Naruto no es mío si no de Masashi Kishimoto.
Advertencias de este capitulo:
-AU
-OoC
-Muchos diálogos.
Gracias por adelantado por los reviews.
Lalalala - pensamientos.
Lalalala - diálogos y narración.
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No podía estar tranquila de ninguna manera. Cierto era que ya había pasado por esto antes, pero la cosa era en si tan diferente al mismo tiempo.
Esto lo hacía esta vez por verdadero amor, y reciproco.
El día anterior no había visto ni oído de Gaara nada de nada. Eso solo la ponía más nerviosa. Sentía ganas de ir en busca de su móvil y llamarlo, pero Ino, conociéndola, le había confiscado el aparato para no verse tentada.
Ya había perdido la cuenta de cuantas tilas llevaba ya bebidas en el cuerpo y ninguna señal de relajación parecía venir por ahora.
Por lo pronto y para alegría de ella, llamaron al timbre de la puerta y eso la despejó aunque fuera solamente el trayecto hasta ir a la puerta.
Al mirar por la mirilla vio a la sonriente Ino tras la puerta.
No tardó en abrir y abalanzarse sobre ella completamente histérica.
-¿Por qué has tardado tanto? ¿Y si no da tiempo? ¿Y si ocurre algo por el camino? ¿Y si…?
-Shhh… calma Hina, te va a dar una úlcera si sigues así-. La empujó para adentro y se dejó la puerta abierta-. Yo he venido a mi hora, eres tu quien se ha levantado antes de tiempo.
Miró su reloj de pulsera y vio que, en efecto, eras las nueve de la mañana como Ino dijo que llegaría y ella se levantó como a eso de las siete de la mañana sin poder pegar un ojo.
Prácticamente no durmió casi nada en toda la noche por estar dando tantas vueltas en la cama. Estaba tan acostumbrada a dormir con Gaara que una sola noche sin él le costaba horrores pegar ojo. Ahora por otro motivo aparte de no tenerlo era todo peor.
-Ah, no cierres la puerta, Tenten está hablando con tu vecina y trae el vestido.
Al nombrar vestido un sin fin de emociones le invadieron el rostro, desde la felicidad extrema, al miedo sin razón, pasando rápidamente a una serié de correteos de aquí para allá nerviosos y finalmente a las lagrimas.
-Hinata tranquila, cualquiera diría con estos cambios de humor que estas embarazada.
-No te burles de mí así, estoy muy nerviosa.
-Por favor, ya has pasado por esto, ¿qué habrá de nuevo?
-Pues que es el hombre de mi vida y lo quiero con locura.
-Y ese es el motivo por el que no tienes que estar así –Tenten entró por la puerta con un protege ropa en color blanco-. Sabes que él piensa lo mismo y todo va a salir bien.
-Dijo la que en el día de su boda de destrozó el peinado por miedo.
La castaña le entrecerró los ojos y se puso las manos a las caderas tras dejar el vestido sobre un sillón.
-Alguien que nunca ha pasado por eso no tiene voto en esto.
-Oh, eso ha dolido.
Se olvidaron por completo de la peliazul que estaba en el marco de la puerta de la cocina con una nueva tila en la mano, pensó que tal vez les haría tomarse uno a ellas para tranquilizarlas.
Otra vez estaban peleando, aunque echaba de menos sus riñas, en Suna no podía verlas y sentía nostalgia, pero no se arrepentía de haberse mudado con Gaara.
El día de su despedida fue uno de los más tristes pero alegres que ahora recordaba, las chicas y su hermana llorando por su marcha pero felices por ella, Shino le dio un abrazo con un sentimiento inmenso que poco demostraba, Kiba como predijo la abrazó alzándola del suelo y se puso a lloriquear hablando sobre que era malvada al romper el grupo de cuatro que eran desde la guardería.
Su hermana le regaló un porta retratos donde salía toda la familia en el jardín cuando su madre aún estaba viva.
Lo que más gracia le hizo de ese día fue ver a su primo amenazar a Gaara sobre que le castraría si algo malo le llegaba a pasar mientas al mismo tiempo se despedía fraternalmente de ella en un fuerte abrazo.
Y por último su padre, el siempre serio y estricto Hiashi, no pudo evitar abrazar a su hija y besarle en la frente deseándole lo mejor.
Lloró cuando las puertas del avión se cerraron y vio su cuidad a vista de pájaro sabiendo que ya no los volvería a ver en un tiempo y que su vida cambiaba por completo.
No fue fácil la convivencia con Gaara los primeros meses, cada uno tenía sus manías y formas de ser y chocaban de vez en cuando, pero era una aventura estupenda pasar por eso en su vida.
Habían tenido su peleas como cualquier pareja, había conseguido echar a Gaara de su propio cuarto, ahora de ambos, para hacerle dormir en otro lado por discutir y habían echo el amor después tras reconciliarse al par de días.
Y más discusiones que tendrían que estaba bien dispuesta a pasar para hacer más férrea la relación.
También había sido sencillo acostumbrarse a la empresa del pelirrojo, cierto era que todos al principio eran muy serios y cerrados, pero solo faltó unas cuantas tazas de café para reablandarlos a todos y hacerse amiga de todo el edificio.
Sonrió ante sus recuerdos.
Llevarse bien con los trabajadores ocasionaba de vez en cuando que Gaara se pusiera algo celoso porque los hombres solteros la miraban embobados y eso ocasionaba que la metiera en situaciones un poco comprometidas.
Una vez le dio por abrirla de pierna en la mesa de su oficina y estuvieron a punto de ser pillados por Temari.
Pero todo maravilloso, una conciencia como siempre deseó tener y vivir.
Viendo el traje sobre el sillón dentro del protector, sintió la necesidad de acercarse a el.
Lo tomó entre sus brazos y acarició la tela, entre sus manos estaba la señal de que su vida cambiaría tras un sí quiero dentro de unas cuantas horas más de lo que cambió al irse a Suna.
-Bueno Hinata, como ya sabrás, primero te darás un baño con todas las sales y champús aromáticos que te he traído.
-O potingues, como prefieras llamarlos.
