Discleimer: Estos personajes no son míos. Son de la magnifica Stephanie Meyer


Capitulo 1

POV Bella

Me encontraba en una playa, caminando por su orilla; sintiendo las pequeñas olas impactar en mis pies. Me sentía tan relajada con el magnífico atardecer que se presentaba frente a mis ojos, cuando divisé la figura de un chico a lo largo. Podría decir que éramos de la misma edad, tenía el pelo desordenado, supuse que era debido al viento de la playa. Estaba apoyado en una roca, a unos pocos metros de donde me encontraba. Podía sentir su penetrante mirada puesta en mí, aunque no podía distinguir el color de sus ojos.

Ven conmigo —dijo la voz más aterciopelada que había oído nunca, supuse que era del chico que tenía al frente porque había extendido su mano hacia a mí.

Caminé hacia él sin saber por qué, solo sabía que necesitaba encontrarme entre la seguridad de sus brazos. Extendí mi mano hacia él cuando solo nos separaba algunos pasos, fijé mi vista en su cara y pude ver el color cobrizo de su pelo desordenado. En el momento que nuestros dedos hicieron contacto, pasaron tres cosas: sentí arder el lugar donde nuestros dedos se tocaban, vi unos penetrantes ojos esmeraldas y escuché mi despertador, el cual me llevó de vuelta a la realidad…

Me desperté algo desorientada, como siempre que tenía este sueño, ya que era tan intenso que aun podía cerrar los ojos y ver la playa en la que me encontraba hace algunos momentos, junto al dueño de esos ojos verdes que tanto me transmitía, pero al abrirlos otra vez veía el interior de mi cuarto en Forks.

Me levanté y me dirigí al armario a recoger la ropa que dejé preparada para el día de hoy. Tenía planeado pasar todo el día en Port Ángeles para hacer algunas compras, así que dejé preparado un Jean negro que sacaba la poca figura que tenía y una camisa manga corta azul, con un diseño en el centro.

Me llamo Isabela Swan, vivo en un pueblecito llamado Forks en la península de Olympic, al noroeste del Estado de Washington. Mi padre es el Jefe de policía del pueblo mientras mi madre Reneé se queda en la casa con mi hermano Emmett y conmigo. Tengo unos cuantos amigos en el instituto pero los más cercanos son los Hale: Rosalie, la novia de mi hermano y Jasper, su gemelo. Rosalie es la única a la que le he contado sobre mis sueños, pero lo que me sorprendió no fue que me dijera que estaba loca —lo cual yo lo estoy comenzando a creer— sino que fue el hecho que me dijera que tal vez ese misterioso chico fuera el de mi sueño, sino también el de mi vida. Ridículo. Me dirigí a la ducha.

Llevaba teniendo este sueño por varias semanas y siempre me despertaba al ver los ojos esmeraldas de aquel misterioso chico. En el momento que en el sueño lo veía me sentía completa y al despertar toda esa sensación se iba y en su lugar dejaba una de añoranza, pero hoy era distinto, al despertar, me sentía con esperanza.

Ahora que tenía mi cuerpo bajo la relajante agua tibia sentía que algo muy bueno pasaría hoy que mi vida, ya no sería la misma. Con esa sensación terminé mi ducha, me vestí y bajé para servirme algo de comer antes de salir, cuando ya iba terminando, escuché que bajaban las escaleras tenía que ser Raneé ya que Charlie se debió ir hace rato a la comisaria y era muy poco probable que Emmett estuviera despierto a esta hora.

—Bella, hija pensé que te habías ido —dijo Raneé al entrar a la cocina.

—Sí, se me hizo un poco tarde, ya terminé de comer —dije levantándome y llevando el plato al fregadero para lavarlo —Nos vemos en la noche —dije saliendo de la casa.

Me dirigí hacia mi Audi a3 azul; me lo habían regalado hace menos de un año, era el perfecto para mí, era sencillo pero elegante; tenía más potencia de la que me gustaba usar pero debía admitir que era fabuloso ir a toda velocidad, aunque al ser la hija del jefe de policía tenía que controlar mi manera de conducir, ser arrestado por mi propio padre se lo dejaba a Emmett, que ya había sido arrestado por Charlie en varias ocasiones.

Puse un CD que había grabado con mis canciones favoritas, de inmediato comenzó a sonar Claro de luna de Debussy.

Entre mis planes para hoy estaba pasar rápidamente a una librería. Mis pobres y amados libros ya estaban quedando hechos polvo; estaban tan gastados. Amaba leer y transportarme a otro mundo por medio de mis libros. Mi favorito era sin duda alguna Orgullo y Prejuicio, la relación entre Elizabeth y Darcy se me hacia realmente romántica; Rose dice que me sabía cada línea de memoria por todas las veces que lo he leído, y sí era cierto

Cuando entré a Port Ángeles, me dirigí a la librería a la que solía comprar mis amados libros; quedaba en un importante centro comercial de la ciudad y tenía una impresionante cantidad de libros, en los cuales me perdía por horas. Entré por el estacionamiento subterráneo del centro comercial. Al salir del auto vi un flamante Volvo plateado a unos cuantos puestos de donde estacione ¿De quién será? Me pregunté mentalmente.

Entré en el centro comercial, fui viendo algunas tiendas de paso hasta que llegué a donde se encontraba la librería y comencé a recorrer las estanterías de esta en busca de algún libro que me llamara la atención. Cuando mi mala coordinación hizo acto de presencia al enredarse unos de mis pies con una alfombra, me preparé mentalmente para saludar el piso lo que ya era costumbre en mí, cuando sentí unos fuertes brazos sujetarme de la cintura evitando que me cayera. Sorprendida, alcé la mirada para ver quién me había salvado y me encontré con el par de ojos esmeraldas con los que había estado soñando; el dueño de aquellos ojos en los cuales me podía perder fácilmente. Era un chico alto, corpulento, pálido, con facciones rectas y perfectas, llevaba desordenado el pelo cobrizo y poseedor de una belleza digna de un dios griego.

Nuestras miradas se quedaron enganchadas en la del otro, podía sentir sus firmes manos en mi cintura atrayéndome hacia a él; para poder quedar en pie. Me encontraba tan perdida en su mirada que en vez de alejarme de él puse mis manos en su pecho y aspiré su olor que era el más exquisito

—¿Te encuentras bien? —susurró la misma voz aterciopelada de mis sueños, ¡ERA EL! Los ojos, el cabello y la voz. No podía creer que el chico que tenía enfrente era el mismo con el que había estado soñando. –Oye ¿estás bien? —se me había olvidado que estaba esperando una respuesta. Aun tenía sus manos en mi cintura. Y las mías en su fuerte pecho.

—Sí, estoy bien. Gracias por evitar que me encontrara con el piso, mi cuerpo te lo agradece —él se rió, su risa era el sonido más maravilloso que había oído que no pude evitar unírmele. Quitó sus manos de mi cintura y yo no tuve más remedio que quitar las mías de su pecho y alejarme lo suficiente para que un par de personas mantuvieran una conversación. Lo vi pasar una de sus manos por su pelo y así desordenándolo aun mas, lo que lo hacía verse más encantador.

—Fue un placer ayudarte, me llamo Edward —dijo extendiendo su mano hacia a mí.

—Isabella pero puedes decirme Bella —dije tomando su mano; con el contacto de nuestras manos, la mía ardió igual que si entre nosotros pasara una corriente eléctrica, nuestras miradas se encontraron y no pude evitar volverme a perder en esas dos gemas esmeraldas que me estaban mirando tan intensamente. ¿Pero que tenía este chico que con solo una mirada me dejaba deslumbrada?