo que había pasado, varios miembros del clan no confiaban en los Tsukino, en especial Darien. Pero Artemis conocía demasiado bien el poder de los lazos para justificar el actuar de Andrew y de Lita, así que si, él estaba dispuesto a obviar aquello con tal de conseguir aquella alianza.

Además de todo, con la unión de Lita y Andrew, de Usagi y Mamoru y próximamente Endymion y Serenity los lazos entre los ambos clanes serían más fuertes que nunca y aquello sería un beneficio innegable para ambos clanes, justo lo que estaban necesitando.

―¿Alguien sabe dónde está Darien? ―preguntó Artemis con un gruñido.

―No ―fue la escueta respuesta de Zafiro, quien se encontraba a su derecha. Endymion que estaba a su izquierda, se limitó a negar con la cabeza, mientras aquella extraña expresión seguía dibujada en sus facciones cinceladas.

No comprendía lo que le ocurría a Endymion, pero lo cierto era que había estado aún más reservado de lo usual. Parecía pensativo y un poco renuente también.

―Endymion ―Artemis llamó mientras la cena era cérvida ―, ¿has concretado ya una fecha? ―preguntó sin entrar en detalles, Endymion sabía perfectamente de lo que le estaba hablando.

Sabía que Endymion había conocido a la hembra, no de labios de él, por supuesto, simplemente le había avisado aquel día de su visita al recinto de los Tsukino, pero después, al volver, no había hablado nada al respecto, ni siquiera había mencionado nada acerca de aquella entrevista.

Y todo lo que sabía era a manos de Haruka; ambos se habían conocido ya, y por palabras del líder Tsukino la muchacha parecía asustada con Endymion, lo que no era bueno, por supuesto. Pero Artemis tenía esperanza que a pesar de eso, la unión se concretara pronto.

―No, todavía no ―contestó Endymion sin más, su mirada perdida en el plato frente a él.

Aquello extraño a Artemis, consciente de que Endymion había estado ansioso por esa alianza, pues aquella unión con el clan Tsukino significaría una enorme ventaja contra los Black, quienes se habían vuelto indiscutiblemente un posible problema. Y Endymion estaba al tanto de aquello.

―¿Estas esperando algo en específico? ―preguntó como cualquier cosa, mientras él también fingía concentrarse en los alimentos frente a él.

―No ―dijo Endymion con dureza ―. Mañana la visitare nuevamente y quedara programada una fecha ―aseguró sin más nuevamente, para acto seguido comenzar a comer, sin siquiera mirarlo.

Artemis supo que algo extraño estaba pasando con Endymion y aquello lo disgusto intensamente, pues ya tenía suficientes problemas de los que ocuparse con Darien como para agregarle uno más.

Pero a pesar de eso, no dijo más, simplemente se dedicó a observar a Endymion un instante, quien estuvo silencioso en todo momento y lanzaba vagas miradas de vez en cuando a Usagi y Mamoru, quienes llamaban la atención de sobre manera.

El clan había aceptado relativamente bien a Usagi, aunque Artemis había hecho varias concesiones, por llamarlo de algún modo, a algunos miembros del clan, relegándolos a vivir en los recintos aledaños.

El recinto principal había quedado habitado exclusivamente por la primera línea de sangre, los Chiba, y algunos miembros de la segunda línea, los Kou y algunos Hino y Kino, estos eran pocos ya que la mayoría se había instalado desde hacía mucho en las zonas aledañas, el recinto solo contaban ya con los más jóvenes. Y todo eran machos solos.

El recinto de Metz, ubicado solo a algunos metros del recinto principal, era un lugar especial para los machos solos que pertenecían a las demás líneas de sangre, quienes estaban dispuestos a luchar, de alguna manera, eran los guerreros del clan y se reunían cuando algún hecho importante lo requería, como había pasado en ocasiones pasadas.

Poco después de la cena, comenzaron a disiparse rápidamente los pocos miembros, dispuestos a realizar sus diversas actividades mientras la noche aún prevalecía, hasta que finalmente simplemente se quedó Mamoru y Endymion, incluso Usagi se había disculpado y retirado.

