Naruto no es mío si no de Masashi Kishimoto.

Advertencias de este capitulo:

-AU

-OoC

-Pareja principal: Gaara/ Hinata.

La historia contiene:

- Kiba/Ino

-Shikamaru/Temari

-Naruto/Hinata

-Naruto/Sakura

-Sasusaku (Leve, un par de frases.)

Datos que pueden interesar:

Edades:

-Temari y Shikamaru/ 25

-Neji, Tenten, Lee y Kankuro/ 24

-Hinata, Gaara, Ino, Kiba…/23

-Hanabi y Konohamaru/17

Me gustaría que este fic me quedara con menos capítulos (O al menos lo intentaré) pero que estos sean visiblemente más largos. No se como saldrá, puesto que los dramas no son mi fuerte y es el primero que hago, aun así daré mi mayor esfuerzo.

También habrá más partes de dialogo. Me gusta que los personales interactúen entre si.

Gracias por adelantado por los reviews.

Lalalalala- pensamientos.

Lalalala- diálogos y narración.

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Hay muchas palabras para describirme, tímida, reservada, cariñosa, soñadora, pero la que más ligada esta a mi personalidad es la ingenuidad.

Gracias a ser una crédula, yo misma me he creado una vida basada en mentiras y falsas esperanzas. En promesas de amor jamás cumplidas y sueños que nunca llegaron a hacerse realidad.

Siempre pensé que la vida era como un cuento de hadas.

Creí que yo era la cautiva e indefensa princesa encerrada en su castillo esperando la llegada de su amado, mi padre el malvado rey que me tenia prisionera entre las cuatro paredes de mi alcoba negándome la posibilidad de ver el exterior y Naruto, mi amado Naruto era mi bravo guerrero, mi apuesto príncipe dispuesto a liberarme del tirano encierro de mi progenitor para irnos juntos a una vida cargada de felicidad y amor.

Pero todo fue una burda mentira. Yo no era ni seré nunca una princesa, soy una chica ingenua e insegura que solo quería ser amada. Mi padre no era el tirano rey que me tenia encerrada, solo el padre protector que intenta por todos los medios el evitar que me hicieran daño y por supuesto Naruto, mi querido y amado rubio nunca fue mi príncipe azul.

Estaba tan ciega que nunca me di cuenta de quienes fueron las personas que de verdad nunca me han dañado y me han protegido y quienes solo querían causarme dolor. Los aleje a todos de mi lado solo para cumplir mis deseos y acabe con un gran hoyo en mi pecho.

Acabe vacía y marchita.

-.-.-.-.-

Eran las ocho de la tarde, hora en la que solía servir la cena. En días como lo era ese, el fresco viento que traía consiguió el otoño empezaba a calar. Los cristales empezaban a empañarse.

Preparó la mesa, puso el mantel que bordó la semana pasada tan minuciosamente, tomó un par de vasos y dos platos para ponerlos en su lugar. Lo mismo hizo con el pan y los cubiertos.

Un escalofrío le recorrió la espalda y fue veloz al termostato para subir un par de grados la calefacción, se frotó un segundo las manos y se echó el aliento en ellas en un intento por obtener calor.

Escuchó la puerta abrirse y salio al recibidor.

-Bienvenido a casa.

-Si, hola. –Pasó por su lado sin darle importancia al hecho de que ella esperaba el beso en la frente que siempre le daba y que hacia ya años que nunca le obsequiaba.

Callada, intentando no expresar con su rostro, ni con acciones lo mucho que le dolía su indiferencia, fue junto a la vitrocerámica donde estaba la olla con la cena, vertió la comida en los dos platos y los llevó a la mesa.

Se sentó frente a él, esperando algún tipo de gesticulación o palabras pero no decía nada, como cada día.

Decidió que sacar la conversación ella seria lo más adecuado.

-¿Como te ha ido hoy el en el trabajo?

-Igual que siempre. – No parecía que quisiera hablar mucho.

-¿Nada interesante? –Insistió.

-No, todo ha estado normal. – Se levanto de la silla después de terminar de comer, llevó el plato al fregadero y se marchó de la cocina. –Me daré un baño y me iré a dormir. –Le gritó desde las escaleras.

Apretó el tenedor con fuerza, sintiéndose impotente e inútil ante el nuevo carácter de su marido, comió la mitad de su plato y el resto lo tiró a la basura, se le habían quitado las ganas de comer.

Con lo mucho que se había esforzado para preparar ese plato y no le había dicho nada.

Abrió la llave del agua del fregadero y se puso a lavar los platos, no le importaba que el agua congelara su piel, ni como sus ojos se aguaban queriendo desahogarse, se mordió las mejillas por dentro para no llorar y verse descubierta.

Su matrimonio ya no era lo que fue hace siete años. Ya no había comidas alegres, ni calidas despedidas ni bienvenidas, no hablaban a penas por mucho ella que se esforzara en intentarlo, las noches tiernamente abrazados se esfumaron como arena en un día ventoso, los momentos de pasión los encontraba vacíos, forzados y artificiales, se encontraba incomoda cuando lo hacían, por eso hacia más de tres años que no tenían relaciones sexuales.

Los constantes viajes de negocios que lo mantenían tan alejado de casa… pero lo que más le dolía era que ya no le decía desde hace años un simple y sencillo "Te quiero" o "Te amo".

Enjabonando una de las tazas de té, esta se quebró en su mano.

Soltó un quejido de dolor y miró su palma, la cual tenia algunos trocos de cerámica clavados en su piel, las heridas le sangraban pero no hacia nada para parar la pequeña hemorragia. Por alguna extraña razón sabia que esas heridas serian lo menos doloroso que le deparaba el cercano futuro.

Se secó las manos y buscó el botiquín, sacó gasas y el alcohol, con unas pinzas se sacaba los trozos de cerámica incrustados en su piel. Más sangre brotaba manchando la manga de su camisa.

Cortó un largo trozo de venda y se la envolvió alrededor, taponando los cortes desinfectados. Volvió a guardar las cosas colocándolas en su lugar y subió las escaleras para ir a su habitación.

Se encontró a su esposo dormido en la cama, en su lado del colchón dándole la espalda. Con una enorme presión en el pecho sacó del armario su camisón blanco de seda y tras desvestirse se lo colocó. Se tumbó en su lado de la cama, tapándose con las mantas de espaldas al rubio.

Era como dormir al lado de un completo desconocido.

Observando su mano vendada cerró los ojos esperando con fervor que los días volvieran a ser como lo eran antes. Felices y de ensueño.

Escuchó lejanamente un zumbido que gradualmente se hacia más sonoro. Frunció el ceño levemente abandonando el mundo de la somnolencia para regresar a la realidad.

Estiró su mano y apagó el dichoso despertador. La luz le cegó por un momento y rodó hacia el otro lado de la cama.

Al estirar su mano y palpar la zona descubrió con dolor que nuevamente su marido ya no estaba. Se había levantado antes que ella y se fue al trabajo dejándole solo su lado desbaratado de sabanas y cojines por el suelo.

Ni una sola nota, ni mensaje en el móvil. Nada.

Un tanto enojada se levantó de la cama quitándose las mantas de encima, ¿Tanto trabajo le costaba dejarle una mísera nota con un " Me marcho temprano a trabajar, volveré tarde. Cuídate. Te quiero"? Parecía ser que si le era difícil mostrarle aunque fuera un ápice de preocupación.

Entró al baño con la ropa que llevaría ese día. Se desnudó y entró en el plato de ducha dejando que el agua caliente la relajara del tan deplorable estado en el que se encontraba esa mañana.

El calor del agua le daba la sensación de un contacto suave, como un abrazo reconfortante. Por eso estuvo largo rato bajo la ducha.

