"Recordando el pasado y viviendo el presente"
Declaimers: Los personajes pertenecen a Meyer, la historia es completamente mía.
Summary: TH. Bella vivió en Londres hasta los 8 años, donde conoció a Edward; pero ella se mudó a los Estados, y luego de 12 años se vuelven a encontrar. ¿Se reconocerán? ¿Qué pasará? ExB, AxJ, RxE.
Capítulo catorce:
MALAS DECISIONES
Victoria P.D.V.
Mi vida era un desastre. No sabía con exactitud desde cuando lo era, pero tenía que separarlos, a todos.
Podía sentir como el agua caía con intensidad sobre mí, empapándome completamente. Pero no me importó. Nada, en estos momentos, me importaba.
No me importaba si mis padres se separaban.
No me importaba si mi padre me trataba como si fuera lo peor en su vida. No me importaba tener que pasar por encima de todos para destruir a esa familia; para terminar de destruir a esa familia, como ellos lo hicieron con la mía.
Sí, es cierto. Los queridos hermanitos Swan eran los únicos culpables de que mi familia se destruyera.
Ellos y sus padres eran los únicos culpables de que mi familia se destruyera…
Sentí como mi sonrisa se ensanchaba al ver como mi padre volvía de su trabajo, llegando por vez primera temprano. Era muy raro ver como él llegaba temprano a casa, por que según mamá él tenía que trabajar hasta tarde y no podía llegar temprano. Pero hoy era diferente. Él llegó temprano, lo suficiente como para ayudarme con mis tareas, como los demás niños de mi clase.
Miré a mamá y observé como su sonrisa se desvanecía. Mi sonrisa se apagó al ver como un hombre tomaba a mi padre por atrás y lo golpeaba fuertemente en la cabeza.
Mi madre salió rápidamente para tratar de ayudarlo, al ver como lo seguían golpeando. Traté de moverme, pero era como si mi cuerpo no reaccionara y sólo me mantuviera frente a esa fría ventana.
Quería taparme los ojos y dejar de ver tal escena, por lo que mis manos viajaron a mis ojos, cubriéndolos por completo…, pero podía escuchar. Podía escuchar cada palabra, cada sonido que provocaba los puños en el cuerpo de mi padre, podía escuchar el llanto desesperado de mi madre; pero sobretodo podía escuchar los insultos de aquel hombre.
- ¡Eres un maldito! , ¿Cómo pudiste meterte con mi mujer? -¿Qué?
- ¿Qué hiciste qué? – la voz de mamá ya no sonaba dulce. Su voz siempre había sido maravillosa, dulce, suave, como el terciopelo ó el roce de los aleteos de una mariposa sobre la seda. Pero esta vez se escuchaba fría y cortante, como el risco en una montaña.
- Yo… no…, Angelina –balbuceó papá, mientras el otro hombre suspiraba frustrado. Sentí la repentina necesidad de mirar, de observar todo y salir.
Al salir pude ver como los vecinos salían de sus casas para ver la escena y escuchar todo. Vi como se asomaban por las puertas y ventanas, y se agrupaban como unos adolescentes con el último cotilleo de la semana.
- Te arrepentirás por esto. No me quedaré así –el hombre era alto, de cabello castaño y ojos de color miel. Su tez era tan pálida como la cal, pero se veía un tanto sonrojada por la adrenalina.
Al decir esas palabras, se giró, subiéndose a un lujoso auto y se perdió en la distancia.
- Vamos, Vicky –miré confundida a mamá, pero ella no me miraba a mí, si no que a mi padre.
- ¿A dónde vamos, mamá? –traté de que ella no notara mis lágrimas, pero cuando se giró…, sólo pudo suspirar y abrazarme-. ¿Qué sucede, mamá? –pero ella no respondió. En cambio, tomó fuertemente mi mano.
Miré como papá trataba de levantarse, pero no podía. Soltando rápidamente mi mano, me acerqué a él y lo ayudé. Mamá me miró e ingresó a la casa, subiendo rápidamente las escaleras.
- Vamos, papá, levántate –pude ver como sonreía suavemente, pero su sonrisa era distinta-. En casa te sentirás mejor, ya veras.
Al entrar a casa y papá trató de sentarse en el living, o eso intentó. En cambio yo subí corriendo al cuarto de mis padres y la vi.
- ¿Qué haces, mamá?, ¿Nos vamos de viaje? –al ver como sollozaba, me callé y me senté en la cama, mirando como ella guardaba toda su ropa en una maleta.
- ¿Qué haces, Angelina? –miré el umbral de la puerta y Phil estaba ahí, mirando con las cejas fruncidas como mamá guardaba todas sus cosas-. No hagas esto. Piensa en Vicky…, en…
- ¿En ti?, ¿Qué piense en ti? ¿A eso te refieres?
- No. Sólo… ¡Dios, no lo hagas más difícil de lo que ya es! –de pronto mamá se detuvo en medio de la habitación y se giró. Parecía como si estuviera… fuera de si.
