Parte final de esta historia, contiene lemmon, contenido adulto/maduro. Mil gracias a todos por leerla y ojalá que la hayáis disfrutado. ʕ.ᴥ.ʔ

Epílogo II

Haru siempre soñó con una boda vestida de blanco, con un vestido precioso, en una iglesia grande, decorada con flores y rodeada de gente querida. Y de repente, con veinticinco años y alejada de todo eso se había casado, en vaqueros, en una pequeña oficina donde las únicas flores eran las de su blusa y en la cual el único público era el juez que les casaba.

Pero aun así se había sentido totalmente feliz, más de lo que jamás soñó. Y solo la idea la emocionaba.

O al menos mientras era capaz de estar concentrada, porque ahora mismo estaba en una habitación de hotel, totalmente bañada por el sol que calentaba su piel y con el inconfundible y tranquilo sonido del mar de fondo, hundida en el más placentero éxtasis.

-Hayato -gimió, quedando súbitamente sobre él; estaban en el suelo, no sabía ni por qué estaban en el suelo- las cortinas -le recordó.

-No nos verán -sonrió el peliplata, echando un rápido vistazo a la playa y volviendo a centrar su atención en ella- estamos demasiado alto -se mordió los labios, sintiéndola apretada y caliente a su alrededor, pero viendo su gesto desconforme- hmm ¿realmente quieres que pare para cerrar las putas cortinas?

-No -gimió ella, dándose cuenta de que ya no le importaba- l-lo quiero fuerte -rogó, suspirando.

Y el peliplata la beso, excitado, acariciando sus nalgas y acelerando el ritmo contra ella, las caderas de ambos desenfrenados.

-¿Fuerte, eh? -sonrió, complacido, el placer recorriéndole como si fuese la primera vez que lo hicieron, la escuchó gemir con fuerza- ¿te frustraba no poder hacerlo duro en casa? -la provocó, deslizando uno de sus pezones dentro de su boca para saborearlo.

-Sí -gimió de nuevo, cuando él la tocaba no podía pensar en nada- Hayato -gimió- más

-¿Más? -la provocó, susurrando en su oído mientras delineaba su espalda.

-Más duro -gimió, con placer.

El guardián se levantó con ella en brazos y se giró para continuar sobre la cama, controlando él esta vez el ritmo de las penetraciones; amaba ver la extensión de su cuerpo retorcerse de placer y anhelo por su tacto.

-Así hmm -gimió él, los sonidos que hacía su mujer totalmente descontrolada solo hacían que quisiera hacer que se sintiese mejor y mejor- dios, por qué diablos eres tan caliente -cuestionó besándola con lujuria mientras apretaba sus senos con avaricia.

Aunque no era una queja.

Haru envolvió sus caderas con sus piernas y le atrajo, alzando su vientre para recibirle mejor; estaba caliente porque solo él podía hacerla perder así la cabeza, con su gran y duro miembro penetrándola como si no hubiese mañana, como si quisiera romperla. Sin importar cuántas veces hiciesen el amor o tuviesen sexo duro y desconsiderado Hayato la excitaba sin precedentes.

Gimió en protesta al sentirle salir súbitamente de ella, dejándola vacía, para con la misma imprevista decisión agarrarla de los tobillos y agacharse para tomarla con la boca.

Haru dejó sus manos viajar a su cabeza rogando que no se detuviese, el placer golpeándola inesperadamente mientras su lengua y dedos la estimulaban, su entrada comenzó a palpitar ansiando su gruesa envergadura penetrándola.

-Hayato, espera -rogó sin aire, sintiendo el orgasmo golpearla- si sigues así -aunque el peliplata no se detuvo, solo la tomó con más brusquedad disfrutando de torturarla- ah ahhh -el orgasmo la golpeó con fuerza y antes de que pudiese recuperarse él volvía a estar dentro de ella, penetrándola con más fuerza- ahhhh -gimió descontrolada; le encantaba provocarla, llevarla al límite hasta no poder más- eres malo -se quejó, sintiendo su corazón estallar mientras su cuerpo se ponía cada vez más caliente.

-Yo creo que soy muy bueno -le dijo penetrándola con brusquedad, sus manos apretando sin cuidado sus senos y su boca intentando abarcar sus pezones de uno en uno para chuparlos sin descanso- hmmm estás tan apretada -gimió- tan mojada para mí -dijo mirándola a los ojos con intensidad.

Y Haru supo que se correría de nuevo en cualquier momento.