Se envolvió con una mullida toalla mientras se frotaba el cabello con otra eliminando el exceso de agua. Sacó el secador, lo enchufó a la toma de corriente y lo encendió para secarse el pelo.

Una vez con el pelo seco, empezó a desenredarlo. Callo liso hasta el final de su espalda.

Una vez secada la piel con la toalla y nutrida con crema, decidió vestirse. Una falda negra con un coste en la parte de atrás pegada a sus piernas con una blusa blanca abotonada con rayas negras con unos tacones de aguja igual de oscuros que la falda.

Echó un poco de sombra de color oscuro en sus parpados y un suave color melocotón de lápiz labial. Un par de pendientes de perlas con el collar a juego y un toque de perfume.

Tomó el bolso del recibidor junto a las llaves. Bajó hasta el garaje y pulso el botón de la puerta automática.

Abrió la puerta del Honda civic en color blanco y puso las llaves en el contacto, se puso sus gafas de sol, pues le pillaba la claridad de frente y aunque fuera otoño la luz molestaba. Abrochándose el cinturón de seguridad salió rumbo de su casa a su trabajo.

La corporación Hyuuga.

Llego sin problemas, pues en todo el trayecto solo había pillado dos semáforos en rojo. Estacionó el vehiculo en su plaza personal, al salir del coche y ponerle el seguro varios la saludaron.

Entró al edificio de treinta y cinco pisos por la puerta giratoria dirigiéndose al ascensor hasta el último. Lugar donde tenía su oficina. En la empresa de su padre se encargaba de ser su secretaria y mano derecha, junto a su primo Neji que se encargaba de firmar tratos importantes con otras empresas.

La gran empresa Hyuuga, era una compañía especializada en comunicaciones y publicidad. Y era realmente conocida, cada año las ganancias eran mejores. El dinero nunca les faltaba.

Sonó el timbre de llegada, salió por la puerta del ascensor. Caminó por el largo pasillo de oficinas, todos le dieron los buenos días animadamente.

Todo el mundo la trataba bien, no porque fuera la hija del jefe, sino por qué de verdad se había ganado con sus amables sonrisas y su calido corazón el aprecio de los demás.

Apartó un poco la silla y se sentó. Acababa de empezar su jornada laboral, solo esperaba que le ayudara a olvidarse de todo lo referente al mal bache de su relación en el hogar hasta que terminara a las siete de la tarde.

Encendió el ordenador para ver los archivos que tenía que revisar. De uno de los cajones del escritorio tomó informes que tenia que rellenar y firmar que el día pasado no pudo terminar.

Presionó la parte de arriba del bolígrafo escuchando el "Click". Empezó a rellenar los formularios, conforme terminaba hojas escribía en el teclado del ordenador. Estaba tan concentrada en el trabajo que no se percató de la llegada de su padre.

-Hinata.

-¡Ah! Perdón padre, no te he oído llegar. Buenos días ¿Quieres tú café matinal?

Su padre le asintió con la cabeza dirigiéndose a su colosal despacho. Dejó los papeles sobre el escritorio para levantarse de la silla y dirigirse a la pequeña cocina de ese piso.

Sacó de la alacena el café, del armario de los platos las tazas. Tomó la cafetera grande. Siempre que hacia café preparaba para todos y nunca nadie le negaba una taza, le salía delicioso.

Mientras esperaba a que el agua hirviera volvió al mundo de sus preocupaciones.

¿Qué podía hacer para disipar la tensión que recaía sobre su matrimonio? ¿Acudir una terapia en pareja? No, imposible no creía que estaban tan mal en su relación como para métodos tan extremos como ese. Además, Naruto se negaría a ir alegando que no tenían ningún tipo de trastorno para que alguien ajeno a ellos se enterara de su vida personal.

¿Tal vez un fin de semana solos en un lugar recóndito? A una montaña o un viaje a la playa por el extranjero donde nadie los molestara y tuvieran suficiente intimad para arreglarlo todo.

¿Y que tal mejor una cena casera romántica? Podría prepararle todos los platos que le gustan, ósea ser todos los tipos de ramen existentes y postres favoritos, eso siempre le había gustado cuando estaban saliendo, tal vez hubiera la posibilidad de que funcionara.

El sonido del café subir la sacó de sus cavilaciones. Sirvió todo el contenido de la cafetera en todas las tazas. Dejó la puerta de la cocina abierta, pues una vez que el aroma de la bebida se extendiera por la oficina, poco tardarían en ir a por una taza.

Se dirigió a la oficina de su padre. Golpeó suavemente un par de veces la puerta de madera de caoba.

Esperó unos pocos segundos hasta que escuchó el permiso de entrada. Al ingresar por la puerta vio que su padre estaba hablando por teléfono, seguramente algún cliente para dar los detalles de su producto para empezar con las ideas para la publicidad.

No estaba muy desencaminada, pues captó en la conversación el nombre de Tsunade. Hace unos escasos días llamó porque quiera que le hicieran propaganda a su clínica privada de medicina y como era amiga de toda la vida de Hiashi ya tenia todo listo.

Le dejó la humeante taza de café en su mesa y se dispuso a irse cuando su padre le dio las gracias con un gesto de su cabeza.

Después de volver a su silla, se metió de lleno en su trabajo. Ese era uno de los motivos por el que ocasionalmente miles de empresarios iban cada dos por tres a intentar convencerla de trabajar para ellos. Una vez que tomaba asiento en su mesa de trabajo, su personalidad cambiaba, se convertía en una profesional y no dejaba nada sin terminar para el día siguiente a menos que la obligara su padre.

Pero siempre se negaba a los demás empresarios, trabajaba solo y para su familia.

Las manillas del reloj pasaron sin percatarse hasta quedarse en las doce del medio día. La hora de descanso y de almorzar.

Estaba guardando las cosas, pues uno de sus lemas era "Organización y limpieza en el trabajo." Cuando unas manos cubrieron sus perlados ojos.

-¿Quién soy? –Una voz cantarina le dijo al oído. Hinata sonrió divertida.

-Ino, no puedo ver. – Sus ojos fueron liberados. Una hermosa chica rubia de larguísima cabellera y brillantes iris azules se puso frente a ella con una sonrisa enorme, igual que la del novio de esta. -¿Y bien?

-¿Cómo que y bien? ¿No quieres comer conmigo?

-Claro que si, solo no esperaba que me taparas los ojos, nada más.

Una vez con su bolso al hombro, las dos cogieron el ascensor hasta el primer piso. Ino tarareaba alegremente la canción que sonaba mientras chocaba sus talones. Hinata envidiaba silenciosamente la felicidad que irradiaba su amiga cada día.

Siempre tan alegre y optimista, muchos hombres en la oficina estaban colados por ella, pero les hacia caso omiso. Estaba saliendo por tres años con su amigo de la infancia Kiba. Eran como uña y carne, los dos escandalosos, con carácter, un par de eufóricos con un corazón de oro.

Desearía ser así con Naruto.

Salieron del gigantesco edificio, anduvieron por la acera captando bastantes miradas de los transeúntes. Dos chicas jóvenes, despampanantes y llamativas. Contrastaban en todo, cabellos dorados contra medianoche, vivos ojos azules contra iris casi blancos, hiperactiva, atrevida e imparable contra tranquila, tímida y sosegada, ropas de vivos colores y provocativas como buenos escotes contra prendas de colores oscuros y básicos que dejaban muchísimo a la imaginación.

Entraron en una sencilla cafetería. La calefacción les hizo suspirar aliviadas pues en el exterior soplaba una fresca brisa que en el trayecto de la oficina al establecimiento las había casi congelado.

Se sentaron junto a la ventana. El camarero les tomó su orden, un par de tazas de té con miel y unos sándwiches vegetales.

