Hetalia no me pertenece, ni Prusia, ni Fritz, siempre han sido y serán de HIMARUYA. Tampoco me pertenece la historia tan rica de Alemania pero, ha sido un placer trabajar con ella.
La poesía de Jaime Sabines tampoco es mía, pero espero que hayan disfrutado de ella, cómo yo lo hago cada vez que leo sus libros.
En fin, este es el final de ésta historia. Me siento bastante rara, admitiré que me he tardado y me siento mal por ello. Pero, honestamente, la razón por la cual le di largas fue porque no quería terminar. Amo bastante está historia, ya que fue la primera de Hetalia que escribí. Y ahora, en su último capitulo, avanzó lentamente como deseando que no acabe. Ojala ustedes la hayan disfrutado como yo lo hice. Creo que no hay más que aclarar, así que esto es el final.
Con mis mejores deseos y dedicado a quienes me leen;
Drina Prunus (Linum14 o Lino-Chan)
"Nunca frente a tu muerte nos paramos a pensar en la muerte, ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría."
Algo sobre la muerte y nuestra historia
CAP.12
La flor entre sus manos lucia marchita. Esa hermosa flor azul que represento tanto en su vida ahora solo era nada.
"Ha llegado su invierno" pensó amargamente asomándose por el balcón. Tras de sí, se encontraba un viejo que alguna vez se había encontrado en una vibrante primavera.
"Demostrémosles…" recordó que le dijo aquella vez, en un pasado que ahora le parecía tan lejano. "Qué Prusia no es una bestia enjaulada, una flor que se marchita en invierno… ¡Demostremos que estamos en la primavera de nuestra gloria!"
La primavera… ya había pasado. El invierno a travesaba poco a poco entre las paredes de piedra, amenazando con llevarse consigo la gloria a su paso.
-¡El rey a muerto! ¡Larga vida a Federico II!
Los gritos resonaron por todo el castillo, desde una habitación donde yacía un viejo muerto, hasta los pasillos llenos de criados, hasta la cocina, la sala de estar, la biblioteca, los jardines llenos de vida… hasta los oídos de los principalmente involucrados.
Sus pasos resonaron por los pasillos, los pasos de unas botas manchadas de lodo, junto con el de unas finas zapatillas carmín.
La puerta de la habitación donde provino ese llamado se abrió de una forma violenta, produciendo un sonido molesto a los oídos. Pero en ese momento no importaba en absoluto.
Prusia, que estuvo ahí desde el inicio hasta el fin, pasó por última vez la mano sobre la frente de su antiguo gobernante, y se volvió ligeramente hacia el nuevo. No dio una sonrisa, solo un suspiro resignado acompañado de un amargo "lo lamento…"
-No lo lamentes…- dijo Fritz parándose a su lado. Su esposa se poso tras de sí, colocándole la mano en el hombro.
-Querido…
-Era viejo…- dijo con voz entrecortada.- Tenía que pasar….
Fritz trato con todas sus fuerzas de mandar las lagrimas al demonio, pero por desgracia, unas cuantas rebeldes se negaron a seguir la condena de las demás. Había sido malo con él desde un principio, y su muerte había sido larga y cruel. Jamás se tomo la molestia de visitarle por más que mando a llamar por él. Y ahora estaba muerto y su conciencia remordía…
Pero, ¿De qué sirve el remordimiento cuando no puedes cambiar lo hecho?
Ese día fue de lo más largo y de lo más deprimente. Un funeral rápido para una pena prórroga, y una ceremonia larga para un reinado transitorio.
Mientras Prusia se preparaba, pudo escuchar los pasos vacilantes fuera de su habitación. Incesantes pasos, fuertes y pesados pasos esperando, dando vueltas… hasta que se detuvieron. Y su puerta sonó.
-Adelante…- dijo terminando de abrocharse la camisa.
-¿Listo?- inquirió Fritz con una sonrisa a medias.
-…Honestamente no…- respondió colocándose la chaqueta de lino color azul.- A pesar de que he hecho esto muchas veces en mi vida, me es difícil…
-¿Por qué?- le preguntó un tanto perplejo sentándose en el borde de la cama.
-Porque…- respondió mientras acomodaba corbata y colocaba sobre esta un broche con una preciosa gema vino.- No dejan que se disipe la pena por completo apresurando esto de la política. Igual, no es como si el luto me guste mucho… aun que el color me vaya muy bien.
Fritz echó a reír. Prusia también. Nada mejor para olvidar las penas que un poco de humor negro.
-Pero, hablando ya un poco en serio…- dijo el de ojos escarlata terminando de arreglarse.- ¿Cómo te sientes?
Fritz dudo unos instantes sobre como responder. En ese momento tenía muchas cosas en mente, pero no todas eran buenas. Ante todo, incluso sobre la pena, el dolor, el miedo, estaba el resentimiento que guardaba a su padre por todo lo que le había obligado a pasar. Por todo lo que había hecho. Pero, aun así… ya no quería seguir cargando con eso.
-No puedo decir que me siento triste del todo… más bien me remuerde un poco la conciencia. Después de todo, a pesar de lo malo, él era mi padre. Y jamás dejará de serlo.
-…Cierto. Pero al menos debiste darle el gusto de verte una vez más antes de morir…
-No era necesario darle ese gusto, tuvo mucho tiempo para verme.
-¡Pero este era el ultimo vistazo!- Gilbert no pretendía gritar, pero no pudo tolerarlo.- Tu no escuchaste sus lamentos y sus palabras, al final, aun que sea bastante estúpido, se arrepintió de todo. Vio que esa no era la manera y lo único que deseaba era pedirte perdón.
Fritz le miro fijamente y con su tono de voz más tranquilo, dijo:
-Eso no era necesario… sus lamentos y palabras de perdón no eran necesarios.
-¿¡Cómo puedes decir esa cruel mierda!?- bufó furiosa la nación.- ¡No pienso permitir que digas eso de uno de mis mejores gobernantes a pesar de lo que te hizo, Fritz!
-Déjame terminar, Gilbert.- pidió.- Sus palabras y lamentos, no había necesidad de eso porqué, a pesar de lo malo, de todo lo malo, él era mi padre y le quería… Y hace tiempo entendí que no tenía caso odiarle y decidí perdonarle hasta donde pude. Por eso es que no había nada de que hablar entre nosotros.
Se hizo el silencio, uno largo. Uno que indicaba que en ese momento, ya no había más de que hablar. Y no lo había, porque, en el fondo, tanto nación como príncipe, ambos, habían madurado.
Dejo caer la flor marchita, la cual se meció suavemente por el viento hasta tocar el suelo. Demostrando una vez más ante sus ojos que la muerte no era más que el lento camino, el último paso… el más largo y a la vez corto de los pasos de la vida.
Se volvió hacia la persona recostada en la cama. Él se encontraba ahí desde que las cosas se tornaron a ese último sendero. Prusia no estaba ahí a petición de su gobernante, estaba por deseo propio. En el fondo, estuvo con el desde el momento que llego al mundo, y le pareció justo estar con el hasta el ultimo de los días.
Tomo la flauta del taburete, se sentó al borde de la cama, y acaricio está con la mano libre. Observo al viejo con sonrisa victoriosa recostado, consiente que dentro de poco partiría. Y aun así estaba feliz… Porque, a pesar de no lograr todo, dio el mayor de los pasos, haciendo la base más estable, y lo que seguía, ya no dependía directamente de él, pero le hacia sentir orgulloso el saber que era por su causa que el resto pudiese lograrse.
-Tu sobrino a mandado una respuesta a tu carta…- dijo Gilbert mirándole.
-¿Y qué ha dicho?- dijo Fritz irguiéndose un poco.
-Ha aceptado con honor el tomar tu lugar como mi futuro gobernante.- Gilbert dio una sonrisa pícara.- Y tiene toda la razón porque es un honor el poder estar a mi lado. ¡Todo un privilegio!
-No estoy muy seguro que sea un "privilegio" el tener que hacer de tu nana.- dijo Fritz divertido.
-¿Disculpa?- soltó el albino levemente ofendido pero, dispuesto a un contrataque verbal.- Creo que aquí el único que hizo de nana fui yo. ¿O no coincide conmigo señor "yo no voy a ser gobernante aun que me claves los pies a Prusia"?
Ambos echaron a reír a carcajadas abiertas. Aun que a Fritz no le duro mucho debido a que últimamente si reía unos violentos ataques de tos venían a él. Obvia señal de que estaba en las últimas de su vejez.
-Bueno, dejémoslo en que ambos a su respectivo tiempo lo hicimos. ¿O no lo cree así señor "me vale que no quieras hablar conmigo igual me filtro por tu ventana"?
-Oye, al menos trataba de ayudar.
-Yo también.
-…Bueno, honestamente, la verdad es que no hacíamos bien las cosas…
-No es que no las hiciéramos bien, solo era que ambos éramos jóvenes y estúpidos.
-Creo que esa es la manera más apropiada de definirlo.
Ambos se miraron fijamente, sonriendo. El final era próximo, se acercaba a su ritmo. Pero las cosas marchaban bien. A pesar del dolor, las cosas estaban estables.
-Prométeme que no te pondrás a llorar ante mi muerte…- soltó Fritz de pronto, seriamente mas sin dejar de sonreír.
-Hombre, he llorado tanto en todos estos años a tu lado que eso que me pides no podrá ser… ¡Creo que me he quedado seco!
-¿Seguro?- preguntó.
Gilbert no entendía el porqué de esa cuestión. Y no fue sino hasta que vio la imagen borrosa de su soberano que se dio cuenta de que las penas que se habían albergado en su corazón estaban fugándose en forma de llanto a través de sus ojos.
-…Esta bien, llora lo que quieras ahora, pero no llores para siempre… Nadie vale lo suficiente la pena para sufrirle eternamente por más doloroso que sea.- dijo Fritz.- Prométeme que recordaras solo lo bueno y no lo malo. Quiero ser fuerza y alegría en tu corazón, jamás tristeza y amargura.
Gilbert se froto los ojos, secando violentamente las lagrimas.
-Tranquilízate…- dijo con un hilo de voz.- La tristeza es al igual que la vida: Pasajera por más huella que deje. Además, el señor a mi lado me enseño a vivir sin depender de los demás.
-No, -le corrigió él- lo que te enseñé fue a que no todo el tiempo iba estar contigo y que debías dar lo mejor de ti cuando eso ocurriera.
-¿Qué en todo caso no es eso lo mismo?
-No.
-Prusia…- dijo Fritz arrodillado ante su nación, frente a toda esa esa gente dentro de aquel edificio.- Prometo no volver a huir, permaneceré a tu lado y no volveré a caer ante mi debilidad… Demostrémosles qué Prusia no es una bestia enjaulada, ni una flor que se marchita en invierno… ¡Demostremos que estamos en la primavera de nuestra gloria! Las bases que están hechas estarán más solidas que nunca, nuestro imperio será la envidia del mundo… No habrá nación en está tierra que no conozca el nombre de Prusia.
Todos lo presentes dieron un grito de admiración, jurando gloria, eternidad y fuerza a Prusia.
Gilbert solo se limito a sonreír complacido, Fritz beso la mano de su nación. Era un pacto, un pacto sellado con cuerpo y sangre, hasta que el tiempo se terminase.