Artemis se levantó, se despidió de los hermanos y salió del comedor también.

Habían pasado cerca de treinta minutos cuando Artemis paso por uno de los salones, uno pequeño donde había una enorme televisión, aquel lugar había servido para los Chiba cuando eran más pequeños, habían conversado y reído ahí, todo por insistencia de su madre.

La voz de Endymion llamo su atención, sorprendido por que estuviera en aquel lugar, dio un par de pasos acercándose, pero las siguientes palabras de Mamoru lo detuvieron.

―¿Quieres decir que te has vinculado a una hembra?―preguntó sorprendido Mamoru. La sopresa golpeo fuertemente a Artemis, pues aquello sí que era un contratiempo.

―Claro que no, idiota ―dijo molesto Endymion ―, ni siquiera sé si aquello se le pueda llamar vinculo o de ninguna otra forma, es solo que ella es… extraña―agregó pensativo, con cierta reticencia.

―Usagi hizo algo extraño en mi ―dijo con una sonrisa Mamoru, con la satisfacción saliendo en su tono de voz.

―No creo que lo comprendas ―expresó exasperado Endymion ―, es algo que no esperaba, un impacto inapropiado, una sensación de… ―se quedó callado, dejando las palabras al aire.

―Tal vez ella sea la elegida para ti Endymion, como mi Usagi es para mí ―opinó Mamoru encogiéndose de hombros de manera despreocupada.

Aquello preocupo seriamente a Artemis, pues aunque en un principio lo deseo, no hubiera esperado aquello, no cuando había deseado un enlace con la heredera Tsukino. Era extraño como después de tantas décadas de no haber aparecido ningún lazo, de pronto los lazos comenzaban a formarse solos. El destino tenía una manera muy extraña de actuar.

―No es lo mismo ―exclamó Endymion impaciente ―, a mí no me agrado lo que sentí cuando la mire por primera vez, fue muy extraño y por supuesto que no es un lazo de ninguna manera ―gruñó.

Mamoru exploto en una sonora carcajada, ganándose una mirada ceñuda de su hermano.

―A mí me fascino ―dijo con regocijo Mamoru ―, pero vamos, cada uno es diferente. Ahora dime ¿Quién es la hembra en cuestión? ―

Artemis cerró los ojos esperando la respuesta.

―No la conoces ―dijo sin más Endymion, levantándose con pereza de su lugar.

Con un fuerte suspiro, Artemis dio un paso al frente consciente de que sería descubierto si Endymion trataba de salir de la habitación.

―Qué bueno que te veo Endymion ―Artemis fingió sorpresa por encontrarlos ahí, y Endymion se tensó por completo, desconfiado ―. Quería informarte que he hablado con Haruka, le he avisado que mañana le visitaremos ―informó poco convencido. Ya no tan seguro de querer obligar a Endymion a aquel enlace ―, tengo mis reservas en lo que se refiera a los Black y cuando esto quede acordado será más fácil para todos.

Endymion asintió frunciendo el ceño, pero antes de salir de la habitación volvió a asentir, sin decir absolutamente nada.

Artemis no estaba muy seguro de su actuar. Siempre había deseado amor para sus sobrinos y ciertamente estaba bastante satisfecho con saber que Mamoru lo había encontrado, mucho más que eso, había encontrado a su compañera ideal. El problema radicaba en que si Endymion también lo encontraba, ¿Quién demonios desposaría a la heredera Tsukino?

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La luna llena se alzaba radiantemente en el firmamento, dando al pequeño jardín un aire majestuoso. Serenity inhaló profundamente intentando llenar sus sentidos de las perfectas y suaves aromas que perfumaban el ambiente.

Los últimos días su mente no colaboraba a decir verdad, estaba muchísimo más tranquila después de que Endymion no había regresado en casi dos semanas, y con el paso de los días se había ido tranquilizando considerablemente.

Aunque si era honesta con ella misma, una pequeña punzada de decepción la recorría, aún no comprendía por qué, pero se sentía extrañamente decepcionada, incluso aburrida en los últimos días.

Su hermano Haruka no había dicho absolutamente nada al respecto, y ella no había tenido el valor de preguntar qué era lo que pasaba.