-¿Cómo te va? – Ino apoyó su barbilla en sus manos. – Hace una semana que no comemos juntas.

-Bueno, nada nuevo en especial, todo sigue exactamente igual que siempre.

-¿Y esa venda? –Preguntó señalando su mano.

-¡Ah! ¿Esto? No es nada, no le des importancia. Anoche estaba terminando de lavar los platos y tras quebrase en mis manos una taza esta se hizo añicos. Me quedaron trozos incrustados en la piel.

-Hinata, ten más cuidado, algún día vendrás sin mano o algo por el estilo.- El mesero trajo sus pedidos. -Pero anda con ojo, eso de romperse una taza mientras la sostienes es símbolo de mal augurio.

-Yo no creo en esas cosas.

-Lo se, lo se pero yo si. Por eso me preocupo por ti. – Bebieron un trago de su bebida, notando como el caliente liquido pasaba por su garganta al estomago. Invadiendo sus cuerpos enseguida con una agradable sensación de calor. Dejaron las tazas de nuevo en la mesa. –Y… sobre el otro tema ¿Cómo vas?

Dando un pequeño bocado a uno de los sándwiches enarcó una ceja en significado de no entender.

-Sobre este tema. - Le agarró la mano que tenia libre y le señaló su sortija de boda.

-Oh… - Su mirada se apagó mientras acariciaba el anillo. –No muy bien, cada vez hablamos menos, apenas esta en casa, siempre en el trabajo, ya no da muestras de cariño… no se que hacer.

-Hinata, yo soy la ultima en criticarte, soy tú amiga y lo sabes, jamás buscaría el dañarte pero permíteme decirte que has perdido muchos años de tu vida por culpa de esto. Fue una locura casarte tan joven, ni siquiera nos habíamos graduado aun del instituto, vas y te casas a penas con dieciséis años.

No quiero decir que no me alegre por ti, ni mucho menos, solo que te precipitaste, ahora habría sido tal vez una buena idea el haberte casado, los veintitrés es una mejor edad además… aquel día dejaste destrozado el corazón de un pobre chico…

-¡¿Qué?! ¿Corazón de quien? – Estaba afligida al saber que dañó a alguien el día de su boda.

-Eso es un secreto. –Le guiñó un ojo. - ¿Sabes que haría yo? Le pediría el divorcio y me iría con otro.

-¡Ino no pienso hacer eso! ¡Yo amo a Naruto!

-Es más que obvio, sino no te habrías casado con él, pero no te estoy ordenando ni obligando que lo hagas, solo es una idea.

-Una idea que declino terminantemente.

-¡Oh! Vamos, ¿No te parece mucho más guapo y atractivo ese chico que viene tanto por la oficina para hablar con tu padre? – Volvió a mirarla interrogante, iban muchos chicos tanto jóvenes como entrados en edad para hablar con su padre por motivos de trabajo. Le pidió que especificara su pregunta. –Ya sabes Hina, ese chico de nuestra edad pelirrojo de rostro serio e imperturbable.

-¿Te refieres a Gaara?

-¡Si ese chico! No me negaras que es todo un bombón. La ultima vez en el ascensor le hice una revisión completa con la vista y te digo que tiene un culo de infarto, por no hablar de sus manos grandes y trabajadas junto a esos labios finos y rosados ¿Sabes la de cosas que te podría hacer con sus manos y su boca? Te llevaría al paraíso Hina, al mismísimo paraíso. No lo he comprobado, ni lo pienso hacer pero mi Kiba es mejor eso es seguro.

-I…Ino no quiero hablar d…de eso… además solo somos amigos, no tiene segundas intenciones conmigo. –Estaba colorada.

-Que inocentona eres ¿No te das cuanta de nada? La mayoría de las veces va a hablar con tu padre solo para poder verte a ti. Se le nota por sus acciones. Podrías aceptar alguna vez ir a comer con él, siempre le dices que no, vas a dejarle la moral por los suelos con tantos rechazos.

-_- Flash back -_-

Llegaba justo para fichar a su hora, por eso aunque con tacones corría como loca por el recibidor principal del edificio.

Cruzó como un rayo la recepción y se resbaló con el suelo encerado golpeándose un poco con la puerta del ascensor.

Presionó el botón una y otra vez.

-Vamos, vamos, vamos, como llegue tarde se me va a caer el pelo.

Escuchó el pitido del ascensor y se montó en el veloz cuando las personas salieron de este. Comenzó de nuevo a pulsar nuevamente el número treinta y cinco sin descanso.

Se cerraron las puertas y se puso en marcha, para recobrar el aliento y tranquilizarse se dedicó a escuchar la música de fondo.

-No pienso volver a pasar los Domingos en casa de Kiba, por muy poco llego tarde todos los Lunes, pero… es tan tierno, me preparó la cena y el baño, luego estuvimos viendo películas románticas hasta bien entrada la noche y dormimos abrazados con Akamaru a nuestros pies.

¡Jo ya lo hecho de menos! Quiero que llegue de nuevo el Viernes por la tarde para estar con él.

La puerta se abrió de nuevo en el piso quince. Entró en el ascensor un chico de su edad de una cabeza más alto que ella con el pelo rojo sangre muy alborotado, como si no se hubiera peinado en su vida, con unos ojos penetrantes e intimidantes de color aguamarina y palidísima piel.

-Otra vez este chico ¿Por qué nunca me acuerdo de su nombre si viene tantas veces? Odio mi mala memoria.

-Señorita Yamanaka ¿Se dirigía al piso treinta y cinco? – Su voz sumamente ronca la paralizaron, solo pudo asentir con su cabeza.

No dijo nada más, el aparato siguió subiendo. La cabina era igual de grande que una habitación de casa modesta. Estaba apontocada con la espalda pegada a la pared. Aprovechando que el pelirrojo estaba delante de ella, justamente pegado a la puerta y sin mirar para tras decidió "Hacerle un chequeo".

Le recorrió con la vista de arriba a bajo.

-Cabello revuelto, pero es fino y parece ser suave, cuello un tanto delgado para ser un hombre, una espalda ancha y fornida, simplemente perfecta. –Bajó un poco más la vista. -¡Wow! Eso es un buen culo y lo demás tonterías ¡Y que manos! Con unos dedos así de fibrosos la chica que este con él perderá la cordura…

Cuando estaban llegando al piso veinte, él empezó a acicalarse. Se puso frente al cristal que tenia al lado arreglándose el ya de por si el perfecto traje e intentando con todos sus esfuerzos que su indomable cabello se dejara peinar.

Al escucharlo gruñir por lo bajo dedujo que había perdido la batalla con su pelo. La puerta se abrió, se colocó correctamente la corbata mientras se aclaraba la garganta y con paso decidido y elegante salió del ascensor.

-Que tío más raro…

Pasó de largo junto al chico y tomó su lugar en una mesa de escritorio cerca de Hinata. La aludida estaba enfrascada en los papeles sin prestar atención a lo demás.

Ino miró con cierto interés como el joven se quedaba parado frente a la Hyuuga, mirándola fijamente sin apenas pestañear. Al ver que no notaba su presencia, carraspeó un poco.

-¡Oh! Buenos días Sabaku no. Lo siento no te he oído llegar.

-No importa.

-¿Deseas algo?

Parecía que iba ha soltar algo pero rápidamente cerró la boca y negó disimuladamente.

-Tengo una reunión con tú padre.

-Un momento… - Presionó un botón del comunicador sobre la mesa. –Padre, Sabaku no acaba de llegar ¿Le hago pasar a tú despacho?

_ "Si, hazle pasar ahora"

-Enseguida padre. –Se levantó de la silla de oficina y rodeó el gigantesco escritorio hasta colocarse al lado del pelirrojo. –Sígueme por favor.