-Aquel día…- irrumpió la voz de Fritz sus pensamientos. Gilbert le miro.- Dije que permanecería a tu lado.
-Venga…- dijo Prusia un tanto brusco.- No es como si pensase que eso iba a ser para siempre.
-Igual, siento que la estoy rompiéndolo en estos momentos, la verdad es que aun que mi cuerpo este aquí mi mente se encuentra en otra parte…
-…Sumida en memorias, ¿Verdad?- inquirió.
-No solo en memorias, sino también en palabras que no estoy del todo seguro si decirte o no.
Gilbert dejo la flauta a un lado, acerco su mano a la de Fritz y la tomo con fuerza.
-Si las crees en verdad necesarias, dilas, sin temores y arrepentimientos… Pero si son palabras que no llevan a ninguna parte, mejor guárdalas.
-…No, creo que ya no debo de hacer eso… - dijo.- Después de todo…
-¿Sí?
-Es una verdad que llevo años ocultándote.
-¡Ese estúpido de Austria, me muero por ver como se arrodilla ante mis pies llorando piedad!- gritó Prusia en pleno éxtasis vistiéndose.- ¡Ya era hora de una buena batalla para demostrar mi poder! ¡SEEEEEEEEEEEEEEH!- se volvió a Fritz el cual tenia la mirada fija en los mapas y rutas trazadas sobre estos.- Hey, Fritz, ¿Qué tal son esos aliados que me conseguiste? ¿Serán a mi semejanza y grandeza?- inquirió. Fritz seguía observando meticulosamente cada ruta.- ¿Fritz? ¿Me estás escuchando?
-La ruta norte sería la mejor para un ataque sorpresa… ¡Los austriacos no la verán venir!- gritó entusiasmado dando un golpe a la mesa.- ¡Trágate esa Austria! ¡Si no es por las buenas será por las malas!
-…Vaya, eso es nuevo.- soltó Gilbert sonriendo ladino.
-¿Qué cosa?- preguntó Fritz alzando la vista.
-Ese entusiasmo previo a la guerra… Por lo general solo demuestras esa alegría y energía cuando se trata de música, artes y esa nenaza de la cultura francesa.- bufó entrecerrando los ojos y cruzando los brazos.
Fritz echó a reír, a carcajadas abiertas. Una vez pasado el ataque de risa se limpio unas cuantas lágrimas que asomaban por sus ojos.
-Es que…- respondió aun sonriendo.- esto está tan bien planeado que me emociona y mucho. Si logramos obtener éxito estaremos un paso más cerca de formar el nuevo Reich, la nueva voluntad y fuerza de la gente de Deutsch…- lo miró lleno de emoción.- Es como una bella sinfonía en sus inicios… Pequeñas notas que en conjunto crean algo en grande, ¡AMBROSIA!- exclamó con entusiasmo mirando a Gilbert. La nación sonrío divertida.
-Solo tú podrías dar una comparación así…- dijo.- Pero es bueno que le pongas tanto entusiasmo. Sí para ti la guerra es Arte y te motiva, por mí sigue adelante.
-Eso haré.- dijo Fritz mirándole.- Por cierto, cambiando un poco de tema…
-¿Qué ocurre?
-Deberías de darle una oportunidad al francés y a la flauta…
-Y ahí vamos de nuevo, señores…- dijo Gilbert cínicamente, rodando los ojos.
-Es en serio, Gilbert…
-Ya te dije que no es lo mio…- bufó.- Soy pésimo en ambas cosas, mi acento es muy marcado y desafino terriblemente. Y por más genial que sea, sé cuando las tengo por perder.
-No, tú no sabes admitir la derrota, si lo sabré yo…- dijo un tanto retorico.- Si bien es cierto que tu francés apesta; tu sentido del ritmo no es malo. Eres muy entusiasta solo que desafinas un poco…
-Tu madre pensó que estaba ahorcando a un ganso la última vez que toque la flauta…- reclamó.
-Solo es cuestión de práctica…- comenzó a guardar los mapas en los cajones.- Además, luces muy bien cuando tocas. -le dio una cálida sonrisa. Gilbert se sonrojó.
-…Bueno, tal vez el maravilloso de yo reconsidere tomar las clases de música…- dijo un tanto avergonzado.- ¡Pero del francés ni hablar!
-En serio, Gil. ¿Qué tienes en contra del francés?
-No tengo nada en contra del francés pero, soy prusiano y mi idioma es el alemán no el francés.- hizo un gesto infantil.- Y pareciera que a ti también se te olvida lo que eres… - masculló.
Fritz le miro compresivo. No, él no había olvidado lo que era. Un prusiano, uno muy orgulloso de su nación. Pero, bueno… tampoco iba a negar que Francia tuviera lo suyo.
-Solo digo que le des una oportunidad.- exclamó encogiéndose de hombros. Gil dio un bufido como respuesta.
-Ese estúpido de Francia me mando una carta el otro día…- exclamó Prusia de pronto.
-¿Ah, sí? ¿Y que decía?- inquirió curioso Fritz.
-Que todo estaba bien, que haber que día nos veíamos para ir a divertirnos junto con Antonio…- frunció el ceño.- Estúpido Francia.
-¿Aun estás enojado por…?
-Ni me lo recuerdes…
-Pero Gil, fue tan divertido. Admite que a pesar de todo lo malo, ustedes fueron muy buenos amigos, incluso con España.
-Dirás el cerebro de chorlito de Antonio.
-¿Listo para conocer a tus nuevos aliados?- le cuestiono Fritz.
-Yo siempre estoy listo…- respondió Prusia.- Solo espero que ellos estén listos para el maravilloso de yo.
-Créeme, Gilbert, para eso nadie lo está… sería bueno que le dejará a mi sucesor un manual de instrucciones…- dijo burlón.
-Jaja, que chistosito…
Ambos fijaron la mirada al horizonte. Un enorme grupo de batalla venia a lo lejos, éste estaba dividido en dos, era obvio que los del uniforme azul celeste eran franceses y los del uniforme rojo carmín los españoles. Frente a ellos venían dos chicos cabalgando. Se detuvieron en la entrada principal del castillo. Ambos bajaron y caminaron hacia donde ellos.
Gilbert observo detenidamente a los jóvenes. El castaño tenía una fachada de ingenuo que no podía con ella. Y el rubio le parecía curiosamente familiar. Lo miro meticulosamente, tratando de acordarse dónde lo había visto. El rubio levanto la mirada, ambos se observaron fijamente.
-¿GILBERT?- soltó éste sorprendido.
-¿Nos conocemos?- preguntó el albino.
- ¿EHHH?- exclamó el rubio en un tono exagerado.- ¿Qué acaso ya no me recuerdas?- inquirió auto-señalándose, Gil negó.- ¡Soy Francis, te encontré en el bosque en unos de mis viajes y te di hospedaje y alimento! ¿Cómo es posible que hayas olvidado eso?- reclamó.
El cerebro de la nación comenzó a hurgar en viejas memorias hasta que dio en el blanco. ¡Claro! ¡El chico que lo ayudo cuando andaba en la búsqueda de Fritz!
-¡FRANCIS BONNEFOY!- exclamó alegre.
-…Fra, jamás me mencionaste que conocías a Prusia.- dijo el chico castaño.
-Bueno, incluso con los amigos hay que tenerse sus secretos…- dijo el rubio guiñando el ojo, coqueto.
Los jefes de las tres naciones intercambiaron miradas, aun confusos de lo que ocurría a ahí.
-Gilbert…
-¿Sí, Fritz?
-¿Por qué jamás me comentaste que tu y Francia se conocían en persona?
-¿…De qué mierdas estás hablando?- se volvió a Francis.- Oye, ¿tú ves a Francia? Yo no lo veo.
-Él es Francia.- dijo el castaño divertido señalándolo. Gilbert abrió los ojos cuan grandes eran.
-¿T-tú eres…?
-Oui.- soltó en francés sonriendo.- Creí que lo habías captado aquella linda mañana en la cama.
-¿Mañana en la cama?- inquirió Fritz.
-Francis, quiero una explicación ahora.- pidió su jefe.
-Oh, fue una noche inolvidable y una conversación excelente…- dijo el francés llevándose las manos a las mejillas con aire soñador.- De solo recordar mi corazón se emociona…
-¿FRANCIA?- Gilbert no salía de su asombro.
-¿Cómo que noche inolvidable, Gil?- inquirió Fritz sintiéndose un tanto confundido y celoso.- Gilbert, responde. ¿Cómo está eso?
-En momentos como estos como me alegra que el mío sea un niño grande…- masculló el jefe de España, cruzando los brazos.
-¿Francia?
-…Hola, mi nombre es Antonio Fernández Carriedo, también conocido como España. Pueden llamarme Antonio o España. ¡Es un gusto conocerlos!- dijo el castaño alegre, sin captar la situación.
-¿Ven a lo que me refiero?- soltó el jefe de éste.
-¿Francia?
-Ajá. Yo soy Francia.
Gilbert asintió lentamente, aun tratando de procesarlo. Después de un minuto lo vio de pies a cabeza y le soltó un tremendo pisotón.
-MERDEEE! ¿Por qué demonios me haces eso?
-¡Esto es por meterle ideas raras a Fritz!
-¿Eh?
-Y ahora…- se volvió a todos los presentes.- ¡El que llegue después de que entre al concejo de guerra se queda afuera!- gritó antes de salir disparado de ahí.
Antonio empezó a reír divertido. Francis aun estaba un tanto confundo a que demonios estaba pasando por la cabeza de aquel albino. Los jefes de las dos primeras naciones se volvieron a Fritz, esté solo dio una sonrisa boba.
-¿No es lindo su entusiasmo?- exclamó.- En fin, respecto a su repentino exabrupto de Prusia, les pido de la manera más atenta que por favor: ¡Corran!- y salió disparado también.- ¡QUÉ EL SIEMPRE HABLA MUY EN SERIO!
Dos de las cuatro personas ahí presentes se preguntaban si había sido buena idea hacer esa alianza. Otro de ellos pensaba que esa casa da locos era de lo más divertida. Y el último pensaba que el trasero de ese par de prusianos estaba de lo más lindo.
Una vez en el en concejo. Los planes, división de trabajo, los términos de alianzas y otras cosas no sé hicieron esperar. Mapas, rutas, planes a futuro. Si la operación era exitosa esos tres obtendrían muchos beneficios.
-¡Me gusta!- exclamó Antonio.
-¿A qué es genial, eh?- inquirió Gilbert con orgullo.
-Lo mejor de todo es lo que obtendremos a partir de esto…- dijo Fritz.
-Oui, de solo imaginar los beneficios, -dejo Francia metiéndose entre el albino y su rey, colocando las manos en las espaldas de estos- me siento emocionado…- bajo las manos hasta el trasero de ambos y les apretó.-…es tan excitante…
Fritz se puso completamente rojo y sonrió incomodo. Gilbert también se sonrojo pero estaba apretando los puños, completamente furioso.
-¡SUÉLTAME EL CULO, MALDITO PERVERTIDO DE MIERDA!- gritó dando un giro sobre si, plantándole una buena patada en el rostro.
-¡GYAAA!- chilló Francia tallándose la mejilla.- Eres malo…
-Maldición, Francis…- dijo su jefe.- me prometiste que nada de perversiones hoy.