Sacó al fin una sonrisa en lo que llevaba de día al verlas aún pelear un poco.
Se llevó la taza a medio beber a su cuarto de baño y llenó la bañera con agua caliente al mismo tiempo que Ino iba echando intercaladamente distintos tipos de sales.
Se desnudó cuando salieron un momento de su baño por intimidad y cuando estuvo cómodamente relajada entraron de nuevo con un arsenal de productos dignos de los peluqueros de los famosos.
-Hinata, mientras Tenten te lava el pelo yo te haré la manicura, ¿te parece bien?
-Sí, claro.
-Muy bien, Ten, yo te diré que bote debes utilizar en cada momento.
Se sentía como en una especie de spa, Tenten, a pesar de ser de vez en cuando bastante dura y decidida, estaba siendo realmente suave con su pelo, estaba a punto de quedarse dormida como no lo había hecho en la noche.
El olor a flores invadía el baño y la relajaban, lo cual necesitaba desesperadamente.
Por otro lado estaba Ino sentada a su lado limándole las uñas minuciosamente, preparándola para una delicada manicura francesa y brillante.
-Ya veras, la última vez estabas guapísima, pero esta vez no podrá compararse, te voy a dejar como la mujer más hermosa y despampanante de ciudad, en el mismo momento en el que Gaara te vea querrá lanzarse sobre ti.
-¿Más aún?
Rieron las tres por ese comentario dado por Tenten.
Estar en ese momento tan especial con sus mejores amigas era lo que necesitaba para olvidarse de la boda por un momento y dejar que su cuerpo se volviera liviano con las risas y las absurdas inseguridades se volvieran eso, absurdas.
Pasó alrededor de cuarenta y cinco minutos cuando, más arrugada que una uva pasa, salió de la bañera y se envolvió con el albornoz.
Ino la empujó suavemente hasta sentarla en el taburete de su tocador.
-Ino te peinará y maquillará para ir a arreglarnos nosotras a casa, luego vendremos Neji y yo para llevarte a la iglesia, nosotras te esperaremos allí para ayudarte con el vestido.
Asintió notando como su amiga le desenredaba el pelo con máximo cuidado.
Ino hacía autenticas maravillas con un peine y un par de orquillas, no por nada le gustaba tanto peinar, hace unos cuantos años, mientras trabajaba en la floristería de su padre, antes de unirse a la empresa Hyuuga como abastecedora se sacó el graduado en peluquería y cosmética.
Ella sabía hacer de todo, jardinería, peluquería, administración, pero sobre todo cotilla, en eso no le ganaba nadie.
Cuando sacó el secador cerró los ojos, le relajaba el sonido que hacía ese aparato, siempre que iba a una peluquería se quedaba medio dormida cuando le lavaban la cabeza o cuando le secaban el pelo.
Abrió los ojos con morriña al sentir el aire caliente detenerse. Aunque estuvieran en Mayo, el aire no la molestaba.
Lo que si la molestó es que el sueño viniera ahora y no por la noche cuando era realmente necesario.
-Hina, viendo lo estilizado que tienes el rostro ahora, un recogido entero no te quedaría bien, siempre te ha sentado de maravilla tener esta lisa y sedosa cascada de pelo por la espalda, y no pienso quitar eso, aunque esta vez no será liso.
-¿Me lo vas a rizar?
-No exactamente, confía en mí, te gustara.
No tenía duda alguna sobre eso. Nunca salía decepcionada con ella cuando se trataba de peinar.
Le humedeció un poco con pulverizador y le puso rulos por toda la cabeza. A falta de secador gigante se apañó, con paciencia nunca vista en Ino, con el secador para marcar los rizos.
Cuando ya empezaba a sudar un poco, lo sentía en su ya algo humedecido cuello, que quitó los rulos y vio su pelo por primera vez en su vida ondulado.
-El pelo listo.
-¿Ya esta?
-No, pero el resto al ponerte el vestido se puede estropear, terminaré en la iglesia de peinarte y ahora alza la cara que te voy a maquillar.
-¿De verdad no me vas a decir el peinado?
-Por supuesto que no, es una sorpresa-. Le sonrió alegremente guiñándole un ojo-. Y ahora no te muevas.
Suspiró en su mente, ahora no solo estaba nerviosas por la boda, si no por la intriga de su peinado.
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Nunca se había fijado, tenía cosas más importantes en las que fijarse como el trabajo o como primordial su novia, pero el techo de su cuarto tenía una pequeña grieta cerca de una de las ventanas y otra sobre la puerta del baño y que a la habitación le hacía falta pintar ya la habitación porque el color arena de las paredes se estaba volviendo amarillo.
No se habría fijado mucho en esos detalles si hubiera podido dormir.
No quería decir que su insomnio hubiera desaparecido, eso nunca se iba, pero con Hinata a su lado le costaba menos coger el sueño y dormir por lo menos cuatro o cinco horas seguidas sin despertarse.
Se había acostumbrado a tenerla abrazada o siendo abrazado y sin ella no podía.
Estaba en ese momento tumbado boca arriba sobre el colchón mirando el techo con los brazos extendidos sobre en la cama.
La echaba de menos, solo habían trascurrido treinta horas desde que no la veía y ya deseaba tenerla en sus brazos. Su hermana y el resto de chicas habían dicho que era tradición que el día antes de la boda los novios estuvieran separados.
Eso era la cosa más estúpida que había oído nunca, y eso que tenía por hermano a un idiota y tuvo de amigo a Naruto que era otro.
Había intentado llamarla por teléfono, pero Ino fue quien cogió la llamada dándole a entender que tampoco se le permitía siquiera oírla. También intentó salir a escondidas y verla, pero lo interceptó su hermana a punto de salir del garaje.
No hacía falta decir que Temari le riñó por ser un destroza tradiciones, el tirón de oreja que le propinó aún le picaba un poco.
Estaba metido en sus deprimentes pensamientos hasta que la puerta de su cuarto se abrió de repente y golpeó estrepitosamente la pared.
-Venga hermano, arriba.