¿Acaso Endymion se había arrepentido después de conocerla?

No era que aquello no le diera tranquilidad, hasta cierto punto.

Porque definitivamente ella no sabía si algún día podría haberse acostumbrado a él y a su personalidad tan avasalladora, era simplemente que él era demasiado… hermoso, tal vez no era la palabra para describirlo, porque aunque era en extremo bello, su porte tan intimidante no dejaba lugar para aquella palabra, para ella bello y hermoso siempre había sido para algo tranquilo, apacible. Pero él era hermoso… con un toque de fuerza y superioridad.

No estaba segura, solo sabía que la decepción no la dejaba tranquila en los últimos días, y por extraño que pareciera deseaba volver a verlo, aunque solo fuera un instante, para asegurarse que no era ni hermoso ni bello, para convencerse de que estaba equivocada.

Tenía la loca idea de que quizá, si lo volvía a ver, se diera cuenta de que no era para nada como le había parecido aquella primera vez que lo había mirado.

Pasó gran parte de la noche ahí, observando las flores, disfrutando del aroma. Había estado tentada un par de veces en correr a la biblioteca, pero no había tenido el valor, tenía miedo de imaginarlo ahí, mirando por la ventana nuevamente. O tal vez era miedo a no mirarle ahí, no estaba segura.

Finalmente, cuando el sol comenzó a despuntar en el horizonte, ella entro al santuario, dirigiéndose sin pensar a su habitación, como cada noche.

Se sentó en el elegante tocador, comenzando a cepillar sus cabellos cuando Luna entro con una sonrisa en los labios y movimientos rápidos. Luna era sí, siempre moviéndose por todos lados, siempre ocupada con alguna nueva tarea autoimpuesta.

Serenity sabía que era normal, Luna se encargaba del santuario y manejaba que todo estuviera ordenado y a tiempo, y también sabía que si aún cuidaba de ella era meramente por el cariño que le tenía, porque Luna apenas si tenía tiempo de nada.

―Pareces preocupada ―dijo Luna sin si quiera mirarla, estaba sacando un camisón de la cómoda.

―¿Crees que si aquel enlace con los Chiba no se hace, signifique el fin de los Tsukino? ―preguntó sin mirarla, mirando su reflejo en el espejo.

―Claro que no ―dijo la mujer con dureza ―, tu hermano encontrara una forma de solucionar todo. ¡Siempre lo hace! ―

Serenity estuvo tentada a decirle que no podía arreglar lo que ella estaba sintiendo, mucho menos explicar por qué comenzaba a sentirse de aquella manera, pero en cambio dijo.

―Tienes razón ―indicó ella con un fuerte suspiro. Sabía que el clan Tsukino era bastante pequeño, mucho más que los Chiba y los Black, solo que aquel asunto aún era desconocido por los demás clanes, sabía que de ser así, hacía mucho que habrían intentado terminar con ellos. Y a pesar de saber todo aquello, no era precisamente eso lo que la tenía expectante e inquieta.

―¿Comienzas a sentir curiosidad por los machos? ―preguntó de pronto Luna, girando el rostro para mirarla finalmente, sin poder evitarlo, Serenity abrió los ojos sorprendida por las palabras, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban violentamente―, porque si es así, puedo traerte a Jedeite, el respondería a tus preguntas si tienes pudor de hacerlo con tus hermanos.

Luna le ofrecía respuesta de uno de los mozos de más confianza del santuario, Jedeite compartía tareas con Luna, él se encargaba de que todo estuviera en orden junto con Luna.

Había mozas y mozos, en su mayoría humanos que trabajaban y realizaban diversas actividades en el santuario. Haruka se había encargado de dar refugio a quienes lo habían necesitado, pero a cambio jamás podrían salir del santuario. A pesar de eso, ella sabía que ellos vivían felices ahí, sirviendo y en ocasiones, también alimentando a los de su especie.

―No Luna ―dijo en un susurro, completamente avergonzada ante la sugerencia de Luna. Y ciertamente ella no tenía curiosidad por los machos.