-Lo siento, pero esos culitos son tan lindos…
-Jajaja, ese es mi amigo…- exclamó Antonio entre risas.
Gilbert frunció el ceño. Ahora era a él al que no le gustaba eso de la alianza.
-Dios, Gil, te lo has tomado demasiado personal, igual jamás volvió a hacerlo…
-Pues no…- dijo esté acomodándose al lado de su gobernante.- Pero a cada rato quería meterme mano. Y a ti también… Ese infeliz…
-¿Qué ocurre con eso? ¿Acaso querías ser tú el de los intentos fallidos?- se mofó. Gilbert se puso completamente rojo.
-¡Claro que no! ¡Sácate esas ideas de la cabeza, Federico II!
-Venga, igual Gil… No hay punto de comparación entre ambos, los dos tienen lo suyo. - admitió Fritz.- Y sabes bien que entre tú y él, tú y por mucho.
Gilbert sonrió complacido.
-Además de que no tengo opción, juré estar contigo.
La sonrisa se desvaneció al instante.
-Pues quiero que sepas que a mí, Francia me tiro bastante la directa de que lo hiciéramos… y la verdad me vi muy tentado.
Fritz frunció el ceño.
-¿Y por qué no lo hiciste?- inquirió tratando de disimular el enojo.
-Nah, la verdad es que no me apetecía del todo. Francis es interesante, pero era obvio que se veía con Arthur… nuestra guerra era excusa para hacerse conflicto con él.- dijo.- Además, bueno… no era algo que me llevará a ningún lado, preferí pasar.
Se hizo un breve silencio. No era quien decidió pasar o quién no. Era el hecho de que los sentimientos estaban fuertes aun, impidiendo que hubiese nuevos.
Fritz sabía que Gilbert lo seguía amando, y en cierto modo el también. Pero con el tiempo la relación se fue tornando distinta. Más fraternal, más amistosa… con mayor confianza. A pesar de alguna que otra mentirilla que se decían para no sacar viejos temas.
Además, estaba la extraña relación entre Austria y Prusia, pero ese tema lo tocaría más adelante.
Pero hoy, y en esos últimos días de su vida, ya era hora de tirar las mentiras, había mucho que aclarar.
-¿Él te hizo esa insinuación antes o después de lo que paso el día que salí herido en batalla?
-¿Ah?- en verdad no esperaba una pregunta así. Y mucho menos que tocará ese tema.
Gilbert desvió la mirada. Ese tema… ese pequeño desliz… ambos dijeron muchas cosas que después parecieron irse junto con la noche. Pero realmente no era culpa de nadie. La situación, la conversación, el silencio… todo dio paso a eso. Y honestamente, trataron de no tomarlo tan en serio porque, bueno, además de la relación que acordaron llevar, Fritz ya estaba casado, aun que no funcionara… y él, bueno, el empezaba a experimentar ciertos sentimientos amorosos hacia el estúpido señorito.
-No es ningún reclamo, Prusia…- dijo Fritz.- Creo que a estás alturas ya es tiempo de hablar bien las cosas, ¿No?
-Bueno, creo que tienes razón.- lo miro.
-¿Entonces?
-Todo el tiempo.
-Je, Francia nunca tuvo vergüenza.
-Lo sé.
-Pero no niegues que el y España…
-…Ellos son mis más grandes amigos.
-¿A dónde vas Fritz?- preguntó Isabel Cristina a su marido. Éste se limito a soltar un suspiró.
-Ya te dije que no dejaré al batallón solo.- respondió un tanto grosero.- Yo también voy a luchar. Además, tengo que asegurarme de que Gilbert este bien…
-Gilbert…- susurró la reina con molestia.- Siempre ese… ese…
Fuera de la alcoba se encontraban las tres naciones aliadas. Prusia pegado a la puerta escuchando la conversación, Francis de manera más discreta observando por una rendija. Antonio estaba entre ambos, escuchando el intercambio de diálogos...
- ¿Qué dicen?- preguntó.
-Gilbert, levantas pasiones… ¿Quién lo diría?- dijo Francis sugerente.
-Cállate, pervertido…- dijo este entrecerrando los ojos.- Que aún no te perdono lo de la metida de mano.
-Eso no es nada…- exclamó Antonio.- Una vez me manoseo todito mientras estaba herido… igual, no fue tan malo.
-Tú tienes problemas mentales, ¿Verdad?- inquirió.
Justo en ese momento la puerta se abrió. Los tres cayeron de cara al suelo, mientras que Fritz los miraba. La reina frunció el ceño.
-Justo hablábamos de ti…- dijo Fritz risueño.
-Sí,- exclamó la rubia saliendo completamente enfurruñada de ahí.- justo hablando de molestias.
Los tres guardaron silencio. Fritz les miro.
-Ella solo está un poquitín molesta porque me voy.
-Nadie le juzga…- dijo Francia levantándose.- Pero le recomiendo que no haga enfadar mucho a la dama.
-No es que lo haga por gusto… solo que no se me da el tacto con las mujeres.- dijo el rey riendo.
-Sí, ya nos dimos cuenta…
-Escuchamos todo, todo…- dijo Antonio.- ¡Es como si ella estuviera celosa de Gilbert! Vaya tontería… digo, ¿Por qué estarlo?
Se hizo el silencio. Tanto nación como gobernante se pusieron rojos y nerviosos. Francia se dio una palmada en la frente mientras suspiraba resignado.
-Antonio, en verdad que tu no sabes cuando debes de mantener las palabras en tu cabeza, ¿Verdad?
-¿Eh?- exclamó el castaño.- ¿A poco dije algo malo?
-No, en absoluto…- dijo Fritz divertido.- Y ahora,-su semblante cambio a uno serio.- ¿De quién fue la idea de ponerse a espiar de manera tan descarada?
Las naciones intercambiaron miradas.
-¡SUYA!-gritaron señalando cada quién a uno distinto y acto seguido salieron corriendo a distintas direcciones.
-No sé porque dicen que de dónde saco la loca idea de estar con ellos en el campo de batalla…- rodó los ojos.- ¿Qué acaso no es obvio?
-España era bastante ingenuo…- soltó Fritz.
-Es.- le corrigió Gilbert.
-Bueno es bastante ingenuo…
-Yo diría estúpido o cabeza hueca, pero es una manera más sutil de decirlo la tuya.- dijo.- Oye, ese día que tú e Isabel peleaban… sé que es obvio era por mi causa. Pero, precisamente, ¿Cuál era el problema?
-El mismo de siempre: Sus celos irracionales.- exclamó.- Gil, no era ningún secreto que entre nosotros había tensión, nuestro matrimonio era una farsa y tú sabes bien que el tener tacto con las damas no se me da en absoluto.
-Eso es cierto pero…
-Ella sospechaba que entre tú y yo hubo algo, y creía que seguía…
-¡Eso era una total tontería!
-No, no lo era. En cierto modo estaba en lo correcto, los deslices que ocurrieron durante la guerra, la victoria y los fracasos fueron y siempre serán prueba de ello.- Ambos se miraron.- Sin importar el hecho de que decidimos no darle importancia para mantener una relación sana y estable, lo cierto era que el sentimiento estaba ahí, cambiando lentamente y persistente…
-¿A pesar de tu romance con Voltaire y mi sentimientos por el señorito idiota?
-A pesar de todo eso.
-…Mmm, tienes razón. Yo jamás he dejado de quererte.- admitió.
-Ni yo.- dijo Fritz.- Creo que eso no es ningún secreto.
-…Fritz… Hay algo de lo que quiero hablarte.- masculló.- De hecho, hay muchas cosas de las que me gustaría que habláramos antes de… de…
-¿De qué mi tiempo llegue a su fin?- inquirió con dulzura.
Prusia asintió, no sabía porque se había trabado al querer decir esa última oración si era de lo más común. No era la primera vez que estaba en una situación así, aun que en el fondo sabía que Fritz no era solo otro de sus gobernantes. Desde el principio todo señalaba a que eso iba a ser algo más que una relación diplomática.
-¿Es sobre toda la problemática de mi huida, lo de mi madre, el encierro y mi matrimonio?
-… Me perdí en problemática.- dijo.- Pero sí, es de eso de lo que me gustaría hablar.
-Pues, ya que estamos conversando sobre viejas memorias, adelante…- le indicó.- Tengo mucho tiempo para dedicarte.
-¿Aún sigues enojado conmigo por todo lo que pasó? ¿Sigues creyendo que yo te delate? ¿Qué yo me metí con Sofí? ¿Estás molesto por qué no fui a visitarte a prisión?
Fritz miro a Prusia compasivo. Si bien durante años siguió molesto con él, con el tiempo recapacito y entendió que Prusia no era tan maldito como para hacer las cosas con el afán de solo herir o solo por hacerlas. Se lo había demostrado muchas veces, mas jamás quiso retomar esos temas porque era abrir viejas heridas, y no quería volver a verle llorar. Con el tiempo simplemente se hizo a la idea de que no había hecho esas cosas e incluso si las hizo, no tenía por qué tomarlo tan apecho.
-Me es difícil creer que aun cargues con ese peso encima…- soltó tranquilamente.- Creí que había quedado en el pasado…
-Ya vez que no… son cosas que a estás alturas aun me ponen un tanto ansioso.- le miro.
-Comprendo. Igual, son muchas preguntas…
-No, no los son…- dijo.- Solo son parte de una historia larga…
-Buen punto…- suspiró.- En fin, antes de que te responda algo equivoco, quisiera que me dijeras tú que paso en realidad.
Los ojos de Gilbert se iluminaron, era obvio que tenía tiempo esperando oír eso.
-…Vaya, esto se tornará un poco largo…
-Tienes razón… ¿Quieres té y galletas?
-En vista de tu estado… -sonrió- creo que es lo único que podemos comer.
Al poco rato una de las criadas llego con una bandeja de plata, llena de galletas de distintos tipos, y un juego de té muy fino.
-Ponlas en el taburete…- pidió Fritz. – y cuando salgas cierra la puerta, no quiero que nadie nos moleste.
La chica asintió, coloco las cosas donde le indicó y salió en silencio de la habitación.
-Entonces, - dijo Prusia sirviendo el té.- ¿Por dónde quieres que empiece?
-…Por donde quieras.- dio un ligero sorbo a su taza. Tomo una galleta- La palabra es tuya, así que adelante.
Gilbert vio el contenido de su taza y comenzó a darle vueltas.
-Aquel día que te fugaste… después de nuestra primera vez…- comenzó.- Yo salí a buscarte en cuanto tu padre me dio la noticia. No podía concebir la idea de que hubieras ido sin darme si quiera unas palabras de despedida.
-Lo siento.
-No te estoy reclamando… - advirtió.- Yo comprendo que te sentías desesperado por huir del régimen tan estricto de tu padre.
-Igual no era excusa.
-En fin, yo…- dio un sorbo a su bebida.- Salí a buscarte sobre pasando el limite. No comía, no dormía, no me podía detener pensando en encontrarte porque deseaba saber la razón por la que te habías ido…
-La razón era simple y tu mismo acabas de mencionarla.- le interrumpió. Dio un mordisco a una galleta.- ¿Quieres?- dijo ofreciéndole.
