Formando Lazos - Capítulo 1
Oscuridad.
A pesar de haber sido reasignado a una "nueva" habitación, Harry todavía se sentía como en su armario. Miró alrededor, no había mucho espacio que apreciar y la oscuridad en la que se sumía todo no lo ayudaba. Solo podía vislumbrar algunas cosas rotas y la jaula de Hedwig en una esquina, se había dormido al fin después de ulular molesta todo el día por estar atrapada.
Harry volvió a mirar alrededor, suspiró y cerró los ojos. Desde que llegó de su primer año en Hogwarts había estado pensando… ¡y había tanto en qué pensar! Principalmente, sentía que le debía una disculpa a Snape. Si bien era cierto que el hombre no tenía el comportamiento más decente del mundo, se había equivocado con él, cuando este solo intentaba ayudarlo, a pesar del obvio desagrado que sentía por Harry… y bueno, él tampoco había hecho las cosas fáciles ¿no? Siempre suponiendo lo peor de él y actuando de manera confrontativa.
Con eso en mente, se levantó de un salto y se dispuso a buscar un pergamino y una pluma, era hora de disculparse. Miró la habitación y se dio cuenta de que no encontraría nada ahí, su tío había encerrado su baúl con todos sus implementos en el armario debajo de las escaleras. Todavía sintiéndose decidido, Harry no dejó que eso lo desanimara. Guardó silencio y escuchó atentamente: podía oír los leves ronquidos de tía Petunia y los escandalosos bramidos de tío Vernon y Dudley.
Con cuidado, abrió lentamente la puerta de su habitación, habían intentado encerrarlo, pero había colocado un papel para impedirlo en la cerradura sin que se dieran cuenta. Una vez afuera, se dirigió hacia el primer piso, a su antigua habitación: el armario debajo de las escaleras. Estaba con candado.
Tenía dos opciones, ir a buscar la llave en la habitación de sus tíos – se estremeció de solo pensarlo – o rendirse. Buscó en su mente alguna solución, pero no tenía muchas ideas que pudieran ayudarlo en ese momento… y justo cuando estaba a punto de dar un paso de regreso al segundo piso, a allanar el territorio prohibido, recordó algo que dijo Dean Thomas una noche, sobre cómo una vez logró abrir el candado que protegía un armario lleno de galletas listas para ser devoradas por él y sus hermanas. Mencionó haber usado un alambre delgado, Harry solo podía recordar vagos detalles de la conversación, pero el dibujo que hizo para escenificar mejor su historia estaba grabado en su mente. Este parecía el momento ideal para probar esa habilidad.
Con una rápida inspección de la casa encontró un pequeño ganchillo, eso funcionaría… tal vez. Sonriendo de manera casi maníaca, se dispuso a la tarea con fervor, media hora después, sudando y con un leve calambre en la mano, dando su centésimo gruñido de frustración, escuchó un clic… ¿podía ser? Casi sin poderlo creer, dio un paso atrás y lo comprobó: lo había logrado. Dando un silencioso grito de victoria, sacó el candado y abrió el armario, estaba eufórico, extasiado, lleno de adrenalina… hasta que se enfrentó a su siguiente dilema: ¿cómo subiría su pesado baúl hasta su habitación sin despertar a los demás?
Al final, decidió subir solo lo esencial, sus libros, pergamino, plumas y tinta, su capa de invisibilidad y su varita. Una vez llevado todo, en dos simples viajes, cerró el armario de nuevo y volvió a su cuarto. Era hora de escribir una carta.
…
Era horrible.
Su letra era el peor desastre que podía existir ¿en serio había entregado ensayos con esa caligrafía? Sus profesores seguramente lo calificaban al azar, incapaces de leer lo que había escrito. Irritado, decidió que la pluma no era la mejor opción para él, al menos no por ahora, tal vez practicaría más tarde. Unos minutos después, armado con un bolígrafo roto que encontró en la habitación, se dispuso a escribir la que sería, probablemente, la disculpa más importante de su vida… hasta ahora.
…
…
…
No lo pensó bien, tal vez debería hacer eso mañana, fue una idea estúpida, no sabía cuánto tiempo había pasado y hasta ahora solo había logrado arruinar buenos pergaminos. Pero Harry sabía que mañana ya no tendría el valor, ni la resolución de hacerlo. En una esquina de su cuarto, escuchó a Hedwig ulular, se había despertado, tomando eso como un impulso a seguir, le dio una sonrisa y se puso manos a la obra.