―Pareces ansiosa desde que conociste a ese macho ―señaló Luna con un respingo mientras regresaba a su labor, que en aquellos momentos era acomodar la cama para que ella se acostara dentro.

―No lo estoy ―mintió con poca convicción mientras se desnudaba lentamente frente a Luna, al quedar completamente desnuda a excepción de las pequeñas bragas, se metió dentro del pulcro camisón que ella le ofrecía, para después meterse dentro de la cama.

Luna se despidió solo unos segundos después y ella aun tardo largo rato en poder conciliar el sueño. Sus pensamientos fueron invadidos por él, demorándose largo rato en sus bellos ojos zafiros y en la extraña sensación que había sentido al mirarlo por primera vez. Después de todo, tal vez Luna no estaba tan errada, ella si sentía curiosidad, aunque solo fuera de un macho en especial.

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Cuando Endymion y Artemis salieron del recinto era cerca de la media noche. Endymion se sentía sumamente inquieto, pues temía lo que sentiría al volver a ver a la menor de los Tsukino. Lo cierto era que comenzaba a preguntarse si no estaría equivocado, si no habría visto cosas donde no las había.

Las palabras de Mamoru todavía revoloteaban en su mente, él estaba convencido de que no, su hermano no podía tener razón, no había gozo en lo que la hembra había provocado en él, por el contrario, se había sentido extraño, inquieto.

Además de todo, él no se podía imaginarse de aquel modo, no podía dar todo por una hembra como Mamoru lo venía haciendo en los últimos días. Si, su hermano era feliz pero por que había algo mutuo, aquello que compartían era extraño, un complemente perfecto.

Pero lo que él había sentido no tenía nada que ver con aquello, era diferente. No iba a negarlo, la hembra era sumamente hermosa, y había mucho más, su porte y su faz eran perfectos, tan perfectos como él jamás había visto en una hembra.

De pronto una certeza se adueñó de él, después de todo no supondría un gran sacrifico tomarla como su compañera. Ella era hermosa y si lograba definir lo que había sentido cuando la había mirado por primera vez, se sentiría mejor, y podría manejarlo adecuadamente.

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Serenity suspiro con pesar, nuevamente huyendo, se reprendió, pues no había tenido el valor de entrar a la biblioteca una vez más. No comprendía con exactitud el motivo.

Cada vez estaba más convencida de que todo lo que había sentido era simplemente producto de su fértil imaginación, que él no había sido tan impresionante y que ella no había sentido todo aquello.

Se dijo que había sido simplemente producto de su mente ansiosa.

Se recargo contra una de las columnas de jardín, las luces habían sido encendidas, aquel día estaba ligeramente nublado y la luna ni las estrellas habían hecho su aparición. Con un fuerte suspiro cerro los ojos y entonces aquella sensación la invadió.

Inmediatamente se sintió inquieta, y se preguntó si estaba enloqueciendo, porque se sentía así nuevamente, había llegado a pensar que aquella sensación también había sido producto de su imaginación y ahora, ahí estaba, más fuerte incluso.

Trago saliva y se negó a abrir los ojos, intentando escuchar si había alguien cerca pero el martillar furioso de su corazón se lo impedía por completo. Finalmente se dio por vencida mientras giraba sobre el balaustre, sin despegar su espalda de la fría columna.

A penas si había girado hacia el otro lado cuando lo sintió, era algo extrañamente claro, como si su presencia física se impusiera incluso a sus sentidos. La convicción de que se trataba de él la llevo a abrir los ojos furiosamente, y entonces se encontró de frente con él, tan cerca que casi podía sentir su respiración contra ella.

Serenity se sintió mareada de inmediato, mientras seguía sintiendo su aliento contra ella. Cerró los ojos por un instante y suspiro con fuerza, sintiendo como sus piernas se debilitaban por la cercanía, entonces por un loco instante tuvo el deseo de romper aquel pequeño tramo que los separaba y arrojarse contra su pecho, refugiarse en él.

Ante sus extraños pensamientos, Serenity abrió los ojos con brusquedad, intentando desterrarlos de su mente, pero entonces sus ojos se encontraron con los de él, y se dio cuenta de que se habían obscurecido ligeramente

Ninguno de los dos fue capaz de apartar los ojos de los del otro. Serenity dejó de respirar, sus miradas conectándose de una manera extraña, la hacían desear y a la vez la aterraban.