- ¿Qué?, ¿Qué no lo haga más difícil de lo que ya es? –soltó una risa histérica y comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación-. ¿Es que acaso yo tengo la culpa?, ¿Yo?
- ¡No! –exclamó-; No. No. No –traté de no continuar escuchando, de irme de la habitación, pero no reaccionaba. Era como si estuviera en estado de shock y no pudiera controlar mi cuerpo o mis movimientos-. Es mi culpa, todo esto es mi culpa, pero por favor, Angie, no te vallas. No me dejes, no te lleves a Victoria, no me dejes. Por favor, por favor.
- Pero –mamá comenzó llorar más fuerte y de repente sentí como si se hubieran olvidado de que yo estaba ahí presente y escuchando cada palabra que se decían-, hace… hace cuánto, Phil. ¿Hace cuánto que estás con ella? –papá jadeó fuertemente y dirigió su vista hacia mi rostro, notando que estaba presente, o puede que ya lo supiera.
- Hace… hace –carraspeó, pasándose nerviosamente la mano por su cabello-. Hace… ¿Victoria, cariño? –mamá se giró y me sonrió suavemente-, ¿Podrías bajar un ratito, Vicky? –asentí lentamente y me bajé de la cama, dirigiéndome hacia el salón.
No sé cuánto tiempo pasó. No sé si fueron horas, minutos o sólo segundos, pero para mi fue una eternidad. Podía sentir el llanto de mamá, las suplicas de papá, algunos gritos…, pero no escuchaba más que eso.
En eso mamá bajó rápidamente las escaleras, trayendo un par de maletas consigo.
Me tomó de la mano y sin decir palabra alguna, trató de alejarme de mi papá. Pero yo me solté y volví corriendo a los brazos de Phil.
Esa fue la última vez que vi a mi mamá.
Desde ese momento, mi vida se convirtió en un infierno.
En la academia despidieron a mi papá, ya que era mal visto que un profesor estuviera relacionado íntimamente con un apoderado.
También nos tuvimos que cambiar de país, ya que en la academia siempre me estaban marginando o burlando por lo acontecido.
La situación ya era insostenible y teníamos la esperanza de que en Vancouver mi abuelo nos recibiera con los brazos abiertos, y así podríamos comenzar una nueva vida.
Resultó, al menos para mí. Ya que Phil nunca lo pudo superar y al final terminó dedicándose al alcohol.
Lo llevé a múltiples sesiones de rehabilitación, pero nada funcionaba; por lo que terminé por rendirme y aceptar la beca a Seattle.
Ahí me dedique a la administración de empresas y conocí a James.
Desde un principio sentí la atracción y creí que me había enamorado. Habría sido la primera vez que sucedía, pero estaba equivocada.
Nunca pasó algo más que una simple relación de trabajo, pero aún así me sentía atraída hacia él. Y digamos que él no ponía mucho de su parte.
En un principio pensé que la atracción era mutua, pero cuando me enteré que estaba saliendo con otra persona me alejé inmediatamente.
Aún me acuerdo de aquella noche en la que él me invitó a un club y tuve aquel encuentro con ella, sin saber quién era. Pero me extrañó que preguntara por mi padre. No sabía que alguien lo conociera.
- Veo que conociste a mi prometida –apenas las palabras prometida salieron de su boca, la odié infinitamente.
- Sí –noté que se sorprendió por mi frialdad, pero aún así la curiosidad pudo más-. ¿Cómo se llama?
- Isabella.
- ¿Su apellido? – frunció las cejas al oír mi pregunta, pero aún así contestó.
- Swan.
- ¿Es Isabella Swan de Inglaterra? –él me miró sorprendido, bastante diría yo.
- ¿Cómo lo sabes?, ¿La conoces?
- Sí, más o menos.
Desde ahí comenzó mi sed de venganza, ya que por la culpa de ellos mi familia se desintegró.
Edward P.D.V
Había pasado más de 2 meses desde el accidente de Emmett, y un mes y medio desde que le pedí a Bella que fuera mi novia.
Todo este tiempo a transcurrido de una manera maravillosa, ya que todo este tiempo con Bella ha sido fascinante. Es increíble todo lo que he aprendido de ella y las nuevas sensaciones que provoca en mí.
Han ocurrido muchas cosas, como por ejemplo que Emmett le pidió matrimonio a Rose. Allie y Bella era las damas de honor; y nosotros, con Jazz, éramos los padrinos.
La boda sería en unos 3 meses, mi madre estaba algo sorprendida con lo rápida que sería, e incluso llegó a sugerir la idea de un embarazo. Pero Emmett sólo dijo que el accidente le había cambiado la vida y todo su punto de vista de esta; así que, lo único que quiere es pasar el resto de ella junto a la mujer que ama, su hermana y sus amigos.
- Un cappuccino descremado con endulzante –pedí a cajera de la cafetería que estaba cerca del hospital.