Estimado profesor Snape
No, eso no estaba bien, si se iba a disculpar, iba a hacerlo con honestidad y hasta ahora, Snape no estaba en su más alta estima.
Profesor Snape,
Probablemente soy la última persona de la que desea saber en sus vacaciones, si es que las tiene ¿siendo un maestro de pociones tiene descanso? Escuché por ahí que es el maestro de pociones más joven en Gran Bretaña, suena importante, así que tal vez tiene clientes importantes o algo así, no lo sé. En fin, no estoy seguro de cómo debería decir esto, así que solo lo haré… o, mejor dicho, lo escribiré: Me disculpo.
Soy consciente de la animosidad entre usted y yo durante todo el año escolar y reconozco la mitad de la culpa en ello. Solo reconoceré la mitad, porque si bien es cierto que no he mostrado lo mejor de mi comportamiento con respecto a usted, no soy el único que ha cometido errores en nuestras interacciones. Lamentablemente, no puedo pedir disculpa por ser… bueno, yo, y eso es algo que parece molestarlo, reconozco esa mirada en sus ojos, es la misma que tienen mis familiares cuando me miran.
Ellos odian la magia ¿sabe? Y no es algo que pueda cambiar, ¡y cualquier deidad sabe que lo han intentado!, pero por más golpes y hambruna que haya, la magia sigue en mí y, aunque antes de Hogwarts no sabía siquiera que existía e intentaba de todo para agradarles, ahora sé que eso nunca sucederá.
Pero con usted es diferente. Yo no hice mucho para agradarle, es cierto, pero no sé por qué me odia, y no sé si, como con mis familiares, me gustaría saber, porque si es algo que no puedo cambiar, entonces no habrá esperanza de desarrollar una mejor relación. A pesar de ello, reconozco que si no sé en qué estoy fallando, no podré mejorar, así que tal vez saber sea lo mejor.
También me gustaría disculparme por haberle creído culpable de querer robar la piedra filosofal, ahora sé que de lo único que fue culpable fue de intentar protegerme, ¡gracias por eso, por cierto!
Bueno, supongo que eso sería todo, pero no me gustaría que este intento de mejorar esta relación quede en un fracaso sin intentarlo todo… y, en lo que me imagino es una combinación de resolución y una tendencia humana por abrirse hacia otra persona durante la madrugada… o tal vez solo sea una especie de locura de insomnio… intentaré contarle brevemente un poco de mí, he leído en algunos libros que eso ayuda a establecer y estrechar lazos.
Aquí vamos: soy, como usted ya sabe, Harry Potter. Hasta mis 3 años solo fui conocido como "chico" o "fenómeno" y "monstruo" cuando los ánimos de mis familiares estaban más caldeados. Mi habitación era el armario debajo de las escaleras, donde tenía una colchoneta y las arañas de compañía. Con la llegada de la escolaridad, aprendí no solo mi nombre, sino algunas reglas para la vida: no llevar a casa notas más altas que las de Dudley (mi primo), si no quería recibir golpes, no mencionar dónde dormía, no hablar si era posible… no quejarme de usar la ropa de Dudley, aunque realmente solo me he quejado una vez, con un suéter espantoso… era una vida relativamente tranquila si sabía qué hacer (desde cocinar hasta podar el jardín, pasando por todas las tareas domésticas que se pueda imaginar), y podía salirme con la mía con algunos comentarios atinados, en el momento preciso. Claro, huir es fácil siendo pequeño y ágil, algo bueno de crecer en un armario y de un juego llamado "caza de Harry" que a Dudley y sus amigos les gustaba jugar, donde solían perseguirme y golpearme si me alcanzaban… ¡una vez aparecí de la nada en el techo del colegio!
¿cómo no me di cuenta de la magia en ese entonces? No lo sé, pero como decía, era una vida relativamente tranquila, aprendí a comportarme para no recibir tantos golpes de mi tío o golpeadas de sartén de mi tía, pero siempre había, no soy perfecto… y para ellos, nunca lo seré. Aunque hacía/hago las comidas, a mí realmente no se me permite comer mucho, por lo que me imagino que no tendré un desarrollo ideal… lástima, realmente quería crecer un poco, es difícil ser el más pequeño de mi año. Todo iba así hasta que llegó mi carta de Hogwarts… y aunque gracias a ella me dieron mi propia habitación (la segunda habitación de Dudley, donde guardaba sus juguetes rotos) se desató un pequeño caos que incluyó la locura de mi tío y una reubicación de la familia en medio de una isla remota. Hagrid nos encontró ahí y, aunque no parece ser la persona ideal para introducir a un niño a la magia, fue la primera persona que reconoció mi cumpleaños ¡e incluso me dio un pastel!, él fue muy amable y lo aprecio, pese a su dudoso sentido común, o falta de él, pero a veces los magos parecen carecer de uno ¿verdad? Así que difícilmente puedo culpar al pobre Hagrid.