-Hayato -gimió, su cuerpo sensible ante su tacto- ah tan fuerte ahhh

-Pensé que lo querías duro -formuló, observando con deseo cómo se le escapaba una lágrima de placer-solo te doy lo que me has pedido -dijo excitado, sintiéndola ceñirse en torno a él en calientes contracciones.

Haru volvió a gemir su nombre, complacida al ver su rostro tan al borde del orgasmo como ella misma volvía a estarlo; le sentía hincharse dentro de ella, sus pieles rozándose en un delicioso contacto sin nada en medio. Se mordió los labios mirándole, en su total límite al sentirlo a punto de acabar.

-No te contengas -exigió Hayato, totalmente perceptivo; conocía cada una de sus reacciones- ¿no quieres correrte aun? -gimió, sonriéndole, a antes se corriera antes podría llevarla de nuevo al orgasmo.

-Aun no -gimió, agitada, esforzándose por aguantar- q-quiero -se sonrojó: al guardián le pareció dulce que siguiese avergonzándose después de haberse acostado tantas veces solo por pedir algo así- hmm -gimió.

-¿Quieres…? -le preguntó con lujuria, facilitándoselo; se aseguraría de darle lo que quisiera.

-Q-quiero acabar contigo -gimió, sus caderas levantándose y su columna arqueándose bajo él- lo quiero todo dentro -se expresó entre gemidos, excitada.

Haru era una caja de sorpresas y con ella nunca se aburría- pensó el guardián.

-Hmmm ahora que eres mi mujer ¿intentas que te deje embarazada? -cuestionó, viéndola negar con la boca abierta; acariciándola sin detener sus penetraciones- primero queriendo hacerlo sin y luego pidiéndomelo todo dentro -le sonrió, molestándola; no que le importara- ahh

-Fuiste tú quien no quiso usarlo -gimió Haru, al límite, quería sentir su semilla dentro como la primera vez, recordar el exacto momento en que él se convirtió en su mundo entero.

-No lo uso porque amas que lo hagamos sin, así que es culpa tuya -o tal vez porque la curiosa idea de Haru embarazada le gustaba; la besó, metiéndole la lengua en la boca, se estaba conteniendo tanto que estaba hecha un desastre- pídemelo apropiadamente -gimió, en su límite.

Haru gimió frente a su boca, agonizando del placer.

-Acaba dentro de mí por favor -rogó, tan excitada que la vergüenza no podía significar nada.

Y Haru sintió su penetrante mirada sobre ella sin perderse detalle alguno mientras su miembro la penetraba con fuerza y estallaba sin detenerse, volviéndola loca hasta el orgasmo.

Se observaron mientras sus cuerpos se relajaban y luego se rieron, compartiendo varios besos cortos e inocentes. Se querían con locura.

-¿Tanto te gusta acabar a la vez? -se rio Hayato, viéndola dulcemente extendida entre sus brazos, relajada.

-Sí -admitió- no lo había hecho antes con nadie -confesó.

-¿Nunca? -cuestionó divertido, acariciándole los labios.

Haru negó, riéndose

-No duraban tanto -se burló; no había tenido unos amantes muy…formidables.

-Entonces… esa vez que lo hicimos -fue la primera, rememoró ante el rostro avergonzado de su mujer.

-Sí -se rio con timidez, se sonrojada.

-Bien -sonrió el guardián; cada primera vez de algo que compartía con ella le hacía feliz, aunque no pensaba verbalizarlo en voz alta.

Se volvieron a reír.

-¿En qué piensas? -le preguntó Haru.

Hayato negó, feliz de estar allí con ella, mientras ella jugaba con su cabello.

-Quiero saberlo -insistió.

-No… es como si tuviese prisa o algo -explicó- pero estaba pensando en…hijos -concretó; a excepción de esa vez, en cuanto Haru dejó de utilizar anticonceptivas siempre fueron muy cuidadosos- ¿lo…has pensado alguna vez?

Y ahora todos los colores se acabaron de subir al rostro de la castaña.

-Sí -afirmó- quiero decir, sí lo he pensado-dijo nerviosa- m-me gustaría… contigo -le dijo avergonzada- pero no tengo prisa ni nada y -se rio para sí misma- pensé que si te lo decía huirías

El guardián la miró sorprendida.

-¿Enserio? -cuestionó, sin esperarlo.

-Sí -susurró, hundiendo la cara en su pecho- creo que sería lindo mientras aun somos jóvenes -dijo infantilmente- aunque tal vez deberíamos esperar un poco más… si quieres -le dijo.