La siguió un par de pasos atrás, mirándola fijamente, inspeccionándola de arriba a bajo como Ino había hecho anteriormente con él en el ascensor.

Golpeó suavemente la puerta hasta que escuchó a su padre dar permiso para poder entrar. Le dio paso al joven apartándose a un lado.

Antes de que cerrara la puerta Hiashi le ordenó traer dos tazas de té. Hinata sonrío dulcemente.

-Viendo el comportamiento de ese tío, con esa sonrisa que Hina les acaba de regalar estoy segura de que el corazón se le habrá acelerado a niveles exagerados.

Durante alrededor de una hora fue la duración de la reunión. El pelirrojo de rostro imperturbable salió de la oficina del Señor Hyuuga.

Se acercó a paso calmado y decidido hasta la peliazul. Esta vez si se dio cuenta de su presencia.

La vista de halcón de la rubia volvió a la carga, por nada del mundo se perdería nada de lo que pasara. Era mejor que una de esas telenovelas interminables, sobre todo por que la protagonista parecía ser su amiga.

-Tu padre me a dicho que tienes todo preparado para entregarme.

-Cierto, aquí esta todo. - Puso sobre el escritorio una carpeta color crema. –Dentro esta todo lo que pidió, los pasos a seguir, los informes detallados y el recibo del producto.

-Bien. -Tomo la carpeta entre sus manos. - ¿Hinata?

-¿Si Sabaku no?

-Solo Gaara, nos conocemos desde hace muchos años, no me gusta que me trates de usted.

-Lo siento, pero al estar en el trabajo pensé que era lo apropiado. –Sonrío avergonzada con un adorable rubor en las mejillas. El tal Gaara como Ino acababa de descubrir otra vez su nombre, pareció quedarse un momento embobado.

-No pasa nada. –Soltó de repente dándose cuenta de lo mucho que se le había quedado mirando. –Pero… - Se inclinó hacia delante apoyando sus codos en la mesa, acortando la distancia entre ellos. La voz era ligeramente más ronca. - ¿Te apetecería comer conmigo?

-Oh, lo siento mucho pero estoy muy ocupada, esta semana no tenía pensado salir a almorzar. – Miró la pila gigante de papeles que Hinata tenia detrás de ella.

-¿Y que me dices si te invito a cenar esta noche?

- Pueden malinterpretar las cosas si vamos solos, ya te lo he dicho en varias ocasiones, además tengo que hacerle la comida a Naruto, siempre cenamos juntos.

-Como no, siempre Naruto, ya estoy harto… -Murmuró tan bajito que de no haberse levantado para "Llenarse un vaso de agua" la rubia no lo habría escuchado.

-¡Ostras! Le esta pidiendo "salir" a sabiendas de que esta casada ¡Que fuerte! Y encima esta celoso…

-¿Has dicho algo Gaara?

-No, nada, no he dicho nada. Otro día será entonces… bueno, creo que es hora de que me vaya. –Se alejó de ella con la carpeta bajo el brazo. -Hasta la próxima.

Hinata se despidió de él con la mano. Ino observó al chico alejarse, la última imagen que vio del pelirrojo fue descubriéndolo con la mirada teñida de una dolorosa melancolía mirando el suelo antes de que se cerrara la puerta del ascensor.

-_- Fin Flash back -_-

Tras lo dicho por Ino, reinó un incomodo silencio durante unos minutos. Como la paciencia no era una de las virtudes de la rubia, decidió entretenerse comiendo un trozo de sándwich y tomando un largo trago de té.

-No creo que se pusiera triste por no comer con él. –Soltó de repente la Hyuuga. –Hemos comido muchas veces juntos.

-Juntos no, has comido con él acompañada de Naruto o cuando estamos los demás. Eso querida no es comer a solas como él pretende que cenéis.

-Es que la gente puede mal pensar las cosas, no quiero que me tachen de infiel solo por ir a comer con un amigo… yo no…

-Deja de decir gilipolleces, la gente sabe que estas casada y que tu personalidad no te dejaría serle infiel a Naruto, por no hablar de que también se sabe que es cliente de nuestra empresa. Podrían creer que es por trabajo.

-Bueno, viéndolo así tal vez me he pasado con recházale tantas comidas…

-¿Ves? Y sobre lo de serle infiel a Naruto…- Miró a Hinata con una picara sonrisa que le erizó la piel. Esa mirada no auguraba que dijera algo bueno. – Por echarte una cana al aire no te va a pasar nada, como te dije en un principio ese tal Gaara tiene las manos y los labios perfectos para llevarte al limbo en una noche de sexo salvaje y desenfrenado. Naruto es tan lelo a veces que nunca se enteraría. Sin mencionar que Gaara parece estar bastante interesado en ti y estará más que encantado de acostarse contigo.

-¡Ino! ¡No voy a ponerle los cuernos a mi marido con Gaara por muy bueno que este y tenga buen trasero! –Su rostro parecía un tomate maduro, mientras que el de la rubia se teñía de sorpresa e incredulidad.

-¡Aja! Lo has reconocido, has dicho que esta bueno y tiene buen culo. Lo sabia tú también le has mirado e arriba a bajo ¿Eh?

-Y….Yo…. esto… yo no…

-No intentes explicarte Hina, ya no hay remedio. –Vio a su amiga afligida, volviendo a juguetear con sus dedos y a morderse el labio inferior. Intentó animarla. –Hinata… -La tomó de las manos. – No te lo tomes así, solo era un idea, mejor piensa que era una broma. Y antes de que nos vayamos de nuevo a la oficina déjame decirte algo… Hinata, eres una chica preciosa, eres amable, risueña, entregada, con un corazón enorme y muchísimas cosas más que te hacen perfecta, por eso Hina necesitas a un hombre que este a tú altura y yo creo que Gaara lo esta más que Naruto… Pero eso ya no es problema mío, solo tú puedes decidirlo.

-Gra…Gracias Ino.

-Solo he dicho la verdad. –Miró el reloj colgado sobre la pared. –Ya casi es la hora, como no nos demos prisa llegaremos justas de tiempo.

Pusieron el dinero sobre la mesa y salieron del calido establecimiento. La brisa era menos molesta pues al ser la una de la tarde el sol pegaba más fuerte. Pero seguía calando la piel.

Entraron juntas al enorme edificio y subieron en el ascensor. Cada una se fue a su lugar de trabajo.

Mientras revisaba archivos en el ordenador y corregía algún que otro fallo, la sorprendió que su móvil empezara a sonar. Abrió su bolso sacando el aparato para ver quien le llamaba.

Vio que era su marido. Lo cual le extrañaba teniendo en cuenta que casi nunca la llamaba.

-¿Si?

-"Hinata, no es nada importante. Solo quiero decirte que no hagas cena para mí esta noche, no voy a ir a casa, me quedare en la oficina. Tengo mucho trabajo."

-Oh… bueno, no importa. No te excedas demasiado.

-"Si claro. Nos vemos."

-Adiós, te quie… -Le había cortado la llamada antes de dejarla terminar de hablar. Como siempre se entristeció al ver que ni siquiera se molesto en decirle un "Te echare de menos"

Siguió continuando con sus cosas para intentar olvidarse de la nueva ola de decaimiento que la invadía. Definitivamente tenia que hacer algo para mejorar pero ¡Ya! o su matrimonio de verdad se iría al garete.

Se levantó hasta el cuarto de la fotocopiadora, tenía una encuesta que pasar al resto de empleados por parte de su padre. Esas encuestas anónimas le recordaban sus días en el instituto cuando los profesores entregaban hojas sobre como te parecían los profesores y sus métodos de enseñanza.