Miró sin mover la cabeza a su hermano entrar escandalosamente por la puerta seguido de un revolucionado Kiba y el siempre perezoso Shikamaru con hijo Sunamaru en brazos.
-Buenos días tío Gaara.
Pataleó en brazos de su padre para ser bajado y ando en un ligero correteo trastabillado para acercarse a su cama. Tuvo que ayudarle a subir porque empezaba a hacer pucheros al no poder llegar.
Lo que crecía un niño en menos tres años, ya le llevaba casi por las rodillas con lo pequeño que era aun.
Cuando estuvo sobre el colchón se le abrazó, lo que muchos no se creían era que resultaba tener un don para los niños, su sobrino lo adoraba y su tío lo adoraba a él.
-Hola-. El niño no se extrañó al tener esa respuesta, a su corta edad entendía que su tío Gaara no era muy amable cuando lo separaban de su tía Hinata, otra persona a la que al igual que el pelirrojo quería con inocente amor infantil-. ¿Qué queréis?
-¿Cómo que qué queremos? Pues que empieces a prepararte hombre, es tu boda.
Sin emitir sonido alguno, se sentó en la cama y se levantó tomando en brazos a su sobrino.
-Te veo muy bien.
-¿Tendría que estar mal según tú?- Le entrecerró los ojos a su hermano.
-No, pero me sorprende que estés bien tras lo de anoche.
Oh, eso.
Su hermano hizo la gracia de entrar en su cuarto la noche pasada por sorpresa y llevárselo en limusina con el resto del grupo a una despedida de soltero que él mismo le había estado organizando.
Estaba enfadado por estar un día entero sin Hinata y se enfadó más si cabe al ver que le llevaba a rastras a un cabaret show con bufet libre.
Él solo quería ver a una mujer bailarle y desnudarse así, y esa era la que sería su mujer.
Cuando Kakuro gritó a los cuatro vientos en ese lugar que su hermano se casaba fue lo peor que pudo pasarle, las chicas del lugar lo levantaron para sentarlo en medio del escenario y ofrecerle un especial para festejar.
Tener pululando alrededor pechos de silicona y traseros enfundados en diminutos tangas no era precisamente la mejor manera para hacer una fiesta dedicada a él. Puede que para otro hombre sí, pero no él.
Perdió la cuenta de las miradas de muerte cargados de odio que le lanzaba a su hermano sentado aún en mitad del escenario.
La suerte le sonrió cuando otro grupo de hombres de despedida de soltero llegaron y se intercambió el sitio con el otro novio. Si Lee no le hubiera detenido habría estado más que gustoso de haber podido estrangular a su hermano.
Tras pasar horas en ese lugar lleno de mujeres casi empelotas, alcohol y borrachos salidos, salieron de ese lugar para irse a una discoteca de mala muerte donde los muy ebrios como Kankuro y Kiba bailaban haciendo el payaso.
Terminó la fiesta para alegría de Shino, Neji y su cuñado Shikamaru cuando Lee por error tomó algo de alcohol y enseguida se le subió los grados y terminó peleándose con el portero de la discoteca.
Los echaron casi a patadas de allí.
Para muchos como él, diciendo un rotundo no a su hermano sobre seguir de fiesta, se marcharon a descansar para estar frescos el día de la boda, el resto fiestero y sediento aún de fiesta se marcharon en busca de otro lugar donde seguir bebiendo y montar jaleo.
Recordó tumbarse en calzoncillos tras llegar a casa en su cama y enterrar su nariz en la almohada en busca del casi imperceptible perfume de Hinata impregnado en ella.
Esa noche su cuerpo le torturó deseándola con desesperación, a parte de no tenerla con él para dormir; ella era como su somnífero personal, también estaba el hecho de que al verse solo, percibiendo su adicto perfume en las sábanas he imaginándola a ella en las posiciones que había visto en las chicas del cabaret lo enervaron por completo.
Se había visto obligado tras tres años sin necesidad y teniendo novia, a meterse esa noche en el baño y volver a hacer lo mismo que en el pasado para librarse de su tiesa y demandante incomodidad con su yo inferior.
Pero olvidando todo ese detalle que quedaría para su solo recuerdo, aún buscaba una razón lógica para ver a su hermano y Kiba tan despiertos y despejados tras la noche que se pasaron empinando el codo copa tras copa.
Él por su parte no había bebido casi nada, el resto de copas que le traía su hermano las echaba disimuladamente a un maceta junto a su mesa.
-Supongo que tendré buena resistencia al alcohol-. Mintió sin problemas, no tenía gana alguna de que su hermano empezara una discusión al saber que se mantuvo sobrio toda la noche-. ¿Y tú?
-Oh, me desperté sin recordar como había llegado a dormir en la piscina sobre un flotador.
Negó con la cabeza ante la alegría de decirle eso tan tranquilo, la de cafés y pastillas que debería de llevar encima para quitarse la resaca monstruosa con la que se habría levantado.
Y luego estaba la que pillaría esa misma noche.
Prefirió no preguntar nada, sería lo mejor y se ahorraría la historia extraña de Kankuro y Kiba bajo los efectos de la borrachera.
-Me voy a duchar entonces.
-Nosotros también, yo por mi parte me acabo de despertar-. Eso tampoco le sorprendía de Sunamaru, te bañaré conmigo y terminamos antes.
-No, quiero bañarme con tío Gaara.
-Tu tío tiene que prepararse más minuciosamente que el resto, déjale solo.
-No-. Se abrazó fuertemente al cuello del pelirrojo cuando su padre fue a tomarlo en brazos para llevárselo al baño.
-Déjalo, Shikamaru. No me importa bañarlo conmigo, no es problema.
Su cuñado casi parecía feliz de librarse de tener que bañar a su hijo, no dio respuesta alguna salvo verle andar ligero a su cuarto.
Les cerró a los otros dos la puerta en las narices y se dirigió al baño con su sobrino aún fuertemente abrazado a su cuello y escondiendo su rostro en el.
Puso el tapón a la bañera y abrió los grifos ajustando la temperatura deseada.
Sentó al niño el una pequeña silla que usurariamente utilizaba para dejar la ropa que se pensaba poner y preparó el jabón de ambos, no era la primera vez que su sobrino se bañaba con él y tenía jabón y champú para niños.