-No, gracias.
-Bien, mejor para mí.
-Ahora por eso si quiero.- exclamó.- Pásame el plato…
-Vale.
Fritz rio para sus adentros. Prusia no dejaba de ser aquel joven con alma de niño que conocía.
-En fin, disculpa mi interrupción, ¿Decías?
-Sobre pase mis limites, a tal grado que me desmaye en medio del bosque y cuando desperté a la mañana siguiente…
-Estabas en una posada con Francia.- dijo.- Lo sé.
-¿…Cómo?
-Cuando Francia hizo toda esa escenita la primera vez que se presentaron de manera formal por la alianza… no te negare que lo busque después, cuando vi que se encontraba completamente a solas y le atiborre de preguntas…
-¿En serio?- soltó Prusia un tanto perplejo.- ¿Por qué?
-…Bueno, ya que estamos siendo honestos…- se froto la nuca nervioso.- Fue porque cuando dijo todo eso… me sentí un tanto celoso.
- Siempre supe que aun despertaba celos en ti. Después de todo soy tan genial…- bromeo dibujando una amplia sonrisa. Gilbert se volvió a su gobernante y al ver que no sonreía, tensó los labios.
-Después de todo lo que paso, - dijo Fritz dejando de lado la broma de Prusia.- ¿En verdad creíste que a pesar de mi convicción te iba a hacer a un lado tan fácilmente?
-Pues en mi opinión lo hiciste y muy bien…- lo miro.- Y esto último sí es reclamo.
-No necesitas decirlo, me di cuenta por el tono de reproche con el que lo dijiste.
- Pues si te los estoy echando en cara fue porque tu te encargaste muy bien de hacérmelo creer así…- Gilbert advirtió que estaba levantando demasiado la voz, así que dio un suspiro, trato de calmarse y continuó.- Como sea, así fue como conocí a Francis. Pero no estábamos hablando de ese idiota, sino de nosotros. El punto es que te busque como loco, y cuando estaba a punto de darme por vencido…te encontré… los encontré… a ti y a Hans…- su voz comenzó a quebrarse.
¿Cómo olvidarlo? Cuando por fin logró encontrarlo, después de tan exhaustivo viaje, fue solo para verlo con él, con el teniente Hans.
-…Hans.- susurró Fritz.- Aun me remuerde la conciencia de solo pensar que por mi culpa…
-No fue tu culpa, Fritz.- dijo tomándole por el hombro.
Fritz le miro con cierto desdén, después con tristeza. ¿Acaso Prusia creía que aun le seguía culpando?
-Gilbert…- susurró.
-Yo debí decirte que el ejército prusiano iba tras ustedes. Debí decírtelo directamente a ti…- se lamento Prusia.- Tal vez, si hubiese sido así, tu tendrías una vida distinta en Inglaterra…
-No, está bien…- le interrumpió. Ya era hora de dejarle en claro que había comprendido que Keith le había traicionado, no él.- No fue tu culpa, y lo sé. No fue de nadie… ni siquiera de Keith. Todos teníamos motivos ocultos a fin de cuentas… –Aclaró la garganta- Además, de haber sido de esa manera, si tu me hubieras dicho a mi o Keith me hubiese pasado el mensaje, jamás hubiese vivido todas estas cosas. Creo que mi vida no hubiese sido tan emocionante como lo es y fue aquí, a tu lado.- lo rodeo por los hombros.- Así que ignora mis miradas, es solo que hasta ahora simplemente no puedo dejar de buscar como disipar la pena que sigo sintiendo.
-…Yo también me siento culpable.- confesó la nación.- Si hubiese insistido más, si hubiese llegado a tiempo para tratar de cambiar la decisión del concejo de guerra…
-Hans de igual manera hubiera terminado en prisión o exiliado, lejos de mí. Las cosas no hubiesen cambiado mucho. Incluso si hubiese logrado escapar a Inglaterra con él, mi destino no me hubiera permitido estar por mucho tiempo a su lado. Tarde o temprano tendría que haber vuelto, como el heredero mi lugar estaba aquí. Mi padre no hubiera descansado hasta traerme de vuelta a casa por cualquier medio…
-Seh, tienes razón. El Rey Sargento no lo hubiese permitido, era bastante terco y orgulloso.
Se hizo el silencio. Uno muy largo. Gilbert miro a través de la ventana, y sintió el viento frio entrar con suavidad.
-Gilbert…- le llamó Fritz. La nación se volvió a éste.- Yo también tengo una duda que no puedo sacarme de la mente, ¿Sabes?
-¿Cual?- inquirió el albino.
-¿En verdad quieres seguir indagando sobre esto,- le cuestionó.- sin importar lo mucho que tal vez pueda herirte?
-Dudo mucho que eso ocurra…- respondió.
-Que una persona te trate bien no significa que no vaya a apuñalarte por la espalda.- dijo Fritz.- No idealices cosas, Gilbert.
-Yo no idealizo nada, Federico.- respondió la nación.- Lo que quiero decir es que con todo lo que ha pasado entre nosotros, ya no me dolería ni sorprendería de la misma manera lo que me vayas a decir. No sé que esperar de ti, honestamente, es por eso que me preparo para cualquier respuesta que pueda salir de tus labios.
-Creo que tienes razón.
-No creas, -clamó el albino colocándose las manos en la cintura- yo siempre tengo razón.
Gilbert siguió alardeando sobre su intuición y genialidad un rato, mas Fritz no le escuchaba. Esa frase resonaba en su cabeza en forma de un recuerdo.
-Yo siempre tengo razón.- dijo Gilbert montando su caballo.- Si nos dirigimos por este sendero, los emboscaremos seguro.
España y Francia le miraron un tanto inseguros. Ya tenían un plan original, ¿Por qué tan de pronto quería cambiar de estrategia?
-Prusia, -le llamó Fritz. La nación se volvió a este.- ¿Estás completamente seguro de eso?- le mostro el mapa.- ¿Estás seguro de que quieres mandar al demonio la ruta trazada?
-Venga, ¿Crees que arriesgaría todo si no supiera que esto puede funcionar?
-Tienes razón, vamos entonces.
Las tropas siguieron a la nación. Francia y España se encontraban un tanto desconcertadas. Nunca había visto un jefe tan permisivo y confiado como Fritz. Ambos comenzaron a murmurarse cosas por lo bajo, la verdad les parecía demasiada rara esa confianza tan extremista. Y las naciones no tardaron en sacar locas conclusiones. De las cuales Fritz estaba al tanto.
Que si eran amantes, que si Prusia le amenazaba, que si no tenía poder ni voto, que si Fritz solo aparentaba…
En fin, él estaba al día de cada una de las ocurrencias de las naciones, y sabía que cada una de sus suposiciones era incorrecta. Y las que no lo fueron, en ese momento ya lo eran. Entre Gilbert y él ya no ocurría nada desde la última vez que hablaron, y acordaron establecer una relación en un sentido más diplomático.
-Por aquí.- exclamó Prusia sacando a Fritz de sus pensamientos.- ¡Los pillaremos!
-No estoy muy seguro de que siempre tengas la razón…- dijo Federico volviendo a la realidad.
-¿...Por qué?- inquirió Prusia sirviéndose un poco más de té.
-¿Recuerdas la ocasión que te seguimos por el sendero y por poco morimos?- preguntó.- A pesar de que le diste una buena paliza a Austria…
Gilbert trago en seco. Sintió un enorme nudo en la boca del estomago. Claro que lo recordaba, no pensaba olvidarlo jamás. Había cometido un error muy grave, por enfocarse en el estúpido pero sensual señorito podrido, había descuidado a los demás, dando como resultado que hirieran a Fritz.
-¿…Me estás reclamando?- preguntó.
-En absoluto. Solo quise recordarte algo que ya deberías tener en claro, eres buen estratega, sí, pero eso no significa que siempre tengas la razón.- aclaró Fritz.- Además, no fue tu culpa, fue mía por distraerme… debí verlo venir.
Gilbert se sintió inquieto. Ese día pasaron muchas cosas, cosas que juro y que juraron, no debían repetirse. Lo bueno, pero a la vez malo fue, que encontraron la manera de manejarlo. No la mejor dado todo lo que había vivido anteriormente, pero la más sensata.
-Corrección…- exclamó la nación mirándole con cierto remordimiento.- Debimos verle venir.
-¡Ríndete, señorito podrido!- gritó Prusia dejándose caer sobre el joven castaño de ojos lilaseos. Este trato de defenderse inútilmente. Ya que su poca capacidad de combate en lugar de ayudarle, solo demostraba lo torpe e ignorante que era en el arte la guerra.- ¡Quiero que me des Silesia ahora!- le ordenó.- ¡Y no creas que me compadeceré de tu cara de nena!
-¡Jamás la tendrá!- dijo el Austriaco sin perder la compostura.- Esta me pertenece, así que aleje sus manos de ella, idiota... Y ya deja de fastidiarme
-¡Déjate de formalidades, Roderich!- gruñó Gilbert.- Ni que no supieras que donde pongo el ojo dejo caer la flecha.
Los ojos de ambas naciones se encontraron. Ambos despedían convicción. Tanto el austriaco como el prusiano estaban convencidos de sus ideales, y por ende, ninguno pensaba ceder.
Por desgracia, Roderich sabia que el idiota encima de él era un terco violento que obtenía a la fuerza las cosas. Y sabía que no le dejaría en paz hasta lograrlo. Pero él se negaba a perder Silesia, y no solo porque no tolerase la idea de que Prusia pusiera sus manos encima de él, era cuestión tanto política como de orgullo.
Todos sabían que la cuestión de que Fritz no aceptará a Maria Teresa era solo una razón vaga, era obvio que había otros objetivos.
Primero que nada, el crecimiento de Prusia. Si obtenía Silesia se fortalecería de manera notable, además, que lograría un objetivo que venia buscando de años atrás: Unir a los pueblos de habla germana para formar a lo que el llamaba Reich II. Y si lograba eso, Prusia se propagaría como una plaga por toda Europa. Era obvio que buscaba ganar territorio. Todas las naciones buscaban eso. Por algo España y Francia estaban de su lado, tanto como Prusia y España tenían una buena armada, y Francia obtendría provecho sin ensuciarse tanto las manos de la victoria del prusiano.
Era una cuestión política, sin duda. La cosa es que sabía que esa derrota podía afectarle, y no podía permitirse el mostrarse débil ante las demás naciones, y mucho menos en un nuevo reinado que causo un tanto de polémica. Muy leve, pero la causo. Eso no era para nada bueno.
-¡Olvídalo!- dijo Roderich dándole un empujón a Gilbert.- ¡No pienso perder contra alguien tan escandaloso que solo me ha causado molestias!
-¡Ni yo contra una señorita!- respondió el albino, empezando a meterle mano.
Austria comenzó a forcejear, no pensaba darse por vencido, no ante alguien tan molesto. En un momento dado, logro zafarse y trato de quitarse, pero el albino le tomo de una mano, arrastrándolo nuevamente a su poder.
-¡No me toques!- le lanzó una bofetada con la mano libre. Era algo poco apropiado, pero fue lo único que se le ocurrió.- ¡…Me causas repugnancia!