Ahora, en un mundo donde sería libre y aceptado, un mundo nuevo por descubrir, imagínese mi shock al enterarme que soy famoso. Horror puro. Solo quería ser normal al fin, quería hacer amigos e ir a clases sin temor a que la pandilla de Dudley los asuste o a que mis profesores me miren mal y me traten como delincuente por tener la ropa holgada y maltrecha que ya no le servía a mi primo. Lo peor de todo es la razón detrás de mi fama… a nadie parece importarle que la famosa cicatriz sea ahora el recuerdo de mis fallecidos padres… mi tía solía decir que eran borrachos y murieron en un accidente automovilístico… ellos fueron héroes y hasta antes de los 11 años yo no les daba el respeto que se merecían.
No sé cómo eran y tal vez sea lo mejor, así puedo creer que eran los mejores, pero sé que no es verdad, eran humanos y decididamente tenían que tener fallas. Todo el mundo parece tener algo bueno que decir de ellos, pero siempre es así con la gente muerta. Tal vez algún día llegue a saber cómo eran en realidad, pero lo único que debo saber ahora es que murieron protegiéndome y por eso son héroes, no los héroes romantizados que el mundo quiere ver, yo no sé si harían eso por alguien más, no sé si lucharían por el bien del mundo o solo por gente seleccionada, pero yo era su hijo y ellos me protegieron, como casi cualquier padre haría y por eso, son mis héroes y merecen mi respeto. Ellos dieron su vida por mí y, ahora que lo pienso, no creo haber hecho un gran trabajo viviéndola, creo que es hora de empezar a desarrollar y utilizar todo mi potencial para ser una mejor persona, un mejor estudiante, ¡diablos, hasta seré un mejor cocinero!, mañana veré cómo puedo mejorar mi alimentación… o mejor cuando vuelva a Hogwarts, no creo poder tener una comida adecuada aquí… tal vez es hora de emplear mi lado Slytherin (el sombrero quería ponerme ahí después de todo).
Volviendo al tema, como decía, ser famoso no es mi situación ideal, ahora no sé si los amigos que tengo son solo por mí como persona o se acercaron solo por mi fama y tendré que cuidarme de eso de aquí en adelante, pero aún así, los aprecio, son los primeros amigos que tengo. Creo que aprovecharé este momento para pedirle un consejo ¿cree que debo seguir con ellos, aceptando todo lo que mencionan? O tal vez primero deba volver a reevaluarme como persona y las metas que tengo, y tomar una decisión que sea fiel a mí y no me perjudique en un futuro. No lo sé, realmente los aprecio, aunque a veces siento que no puedo estar en desacuerdo con ellos por temor a perderlos, tal vez eso no sea bueno.
En fin, ahora sí, espero que pueda disculparme por lo mencionado y por la longitud de la carta y ojalá que esto lo ayude a comprenderme mejor, haré mi mejor esfuerzo para ser de su agrado.
Gracias por leerme.
Harry Potter, su próximo alumno preferido (me pintaré el cabello de rubio y usaré gel si eso ayuda)
Pd. No creo que el rubio sea mi color.
Harry miró la carta sin ver realmente, no quería leer todo lo que había escrito, se había dejado llevar y había divagado como nunca en su vida. Se sentía expuesto, había desnudado su alma en esa carta y tenía miedo. Haciendo acopio de lo último de valor que le quedaba se fue a abrir la jaula de Hedwig, esta vez abrir el candado fue más fácil.
"buena chica"
Ululeo
"lleva esta carta al profesor Snape ¿de acuerdo?" Hedwig dio un brusco asentimiento y se fue volando, llevando el pesado sobre con la mitad de su alma en él.
Solo así, lo había hecho, no había vuelta atrás. Se sentía casi terapéutico haber escrito todo lo que había reprimido durante años… pero ¡A Snape! ¿en qué estaba pensando? Quizá por la mañana se de cuenta de su horripilante idea, por ahora iba a dormir… el resto de sus vacaciones se dedicaría a los otros temas de su mente, a saber, aprender a ser organizado, mejorar su apariencia, mejorar su alimentación, estudiar… vivir en su máximo potencial, no desperdiciaría la oportunidad de vida que le dieron sus padres.