Y Hayato la besó, embelesado, rodando sobre ella. Era orgullosa y cabezona, pero absoluta y completamente perfecta.

-Entonces, Haru -le sonrió seductoramente- trabajemos en ello -concluyó, retomando su actividad.

Iba a ser una luna de miel muy larga.

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Meses después de la luna de miel, Mansión Vongola

Dos meses, estaba de dos malditos meses exactos -pensó, sonrojada; aun encerrada con llave en el baño de su cuarto. Iba a desmayarse, y entonces moriría y nadie la encontraría.

Y aún tenía que decírselo a Hayato.

Y aun tenían que decirle al resto que habían ido y se habían casado sin decirles nada.

Dejó salir poco a poco el aire, las lágrimas cayéndosele por las mejillas. Lo habían hablado antes, durante su luna de miel de incógnito, pero no habían vuelto a tocar el tema. Aunque era obvio que pasaría porque habían dejado de usar protección de cualquier tipo, por algún motivo, bajo todo ese estrés, cuando su periodo no vino el mes anterior no pensó en lo obvio.

Necesitaba decírselo, enseguida.

Y él estaba en una maldita misión suicida, como de costumbre.

Respiró hondo, escondió el test y salió del baño, sintiéndose rara.

Iba… ¿a ser madre?

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Había pasado todo un mes desde que no se veían, apenas pudiendo hablar por teléfono dadas las circunstancias fatales en las que estaba; casi una guerra.

Una guerra que iban ganando, pero que no sabían cuánto iba a durar.

El resto de los guardianes tampoco estaba, en su mayoría, en la Mansión, todos distribuidos por diferentes localizaciones y turnándose eventualmente para volver y mantener el lugar seguro. Y, por supuesto, Tsunayoshi estaba con ellos en la primera línea.

Miró a Kyoko, tumbada con la cabeza en su regazo y le acarició el cabello; ella también estaba igual de angustiada.

Pero Haru confiaba en ellos.

Ambas se habían asegurado de mantener la Mansión en pie, asesorando sus recursos, gestionando al personal, maximizando con el mínimo coste posible la seguridad y haciendo todo el papeleo que correspondía al resto.

Y al menos la cantidad ingente de trabajo que eso implicaba las mantenía distraídas y con la mente en cosas importantes. Aunque, por supuesto, cuando llegaba la noche ninguna podía dormir tranquila; ambas en la misma habitación con el seguro echado desde dentro. No era como si no hubiesen mandado asesinos más de una vez en ese mes.

Eludirlos y mantenerse con vida hasta que llegaban los refuerzos habría sido imposible si no fuesen ambas tan resilientes e ingeniosas.

Y entre todo ese caos, Haru tenía su propio y particular secreto. Uno que no iba a poder esconder mucho más -pensó, sintiendo el estómago revuelto.

No le había contado nada sobre su embarazo a Gokudera, asustada de cómo pudiese reaccionar o que lo pudiera desconcentrar de su trabajo… y de que lo matasen por su culpa.

Solo lo sabían ella y el médico de la familia, que tuvo la suerte de que viviese dentro de la misma Mansión.

Estaba asustada, sí.

Había querido decírselo a él primero, pero tal vez debería contárselo a su mejor amiga, sobre todo en caso de que algo pasase dado el carácter inacabable de todo aquello.

-¿Pasa algo, Haru? -cuestionó con dulzura su amiga, bostezando tras abrir sus ojos- estás tensa.

Típico de la pelirroja percatarse de algo asó.

-De hecho… -tomó su oportunidad- hay algo que -oh; no, pensó.

Las náuseas la golpearon tan fuerte que, en el peor momento, tuvo que correr al baño para vomitar el desayuno, dejándole un horrible y desagradable regusto.

Sintió enseguida las manos de su amiga acariciándole, sin asco alguno, la espada, mientras le apartaba el pelo de la cara.

-¿Son los nervios? -le preguntó, comprensiva.

Aunque Haru negó con la cabeza, sintiéndose débil y siendo ayudada hasta el lavamanos para lavarse la cara.

-Kyoko -le dijo, cerrando los ojos porque no quería ver su reacción- e-estoy embarazada -confesó.

Y cuando abrió los ojos, sin saber qué podría encontrar en una situación tan decadente y con su amiga al borde constante de un ataque de nervios, se encontró con un confortable abrazo.

Y se echó a llorar.