-El sentimiento es mutuo…- el albino dibujo una sonrisa tétrica. Acto seguido le lanzo un golpe al piso con el fin de intimidarle, y al ver la mirada del austriaco supo que lo había conseguido.- Estúpido señorito podrido. –Se acercó a su oído- Pero no solo eso, también me causas lastima, desde niño era obvio que tu no servías para esto, siempre perdiendo y llorando, y ahora luces tan patético haciendo esto que no sé que sentir, si l…
El sonido de un disparo interrumpió el monologo de Gilbert. El sonido de un grito ahogado hizo aparición. Gilbert se levanto, soltando al objetivo. Tenía que asegurarse que su ejercito llevará la delantera, de lo contrario, por más experiencia que tuviese las llevaría de perder, también debía de asegurarse de que sus aliados se encontraran bien.
Todo a su alrededor era un caos, había soldados de todo tipo caídos, aun que los más notables eran, obviamente, los austriacos. Vio a Francia y España peleando ferozmente, defendiéndose las espaldas. ¡No cabía duda que había obtenido a los mejores aliados!... Estos le miraron y con una señal le indicaron que no se preocupara de ellos. El albino les hizo caso y se volvió hacia los suyos.
Sus soldados estaban maravillosos como siempre pero, no veía a Fritz por ninguna parte… de hecho, no veía a varios de sus soldados… Y fue cuando vio un caballo corriendo desembocado, y a algunos soldados rodeando a su rey.
El corazón empezó a latirle de tal modo que lo sentía hasta en los oídos. Había mucha sangre en el suelo, en su ropa, en sus manos…
Gilbert dejo caer las armas que traía en manos, y echo a correr.
-¡FRITZ!
-Estoy bien… solo han sido un par de golpes…- respondió este sujetándose con fuerza el brazo.- No creo sea algo muy grave…
Gilbert se mordió el labio, furioso. ¿Cómo había sido tan estúpido? ¡Sin importar el hecho de que llevará ventaja no debió despegar la vista en ningún momento de su ejército! Ahora Fritz se encontraba herido…
Se volvió hacia Roderich, invadido por la rabia.
-¡Tu me las vas a pagar con creses!- gritó corriendo hacia este, lo tomo por las solapas.-…Tú, tú…
-Solo a un prusiano se le ocurre arriesgar tanto…- dijo Austria sin inmutarse.
-…Está me las pagaras, ya veras… -le soltó.- No hoy, pero pronto…
Roderich miro a Gilbert. En todos los años que tenía de conocerlo, esa era la primera vez que le veía tan serio, tan furioso, tan preocupado por alguien más que no fuese él.
-…Roderich, yo defenderé a los míos hasta el final. ¡Y por mi rey no solo lucharé, sino que estaré dispuesto a morir o matar!- amenazó.
El austriaco miro la decisión en los ojos del prusiano, y supo que eso no era un juego, o palabras sin sentido por la rabia que lo invadía. Sino una promesa a cumplir por algo que le resultaba realmente valioso.
-¡Soldados, retirada!
-¡Pero, Gilbert…!- replicaron España y Francia.
-¡He dicho retirada!
… … … … …
Gilbert andaba de un lado a otro, incesante. No dejaba de maldecir e insultar por lo bajo, mientras retorcía las manos y gesticulaba, Francia soltó un suspiro con pesadez y se acomodó un poco sobre el tronco en el que se encontraba sentado, mientras que España seguía con la mirada al albino.
-¿Podrías dejar de hacer eso?- dijo Francia en tono de suplica.
El albino levanto la mirada, molesto, y vociferó:
-¿Hacer que cosa?
-Dejar de ir a un lado a otro como loco haciendo escandalo.- dijo el francés.- Sé que estas preocupado, mon ami, pero desesperándote no obtendrás nada.
-Ni haciendo zanja de tanto darle por el mismo camino, tampoco.- Agregó el español.
Gilbert frunció el ceño, mostrando claramente que se encontraba irritado.
-¿Y ustedes que saben?- reclamó.- ¡Fritz está herido y de no ser porque me di cuenta a tiempo la cosa pudo haber empeorado!
-Pero no lo hizo, mon cherie.- replicó Francia.
-Cierto, solo tiene unas contusiones y la herida del disparo en su brazo. Le doy unas dos semanas para que ande como si nada.- dijo Antonio sonriendo de manera apacible.- Si sabré yo de heridas, me la vivo metido en líos.
-¿Ves? ¡Ya tranquilízate!- pidió el francés.- Siéntate con nosotros a esperar, ya te dejarán pasar… ¡Estoy seguro que solo tardan por…!
-¡Tardan porque no fui lo suficientemente rápido ni astuto!- exclamó Prusia.- ¡Soy maravilloso pero al parecer no lo suficiente para evitar…!
-Gilbert, por favor, mírame…- le ordeno Francia.- Mírame y escucha lo que voy a decirte sin divagar ni rechistar…-el albino trago en seco, y a pesar de estar hecho un mar de emociones, se concentro en el francés.- ¿En cuantas guerras has estado para empezar? Piénsala sin responderme, y estoy seguro que si te pidiera la respuesta esta no seria la primera ni será la última. –eso era cierto- Creo que tenemos demasiada experiencia como para saber que este tipo de situaciones siempre se van a dar, así que deja de decir que pudiste haberlo evitado. Sácate la idea tonta de tratar de analizar una y otra vez el pasado para encontrar el error y tratar de solucionarlo en el presente, porque eso carece de todo sentido y lógica. Ya paso, por descuido suyo, por eso paso, y ahora aprendiste algo de ello. Tómalo y al diablo el resto. ¡Agradece que esté vivo, que a fin de cuentas es lo que importa!
-Fra tiene razón, Pru… -soltó el español.- Deja de pensar en el pasado que solo te nublara la razón. Lo bueno es que estamos aquí y ahora, heridos pero bien y dispuestos a darle.
-Oui.-exclamó el francés con convicción.- Además, ¿Crees que nos hubiésemos aliado a ti de no saber lo bueno que eres para obtener lo que quieres?
Prusia miro a sus malos amigos, y supo al instante que ellos tenían plena confianza en él. Sonrío complacido...
-¡Es obvio que no!- dijo.- Es porque soy tan maravilloso que supieron que no era buena idea tenerme como enemigo.
-...Ese suena al Gil de siempre...- dijo Francia sonriendo.
El albino solo se limito a asentir y seguir alardeando sobre lo maravilloso e increíble que era. Tal vez no eran los mejores aliados, ni las mejores personas, pero como amigos, superaban las expectativas.
… … … … …
Cuando al fin le permitieron pasar, (después de que armo un escandalo enorme), Gilbert se dirigió a largos y pesados paso a su gobernante.
Fritz se encontraba recostado, con el brazo vendado, tenía varios morados y unas cuantas heridas en las comisuras de los labios. Prusia trago saliva. Sabía que no debía tomárselo a pecho, pero no dejaba de sentir que era su culpa.
...Si hubiese sido más precavido, si no se hubiese concentrado tanto en Austria...
-Reconozco esa mirada y te pido no me mires así, por favor...- soltó Fritz sacándole de sus pensamientos.
-¿Cuál mirada?
-Tu mirada de culpa...- respondió.- Esa mirada de si hubiese... no la hagas. En todo caso es mía por distraído...- río.- Creo que los viejos tenían razón cuando dijeron que no era tan sensato que me uniera al batallón... aun que honestamente no tenía intención alguna de quedarme en el castillo...
Prusia le miro y se sorprendió al ver como sonreía despreocupado, como si lo que hubiese pasado fuera cualquier cosa. Pero no lo era... no al menos para él...
-Tranquilo, solo son un par de heridas insignificantes...
¿Insignificantes? ¿¡Insignificantes decía!?
-¡No digas tonterías!- no pretendía gritar, pero se sentía desesperado.- ¡Eso fue suerte pero, qué tal si...!
-Nada.- soltó.- Prusia, no me pasó nada. Creo deberías estar bien con ello.
-Y lo estoy... pero las posibilidades no dejan de rondar en mi cabeza.- admitió.-...Jamás me hubiese perdonado si algo te hubiese pasado...
Fritz le miro con ternura, y con un gesto le indico que se acercase. La nación le miro confundida, pero igual obedeció. Una vez frente a su rey, este le tomo por el brazo y le atrajo a su lado.
-Deja de ser tan paranoico, Gilbert...- dijo en un ligero susurro.- Estoy bien y es lo que importa... aun que admito es lindo te preocupes por mí. Pero tu trabajo no es preocuparte por mí, tu trabajo es darme preocupaciones.
-Eres un loco, eso que dices no tiene sentido...- respondió la nación haciendo morritos.- Seguramente sigues conmocionado por el susto que te diste...
Fritz le miro serio, a su mente vinieron viejas vivencias. No, realmente ese percance en el campo de batalla no era nada comparado con su vida, en sí.
-La cercanía de la muerte no es algo que me aterre, realmente...- soltó.- Durante mucho tiempo la he visto ir y venir, así que tuve que hacerme a la idea de que tarde o temprano vendría a por mí, pero... me siento afortunado... está vez solo ha decidido pasarme por alto. Y eso... ¿Eso es bueno, no?
-Supongo que sí...- dijo bajando la mirada.- Pero, igual, se más cuidadoso, ¿Quieres?
Ambos guardaron silencio. A fuera solo se escuchaba el sonido de la brisa y de los soldados que montaba guardia. Un ligero viento helado entro a la tienda de campaña. Unos crujidos un tanto espeluznantes se hicieron presentes... Pero en lugar de sentir temor, sus mentes trajeron recuerdos. Los recuerdos de una noche parecida a esa. Una noche llena de confesiones, placer, temor y despedidas silenciosas.
Los ojos de Gilbert se volvieron vidriosos... y al volverse a Fritz tratando de retener el dolor, un dolor más que nada melancólico, noto que este tenía la misma mirada, el mismo sentimiento... el mismo recuerdo. Pero, esa noche era distinta, ¿No? Aquí no había despedidas... ni secretos. Ya todo se había presentado y aclarado... hasta cierto punto. Y la situación había cambiado también.
Fritz estiro la mano al rostro de Prusia, y le dio una ligera caricia. Había pasado tiempo desde la última vez que veía esa expresión en su rostro. Una expresión tan tierna, llena de preocupación, culpa y a la vez amor. Porque algo que aun era obvio es que Prusia seguía enamorado de él, no con la misma fuerza, pero aun estaba el sentimiento de por medio... y la tentación.
-...Lo haré, no te preocupes...- dijo.- Aun que esa expresión de preocupación en tu rostro luce hermosa, pero no es algo que vaya contigo, realmente...
Gilbert sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Eso era peligroso. Si se dejaba llevar sabía que podía terminar en desliz. Y ese desliz podía despertar viejas emociones...
-En verdad que estás raro...- soltó apartándose.- Federico...
-¿Tu crees?- preguntó inocente.- Yo no le siento lo extraño…
-No, porque para un loco lo que hace es cuerdo…- dijo el albino serio.- Igual, retomando el tema, me alegra que no sea nada grave. Igual… se cuidadoso…- se levanto de la cama.- y…
Las palabras quedaron suspendidas en el viento. Fritz sostenía a Gilbert por la manga de su abrigo, con fuerza. El albino se volvió a este y le miro anonadado.