Aun recordaba a su profesora de matemáticas Kurenai Yuhi. Tras la muerte de su madre, su profesora ocupó ese puesto, es más solía nombrar a Hinata como su ahijada. La invitaba a dormir a su casa cuando era más joven, la llevaba de compras y excursiones, le enseñó a cocinar, coser, trucos caseros… todo lo que una madre te instruye en su vida, fue lo que su hermosa profesora de ojos rubí le enseñó a ella.

Aun seguía yendo a visitarla muy a menudo, ya que de paso también veía a Asuma, su antiguo profesor de historia he fumador empedernido y al hijo que tenían de apenas dos años del cual era madrina al que habían puesto en honor a su difunto abuelo Sarutobi Hiruzen.

Cada vez que lo veía le daban ganas de tener un bebé a ella también, le encantaba la idea de ser mamá. Desde pequeña siempre quiso ser mayor para tener un niño o una niña y ahora que lo pensaba pues hasta le hacia ilusión que fueran una pareja de gemelos, una linda parejita, pero Naruto no quería saber nada de niños.

Se lo había comentado en muchas ocasiones, pero él no estaba dispuesto a cambiar pañales, ni escuchar lloros, ni levantarse a las tantas de la madrugada para ver que le ocurría a la criatura.

En conclusión que no quería saber nada sobre el tema y ella tenia que callarse y quedarse con las ganas.

Respingo saliendo de sus pensamientos cuando una mano se posó sobre uno de sus hombros, tuvo la suerte de no haber gritado del susto. Se dio la vuelta encarando a quien le había dado tremendo espanto.

-Lamento haberte asustado, no era esa mi intención.

-No te preocupes, solo fue un repullo porque estaba despistada ¿Qué haces aquí de todos modos Gaara?

-Un nuevo encargo para tú empresa.

-¿Tengo que llevarte a la oficina de mi padre?

-No, como estabas almorzando me llevó Neji pero ya he terminado la reunión y decidí esperar un poco más para poder hablar un rato contigo.

-Es muy amable de tu parte ¿Qué es lo quieres decirme?

-Tenia la esperanza de saber si al fin aceptarías cenar esta noche conmigo.

-Yo…- Su móvil emitió el timbre de un nuevo mensaje. Miró de quien se trataba y vio que era de Ino. Miró al pelirrojo.

-Contesta antes el mensaje, puede ser importante.- Hinata le sonrió agradecida.

-¡Vamos a que esperas! Dile que si, se ha dado la molestia de esperarte para preguntarte solo eso, dale ese premio, se lo merece. Además te ha llamado Naruto para decirte que no irá a casa esta noche ¿Verdad? ¿Qué te cuesta decirle que si hoy? No te hagas más la difícil.

¿Cómo sabia Ino que Gaara la acababa de invitar a cenar y de que Naruto no estaría esa noche en casa? Miró un momento a la puerta que estaba detrás del pelirrojo y ahí pudo ver a su amiga asomada sin perder detalle y guiñándole un ojo.

-Será cotilla… - Comenzó a responderle al mensaje. –Eres una metomentodo, déjame un rato tranquila, se lo que hago y debo de contestarle.

-¿Y bien? ¿Qué me dices? – Un diminuto, casi imperceptible toque de nervios se le notaba en la voz. - ¿Aceptas mi invitación?

-Claro, estaré encantada de cenar esta noche contigo.

Lo vio abrir desorbitadamente sus ojos unos escasos segundos con desconcierto. Se esperaba una nueva negativa de esas que tan devastado lo dejaban, por eso la respuesta afirmativa lo había pillado por sorpresa y no sabia que hacer.

-¿En serio aceptas?

-Si ¿A que hora tengo que estar preparada?

-Iré a buscarte a tú casa a las ocho y media.

-Te esperare… Gaara…

Se quedo observándola unos momentos, admirando lo bien que se veía con esa ropa y lo adorable que estaba con las mejilla enrojecidas. Si no hubiera sido por un toque que dio su agenda electrónica se habría quedado frente ella durante horas sin percatarse de nada y mirándola como un completo imbécil.

Se disculpó de golpe por quedarse estático observándola y con un poco de torpeza chocó con la papelera que estaba al lado de la puerta al intentar salir. Recogió los papeles que se desperdigaron por el suelo cuando se chocó y salió como un rayo hacia el ascensor.

-Mierda, he hecho el ridículo delante de ella, ahora creerá que soy un payaso…

Aunque su cabeza fuera un tornado de incoherencias, su rostro jamás dejó en ningún momento que su expresión denotara cualquier rasgo que no fuera la imperturbabilidad.

Una vez solo en el ascensor, con las puertas cerradas y descendiendo al living se permitió el lujo de suspirar emocionado y relajar los músculos.

Salió del gigantesco edificio hasta vislumbrar en la acera de al lado a la limusina que lo había traído ¿Porqué limusina y no mejor un coche más cómodo y menos llamativo? La idea fue de su hermana que se empeñó en que lo llevaran y recogieran un auto que estuviera a su altura.

Cuando el chofer lo divisó en el filo de la acera, puso en marcha el motor y colocó el coche ante él. Las personas de alrededor miraban impresionadas y algunos niños señalaban el enorme vehiculo.

El conductor salió para abrirle la puerta, inclinándose en muestra de respeto, al ojear a su alrededor, la gente lo miraba y cuchicheaba. Se metió en la limusina lo más rápido posible para que cerraran de una vez y se marcharan.

Dentro, en los asientos de los laterales estaban sus dos hermanos y Shikamaru el marido de Temari, el cual estaba como siempre con gesto de fastidio dormitando en su sitio.

-¿A que viene esa cara? Ah, espera no me lo digas, es por la limusina ¿Verdad? No se por que te pones así...

-Oh, perdona Temari, pero es que me encanta llamar la atención y que me señalen por la calle mientras me dicen ricachón.

-Ok, ya lo pillo, no hace falta tanto sarcasmo. Que borde eres cuando quieres…

Permanecieron en silencio un buen rato. Los hermanos y su cuñado al fin despierto lo miraban un poco extrañados al verlo mirando por la ventana tintada con un ligero aire soñador.

Fue su hermano Kankuro quien se arriesgó a preguntarle para sacarles de duda.

-¿Gaara? ¿Estas bien?

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, te notamos algo… ¿Feliz?

-Estoy perfectamente.

-¿Y sobre lo otro? – Gaara lo miró fijamente sin entender. –No me mires así, me refiera a si Hinata al fin ha accedido a cenar contigo. Y no me digas estúpidas excusas de "No se de que me hablas" porque se que te arreglas tanto y vienes seguido solo para verla a ella.

-…

-Gente ingenua como Hinata no se daría cuanta, pero nosotros tus hermanos nos percatamos enseguida de todo… Así que ¿Acepto o te ha vuelto a rechazar?

-Me ha dicho que si.- Decidió darles lo que querían para ver si tenia suerte y se callaban.

-Por eso estas tan raro. –Gritó emocionada Temari. –Que alegría, ya era hora.

-Tsk… que escandalosa eres Temari, tranquilízate o me volverás loco un día de estos.

La rubia empezó a despotricar contra su marido. Los otros dos ocupantes del coche guardaron silencio. No querían estar en el punto de mira de su hermana cuando esta se enfadaba.

-Por cierto Gaara. –Tras un buen trecho de tiempo cesó la discusión y Shikamaru al fin pudo hablar. –Conozco a Hinata desde que era una cría de cuatro años, se que si le regalas una flor le haría mucha ilusión. Es una chica muy sencilla.

-¡Que buena idea! Así te puedes declarar a ella mediante el lenguaje de las flores. – La mayor de los hermanos estaba entusiasmada con la idea.