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Hayato suspiró, vendándose él mismo el brazo, donde había una horrible rozadura de bala que se sumaría a otra de las muchas cicatrices que tenía. Estaba agotado y harto de dormir vestido y armado, aunque se sentía orgulloso de su propio trabajo.

Y, además, tenía el extraño presentimiento de que Haru le ocultaba algo y eso le inquietaba, desquiciándole del todo. Pero sencillamente no podía concentrarse en eso.

-¿Seguro que no quieres ir tú esta vez? -ofreció Chrome, con simpatía- Haru debe extrañarte mucho -añadió apenada.

El peliplata negó, mirando el estado demacrado de la guardiana; ella necesitaba mucho más volver a casa unos días, estaba totalmente exhausta. Si Yamamoto la viese le daría un maldito ataque.

-Esto se volverá un desastre si me voy -le dijo; y era verdad.

-¿Quieres que te traiga algo? -le preguntó, agradecida por el detalle.

-Tantas cajas de tabaco como puedas -pidió, viéndola asentir y marcharse.

Si su esposa hubiese escuchado esa petición le hubiera dicho que le daría cáncer y que entonces estaría furiosa con él. Pero no podía escucharle porque estaba lejos.

Extrañaba hasta sus extraños comentarios y exigencias, mucho. Y si había algo por lo que estaba impaciente con acabar todo eso, era por verla.

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Tres días después

Abrazaron a Chrome con tanta fuerza como tenían, felices de verla en casa y pusieron todo en espera para curarla, darle de comer y mimarla, sabiendo que solo la tendrían allí uno o dos días.

Y mientras, ella las puso al día con todo lo que estaba pasando. Cómo avanzaba, cómo estaban, si alguno tenía una herida grave o no.

El vínculo tan grande y la amistad tan fuerte que compartían era, a veces, lo único que las mantenía a flote.

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-Kyoko -la llamó la guardiana, viendo a Haru dormir en el sofá de la oficina de Tsunayoshi, donde Kyoko hacía el papeleo, por segunda vez en la mañana.

-¿Te has dado cuenta? -le sonrió con complicidad la pelirroja, viéndola asentir.

-Debe estar pasándolo mal -dijo triste, observando como la castaña abrazaba dormida su muy ligeramente abultado vientre.

-Quería decírselo a Hayato primero -le explicó- así que guárdale el secreto -pidió, viendo a su amiga asentir- ¿era tan obvio? -cuestionó; porque ella no se había dado cuenta por sí misma.

-Hmm tal vez porque duerme mucho -indicó Chrome, sonriente.

Y es que Haru estaba teniendo un embarazo sumamente estereotípico, dormía mucho, comía mucho, vomitaba mucho por las mañanas… y comenzaba a mostrar una pequeña y bonita pancita que a ambas las enternecía y llenaba de especulaciones sobre el género.

-¿Crees que esto acabe a tiempo? -le preguntó preocupada la prometida del décimo.

-Sí -aseguró la guardiana- seguro que lo hace.

O al menos más valía que lo hiciese, porque no podían permitirse un parto en medio de todo ese sangriento caos.

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En el campamento, tres días después, Hayato suspiró al ver a la guardiana, mucho más renovada, tenderle una bolsa hasta arriba de cartones de tabaco. Le había dicho tantos como pudiese, pero…

-Te los manda Haru -se rio Chrome, con complicidad.

-¿Ah? -cuestionó, extrañado; eso sí que era bizarro.

-Dice que te los fumes todos, porque cuando vuelvas vas a dejarlo -se rio la guardiana.

-Y un carajo -protestó el peliplata, ofendido por la orden.

Aunque Chrome solo le miró divertida sin decir nada, viéndole encenderse uno, probablemente lo hiciese.

-¿No es pronto aun para empezar? -cuestionó, viéndole abrocharse la camisa sobre su camiseta interior.

-No -respondió- vamos a hundir a esos cabrones de una vez -aseguró, harto.

La guardiana sonrió.

-Hagamos eso -le dijo, sorprendiéndole.

Ella también estaba impaciente por ver a alguien.

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Un mes después

-Haru -la despertó, en medio de la noche, la pelirroja- despierta -pidió, insistiendo.

La muchacha abrió los ojos, preocupada y se incorporó de golpe, mareándose en el proceso. Habían estado trabajando tanto que estaba exhausta, pero se negaba a dejar a su amiga con todo para ella sola.