-¿Qué ocurre?- preguntó.
-¿Tu también crees que hice mal a venir al campo de batalla en lugar de quedarme en el castillo como cualquier otro soberano con medio cerebro?- inquirió con la mirada baja.- ¿Crees que no lo estoy haciendo bien? ¿Qué debería de pensar un poco más en como lo hubiese hecho mi padre?
Gilbert le miro serio. Aparto con gentileza la mano de Fritz y se sentó a su lado.
-Tu lo has dicho…- soltó.- Un gobernante con medio cerebro lo hubiese hecho, pero tú, Fritz, no… porque tu no eres como ellos, tu tienes todo tu cerebro. Eres la persona más inteligente y atrevida que conozco…
-Gilbert…
-Déjame terminar.- pidió.- Eres inteligente, atrevido, algo loco… Eres distinto, único.- dijo. Ambos se miraron. Gilbert se encontraba algo avergonzado por lo que decía, porque venía de su corazón y parecía cosa de enamorados. Fritz en cambio, se sentía halagado y sorprendido ante tal respuesta.- Eres Federico II de Prusia… el rey más rebelde, problemático, inteligente y sagaz. No eres como tu padre, ni como su padre, y jamás lo serás, cierto es… ¡Pero eres uno de los mejores! Has logrado mucho y puedes lograr más… ¡Tu no debes de detenerte a pensar o a actuar como alguien más, tú debes actuar por cuenta propia como siempre lo has hecho! ¡Y es por esa actitud tuya que todo hasta ahora ha salido tan bien!
Fritz le miro sorprendido. Jamás creyó, después de todo lo que paso, que Gilbert tuviera esa impresión de él. Sintió una punzada en el corazón y una profunda tristeza le invadió… Prusia, la nación que tanto había repudiado, a la que ataco y juzgo sin darle tiempo de explicar, de quién huyo tanto tiempo, a quién le rompió el corazón, aún tenía puestas esperanzas, sueños y proyectos en él, y no porque fuera su deber, sino porque lo creía capaz de eso y más.
-Fritz, ¿estás bien?- preguntó la nación al verle tan serio. Fritz sonrió agradecido, con una mirada cálida, y, aun sumergido en esa sensación tan agradable y a la vez melancólica que le provocaba el saber todo aquello, se arrojó entre los brazos de la nación por impulso. Gilbert le miro sorprendido, mientras ese abrazo impulsivo les llevaba al suelo de manera violenta, y lo que no duro ni un minuto, a la nación le pareció una eternidad.- ¿Fritz?
-¡Te quiero, te quiero mucho, Gilbert!- dijo este apretándolo con fuerza.- ¡Eres la persona que más lejos pero a la vez más cerca esta de ser perfecta… no sabes lo feliz que me hace el estar a tu lado, el conocerte…!
-¿Federico?
-El saber que no me odias… Gil… eres tan benevolente y… ¿Gil?- inquirió el joven rey al sentir como Gilbert le apretaba suavemente y escuchar un ligero sollozó. Se apartó un poco y le miro. La nación lloraba en silencio, a lágrima viva, mientras le miraba fijamente…- Gilbert… esto… ¿…Estás bien? ¿Acaso te lastimaste? ¿…Por qué lloras?
-…Yo… yo…- se sonrojo.
-…Ya veo…- soltó al darse cuenta de que sus palabras habían abierto una vieja herida.- Lo siento.
-No, no, está bien… es solo que fue tan repentino…- sonrió con ternura.- Y yo que seguía creyendo que me odiabas…
-…Yo…- le miro fijamente.- ¡Claro que no! ¡Yo jamás te odiaría! Yo…
-¿…Tú?
Las palabras quedaron suspendidas en el viento. Un impulso, una vieja emoción, la situación… un beso. Un largo, dulce y a su vez desesperado beso. Era la necesidad de sentir qué estaban juntos en eso. Porque estaban juntos en ello, era verdad… pero… a veces dudaban de ello. Estar al lado de alguien no significa que estén juntos. Conocer a alguien no significa que sepas de él.
Primero fue un rose ligero, seguido de una mirada confundida, luego uno más profundo, secundado con una mirada cálida y melancólica, con el saber que hasta cierto punto esa acción estaba mal… Pero no importaba, como siempre, cuando se disparaba esa emoción… todo lo demás se volvía insignificante.
Una caricia, otra más… la búsqueda desesperada de romper el limite de aquellas ropas que solo estorbaban. Los labios fundidos en el deseo de no ser separados. El anhelo de estar juntos un momento, un solo momento, para ellos… a pesar de acordar que ya no seguirían con ello.
…Pero, ¿Qué había de malo en volver a caer en el pecado una vez más?... Además, ¿Qué no caer en el pecado siempre ha sido la mejor forma de evitar cometerlo nuevamente? ¿Qué no errando se aprende? ¿Qué no…?
-Fritz… ah, Fritz…- gimió Gilbert al sentir como este bajaba poco a poco, dándole delicados besos a su piel.- Federico…
-¿Qué ocurre?- inquirió deteniéndose un instante, para sacarse la camisa.
-¿No deberíamos detenernos?- inquirió sintiéndose avergonzado. En el fondo lo deseaba, pero su cabeza no dejaba de decirle que era mala idea. Y por primera vez en su vida a la nación le pareció más sensato escuchar a la cabeza que a sus instintos.- Tu brazo está herido, yo debería estar haciendo guardia y…
-…No, yo creo que deberíamos continuar… más por instinto que por lógica digo esto…- le miro.- Pero, solo será de esta manera si quieres… si no, yo seguiré…
-No estoy poniendo excusas…
-Lo estas haciendo…
-…Mi cabeza dice que es mala idea.
-Es porque lo es…
-¿Ves? ¡Si tú también lo sabes por qué…!
-¡Porque necesito sentir y saber que te hago sentir que estoy a tu lado! ¡A pesar de que lo sabemos…! Yo no lo siento así…
-Hacer esto… solo puede empeorar nuestra ya frágil relación…
-O evitar que repitamos nuestros errores…
Se hizo el silencio, el viento frio revelo el crujido de los arboles… Era cierto. Ambos argumentos eran ciertos. Y entonces se dieron cuenta nuevamente de que los mantenía unidos, que los hacia trabajar tan bien… el ser tan distintos. Eran el complemento perfecto.
-…Si te duele continuar con esto…- empezó Fritz dándole un ligero beso sobre los labios.- No seguiré… no quiero volver a verte llorar por mí… no lo merezco…
-… no me va llorar, cierto, pero… cuando lo hago siempre es por algo que en verdad lo merece.- dijo Prusia sonriendo malicioso.
A fuera, el viento seguía su curso, los soldados prusianos seguían montados en guardia. Los españoles y franceses dormían en espera de su turno. Pero sus naciones se mantenían despiertas, viendo las estrellas.
-Te dije…- soltó Francia al escuchar los gemidos ahogados de Gilbert.-…Que ese par eran amantes frustrados…
-…Bien, será la ultima vez entonces que dude de la nación del amor…- dijo Antonio juguetón mirando el firmamento.
-…Esa historia es muy triste, ¿No crees?- el español le miro.- Al final él…
-…Cierto. Tal vez el desenlace sea muy triste…- España rodeo a Francia por los hombros.- Pero lo recorrido en el camino es una ganancia que a futuro será vista con ternura… y así el dolor habrá valido la pena…
-…Cierto, al final, sin importar que, el amor prevalece…
-Exacto… ahora… ¿Quién quiere ir a nadar un rato?
-MOI!
Dentro de la tienda de campaña, Gilbert y Fritz seguían con los besos y las caricias. Están iban cada vez mas frenéticas, más ansiosas, más desesperadas…
-¿Puedo ya?- preguntó el soberano a su nación. Gilbert di un ligero sí.- Bien…
Las manos de Fritz bajaron a las caderas de Prusia, dándole ligeras caricias con una y con la otra preparándole para lo que seguía.
-Gyah, esto… duele…
-Lo siento…
Abrió las piernas de la nación ligeramente, y con sumo cuidado coloco su miembro cerca de su entrada, mientras lo introducía lentamente.
-Está tan estrecho…- gimió.- Después de tanto tiempo…
-…Es doloroso…
-Lo sé, duele tanto…
-¿Te duele a ti? ¡Es a mí a quien se lo están metiendo!
-Jajaja, perdón, Gil…- La nación le miro ofendida, Fritz sonrió con ternura.- Creo que no estamos en la misma…
-Sé que te refieres a que es doloroso para ti en cuanto a lo emocional… lo es para mi también…- dijo.- Pero a lo que voy es que físicamente duele más… hace tiempo desde la ultima vez…
-Lo sé…- le dio un beso apasionado.- Lo sé…
-Fritz…- acaricio su rostro con ternura.- Prométeme que mañana seguiremos como si nada de esto hubiese pasado…
-…No. No será así…- respondió.- Mejor pactemos que…. Sobrellevaremos esto de la mejor manera… fingir que no paso… solo terminaría provocando que se agrave…
-…Cierto…- lo rodeo por los hombros, mientras comenzaba a mover las caderas.- Ahhh… Fritz…
-…Prusia….- lo abrazo con fuerza mientras se movía también.-…Independientemente de todo… yo te amo… no como amantes… pero te amo.
-…Yo también…
-¿Aun me amas?- preguntó Gilbert al viejo recostado en la cama.
-Eso depende… -respondió- ¿Cuándo deje de hacerlo?
-…Eres un viejo burlón, Fritz.- dijo Gilbert dibujando una sonrisa ladina.
-Lo sé, lo siento…- dijo entre risas.
-Tonto…- dijo dándole un ligero golpecito en la frente.- Ese no es motivo para disculparse… se nota que ya estas senil…
-…No estoy viejo… es solo que me gusta bromear con tus palabras…
Ambos tomaron una galleta y comenzaron a comerla. La tarde había pasado volando y el anochecer se hacía presente.
-Si muriera justo ahora, no sabes lo feliz que me iría de este mundo…- confesó Fritz. Gilbert trago en seco y comenzó a toser.- Tranquilo… no lo dije para que te fueras a mi lado…- bromeo mientras le daba golpecitos en la espalda.
-…Es que a veces sales con cosas que… cof… no deberías… cof…
-No dije nada malo, solo la verdad…- dijo serio.- Las cosas entre tú y yo hace tiempo que se arreglaron, conseguimos muchos avances juntos, no los que deseaba, pero te deje preparado para el resto y… sé que si me voy en este instante tu no te quedaras solo…- sonrió.
-¡No digas tonterías!
-No son tonterías… aun, aunque no lo parezca, tienes a Austria, siempre lo has tenido, de hecho…- se miraron fijamente.- Recuerda que a mí tu no me engañas.
-Cállate…
-Y no me refiero solo a los tratados…- sonrió pícaro.- Sino a todo lo que paso en la guerra…
-¡FRITZ!
-Pero que no es cierto… de no ser por todo eso jamás hubieses conseguido a tus malos amigos y jamás…
-Me habría enterado de que el señorito estaba enamorado de mí… lo sé.
-Y de que estás enamorado de él…- aclaró Fritz.- Gilbert, no entiendo, ¿Por qué no has ido tras él?