Sacó una toalla y su albornoz colgándolo en la silla en la que el pequeño estaba.
Con todo listo se desnudó echando la ropa al cesto de la colada y le quitó igualmente la ropa al pequeño que miraba curiosos las gamas de botes de colores de las sales.
Lo tomó en brazos de nuevo y despacio se sentó en la bañera, ya había perdido la cuenta de las veces en las que el pequeño de la familia pedía con pucheros tomar un baño con él.
Era agradable ahora, no iba a mentir, la primera vez que se bañaron juntos no tuvo otra cosa que preguntarle, como un niño que era:
¿Tío Gaara, porqué tu pelo ahí no es como el de papá? –Le señaló con su pequeño dedo a su pelirrojo bello púbico-. ¿Y por qué yo no tengo?
Había sido tan vergonzoso y adorable al mismo tiempo que le preguntara tal cosa, luego, una vez que se lo explicó todo recordó que se puso a llorar porque quería tener pelo ahí abajo al explicarle que solo los adultos lo tenían.
La suerte fue que no volvió a sacar el tema por ahora cuando se calmó.
Le echó un poco la cabeza hacía atrás al niño y le mojó el pelo con un pequeño cuenco para poder lavárselo mientras lo veía entretenerse jugando con las esponjas y los pequeños granillos que encontraba en la base de la bañera de las sales de baño que había tirado.
Se echó su propio champú para lavar su cabeza ahora, dejando la cabeza de ambos totalmente llena de espuma.
Lo puso en pie y quitándole una esponja, le presionó al bote de su jabón de almendras para lavar al niño, lo veía reír y retorcerse al sentir la esponja por sus axilas, pies y espalda.
Eso le provocó también una leve sonrisa a él. Se imaginaba con facilidad a si mismo en un, esperaba con ansias, pronto futuro con sus propios hijos.
Cuando abrió la alcachofa de la ducha se le abrazó con fuerza, le tenía un extraño miedo a eso.
-No pasa nada, no te va a hacer daño, solo es agua. Cierra los ojos y no los abras.
Cuando lo vio cerrar los ojos con fuerza y apretar los puños, le puso el agua justo encima para eliminarle el jabón, justo a tiempo porque sintió como llamaban a la puerta de su baño.
-¿Gaara? Shikamaru me ha dicho que tu lo estabas bañando.
-Acabo de terminar con él.
-Gracias por tomarte la molestia de hacerlo, ¿estas visible?
-Más o menos, pero puedes entrar.
En cuanto su hermana asomó la cabeza su hijo se puso a saltar de alegría haciendo salpicar por todas partes el agua, por mucho que quisiera a su tío, su madre siempre era antes.
Traía con ella el albornoz de su hijo, se acercó a ellos y cerró los ojos al extender el albornoz para no verle a Gaara nada, cuando sintió los brazos de su hijo sobre los suyos, lo alzó y lo dejó en el suelo para envolverlo.
Su hermana estaba también recién salida de la ducha, veía como salía aún algo de vapor de su piel y como su pelo estaba húmedo. Parecía que todo estaban duchados ya menos él, y todavía le quedaba afeitarse, vestirse e ir a la iglesia.
-Bueno, te dejo solo para que te arregles tranquilo-. Se dio media vuelta con su hijo en brazos y antes de cerrarle la puerta lo miró y le sonrió con alegría pura y emoción-. Nos vemos luego.
Su hermana llevaba con ese ánimo desde el mismo momento en el que se enteró de que pensaba pedirle matrimonio a Hinata. Y no se lo dijo él precisamente, encontró el anillo en el bolsillo de una de sus chaquetas y puso grito al cielo.
Por suerte la Hyuuga no estaba en casa en ese momento y no vio el jaleo que montó la rubia, se empeñó incluso en querer por narices a darle ideas sobre como y cuando pedírselo.
Al final terminó ignorándola y lo hizo a su manera, no fue romántico en exceso pero fue bonito, o al menos eso le gustaba pensar.
Solo en la bañera, se recostó relajándose, puede que no pareciera nervioso, pero eso era por fuera, por dentro era completamente distinto.
Un huracán de miedos hacía mella en su mente desde que las chicas se llevaron a Hinata, miedos en verdad estúpidos pero miedos que cualquiera en su lugar tendría, ¿Y si había cambiado de opinión y no quería casarse con él? ¿Qué pasaría si algo salía mal en medio de la ceremonia? ¿Y si le dejaba plantado en el altar?
Se llamaba bobo por tener miedo a esas preguntas y por atreverse a pensarlas siquiera, si Hinata no quisiera casarse con él no le habría dicho que sí cuando se lo propuso.
Salió del agua cuando esta se templó y se afeitó dejando su piel tal suave como la piel de su sobrino tras hidratarla.
En su cuarto una vez se había secado el cuerpo, se vistió con el traje pulcramente que su hermana le había tendido sobre la cama. Su traje de boda, sentía en la boca del estomago cosquillas cada vez que lo veía en su armario a escondidas de Hinata para que esta no lo viera.
Cuando se vio al espejo completamente vestido sintió como las comisuras de su boca se curvaban hacía arriba.
Deseaba que pasara ya la hora y media que quedaba.
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-¡Hinata deja de moverte o no podré ponerte bien el vestido!
-Lo…lo siento mucho Tenten, es que estoy tan nerviosa.
Le subió la cremallera con cuidado para no darle ningún pellizco y terminó la tediosa tarea de abrocharle los miles de botones que cerraban el vestido y servían a la vez de adorno.
-Pues yo también acabo de terminar-. Ino sonrió ante su mayor obra con el pelo de Hinata-. Hina, ya puedes abrir los ojos y quitarte las gafas ciegas.
Despacio se quitó las gafas y parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la luz fluorescente de las luces del techo.
Abrió los ojos incrédula llevándose las manos a la boca ante la imagen que se reflejaba en el espejo.
-¿E…esa soy yo?
-Guapísima te hemos dejado, ¿verdad?