-¿Lenguaje de las flores? –Estaba empezando a creer que su hermana comenzaba a alucinar.

-Si Gaara, cada flor simboliza algo diferente, como sentimientos o razones, por ejemplo el girasol es salud y fidelidad, la rosa roja como todos sabemos es te amo y así con todas las flores existentes que… ¿Me estas escuchando?

Estaba mirando otra vez por la ventana, pensando en lo que su hermana le había explicado. Con lo que acababa de escuchar, ya tenia una idea rodándole por mente. Esperaba poder ponerla pronto en marcha.

-.-.-.-.-

Estaba comenzando a marearse y a sentir nauseas. Nada más salir el pelirrojo por la puerta y meterse en el ascensor, su amiga hiperactiva se le lanzó encima casi asfixiándola. Llevaba como unos cinco minutos zarandeándola por los hombros.

El semirecogido que se hizo en el almuerzo se había desecho por completo y su pelo ahora con tanto movimiento le hacia parecer una loca escapada de un hospital psiquiátrico.

-¡Dios mío Hina! No me creo aun que hayas aceptado salir a comer esta noche con bomboncito.

-¿Bomboncito? ¿Ino te has vuelto a olvidar de su nombre otra vez? Pero si no hace nada que lo llame por su nombre antes.

-Si… -Admitió algo avergonzada.-Pero debes de admitir que le va a la perfección ese apodo. Esta como un tren.

-De acuerdo lo reconozco, yo también opino que Gaara es muy atractivo.

-Entonces…- Se acercó a Hinata lentamente y su timbre de voz era meloso. -¿Habrá temita esta noche entre vosotros?

-¿Qué? –Preguntó sin entender a que se refería.

-Qué si aprovechando que Naruto no estará en casa y posiblemente hasta la tarde del día siguiente ¿Gaara y tú haréis crujir la cama y los muelles del colchón durante toda la noche?

Es rostro de la Hyuuga estaba comenzando a adquirir una tonalidad de rojo a una velocidad alarmante. De la impresión que le causo la enorme indirecta sobre sexo que le había dicho la rubia sobre ella y Gaara, poco faltó para que le diera un desmayo.

Tras el susto del mareo no volvieron a sacar el tema, no porque no quisiera Ino, si no por la amenaza de Hinata de dejar de enseñarle a cocinar los platos favoritos de Kiba. Cada cual se fue a su puesto de trabajo.

-.-.-.-.-

Estaban colocándose las ropas de nuevo después de haber dado rienda suelta a la pasión en esa oficina. El despacho del líder de la empresa Uzumaki, especialistas en abastecimiento de comidas en otras empresas y catering para todo tipo de ocasiones.

La empresa fue dada en herencia a Naruto tras fallecer su padre Minato Namikaze en un accidente automovilismo. Su madre Kushina lo visitaba de vez en cuando para ver como le iba a su hijo y su ahora única familia.

Se sentó en su silla anudando correctamente la corbata. Unas manos femeninas tomaron ese trabajo por él.

Lo besó con ardor dejando que este le acariciara.

-¿Ya la has llamado? –Recibió un asentimiento de cabeza como respuesta. - ¿Cómo ha ido?

-Perfecto, no sospecha nada como siempre, le he dicho que estaré hasta arriba de trabajo y no podré ir a casa…

-Porque estarás en la mía, pero eso ella no lo sabe. Que ingenua es Hinata. –Se rió de su propia burla.

-No te rías, recuerda que es mi esposa.

-Por ahora cariño, por ahora.

Abrieron un poco las ventanas para que los cristales empañados volvieran a ser normales y terminaron de colocar todo en su lugar para que nadie se enterara de que es lo que había ocurrido en ese despacho.

Como el director de la empresa le ponía los cuernos a su mujer con su secretaria.

-.-.-.-.-

Aparcó el coche en la acera frente a la casa de la Hyuuga. Quedaba aun sobre más de una media hora para la cita pero no podía esperar ni un minuto más. Estaba realmente impaciente debajo de ese manto de quietud que lo cubría y lo hacían ver siempre imperturbable.

Presionó el botón del telefonillo que había en la acera junto a la muralla de piedra con su mano temblorosa.

-"¿Si? ¿Quién es?" –Reconoció por el micrófono la suave voz de Hinata.

-Gaara.

-"Un segundo" –La verga de metal se abrió un poco, lo justo para una persona. Tras pasarla se volvió a cerrar del todo.

Caminó a paso tranquilo arreglándose minuciosamente mientras caminaba por el recorrido de piedra que cruzaba el enorme jardín. La puerta estaba abierta, pero no había nadie para recibirlo.

Golpeó con los nudillos la puerta un par de veces para dar a entender que ya estaba en el recibidor.

-Siento no poder recibirte como es debido, pero cuando has tocado al timbre me estaba secando el pelo. Y solo tengo la toalla puesta así que y…yo…

-Tranquila, estoy bien.- Intentó no pensar mucho en lo último que le había dicho, que estaba desnuda en el piso de arriba. Cualquier otro hombre se habría tomado tal comentario como una invitación a desnudarse también y retozar en la cama, pero claro, él no era cualquier hombre. Entendió lo que Hinata quería decir y se aguantaba por muchas ganas y por muy enardecido que estuviera. –Tómate el tiempo necesario, no hay prisa.

-Mientras termino de alistarme puedes esperarme en el salón viendo la televisión ¡Hay bebidas en el mini bar por si te apetece alguna! –La voz sonó apagaba conforme hablaba. Sabía que era porque ella se alejaba de las escaleras a su habitación.

Como le había ofrecido, fue hasta el salón. La delicada decoración y el tono suave del beige en las paredes le confirmaron que la peliazul se encargó de la decoración de la casa.

Recorrió toda la habitación con la mirada, los cuadros, el enorme sofá con el par de sillones individúeles en cuero blanco, una mesa de cristal con los bordes de vidrieras en vivos colores, una enorme mesa para cenas importantes con un par de porta velas de plata y un mantel casero finamente bordado. Se acercó a la chimenea la cual tenía unos pocos restos de leña al fuego.

Observó las fotos detalladamente. Una era una foto de la boda de Temari, su hermana y ella estaban juntas, lo cual era normal puesto que Hinata fue la dama de honor. Otra era Hinata con el recién nacido Sarutobi en sus brazos, la mirada tan brillante y emocionada la hacían ver irresistible.

Las pupilas se le dilataron mientras entrecerró los ojos y fruncía el ceño, alargó su brazo tomando una foto, las manos le temblaban. El marco tenia de imagen la boda de Hinata, apretaba el porta retratos con fuerza, tenia unas enormes ganas de tirar la foto a la chimenea y que el pequeño fuego la quemara.

Jamás se olvidaría de ese día. Ni del momento que vio el si quiero.

-_- Flash back -_-

Todos estaban reunidos en la iglesia a la espera de la llegada de la novia. La mayoría de los invitados estaban sorprendidos de que el gran y orgulloso Hiashi Hyuuga permitiera a su hija de dieciséis casarse tan joven.

Lo que nadie sabia es que la mayor de las hermanas Hyuuga le había insistido tanto y estaba tan decidida que no pudo hacerla cambiar de opinión y terminó permitiendo la boda.

Ocurrió lo mismo con la familia de Naruto.

Los invitados que estaban en la puerta de la iglesia entraron para tomar su lugar. La novia acababa de llegar en el coche decorado con pequeños arreglos florales en las puertas.

El novio fue ante el altar con el esmoquin negro y la corbata en tono naranja pastel.

-Gaara ¿Quieres salir fuera? –Su hermana sonó preocupada.

-No, estoy… bien. –Mintió.

-Pero no puedo verte en este estado, aunque la gente te vea normal, Kankuro y yo sabemos que no es así, estas fatal.