Esperé unos cinco minutos, y salí rápidamente del local, ya que mi bipper estaba sonando. Pero iba desconcentrado que no me fijé en la persona que iba entrando y derramé todo mi café sobre ella -. ¡Lo siento! –esto nunca me había pasado. La chica estaba completamente manchada con mi café y para variar éste estaba caliente-. Discúlpame, no lo hice aproposi…
- No te preocupes –me interrumpió, mientras trataba de sacarse el abrigo sucio -. Suele sucederme, pero esto no es nada comparado a lo que me ha pasado en la vida –susurró. No estaba seguro si me lo decía a mi, o se lo decía a ella misma. Me sentía terrible, me sentía como un idiota, ya que iba tan absorto en mis problemas y no prestaba atención a lo que ocurría a mí alrededor.
- Dime como puedo compensarte –musité, inconscientemente -. De verdad que lo siento mucho, no puedo dejar que esto quede así, dime como puedo enmendar esto –supliqué y ella negó con la cabeza.
- No te preocupes, en serio –respondió-. Sé que no lo hiciste a posta, así que no te preocupes…
- No, por favor, insisto. No me sentiría cómodo si me voy y tú te quedas así –era increíble que ella no le diera tanta importancia, yo habría estado histérico en su lugar -. Insisto, de verdad.
- De acuerdo, me apetecería un café, pero nada más –respondió finalmente.
- ¡Excelente! –grité, pero recordé que mi bipper estaba sonando y tenía una urgencia médica-. ¿podríamos dejarlo para la hora de almuerzo? ¿Te apetece que te invite a almorzar? –pregunté-. Es que ahora tengo una emergencia médica, y no puedo tardar más…
- De acuerdo –me dijo y sonrió mientras escribía su número en un pedazo de servilleta-. Por cierto, me llamo Victoria.
- Gracias, Victoria. Me llamo Edward.
..
- ¿De verdad hacía eso? –preguntó riéndose a carcajadas. Todos nos quedaron mirando, y algunos sonrieron de una manera extraña.
- Sí –contesté, sonrojándome-. Es que Allie, mi hermana, siempre ha sido sobreprotectora; entonces, cada vez que una chica me pedía ser su compañero en los trabajos, ella les pegaba o les tiraba el pelo. Creo que dejó de hacer eso cuando cumplimos doce años, y aún creo que lo haría si no fuera por Jasper, que la controla la mayor parte del tiempo.
- Es increíble –volvió a reírse-. Yo siempre quise tener un hermano mayor, ya sabes, de esos típicos que te hacen escenas frente a tus amigos o amenaza a tus novios. Pero mis padres nunca quisieron tener más hijos, y fue peor cuando se separaron.
- ¿Qué edad tenías?
- Tenía 8 años, pero recuerdo todo lo que pasó, y a veces desearía no hacerlo.
- ¿Por qué? –pregunté, pero me arrepentí de inmediato al ver la cara de dolor que colocó-. Lo siento, no quiero entrometerme en tu vida, es sólo que a veces es bueno hablar.
- Gracias –sonrió-. Pero creo que todavía no estoy lista para hablar sobre eso. Pero vamos, sigue contándome sobre tu vida.
- De acuerdo. Me acuerdo que cuando tenía unos 11 años, con Alice tuvimos la idea a acampar en el patio de la casa –sonreí-. Pero el clima ese día no nos quiso acompañar, ya que cuando estábamos asando los malvaviscos, y contando historias de terror… -me vi interrumpido por el sonido de mi celular. Lo saqué rápidamente, y pude sentir como perdía el color de mi rostro. Era Bella, y no sabía si contestarle o desviar su llamada, ya que no me sentía muy cómodo contestándole con Victoria frente a mí. Así que decidí ignorar su llamada y continuar con la conversación-. Lo siento, era mí… hermana. Es que ha estado estresada últimamente, así que me llama cada cinco minutos al trabajo para asegurarse si estoy bien.
- No te preocupes, pero creo que ya me tengo que ir –susurró ella y yo asentí con una sonrisa-. Fue un gusto conocerte, ojalá nos encontremos nuevamente.
- Pienso lo mismo.
- Edward –musitó y se sonrojó levemente, mientras miraba hacia un lado. Me sentí un poco incómodo ante eso-. No olvídalo, quizás te llame uno de estos días.
- ¿Pero qué…? –comencé a preguntar y ella me ignoró, saliendo rápidamente de la cafetería, pero lo peor fue el sentir como la sangre abandonaba mi rostro. A unos 3 metros estaba mi melliza y mi novia, y esta última sollozando en los brazos de Alice. Maldición.
Chicas, realmente, no sé que decirles. Sólo que me disculpen la tardanza, y muchas, pero muchas gracias a todas las que me mandaron reviews, inbox, favoritos y alertas; de verdad lo agradezco de corazón.
¡Las adoro!