-Yo…
La puerta se abrió asomando la cabeza de su hermana Hanabi junto a Temari y su antigua profesora casi madre para ella Kurenai.
-Hinata, estas preciosa, lo estuviste en la otra ocasión también, pero esta vez no hay comparación.
-Gra…gracias.
Su antigua profesora se acercó sonriendo a ella lo que la tranquilizó un poco, los nervios volvieron a ella en cuanto se vio sola y aumentaron cuando su primo y Tenten pasaron a buscarla para ir a la iglesia.
Al sentirse abrazada no pudo más que sollozar con la cara escondida en el cuerpo de Kurenai.
-¿Por qué lloras Hinata? Hoy es un día feliz para ti.
-Lo sé, pero tengo miedo.
-¿Por qué Hinata? –Alzó la cabeza viendo a Temari de brazos cruzados y mirándola fijamente-. ¿Miedo a qué?
-A que pase de nuevo, mi boda con Naruto fue también un día maravilloso en su momento para mi y al final todo acabó… mal, tengo miedo de que pase de nuevo.
Temari rió socarronamente y las chicas menos Hinata, que estaba perdida por su risa repentina, la miraron algo molestas por reírse al escuchar a Hinata decir eso en un momento de flaqueza.
-No me estoy riendo de ti, si no de tu miedo, es normal que lo tengas tras pasar por todo eso hasta ahora, pero piensa, ¿vas a dejar que eso te estropeé el día de hoy? No eres la única con miedo, yo también barajé la posibilidad de que algún día Shikamaru ya no me quiera a su lado, y lo pienso a veces ahora también, pero no por ellos me preocupo, disfrútalo ahora.
Un silencio extraño reinó la sala donde estaban mientras escuchaban algo del ruido de los invitados.
Tenten guardó silencio porque también tenía la misma inquietud, añ igual que Ino y Kurenai, pero como dijo la Sabaku, ese miedo no va a destrozar el resto de su vida por preocupación.
-Además, la novia no es la única nerviosa-. Abrió un poco la puerta llamando la atención de todas-. Escuchad.
Pusieron atención.
-¡¿Tú estas tonto?! ¿Cómo va a pedirte el divorcio si ni siquiera os habéis casado aún?- Esa voz era de Kankuro.
-Eres un pesimista, no te va a dejar plantado en el altar, sabes que está tan ilusionada como tu con esto-. Y ese era Kiba.
-Mi prima no se casaría contigo si no quisiera, tu miedo es incomprensible ahora mismo.
Cerró la puerta mirando sonriendo con cierta arrogancia y humor a las chicas. Ino se le unió en una escandalosa carcajada junto a Tenten, y pensaban que Hinata estaba nerviosa, eso es que no habían visto al novio.
Hinata rió secándose las lágrimas con cuidado viendo algo de rimel en el blanco pañuelo tras secarse.
-Estos chicos, podrían cerrar la puerta de su lado, los van a escuchar todos los invitados.
Cerró los ojos respirando tranquilamente para serenarse y para que se eliminara de su rostro cualquier rastro que delatara que había llorado.
-¿Ves cómo no eres la única con miedo?
-Ya lo veo… ahora Gaara me da un poco de pena.
-Déjalo, un poco de miedo no le va a hacer daño.
Escucharon como se oían a los chicos cerrar la puesta y como sus pasos se alejaban tras pasar frente a su puerta, parecía ser que el novio se iba ya al altar y en cualquier momento la novia sería llamada para tomar también su lugar.
Ino salió de la sala tras retocarle un poco el maquillaje que se le destrozó al llorar y pellizcarle la mejilla de manera juguetona para intentar quitarle nervios, cosa que funcionó aunque fuera poquito.
Temari también porque tenía que estar al pendiente de su hijo porque era el encargado de llevar los anillos cuando el sacerdote los pidiera.
Las demás se fueron a sus asientos tomados y guardados gracias a sus bolsos.
Su hermana le tomó el velo para que no se lo pisara y no se ensuciara al caminar, tomó el ramo que cuidadosamente dejaron sobre un sillón y fue cuando su padre abrió la puerta para buscarla.
Lo vio abrir los ojos sorprendido al mirarla, seguidamente sonreír un poco de manera enternecida y alzarle la mano para que le tomara del brazo.
Tomando un momento para volver a respirar profundamente, comenzaron a andar para dirigirse a la puerta de la iglesia llena de arreglos florales por parte de su amiga Ino y la floristería de su padre.
-Estas preciosa, hija.
-Gra…gracias papá.
-Hoy sí que estaría tu madre feliz al ver que te casas con el hombre correcto, yo también lo estoy.
-Pensé que estarías algo huraño con Gaara.
Llegaron tras rodear el pasillo a la entrada, aún oculta a las personas allí reunidas. Los nervios estaban ahora mismo haciéndola temblar como un flan.
-No te preocupes por eso- la música comenzó a sonar cuando su padre dio un paso adelante y quedó a la vista de todos cuando estos se voltearon para ver a la novia-. Ya le he amenazado cuando le vi llegar.
-¡Papá! –Sonrió igualmente mientras le regañaba con su bajo grito, eso si que lo esperaba de su padre-. No quiero que amenaces más a mi ya mismo marido.
-No prometo nada.
Sonrió alegremente para alzar la cabeza y seguir el paso tranquilo de su progenitor sintiendo las miradas felices de la gente y la mirada llena de anhelo de su chico en ella.
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En el mismo momento que sus manos se sostenían cuando estuvieron uno frente al otro tras subir ella los pocos escalones del altar, todo ápice de nervios se desvaneció convirtiéndose en nada.
Nada más verla doblar la esquina, sus miedos, esos que habían hecho reír a los chicos antes desaparecieron.
Allí estaba ella, tan hermosa con ese precioso vestido blanco lleno de encajes y rosas blancas envolviendo su cintura que tan bien acentuaba las curvas de su cuerpo. Ese impresionante peinado hecho de ondas y pequeñas florecillas blancas.
Sonrió al verla usar el collar de perlas de su difunta madre, siempre con ella, y más aún al ver entre sus suaves mechones la orquilla de cristal que él le regaló hace cuatro años atrás.