-No hay nada que pueda hacer para parar esto salvo rezar para que no ocurra.

Todas las voces cesaron cuando la música comenzó a sonar. Hiashi apareció junto a la puerta principal y le tendió el brazo a su hija para que esta lo tomara como era tradición.

Hinata apareció con un hermoso vestido color crema de tirantilla fina con piedrecitas sobre el pecho con un hermoso recogido, coronada con una pequeña tiara y un delicado maquillaje.

La parte del vestido que arrastraba por el suelo era llevada por su hermana Hanabi mientras que delante de ellos Moegi la niña de las flores lanzaba pétalos delante de ellos.

Se quedó embobado mirándola, Hinata estaba deslumbrante y cuando llegaron al altar y el padre de esta tomo la mano de su hija para que la tomara Naruto por un momento le pareció que el novio era él y la tomaba de la mano.

El dolor lo invadió al ver que era una cruel ilusión y solo pudo cerrar los ojos y apretar los puños.

La ceremonia dio comienzo, con cada segundo que pasaba en la misa más angustia lo llenaba. No paraba de pensar una y otra vez en su mente, deseando que algo ocurriera para que no se llevara a cabo la boda.

Cuando recitaron los votos se le oprimió el pecho.

- Y usted Hinata Hyuuga ¿Acepta a Uzumaki Naruto como su legítimo esposo y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad…? -El sacerdote siguió con la oración.

-Di que no, por favor di que no, Hinata no, no, no, no, por lo que más quieras no digas que si. Te lo ruego. – Rogaba con desesperación en un intento de que ella pudiera escucharlo.

-Si quiero.

Tras escucharlo sintió como algo en su pecho se quebraba en miles de pedazos. Su mundo se derrumbaba y ni el abrazo que le estaba dando su hermana para intentar darle fuerzas y consolarlo lo hacían reaccionar. Estaba ido. Hundido.

Alzo un poco la vista encontrando el beso que proclamaba que ya eran marido y mujer.

Acababa de presenciar la perdida de sus esperanzas, la chica que amaba desde hacia años en los brazos de su mejor amigo.

-_- Fin Flash back -_-

Desde ese día, todos notaron su cambio. Lo encontraban más sombrío y decaído.

Se había descuidado mucho, su insomnio era total, las que fueron graciosas y en cierta manera adorables ojeras se volvieron enormes. No comía bien, había dejado tanto peso que sus pómulos se marcaban con exageración en su rostro y sus costillas en su torso. No pensaba en otra cosa que no fuera en el asco que se daba a si mismo y en lo patético que era.

Cortó la gran mayoría de los lazos con la gente que le rodeaba, tanto amigos como familiares, se pasaba las horas encerrado en su habitación totalmente en penumbras mirando la nada.

Lo malo era que cada año parecía empeorar por momentos y lo supieron de la peor manera posible.

Fueron los hermanos de Gaara, se dieron el susto y la mayor angustia de su vida cuando lo encontraron un día tirado en el suelo de su habitación tras haber ingerido un bote entero de pastillas.

El medico de la familia una vez que lo hizo vomitar aun inconsciente para que expulsara todas las pastillas de su estomago que pudiera y estabilizarlo para que su vida no corriera más peligro. Les informó que el pelirrojo padecía depresión severa y que por eso había intentado suicidarse.

Tras obligarlo a tomarse su adecuada medicación, alimentarse correctamente y a asistir a un psicólogo a los dos años estaba estable. Con este ultimo descubrieron, pues analizó minuciosamente cada palabra que le dijo Gaara en sus consultas, que la depresión apareció por culpa del enorme dolor que sufrió al haber visto como la chica que quiera desaparecía de sus posibilidades y se marchaba con otro, sumado al remordimiento del pasado de creerse el asesino de su madre en el día que nació.

Su mente no pudo aguantar por más tiempo el sufrimiento y eso le conllevó a enfermarse e intentar quitarse la vida.

A parte de las medicinas y la ayuda psicológica, también contó con el apoyo de todos sus conocidos que aunque Gaara les dijo que no quiera volver a verlos nunca, jamás se separaron de su lado. Sus verdaderos amigos.

Claro que Hinata y Naruto nunca lo supieron. Esos cinco años desde que comenzó todo les hicieron creer que se había mudado de cuidad, sabían que si la peliazul se hubiera enterado de la verdad hubiera querido ir a verlo y habría empeorado el estado en el que se encontraba en el pasado.

Meneó la cabeza para sacar esos pensamientos tan espantosos de su cabeza, enfadado colocó la foto en su sitio, pero boca abajo, no quería volver a verla nunca porque estaba segura que la rompería en pedazos si la volvía a ver.

Deseaba poder ser él el que estaba en el lugar de Naruto, tanto el día de la boda, como lo deseaba ahora en el presente.

La deseaba como nunca, no quiera estar con ninguna mujer que no fuera ella, pero las malas lenguas empezaban a criticarlo y para que no lo tacharan de homosexual tuvo que tener "relaciones" con algunas.

Cierto era que con alguna que otra se había acostado, pero siempre pensaba que era ella. Aunque después de cada revolcón se sentía como si le estuviera siendo infiel a Hinata y se reprendía por ello.

El sonido de unos zapatos de tacón contra el parquet del pasillo llamó su atención. Hinata pasó por el umbral de la puerta del salón colocándose un par de pendientes de perla a juego con el collar que tanto le gustaba.

Su madre se lo regaló antes de morir, fue el collar con el que se caso.

-Hola Gaara. Siento haberte hecho esperar.

-Descuida… –Le quitó importancia al asunto.- Pero ¿Puedo pedirte algo? – Se acercó despacio hasta quedar frente a ella.

-Claro ¿Qué es?

Se inclinó hacia delante, para hablarle al oído.

-Suéltate el pelo, me gusta más verte con el cabello cayendo por tu espalda.

-De…De acuerdo. –Sonrojada por la cercanía que tenia con ella, se llevo las manos a las horquillas para quitárselas. Notó su larga cabellera caer en cascada graciosamente.

Gaara le asintió complacido mirándola de arriba a bajo. Hinata esa noche era la palabra sensualidad personificada. Lucia un vestido ceñido al cuerpo hasta tres dedos sobre las rodillas y de una sola tirantilla gruesa, resaltado cada una de sus despampanantes curvas, el color negro del vestido resaltaba el tono blanco de su piel. Los altos zapatos de fino tacón la hacían andar con un hipnotizante contoneo de caderas y como siempre un sutil maquillaje para resaltar sus ojos y sus labios.

Era sin lugar a dudas la mujer más bella que nunca en su vida haya visto.

Después de mirarla tan intensamente y aumentarle el calor corporal de manera estrepitosa, metió la mano en uno de los bolsillos de su chaleco.

Sacó un pequeño paquete forrado en piel oscura. Cuando lo abrió pudo ver con total satisfacción el hermoso rostro de la Hyuuga al ver una preciosa y delicada horquilla de de cristal blanco en forma de rosa.

-Es para ti.

-No pu…puedo aceptarlo, es de...demasiado caro…

-Yo he querido comprártelo, digamos que es un obsequio para darte las gracias por ser siempre tan amable conmigo.

-Gaara… - Vio como le ponía el frágil accesorio en el pelo y alejaba su mano con algunos de sus mechones enredados entre sus dedos. –Gracias es precioso…

-No más que tú. – Hinata tomó un color cereza en las mejillas con el alabo. Naruto nunca le decía cosas tan bonitas como esa. Sonrió con timidez bajando la mirada. – Vámonos, ya son las ocho y media.