-¿Nos atacan? -preguntó asustada; porque era algo que llevaban tiempo temiendo que volviese a pasar- ¿ha pasado algo a…?

-No, no -le dijo, sonriente- vuelven a casa -le dijo, pletórica Kyoko, llorando casi sin poder evitarlo- mañana a primera hora -le explicó a Haru, quien la miraba congelada- todos.

Y Haru sonrió, sintiendo todo aquel peso y estrés descargarse de sus hombros y abrazando a su amiga.

Más valía que aquello no fuese un sueño -rogó.

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Cuando Tsunayoshi entró se vio rodeado, casi sin verla venir, por los brazos de Kyoko, quien le besó con un anhelo y felicidad por el que podría, perfectamente, haber luchado otros cuatro meses.

-Estoy en casa -le dijo a su prometida, abrazándola con todo el amor y cariño con el que había deseado abrazarla cada día- por fin -sonrió.

Cuando vio a Haru frente a él, extendió uno de sus brazos y la abrazó a ella también; estaban las dos agotadas.

Y aun en su exhaustividad, Tsunayoshi notó, perceptivo como siempre, algo que no se hubiese esperado. Aunque Kyoko estiró de su camisa y negó con la cabeza cuando la miró, para evitar que dijese nada.

-Hayato entrará enseguida -le dijo en su lugar, viéndola mirarlo con ojos emocionados y ansiosos- ha dormido todo el trayecto -sonrió, viendo todo un brillo diferente en su amiga.

-Y podría seguir -bostezó el peliplata, justo frente a Tsuna y a espaldas de las muchachas- ¿para mí no hay abrazo de bienvenida, Haru? -preguntó con diversión; aunque en realidad se moría de ganas de que le tocase.

La castaña se giró al instante y se escurrió entre sus brazos abiertos, hundiendo su rostro en su pecho.

-Hayato -suspiró, aliviada- te he extrañado -admitió, desesperada por estar más y más cerca de él, queriendo empaparse en su esencia- muchísimo -le dijo.

Cuatro meses alejados de la persona que amas, casi sin tener noticias, era duro para cualquiera. Aunque, en lugar de decirle que él también la había extrañado Hayato eligió la combinación equivocada de palabras

-¿Has…engordado? -cuestionó, el resto de guardianes entrando juntos.

Y Haru le miró, sin poder creérselo, mientras él deslizaba sus manos hacia los costados de su cuerpo, para apretar la cantidad de piel sobrante.

-Vaya -comentó abstraído en lo que miraba, aunque el cuerpo de Haru le pareció más sexy aun con un poco más de carne.

Y Haru, ante el comentario, se echó a llorar, a viva voz, en la entrada de la Mansión.

-¿Eres…idiota? -preguntó la dura y enfada voz de Kyoko, con una expresión que el peliplata no se atrevió a confrontar.

Haru le pegó, sin que él entendiese nada. Los guardianes alrededor preguntándose qué pasaba también y el décimo lamentando no poder decírselo directamente.

-Haru no está gorda -añadió una muy crispada Kyoko- por si te lo estás preguntando -añadió.

Tsunayoshi se compadeció de su guardián.

-P-pero su barriga está más… -ah; eso era inesperado- espera -comentó, recordando todas esas noches sin…- Haru… ¿estás…?

-Claro que sí, idiota -lloró, desesperada; aunque no era así como quería decírselo- quién fue el que dijo que trabajásemos en ello -se quejó, aun así, sin desprenderse de él.

Gokudera, sin molestarse en decir nada más, la subió en brazos, para el asombró de ella y el resto, y caminó a la habitación con paso apresurado, sin dejar que saludase a nadie.

-Bájame -se quejo Haru, cuando ya estaban por el pasillo de la habitación que compartían- como estoy gorda debo pesar ¿no? -dijo resentida.

Hayato abrió la puerta de su habitación y la sentó en la cama, agachándose frente a ella sin saber que decir. Le acarició el rostro, borrando las lágrimas que se deslizaban y la besó.

-Gracias -articuló, él mismo llorando- gracias -repitió, abrazándose a su cintura.

La muchacha suspiró, deslizando sus manos por su cabello plateado con dulzura y cariño. Ella sí que estaba agradecida, por el embarazo y por él volviendo con vida a su lado.

-Te amo -suspiró Hayato, frente a su vientre; y la castaña no supo si se lo decía a ella o al bebé.

Pero se sintió feliz.

Esas navidades, les dejarían a los dos con el mejor regalo que podían soñar.

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