Deseó moverse de su sitio, correr hasta ella y besarla, abrazarla, acariciarla, todo, le haría de todo allí mismo.
Se casaba, se iba a casar con ella, estaba eufórico dentro de su coraza serena y paciente, ni en sus más desesperados sueños del pasado se imaginaba tal cosa como esto, hacerla su esposa, suya.
Sonrió extendiéndole la mano y la acercó a él cuando se soltó de su padre para tomarlo de la mano que le ofrecía sin importarle que la iglesia estuviera llena de gente que los miraba sin perder detalle. Se inclinó y la besó lánguidamente entrelazando sus dedos.
-¡Espérate a que te hagan la pregunta final para eso, Gaara!
Se separó a regañadientes de Hinata que reía por lo bajo sonrojada y le dirigió a su hermano Kankuro una mirada que de haber tenido la capacidad para matar lo habría decapitado.
Se adecentó correctamente su negro traje y aún tomándola de la mano miró al sacerdote para que diera comienzo.
La ceremonia fue muy tranquila quitando las quejas sobre estar aburrido y querer jugar que de vez en cuando soltaba Sunamaru sentado en su sitio del banco que hacían reír incluso al cura.
No pudo tener una boda mejor, el sentimiento era maravilloso, se sentía apunto de derretirse, en cuanto puso sus ojos en Gaara sintió sus piernas temblar.
Decir que estaba guapo solamente sería quedarse corta en palabras, estaba impresionante, estaba acostumbrada a verlo vestir de negro casi todos los días desde el instituto; en su guardarropa abundaba ese color, pero era tan diferente en ese momento.
El traje negro, el chaleco rojo carmesí que apreciaba por dentro con un intrincado diseño, los pulcros pantalones, los brillantes y nuevos mocasines, hasta su rebelde cabello peinado.
Miró a Ino por un momento y como si le hubiera leído la mente le sonrió alzándole un pulgar. Ella le había peinado antes de ir a verla a la sala de la iglesia.
-Estas despampanante.
Respingó al escuchar el susurro de Gaara dirigido a ella con disimulo mientras el cura recitaba en alto para todos.
-Y tú, sentía que me derretía cuando te he visto.
Lo vio inflar el pecho orgulloso, le había subido el ego recibir tal halago de ella. Sentirse atractivo para Hinata era una de las cosas que más podían complacerle.
-Me han dado unas ganas tremendas de correr hacia ti nada más verte y besarte como si no hubiera un mañana.
-Pe...pero que cosas dices… -Se sonrojó hasta las orejas de un gracioso rosa pastel-. Eso sería indecoroso delante de todos.
-Lo indecoroso sería lo que quería hacerte después.
Su rostro era ahora comparable con los arreglos de rosas rojas de los bancos, sus ojos avergonzados miraban nerviosamente el final de su largo vestido blanco mientras jugueteaba con el ramo sobre su regazo.
Le parecía increíble que le hubiera dicho semejante cosa en mitad de la iglesia, ¡en su propia boda!
-E…eres un pervertido.
-Como si tu no lo disfrutaras.
Pensaba replicarle a su descarado comentario cuando el sacerdote les miró tras terminar de recitar lo que obviamente no habían escuchado.
-Procedamos con los anillos.
El pequeño Sunamaru, al fin con algo que hacer se acercó más que después al sacerdote alzando el pequeño cojín donde estaban los dos anillos de oro blanco. Tras acariciarle fraternalmente la cabeza se dirigió de nuevo a los novios.
-¿Gaara quieres recibir como tu legitima esposa a Hinata y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza; y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?
Miró a Hinata a los ojos y sonrió levemente con cariño antes u mirada expectante.
-Sí, quiero.
Vio como le temblaba el labio al oírle, estaba reteniendo la s ganas que tenía de llorar y eso solo le daban más ganas de besarla.
-¿Hinata quieres recibir como tu legitimo esposo a Gaara y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza; y así amarle y respetarle todos los días de tu vida?
-Sí, quiero-. No dudó un segundo en contestar ganándose la mirada más ardiente que había recibido de Gaara desde que estaba con él.
Escuchó un sollozo y al mirar para atrás se encontró a Temari e Ino llorando a moco tendido en primera fila. Contuvo un poco las ganas de hacer una mueca que mostrara la gracia que eso le hacía.
Gaara tomó un anillo bendecido previamente tras entregarle las arras y tomó su mano con suavidad.
-Yo, Gaara, te quiero a ti, Hinata, como mi legitima esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida-. Alzó su mano un poco más y acercó el anillo a su dedo anular para ponérselo-. Hinata, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti.
Sus ojos la devoraban, emitían un brillo que no era capaz de identificar pero que la tenía igualmente hipnotizada en su lugar durante unos segundos hasta que se dio cuenta de que le tocaba a ella.
Respiró hondo para no tartamudear con las arras y una vez más para infundirse valor ahora.
-Yo, Hinata, te quiero a ti, Gaara, como mi legitimo esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida-. Como él hizo, le colocó el anillo y cuando estuvo en su lugar le sintió tomarla de nuevo de la mano negándose a soltarla. Ella tampoco quería que lo hiciera de todos modos-. Gaara, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti.
-Por el poder que me ha sido concedido en mano de Dios os declaro marido y mujer-. Gaara lo miró fijamente ante su pausa y el anciano no pudo evitar sonreír al entender esa mirada dirigida hacía su persona-. Ahora si puedes besar a la novia.
Tardó más el cura en decir eso que el pelirrojo en tomar las ruborizadas mejillas de su ahora mujer y besarla con una pasión inusitada ante los gritos eufóricos y felicitaciones de los invitados.
Estaba casado, ¡Casado! Y con Hinata, el mundo ya podía acabarse ahí mismo que él estaba ya completo.
Movió sus labios sobre ella y no se negó a entrar en su boca cuando ella la abrió un poco para tomar algo de aire. Su primer beso como matrimonio, y era por mucho el mejor beso de su vida.
-Ga… Gaara, todos esperan a que nos hagamos unas fotos en el altar y salgamos.