Paso largo rato sin poder apartar sus ojos de los brillantes zafiros de Endymion, y él tampoco parecía hacer nada para romper aquel extraño lazo que se había establecido momentáneamente.

―Serenity… ―susurró él, con una voz suave, ronca e incluso un poco ausente, como si ni siquiera fuera consciente de lo que estaba haciendo.

Y entonces ocurrió, sus labios quedaron a escasos centímetros, Serenity no sabía quién de los dos había roto el espacio que los separaba, pero de pronto estaban casi labios contra labios.

Ella podía sentir aún más de cerca su respirar y en ese instante Endymion movió sus labios con suavidad haciendo que el contacto fuera inevitable, una corriente eléctrica la recorrió ante el pequeño rose.

Pero antes de que si quiera pudiera procesar lo que estaba pasando, lo que estaba sintiendo, el sonido estridente los hizo perder aquel contacto y Serenity respiro con brusquedad, recargándose por completo en la columna en un intento de recuperarse, las piernas le fallaban y por un breve instante pensó que caería al suelo.

―¡Serenity! ―el grito precedente de más allá no cabía duda a quien pertenecía, era Haruka ―, te quiero en tu habitación ahora mismo ―gritó a penas se acercaba a ellos ―. Endymion ve con ella por favor, cuida de ella ―agregó sin mirarla.

―¿Qué está ocurriendo? ―preguntó Endymion con la voz dura, la desconfianza deslizándose por el tono de su voz ―. ¿Dónde está Artemis? ―

―Artemis está en la biblioteca, está a salvo ―dijo Haruka con aprensión antes de agregar ―. Ha saltado una alarma, parece que hay un intruso en el santuario ―explicó ―, por favor acompaña a Serenity, esperen en su habitación, ahí estarán seguros ―agregó dando media vuelta, alejándose rápidamente de ellos.

―Vamos ―ordenó Endymion sujetándola con dureza de un brazo, instándola a avanzar.

Serenity sintió su cuerpo calentarse extrañamente ante el contacto y se estremeció con fuerza, se sentía mareada y ligeramente sofocada, Endymion seguía intimidándola de una manera que no comprendía.

Sin siquiera darse cuenta, habían llegado a su habitación en un instante.

Cuando entraron, y sin siquiera pensarlo, activo el sistema de seguridad, Haruka no le perdonaría si no lo usaba. Y aunque sabía que podría desconectarlo en cualquier momento se sintió turbada al encontrarse encerrada con Endymion, los dos solos en la misma habitación.

―¿Qué se supone que es todo esto? ―preguntó él con desconfianza, mientras miraba como los gruesos y obscuros paneles cubrían las dos pequeñas ventanas y las cerraduras de la puerta se accionaban con un pequeño clip.

―Un sistema de seguridad que Haruka ha instalado en mi habitación ―explicó suavemente, sintiéndose aún más turbada ―, él es… algo sobreprotector ―terminó mientras sentía que sus mejillas se calentaban con violencia. Tenía deseos de dejarlo ahí solo, en la pequeña pieza y refugiarse ella misma en su habitación, lejos de su mirada, lejos de su presencia tan inquietante.

―Todo esto me parece demasiado extraño, necesito ir con Artemis ―dijo él con el semblante serio y también pensativo ―, parecería todo muy premeditado, exijo ver a Artemis ―agregó molesto.

―¿Qué… que quiere decir con aquello? ―preguntó sorprendida ―. Su líder se encuentra a salvo, Haruka jamás permitiría que algo le pasara ―agregó ella con suavidad.

Se habían instalado en la salita que llevaba a la recamara, ella no se atrevería a llevarle hasta donde estaba su lecho, pero aquel lugar, a pesar de ser pequeño era acogedor, contaba con un par de cómodos sofás y una mesita de té.

―Me han encerrado aquí contigo por algún motivo, y más te vale que no tenga un motivo oculto o va a pesarte ―gruñó con suavidad, con la advertencia en sus palabras.