-…Porque, viejo entrometido… aun estoy esperando el momento adecuado para comenzar una nueva historia…
-No busques tanto…- dijo Fritz.-…Buscar no sirve. Encontrar es lo ideal.
-¿Y cómo sabré que lo encontré si no lo busco?
-Tu solo lo sabrás… como yo lo supe cuando te encontré aquel día en el palacio…
-Yo te encontré a ti, no tu a mí.
-... Si quieres creer eso, adelante.
-Pero así fue como paso.
-¿Seguro?
Gilbert guardo silencio… Ese semblante serio y decidido comenzó a hacerlo dudar. ¿Qué tan cierto o tan certero era que él había encontrado a Fritz o Fritz lo habría encontrado a él?
-¡Devuelve eso que es tan importante para el señor Austria!- gritó la húngara atacándole con todas sus fuerzas.- ¡Devuélvelo asqueroso prusiano!
-¿Hungría?- soltó el austriaco al ver a su esposa ahí.
-¡Me las vas a pagar, Prusia!
-¡GAAAH!- soltó el prusiano al sentir pasar el arma de la chica tan cerca de él. Ésta le lanzó otro golpe, pero lo detuvo.- ¡Ya cálmate, maldita sea! ¡Ahora que eres una chica ya no puedo golpearte, Hungría idiota!
-¡Siempre fui una, estúpido, ahora pelea!- le ordenó zafándose.
-¡Lo siento, pero eso ya es mío y no se puede cambiar…! ¡Hice mío al señorito!
-¡No, eso no! ¡Además él era mío antes! ¡Así que yo lo hice mío antes que tú!
-Despierta a la realidad, era y lo hiciste… actualmente es y lo hice…- dijo Prusia con sorna.
-¡Serás un hijo de perra!
-…Oigan…-soltó el austriaco tratando de mantener la dignidad que le quedaba intacta- …sigo aquí…
-Lo sé y le pido que se mantenga alejado, Señor Austria…- pidió la chica.
El austriaco dio un suspiro resignado. ¿Mantenerse alejado? ¿Cómo? ¡Se encontraba atado a un asta por culpa de aquel odioso prusiano!
En fin, la lucha entre ambos se encontraba en auge… Lo peor era que a nivel de batalla ambos estaban parejos, lo cual dificultaba mucho establecer un ganador, el otro problema era que ahora que Prusia sabía que Hungría era una chica, se le dificultaba más pelear con ella. A fin de cuentas un hombre no puede ponerse a pelear con una mujer, eso es una deshonra, además de que compartieron muchos recuerdos, la gran mayoría malos, otros chuscos y algunos buenos, lo cual solo lo empeoraba todo. Pero la húngara atacaba con tal determinación que parecía la tenía de ganar. Y Prusia tampoco podía permitir eso.
Así que en contra de todo estándar respondió ferozmente a los ataques de la chica.
-¡Devuélvelo!
-¡Jamás!
-¡Es mío, mío, mío!
-¡Eso no es cierto, entrometida mentirosa! ¿No te da vergüenza pelear por él?
-Por supuesto que no, ¡Yo amo a Señor Austria a fin de cuentas!
-¡HUNGRÍA!- gritó el austriaco avergonzado.
-Y lucharé por él incluso si eso significa mi final…- chilló esta.- Aun que es obvio que tal vez tu no entiendas eso, Prusia…
-…Claro que lo entiendo.- gruñó bloqueando el ataque de la chica.- A mi no me vengas con que eres especial y única, y por ende tu lucha y causa también, ¡Eso es patético!
-¿Yo? ¡Tú eres el patético por aprovechar el momento de debilidad de Señor Austria!- gritó esta lanzando sus mejores ataques.- ¡De él y de su nueva soberana que es una mujer indefensa! ¡Tú y tu gobernante son unos abusivos!
-¡No te atrevas a meter a Fritz en esto!- gritó Gilbert.
-¡Pues eso es, un poco hombre, sin honor, sin palabra, desvergonzado, sin g…!
En ese momento los estándares desaparecieron. Hungría cayó al piso con un solo ataque del albino. Éste la embosco, sin dejarle escapatoria alguna, entre su espada y la pared.
-Te dije que no metieras a Fritz en esto.- dijo completamente furibundo.- ¡No lo conoces, no sabes quién es…! ¡No te atrevas a catalogarlo si no tienes ni la menor idea de como ha sido su vida! ¡Y deja de entrometerte en mi camino!- gritó alzando la espada para dar su ataque final.- ¡Te voy a dar verdaderos motivos para luchar ahora!
-¡PRUSIA, NO!- gritó el austriaco con todas sus fuerzas.
Por sorprendente que pareciera, Prusia se detuvo, no por la petición… si no por el tono de suplica y la expresión en el rostro de Austria. Sintió un nudo en la garganta. Era como verse así mismo. Era el mismo temor, la misma angustia… el saber que todo se iba a ir debajo de un solo movimiento. Austria aparto la mirada y cerro los ojos, temiendo por la chica, pero el albino no continuo el ataque. Y ese fue su error.
-Ese fue el instante que lo provocó todo, ¿No es así?- preguntó Fritz tranquilamente mientras bebía su té. Prusia asintió.- Lo supuse.
-Fue darme cuenta que el estúpido señorito y yo éramos iguales…- intercambiaron miradas.- Pero eso no fue todo…
-Bueno, esta bien que lo admitas, pero ¿sabes? Dejar a Hungría ir fue lo pero que pudiste haber hecho.
-Lo sé, lo sé, por poco nos costó la guerra.- exclamó Gilbert molesto.- ¡Pero al final yo gané y es eso lo que importa!
-Seh, pero no olvides que de igual derroto a todos nuestros soldados por cuenta propia… tan débil no era.- retorció las manos.- Por eso no tolero a las mujeres, siempre te salen con sorpresitas. Que humillante, es algo que no supero.
-…Bueno, sí, eso es cierto.- admitió resignado.
-Pero, bueno, dejando eso de lado… ¿Cómo fue que te diste cuenta de que Austria sentía algo por ti? ¿Él te lo dijo?- inquirió curioso.
-No, para nada.- respondió.- El jamás haría algo así…
-¿Entonces?
-Veras, una noche…
-Prusia, Prusia, Prusia…
-¿Qué es eso?- soltó el albino volviéndose a donde provenían tan tétricos sonidos. Frente a su rostro apareció la húngara, con una expresión asesina. Dio un respingo.
-Devuélvelo, devuelve, devuelve, devuelve la región importante… P-R-U-S-I-A… devuélvela o paga con el precio de tu vida…
-¡GAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
El peli blanco cayó de la cama debido a la impresión, la húngara aprovecho el momento para atacar. ¡Esa mujer si que era persistente! Y el creyendo que Sofí era la única con esa cualidad/defecto.
-¡Déjame en paz, maldita sea, gane eso con mi inteligencia y genialidad, no la devolveré!
-¡No es una opción, debes hacerlo! ¡Devuélveme esa parte del señor Austria!- chilló desesperada.- Devuélvela, él es mío…
-Por última vez no, yo lo gane justamente.
Hungría le miro furiosa, con los ojos anegados en lágrimas. Prusia le miró perplejo. ¿Qué le pasaba?
-Oye, ¿Estás bien?- preguntó.
-¡Pues claro que no estoy bien, estúpido!- chilló la chica. Las lágrimas rodaron por sus mejillas.- ¡Y no lo estaré hasta recuperarlo!
-¿Hablas de Silesia…?- inquirió Gilbert confundido.
-…Eso es irrelevante, aun que es importante para lograr mi objetivo…
-¿Entonces?
-No te hagas idiota…- masculló.- Hablo del corazón del señor Austria- lo miró enfurecida.- ¡Del corazón que en algún momento te robaste y no me di cuenta!
El viento soplo. Los árboles producían horribles crujidos… Y Gilbert solo trago secamente saliva. Austria… ¿Enamorado de él? ¡Eso era una tremenda tontería! Ilógico, imposible, estúpido…
"No creas que lo hago por ti, lo hago por mí… Eres molesto… Oh, señor idiota… Jajaja, tonto… Toma lo que quieras y déjame en paz…" Dijo a lo lejos la voz de Austria.
Entonces lo entendió, todo ese tiempo, desde pequeños… Austria… pero si parecía que entre Suiza y él… pero visto de esa manera era tan obvio.
-Oh, mierda…
-Lo mismo digo…- sollozó Hungría.- Es por eso que no hizo mucho por defenderse, también. –Gilbert miro los ojos de la chica, los cuales estaban llenos de rabia y sufrimiento.- Y lo que más me duele es ver que incluso él se da cuenta de lo que te pasa, como si fueras tan importante, y se lo guarda todo. ¡El señor Austria sufre y es por tu culpa!
-…No, no lo es…- dijo Prusia mirándola.- No es culpa de nadie. Si él decidió callarse es por algo, si yo no me doy cuenta es por algo… Incluso si te duele, es por algo ajeno completamente a mí, y… si él me ama, te lo digo por experiencia, no importa cuanto hagas, no cambiaras su parecer…
-Eres un estúpido, insensible, egoísta y…
-Lo siento.
-¿Eh?
-Perdón… por esto… en verdad se lo que se siente…
-Prusia…
-Lo lamento.
-…Yo también… lo siento…
-Eso que le dijiste, fue por…
-Por lo que había pasado contigo y Hans… más que nada, tus demás romances me eran irrelevantes…- dijo tranquilamente la nación.
Fritz le miro preocupado. Todos esos sentimientos por tanto tiempo solo le causarían amargura a Prusia, pero necesitaba dejarle en claro las cosas antes de su partida, que ya sentía próxima. Como cualquier hombre mayor, podía sentir la dulce mano de la muerte rosando su mejilla, dispuesta a besarlo en cualquier momento.
-Comprendo, ¿Y qué sucedió después?
-No mucho, en una de nuestras tantas peleas se lo pregunté sin más preámbulos a Austria… y él se sorprendió, pero no lo negó, no dijo nada, pero no hizo algo que dijera lo contrario a mis palabras… y entonces…
-¿Entonces?
-Pensé que tal vez no era tan malo, porque, como él es una nación y yo también… podría simplemente funcionar. Comencé a observarle mejor, a escucharle con atención… lo espiaba descaradamente… y simplemente el sentimiento también floreció en mí, no de manera tan intensa, pero era un gusto muy agradable, muy parecido a lo que siento por ti, pero jamás se podría comparar…
-Ya veo, ¿Y qué harás cuando yo muera?
-Indagar hasta que la oportunidad aparezca.
-¿Eh?
-Sufriré, lloraré, seguiré viviendo… Y reencontraré la felicidad, espero que en Austria, y si no es en él, será en alguien más.
Prusia sonreía, lleno de orgullo y convicción en los ojos. Era cierto, a pesar de todo ese amor, sabía, desde ya hace tiempo, que el mejor lugar en donde podía estar, era al lado de Austria, pero prefería esperar un poco más al tiempo correcto.
-Ya veo…- dijo Fritz sonriendo.- Me alegro por ti, en verdad, me enorgullece ver que… ya no necesitaras de mí…
-En eso te equivocas, yo siempre necesitaré de ti, pero… -se acercó a él- no significa que no pueda vivir sin tu ausencia.
Ambos hombres sonrieron, y en silencio, se dieron el último beso en los labios.