-Pues que esperen un poco más, deseo besar y disfrutar de mi esposa.
-Eso no va a ser posible, ya la besaras a tu antojo luego en el convite, ahora las fotos aquí en iglesia y salid para que podamos bombardearos todos con kilos de arroz.
Deseó crucificar a su hermana como veía en el cristo de la pared por molestarle cuando tan bien estaba con su esposa. Pero tenía razón por mucho que le molestara.
Accedió a regañadientes y mordiéndose los carrillos para no maldecir en la iglesia.
Cuando el fotógrafo que contrataron tomó unas cuantas imágenes, como esperaban según Temari, fueron bañados por miles de lanzamientos de arroz y pétalos de flores, la mala suerte es que algún que otro grano de arroz se le coló a través del cuello de la camisa y le picaba a horrores el pecho.
Pero eso valía la pena al ver la sonrisa llena de alegría y felicidad pura que Hinata portaba en el rostro mientras estaba tomada de su brazo.
Recibieron rápidas felicitaciones de parte de los invitados pues debían de irse para la sesión de fotos del álbum antes de que llegara la hora del convite y estuvieran allí puntuales.
En la limusina que de nuevo su hermana había contratado por su cuenta para ellos, la dejó pasar primero y cerró una vez estuvo a su lado.
Cuando subió el cristal tintado para que el conductor o los viera, se lanzó a sus labios hambriento y deseoso. Sería mentir si dijera que no estaba excitado ahora mismo. Abrazó su pequeño cuerpo tumbándola en el sillón.
-No es el momento – Jadeó al sentir su lengua lamer su cuello y sus dientes mordisquear sus clavículas con cuidado mientras buscaba el final del vestido para alzárselo-. para esto…
-Solo un poco más.
-Sabes que si te dejo no serás capaz de parar luego.
Lo notó parar al instante con los labios pegados aún a su piel y sintiendo su rápida respiración en su húmedo cuello. Le apretó hombros un poco y tomó una ociosa bocanada de su perfume para posterior mente sentarse bien ayudarla a incorporarse.
-Perdona, que me hayan negado tanto desde ayer verte me tiene loco.
-Espera hasta esta noche, podrás desahogarte a gusto-. Le sonrió cariñosamente con algo escondido de picardía en la mirada que tanto le gustaba ver.
Le alzó una inexistente ceja al verla tan de repente poner cara de incomodidad.
-¿Qué haces?
-Me ha caído arroz dentro del escote y me molesta, y con los guantes se me resbalan la mayoría de los granos de arroz porque resbala, y son tan apretados que me cuesta mucho ponérmelos y quitármelos-. Le miró ahora con el ya acostumbrado rubor evitando su mirada-. Ya que tu no llevas guantes, ¿me ayudas a quitármelos?.. Es que ya me empieza a picar…
Gruñó. Lo que le faltaba, excitado desde anoche y aún sin poder hacerle nada, y para rematar las cosas tenía que meterle la mano en el escote para quitarle los granos de arroz sin llegar a nada más.
-Maldita y bendita mala suerte…
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.
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La música sonaba por todo el recinto, el jardín de la casa de Hinata estaba perfectamente arreglado para la ocasión.
No quería nada de hoteles glamorosos ni caros, quería celebrarlo en casa y así lo estaban haciendo, todos bailaban o charlaban animadamente tras una sabrosa y estupenda comida cortesía del chef Chouji y sus cocineros.
Kiba, Shino y Neji discutieron, uno más que otro, sobre quien sería el que leyera un discurso dedicado a la novia y al final ninguno de los tres leyó al ser regañados por parte de sus chicas.
Fue Hiashi quien, con pocas pero profundas palabras, sacó lagrimas de su hija y una mirada llena de ternura.
Para Gaara estuvo más fácil porque el discurso lo hizo su hermano, sorprendentemente emotivo y serio viniendo de él, lo que extraño a más de uno hasta que soltó algo típico de él.
Haber cuando vienen los pequeños diablillos pelirrojos correteando por casa de vuestra parte.
La fulminante mirada de Gaara en lugar de hacerle decaer solo lo animaron a hablar más avergonzando a la pareja con cada palabra.
La tarta era la cosa más bonita que había visto en su vida, incluso los muñequitos que coronaban el pastel eran casi iguales a ellos. Por suerte no eran comestibles y los podría guardar de recuerdo.
Gaara la rodeaba de la cintura con un brazo mientras el otro tomaba su mano ya teniendo esta el cuchillo.
Sintió que le besuqueaba la mejilla mientras cortaban el primer trozo. Nunca en su vida estuvo más dispuesto a comer tarta que en ese momento mientras ella le tendía un trozo con el tenedor para que lo probara.
El baile fue mágico para Hinata, una canción lenta, abrazada al pelirrojo, disfrutando de la dulce tonada y su masculino olor a sándalo. Notando el corazón acelerarse por las palabras que Gaara le regalaba.
Perdió la cuenta esa noche de los besos y caricias que se habían dado hasta ahora.
-Perdóname Gaara.
-¿Por qué?
-Por haber estado tan ciega con Naruto y no haberme dado cuenta antes de lo mucho que te quiero y necesito en mi vida.
Le sonrió como pocas veces hacía para hacerla girar sobre si misma y volver a abrazarla estrechamente.
-No me hubiera importado esperar más, siempre y cuando al final terminaras conmigo.
-Te quiero.
Ahogó un suspiro de gozo al sentir de nuevo los calidos labios de su marido poseerla por quien sabrá cuantas veces ya. Le rodeó el cuello acariciando suavemente su nuca y apretando su agarre.
Sus grandes manos serpentearon sus costados para rodearla y mover su mano derecha entre sus hondas oscuras para profundizar el beso.
Los invitados pasaron al olvido, el beso, sus labios, la calidez y suavidad de la boca y lengua ajena hacían todo a su alrededor desaparecer quedando simplemente ellos y es creciente deseo.
-¡Los novios esta noche no aguantan hasta la luna de miel!
Aunque ese simple comentario de su hermano Kankuro fue suficiente para hacer desaparecer por completo la paciencia del pelirrojo.