Serenity dio un par de pasos atrás, asustada de pronto, la violencia y la desconfianza en él estaban justificadas pero a pesar de eso, ella se sintió temerosa de ser la receptora de aquella ira.

―No entiendo por qué tendría que existir un motivo oculto ―dijo ella en un susurró, deseando nuevamente correr hasta la siguiente pieza y encerrarse para siempre.

―¡Maldita sea! ―gruñó él comenzando a dar de vueltas por la pequeña salita.

Serenity comenzó a sentirse nuevamente afligida, su cercanía la tenía sumamente nerviosa, pero no podía hacer nada.

―Parece que alguien extraño ha entrado al santuario ―explicó ella poco después, intentando hablar con normalidad, pero su voz salía extraña, casi ronca y sofocada ―, usualmente siempre se trata de humanos que piensan que pueden encontrar algo de valor, pero a Haruka no le gusta exponer la seguridad de nadie en el santuario ―explicó.

―¿Esto ocurre con regularidad? ―preguntó con un gruñido, sentándose finalmente en uno de los sofás.

―No tanta ―contesto ella vagamente, pero lo cierto era que Haruka era en excesivo desconfiado cando se trataba de la seguridad del templo. Había un sistema de alarma que cuidaba de todo el santuario y ciertas habitaciones, como la suya, contaban con sistema de cierre que la hermetizaba por completo.

―¿Y qué significa todo esto? ¿En qué momento podremos salir de aquí? ―preguntó él con un gruñido, a pesar de que estaba sentado en aquel sofá e incluso su porte parecía relajado, algo le decía a ella que él se encontraba inquieto.

―Le aseguro que está a salvo aquí ―dijo Serenity con un susurro, sin pensarlo se arrodillo frente a él, mirándolo a los ojos ―. En el momento que lo desee podemos salir, aunque Haruka tal vez se moleste ―explicó.

Endymion se agacho ligeramente, acercándose un poco a ella. Ambos se quedaron mirándose, sin decir nada más.

Aquella sensación la volvió a aturdir, sus miradas no podían separarse, ni siquiera alejarse. La debilidad la rodeo nuevamente y agradeció haberse arrodillado frente a él.

La sensación era avasalladora, poderosa, como si alguna fuerza desconocida no les permitirá alejar su mirada del otro.

De pronto, para su total sorpresa, él paso sus dedos por la mejilla de la rubia, acariciando suavemente, hasta que finalmente su mano se quedó quieta ahuecando su mejilla. Serenity comenzó a marearse con más fuerza, no sabía cómo había pasado pero él estaba demasiado cerca, ella podía sentir su aliento contra su rostro aturdiéndola.

De pronto el suave ruido de los paneles abriéndose los sobresalto, haciendo que Endymion se alejaran con brusquedad de ella, dejándola aturdida en el suelo aún, y justo en ese instante la puerta de la habitación se abrió, dejando ver a Haruka, quien entro con pasos seguros y firmes.

―Siento todo esto ―dijo mirándolos a ambos con el ceño fruncido ―, puedes salir cuando gustes Endymion ―agregó ―, todo está solucionado. Artemis te espera en la biblioteca ―agregó mirándola a ella ―. ¿Serenity, estás bien? ―preguntó con la ansiedad haciendo estragos en su voz.

―Si ―susurró Serenity, avergonzándose a más no poder cuando escuchó su voz salir como un gemido.

―¿Qué es lo que ha pasado? ―preguntó con un gruñido Endymion, levantándose con agilidad, alejándose de ella. Serenity supo que no tenía caso intentar levantarse, no si no deseaba avergonzarse aún más.

―Alguien ha entrado en el santuario, no hemos dado con él, parece que la alarma lo asusto y ha huido ―explicó Haruka, acercándose finalmente a ella. La tomo del brazo y la ayudo a levantar con gentileza.

―¿Qué clase de seguridad tienes en este lugar? ―gruñó Endymion acercándose rápidamente a la salida de la habitación.

―Te aseguro que tomare las medidas necesarias ―dijo Haruka con un gruñido, molesto de que Endymion le reprochara sus decisiones.