Tomó su bolso de mano y se encaminó con el pelirrojo a la salida. Cerró la puerta con llave y caminaron por el caminillo de piedra que cruzaba el inmenso jardín. Una vez que conectó la alarma de seguridad se quedó impresionada.

Gaara la dirigió hasta un Lamborghini murciélago negro. El auto imponía, lo cual le iba perfecto por la personalidad del chico.

Las puertas se abrieron como su fueran un par de alas y la tomó de una de sus manos, ayudándola a sentarse en el asiento del copiloto.

Era muy atento y caballeroso, pensó que era un hombre perfecto y esa noche se veía muy apuesto. Se había quitado la chaqueta del traje negro dejando ver una camisa blanca con los primeros botones desabrochados y la corbata michi desecha sobre sus hombros.

Él tomó el otro asiento y enseguida las puertas bajaron y se cerraron.

Cuando puso el coche en marcha el motor parecía que rugía, daba gracias al cielo de que las casas estuvieran separadas unas de otras y que los vecinos fueran gente joven. Si no ya se estarían quejando del ruido.

Puso la calefacción para que entraran en calor, la noche había hecho bajar la temperatura hasta los 5º. Pasó varias emisoras de radio hasta que dio con Egai Ni Aitai de Rei Hamada.

-Con un coche como este tendrás a las chicas locas por ti. –Escuchó la sutil risa ronca de medio lado de Gaara.

-No voy a decir que no, pero ninguna de esas chicas es la que quiero que se fije en mí.

-¿Te gusta una chica? –La pregunta estaba claramente inundada de sorpresa e incredulidad. Gaara la miró un momento por el rabillo del ojo enarcando una inexistente ceja. – Perdona por preguntarte eso. Ha sido muy grosero de mi parte.

-Para nada, has puesto una cara muy graciosa. No estoy molesto. Y sobre tu pregunta… si, me gusta mucho una chica desde hace años… -Disminuyó un poco el tono de voz.

-¿Por qué no le dices que la amas directamente? Creo que te seria más sencillo.

-Si tú supieras…- Pensó.

Sonrió débilmente con dolor.

-Esta con otro…

-¡Oh lo siento! Perdón por haber sacado el tema, no sabia que… - Se mordió el labio inferior sintiéndose culpable.

Aprovechando un semáforo en rojo, Gaara la tomó del mentón para que lo mirara.

-No hagas eso, te puedes hacer daño. No quiero que te sientas mal por eso, ya me hice a la idea de que la he perdido hace años… A si que por favor, anímate, muestra esa preciosa sonrisa que tienes.

El semáforo se puso verde y reanudaron la marcha en silencio.

-Por cierto se me olvido preguntarte ¿Te dan miedo las alturas?

-No ¿Por qué lo preguntas?

-Esta noche será de altura es lo único que te voy a decir.

A los quince minutos de recorrido llegaron a una parte de la cuidad que pocas veces había visitado. Podía contar las ocasiones con los dedos de una sola mano.

Aparcó el coche en un hueco de los pocos que habían que fueran espaciosos. Se abrieron las puertas y con rapidez el pelirrojo se bajó del coche para ponerse a su lado y tenderle la mano con delicadeza para ayudarla.

Con el seguro echado Gaara le ofreció su brazo cortésmente para caminar. Aceptó encantada el gesto.

Subieron una cuesta de escaleras y al llegar al final el rostro de la Hyuuga se iluminó con emoción.

-No sabía que Konoha tuviera una noria.

-Y no la tenia, hoy es su inauguración, pensé que te gustaría montar en ella ¿Te gusta la idea? –Quería saber si su plan era de buena vista por ella.

-¡Me encanta! Muchas gracias Gaara. –Como antiguamente, cuando eran un par de adolescentes en el instituto. Se puso de puntillas y le besó tiernamente en la mejilla para salir corriendo rumbo a la muchedumbre a la espera de que la atracción se abriera al público.

Gaara se quedó unos segundos estático mientras se tocaba la mejilla. No sabía cuando había pasado pero sentía el corazón a punto de salir disparado de su caja torácica.

Intentando relajarse se puso al día con la peliazul.

Escucharon el típico discursillo que siempre se leía en inauguraciones y cortaron rápidamente la cinta roja.

Los maquinistas hicieron pasar a las personas a los compartimentos. Ellos entraron solos en uno. Hinata estaba entusiasmada y no paraba de sonreír. Gaara entró en primer lugar tendiéndole la mano para que entrara y tuviera cuidado con el escalón. Se sentó en el mullido asiento y ella se sentó a su lado risueña sin percatarse de lo cerca que se había puesto de él.

Las cabinas eran realmente cómodas, tenían calefacción y música de fondo. La suave tonada Cherish de Ai Otsuka era la canción que se escuchaba, creo un ambiente bastante romántico.

Fueron los últimos en entrar en la noria en esa primera ronda. Cuando les cerraron la puerta y le pusieron el pestillo pusieron los mecanismos en marcha. El ruido del principio y el comienzo del suave balanceo hicieron que Hinata se le abrazara al pecho.

Intentando disimular sus nervios decidió mirar por la ventana contraria a la Hyuuga rezando porque esta no notara sus fuertes latidos.

Con lentitud se iban alejando poco a poco del suelo.

-¡Gaara mira! ¡Se ve toda la ciudad! –Señaló con su mano la enorme cuidad de Konoha iluminada por las tenues luces de colores de los miles de edificios y farolas o los faros de los coches de la autopista. - ¿No te parece maravilloso? Es una vista tan hermosa…

-No esta mal, pero siempre hay una vista mejor.

-No creo que haya un paisaje más bonito que este. –El pelirrojo la miró con su pequeña sonrisa de medio lado. -¿De que te ríes?

-Yo no me estaba refiriendo al paisaje Hinata.

-¿No? ¿Entonces a que? –Vio a Gaara acercarse a ella, dirigiendo sus labios a su oreja y pasando un brazo por el respaldo del sillón casi rodeándola por los hombros.

-A ti. –Su voz fue un poco más de lo normal ronca con un deje de sensualidad.

No estaba segura de que estaba sucediendo con certeza, la temperatura en la cabina sabia por momentos, pero no era de la calefacción pues esta no había cambiado de grados desde que entraron.

Tenían los rostros demasiado cerca para ser solo amigos, pero poco le importaba ahora, lo único que podía pensar en ese momento era en sentir el calor del cuerpo de Gaara sobre el suyo, tener su aliento en su cuello y sus manos acariciándola mientras lo observaba acortar cada vez más la distancia que los separaba.

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Bueno hasta aquí el capitulo uno. No ha sido tan largo como yo creía que seria.

Me he pasado una tarde entera buscando en Internet marcas de coches que pegaran con la personalidades de ambos creo que un Lamborghini murciélago en color oscuro le va al guante a Gaara. Es un coche enigmático y misteriosa como él (A mi parecer claro) y el Honda civic muy refinado para Hinata.

Espero que el capitulo no sea muy pesado para leer y no canse la vista.

Me gustaría pediros que si veis alguna falta de ortografía y gramática, por favor me la digáis para corregirla. Lo agradecería mucho.

Si tenéis alguna duda sobre algún tema en particular sobre la trama o cualquier cuestión referida al fic preguntadme, os lo responderé al principio de cada capitulo.

Canciones nombradas:

1- Egai Ni Aitai de Rei Hamada. (Quien este metido de lleno en el mundo anime sabrá que es la canción del opening de "Mermelade boy" o para los Españoles "La familia crece") (Un genial anime para los fanáticos al Shojo.)

2- Cherish de Ai Otsuka. (A todos aquellos que no la habéis escuchados, os la recomiendo, es sencillamente preciosa más si la escucháis viendo su videoclip.)

Sin más que decir, me despido.

Hasta el próximo capi. Cuídense. (L)