Esa noche, Gilbert durmió tranquilamente, soñando con los años dorados y felices al lado de su rey. Fritz, en cambio, solo miraba por la ventana a la nada, pensando en lo maravillosa que había sido su vida, esperando ya el abrazo de la muerte, mientras entre sus manos sostenía una flor azul, la cual no representaba solo su vida, sino a Prusia.
Prusia, no, Gilbert, la mejor persona más capaz, fuerte, orgulloso, valiente, pasional, tierno, y magnifica persona que había tenido el gusto de conocer.
Y así, en el arrullo de la noche, cerro los ojos y entrego sus labios a la muerte, la cual tomo su mano, le robo en un beso su último aliento.
Se vio a sí mismo en esa cama, luego se vio así mismo, frente al espejo, su espíritu era como él siempre se sintió, joven. Por ultimo paso al cuarto de Prusia y acaricio sus cabellos, le dio un beso en la frente y se despidió. La nación solo susurro su nombre, él sonrió. No podía pedir más.
Es cierto que ante la muerte nunca nos paramos a pensar en el camino, el camino que una vez nos pareció largo, ahora parece corto. La muerte nos enseña que la vida es corta y bella, pero que nunca nos detenemos ni un instante a pensar en lo valiosa que es.
Al menos él, después de tanto vivir, podía decir a ciencia cierta que era de esa manera.
Dejo caer las flores azules en el ataúd de Fritz, y lloró, durante varios días en silencio, pero no más de lo que había llorado al descubrirle muerto.
Después, la pena se volvió menos onda y el llanto ya no volvía con tanta frecuencia. Y pronto, el dolor se volvió melancolía, y la melancolía se volvió recuerdos.
Y de pronto el amor, las memorias, y todo lo relacionado a Fritz se volvió simplemente una alegría pasada, que era grata de recordar a pesar de sus altibajos.
Y su vida, su vida, esta continuo, pesadamente, pero continuo. Siguió viendo a sus malos amigo, y siguió molestando a Austria, aun consiente de sus sentimientos, esperando que en algún momento la oportunidad llegará… y un día…
-¿Cómo que un niño?- preguntó Prusia saliendo de la habitación directo al cementerio.
-Así es, - le aseguró el soldado.- Un niño pequeño, lo vi jugando con las cosas que han desaparecido, en el cementerio.
Prusia corrió directamente hacia allá. No le importaba las cosas de valor que se habían perdido, solo la flauta que Fritz le había regalado. Además de que, hacía días se sentía raro, más grande, más responsable, y tenía su teoría del porqué de ello.
-¿Uh?- soltó al llegar a la tumba de su ex soberano y ver que efectivamente había un niño, como de unos cinco años jugando ahí. El pequeño le miro tímidamente y se aferro a la flauta con fuerza.- Hola, -soltó Prusia acercándose lentamente. El pequeño retrocedió.- eso que traes ahí es mío…- el pequeño negó con la cabeza y le abrazo más fuerte aun.- ¿No? ¿Es tuyo?- asintió.- Eso no es cierto, tu lo sacaste de mi casa…- el pequeño le miro con lagrimas en los ojos- No te asustes, no estoy enojado ni planeo hacerte daño, puedes quedarte con las demás cosas, solo quiero me devuelvas esto…- estiró la mano. El niño le dio la flauta con la mano temblando.- Gracias, y dime, ¿Eres de por aquí? ¿Dónde están tus padres?
El pequeño entorno sus enormes ojos azules y miró a Prusia con gran curiosidad.
-Blanco.- dijo.
-¿Eh?
-Tú cabello blanco como la nieve… y ojos rojos como el fuego…- observó.
-Lo sé, es maravilloso, me hace mega único.- exclamó alegre la nación.- Oye, ¿Sabes que es esto o para que sirve?- inquirió señalando la flauta. El pequeño negó.- ¿Quieres saber?- asintió emocionado.
Comenzó a tocar la flauta, y no cualquier canción, sino la tonada que Fritz compuso para él años atrás. El niño escuchaba atentamente las tonadas. Cuando termino, el pequeño se acercó.
-Hace unos sonidos muy bonitos…- toco la flauta.
-Lo sé… oye…- dijo mirándolo atentamente.- ¿De dónde eres? ¿Dónde están tus padres?
-No lo sé. No lo recuerdo…- respondió sin despegar la vista del instrumento.
-¿Cómo que no lo recuerdas?
-…Desperté un día en un… campo… de flores azules… y no sabía nada…
-¿Y cómo has sobrevivido?
-De lo poco que como a veces, cuando desperté ya estaba aquí…
-¿Y quién te enseñó a hablar?
-Ya sabía hacerlo.
Entonces comprendió, ese niño, al igual que él, era una nación. Y no cualquier nación…
-¿Te suena la palabra Alemán?
-No…- dijo el pequeño.- Pero es curioso, porque mi nombre, según sé, es Alemania.
Prusia sonrió, no era coincidencia. El sueño por el que él y Fritz tanto habían luchado… ahora, ahora era realidad. Pero no podía cuidar solo de él. Tenía que pedir la ayuda de alguien más. Y ya tenía en mente a la persona correcta.
-Oye…
-¿Sí?
-¿Te gustaría vivir conmigo y ser mi hermano menor?
-Mmm- soltó el pequeño entrecerrando los ojos.- ¿Habrá patatas y música?
-Claro, lo que te apetezca para que crezcas grande, Alemania…- dijo Gilbert divertido tomándolo entre brazos.- De ahora en adelante yo seré tu hermano, pero puedes llamarme Prusia si lo deseas. ¿Está bien?
-Ajá.
-Señorito podrido…- gritó Prusia entrando a la casa de Austria con Alemania en brazos.- Necesito que me ayudes con algo…
-¿Qué quieres?- soltó el austriaco saliendo.- No ves que estoy… ¿Qué significa eso?- soltó al ver al niño pequeño en los brazos de Prusia.
-Es mi nuevo hermanito, como puedes ver…
-¿Es una…?- Gilbert asintió.- ¿Pero cómo?
-Eso no importa, lo importante ahora es darle un hogar y un buen ejemplo.- se aclaró la garganta y sonrió impertinente.- Ya que tiene un gran ejemplo de masculinidad aquí, pero sin una madre no puedo tenerlo completo…
-Y que lo digas…- respondió Austria sacándole un mohín confundido a Prusia.- No queremos a un segundo tú corriendo por ahí, eso sería molesto…- acto seguido se lo arrebato de los brazos.
-¡HEEEEEEEEEEEEEEEEEY!
-Hola…- dijo Austria sonriendo con ternura al pequeño.- Mi nombré es Austria, ¿Cuál es el tuyo?
-Alemania.- respondió el niño levemente sonrojado.
-¿Qué edad tienes?
-Cinco meses, creo.- respondió el niño.
-¿De dónde saliste?
-Hermano me encontró en un cementerio jugando.- respondió.
-¿Y que hacías ahí?
-Un joven rubio de ojos verdosos me dijo que esperada ahí a que me encontrara con un chico escandaloso…
Se hizo un silencio incomodo.
-¿Qué joven, Alemania?- preguntó Gilbert.- ¿Te dio su nombre?
-Sep, me dijo que se llamaba Fritz…
Ambas naciones intercambiaron miradas. Eso no era ninguna coincidencia.
-¿…Dije algo malo?
-En absoluto…- exclamó Prusia.
El pequeño sonrió y se aferro a Austria. El moreno lo miro con ternura, se volvió a Gilbert, y le dio un gesto de desagrado, el cual transformo en una sonrisa a medias.
-¿Entonces?
-Creo que en vista de que tu serias un pésimo ejemplo…- soltó Austria.- Yo también tendré que meterme en esto de la crianza de Alemania… con una condición…
-¿Cuál?
-Yo elegiré su nombre humano.
-…Vale, pero nada nenaza, ¿Entendido?
-Ludwing no lo es en absoluto.- respondió ofendido.
-Vaya, al menos es un nombre decente, impresionante que venga de ti…
-Idiota…
Epilogo.
Alemania limpiaba la casa tranquilamente. Como siempre Gilbert no le ayudaba en absoluto, y Roderich solo tocaba el piano. Bueno, eso no le importaba en absoluto, había crecido con el sonido de ese piano toda su vida, ya le resultaba relajante.
Como sea, mientras limpiaba la alcoba llena de polvo y otras cosas no muy agradables de Gilbert, encontró algo que llamo su atención.
-Hermano…- exclamó el alemán saliendo con esta en mano.
-¿Qué ocurre, Lud?- inquirió Prusia levantándose del sofá.
-¿Qué hago con esto que encontré debajo de tu cama?- preguntó mostrándole la flauta entre sus manos.- ¿Lo tiro o piensas guardarlo?
-¿Bromeas, Lud? ¡Esto esta lleno de recuerdos…!- soltó arrebatándosela.
-Si tanto te importa no deberías tenerla tirada en el suelo.
-Tú sabes que no soy muy ordenado.
-Desordenado no es la palabra adecuada para ti, Prusia…- soltó Austria sin dejar de tocar el piano.- Idiota escandaloso sin nada de higiene te define mucho mejor.
-Vete al averno, señorito podrido.- dijo asiéndole una seña obscena. Se volvió a Ludwing.- ¿No lo recuerdas, Lud?- inquirió.- Si no fuera por esto jamás te hubiese encontrado.
-¿En serio?
-En serio.
-¿Y sabes siquiera usarla?- preguntó Alemania. Roderich rio disimuladamente. Prusia le miro ofendido.
-¡Claro que sé, tonto!- gruñó- Y muy bien.
-Pero jamás te he escuchado tocarla…
-Bueno, eso es porque… antes me gustaba mucho hacerlo, pero ahora ya no lo veo necesario…
-¿Por qué?
-Porque me empezó a gustar más el piano...y el pianista.
Se acercó a Roderich tratando de robarle un beso, el moreno le dio un golpe en la mejilla y lo tacho de inapropiado y obsceno. Ludwing sonrió con ternura y siguió limpiando. Desde que era pequeño la cosa entre esos dos era así. Sin embargo, esa flauta le era muy familiar, y recordaba haberla escuchado… pero todo eso le parecía tan lejano.
Austria y Prusia siguieron peleando, hasta que el segundo logró robarle un beso al otro, obteniendo como respuesta una sarta de insultos y golpes. Alemania suspiro resignado y fue a detener la pelea. Mandando a Prusia a un rincón.
-Jo, Lud… eres un antipático al igual que el señorito podrido…
-Y tu eres desesperante en ratos, hermano…- le respondió.
Gilbert hizo un mohín infantil, al cual Alemania no respondió. Después de un rato, miro afuera, sin dejar de sostener la flauta. Antes, eso le hubiese causado melancolía, pero ahora se sentía feliz, no estaba solo. Tenía a su hermano y al jodido señorito.
Y eso era más de lo que podía desear.
-¿Ves, viejo?- dijo mirando al cielo.- Te dije que yo podría solo…- sonrió.
Lo que Prusia no sabía es que a lo lejos, un joven le observaba con infinito amor, correspondiendo a su sonrisa.
-Lo sé…- dijo este comenzando a desvanecerse en el atardecer.- Siempre lo supe.
*~FIN~*