En ese instante Endymion salió de la habitación, con pasos apresurados.

―¿Te ha hecho algo? ―preguntó Haruka en un susurro, su ceño aún fruncido.

―No ―dijo ella con suavidad ―, estábamos… conversando ―mintió con poca convicción, pero no tenía palabras para explicar a su hermano mayor lo que había pasado entre ellos. Ni siquiera ella lo entendía, como iba a darle un nombre.

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Endymion camino con pasos enérgicos, alejándose con rapidez de la habitación de Serenity, aun no comprendía por que aquella muchacha le turbaba de aquella manera tan intensa, pero por supuesto, no le gustaba.

Necesitaba tener control y lo necesitaba con desesperación, que clase de líder seria si no podía concentrarse y actuar cuando se perdía en aquellos ojos azules.

Fue directo a donde se encontraba Artemis, afortunadamente había mirado la casa con atención las veces que había estado ahí, porque no habría soportado esperar a que Haruka saliera de la habitación. Pero entonces, a pesar de que ya había estado en aquella habitación, se siento extraño cuando entro, como si de pronto supiera que era ahí, precisamente en aquel lugar, donde Serenity deseaba estar.

Frunció el ceño confundido, no podía ser normal sentir todo aquello, incluso había sabido donde estaba ella desde que había entrado en el santuario, su instinto lo había llevado a ella. No debería reconocerla con aquella facilidad, por supuesto que no, la había mirado dos veces y prácticamente no habían hablado de nada.

Como demonios…

―Endymion ―la voz de Artemis lo saco de sus pensamientos, levanto el rostro y se topó de frente con la mirada de su líder, quien frunció el ceño al mirarlo a los ojos ―. ¿Estás bien? ―preguntó aún con el ceño fruncido.

Y Endymion se preguntó que expresión tendría para que Artemis pareciera preocupado. Entonces recordó la expresión de Serenity justo antes de salir de su habitación, había parecido vulnerable, inquieta y atontada.

Frunciendo el ceño se preguntó si ella también era capaz de sentir lo que él sentía cada vez que la miraba o que estaba cerca de ella.

―Por supuesto ―dijo Endymion con la voz extrañamente ronca, sin poder comprender nada aún y con aquella pregunta rondando su cabeza ―, creo que es momento de marcharnos ―agregó. Necesitaba salir de ahí cuanto antes.

―Claro, ya lo había pensado ―dijo Artemis dando un par de pasos, saliendo de la biblioteca, camino con pasos seguros, Endymion siguiendo su estela, hasta que finalmente estuvieron rumbo al recinto de los Chiba.

Endymion manejaba, pero sus pensamientos eran un completo caos, él necesitaba ser centrado, frio y capaz de poder concentrarse cuando estaba con ella. Y necesitaba encontrar alguna manera de las cosas fluyeran como él deseaba.

―¿Has acordado una fecha ya con Serenity? ―preguntó Artemis sacándolo de sus pensamientos justo cuando iban llegando al recinto.

―No, con todo lo que ha pasado no tuve la oportunidad ―explicó Endymion. Y realmente no estaba seguro de haber podido hacerlo aunque no hubiera pasado aquello ―. Mañana volveré nuevamente ―agregó en un intento de parecer seguro. Sentía a Artemis inquieto y no quería darle motivos para que se diera cuenta de su reciente descubierta debilidad.

La incredibilidad lo tomo por sorpresa; eso era ella, ¿una debilidad? Negó con la cabeza, él no podía darse aquel lujo, tenía que manejar aquello rápidamente.

Artemis hizo una mueca sin poder evitarlo, Endymion no había acordado nada porque simplemente no lo deseaba.

Endymion era demasiado firme cuando tomaba una decisión, y si realmente quisiera aquella unión por el bien del clan, habría apresurado las cosas, lo conocía demasiado bien para saber que así era.

Con una pequeña mueca tomo una decisión, tenía que actuar con rapidez, porque simplemente necesitaba que aquello ocurriera pronto, lo más pronto posible.

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Bueno, espero que les haya gustado, nos leemos pronto.

No olviden que espero ansiosa sus opiniones y comentarios

Besos!