-¡Maldita sea Kankuro! Ya me tienes hasta las narices hoy con tanto comentario tuyo.
-A ti te molesta todo porque eres un seco y un sosaina.
-Como te pille te enteras.
Un duelo de miradas entre ambos hizo a Temari cabrearse y les propinó a cada uno una cojella.
-Sois unos infantiles, un día, un solo día os pido que os comportéis y nada.
Hinata reía junto a su marido viéndolo sobrarse la coronilla y sonriendo más al ver que ya estaba despeinado , solo había durado la ceremonia y las fotos y cuando parpadeó ya estaba , como según decía Ino, con pelos de loco.
-¡Hina! Tienes que lanzar el ramo, es tradición.
Se despidió momentáneamente de Gaara con un ligero piquito y se fue a los escalones de la entrada del jardín para estar en alto.
Las solteras se pusieron atentas como leonas en plena caza cuando Hinata las miró risueña. Se sorprendió al ver a su hermana entre ellas y luego un asustado Konohamaru rezando para que no lo cogiera su hermana por nada del mundo.
-¿Listas chicas?
Recibiendo por respuesta unas miradas llenas de determinación, les dio la espalda y lanzó el ramo sobre su cabeza.
No se había dado la vuelta aun cuando los insultos y el sonido de los empujones y golpes ya sonaban por su florido jardín.
-¡Sí! Es mío, mío, mío. Lo cogí-. Ino saltaba de arriba a bajo eufórica con el ramo de rosas blancas en sus manos-. ¡Jodeos panda de brujas mal maquillas y empujonas, el ramo es todo mío!
Saltó ella también en su sitio entusiasta y dando palmas al ver a una de sus mejores amigas.
Kiba cerca de ella miraba sereno la escena, como si ya supiera que sería su novia quien ganaría, sonrió ampliamente con orgullo y metió la mano en uno de los bolsillos de sus pantalones.
-El destino a si lo quiere, lo siento Hina, te voy a quitar a ti y tu marido un poco de protagonismo.
-Va comerte a besos, lo sabes- Sabía lo que pasaría y estaba deseando verlo.
-Vaya si lo sé.
-Pues a que esperas, vamos ve.
-¡Rubia! -Todos miraron a Kiba tras su fuerte grito, Ino incluso dejó de saltar y gritar para verle-. No voy a hacer que rompas la tradición, has cogido el ramo así que – Sacó la pequeña cajita del bolsillo llevándose consigo el aliento de Ino en el proceso- ¿Quieres casarte conmigo?
-¿Qué pregunta más tonta es esa? Por supuesto que sí.
Se llevó las manos a las mejillas recordando como Gaara se lo pidió a ella en mitad de toda la oficina, tras rodearla de flores de lavanda ante los ojos de todos los trabajadores.
No negaba que se imaginaba otra cosa pensando en la manera en la que Gaara se lo pudiera haber pedido, pero la que él eligió no la cambiaría por nada del mundo tampoco.
Las chicas se acercaron a los nuevos prometidos tras ponerle el Inuzuka la sortija para felicitarlos.
-¡Chicas, me voy a casar!- Se abrazaron formando un corro alegre y jaleosos de chillidos.
-¡Maravilloso!
-El grupo de chicas casadas, suena divertido.
-Yo pido que vayáis dándole a mi hijo un amigo en Konoha con quien jugar.
Rieron risueñas y hablaron por dos horas enteras sobre la futura boda de Ino y de bebés, quitando a Gaara sobre temas de niños, deseaba descendía pronto, el resto prefirió no saber mucho del tema.
A altas horas de la noche, casi ya a punto de salir el sol de nuevo, los pocos invitados se marcharon quedándose a solas, el catering ya recogería eso mientras ellos estaban camino del aeropuerto esa tarde.
Al entrar en casa se quitó los tacones para sobarse los adoloridos pies de estar toda la noche bailando con todo el que se lo pedía.
Gritó asustada cuando tras cerrar las puertas con llave Gaara la tomó en brazos y comenzó a subir las escaleras con entusiasmo y una mirada dirigida a ella llena de lujuria.
-Como deseaban de que se fueran, tengo unas ganas tremendas de consumar el matrimonio.
-Yo… yo también.
-Pues no se hable más.
Un suspiro de placer dio comienzo una apasionada luna de miel y matrimonio. Y esperaban no perder el avión si la diversión se les iba de las manos.
FIN.
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Ahora sí queridos lectores, esta historia llegó a su fin.
Quiero deciros que ha sido un placer escribir estoy y saber que lo habéis disfrutado con cada capitulo.
Me gustaría, como algo personal, que me dijerais de entre todos los capítulos de esta historia la parte que más os ha gustado leer, es por mera curiosidad, me gustaría saberlo ;b
Para aquellos que ya lo deseaban desde que leyeron el prologo, informar de que me pondré manos a la obra con el fic "Quebrantando las reglas" ,muchos ya ni os acordareis seguramente xD
Muchas gracias por cada review, follow y favoritos que me habéis dado, ha sido una alegría tras otra el apoyo que me habéis brindado. (Se me dan fatal las despedidas, no sé nunca que decir ^^u)
Contestación a los reviews:
-Guest: Lo siento, pero no habrá más lemon en esta historia, tenía pensado que fueran dos más situaciones insinuantes y así ha sido.
Gracias por el review.
-Shaoran28: Fue odio a primera vista xD Pero quitando las bromas, sabes perfectamente que ya tengo entre manos un nuevo fic, te di premisa precisamente xDD
-Kazumi: Me vas aponer roja con tantos halagos, me alegra muchísimo haberte enganchado desde el primer capitulo, eso es un orgullo para mi ^^- como ya has leído, ahora viene un Gaahina de Vampiros -*0*-
-lala: Lo dije una vez en los primeros capítulos:- No hay crimen sin castigo. ;)
-Hilda: Dejar de escribir nunca, uno de mis sueños es poder llegar a publicar un libro alguna vez en mi vida, y esta pagina me ayuda a aprender, adoro escribir por lo que no hay de que preocuparse ^^
Hasta el próximo long fic. Cuídense. (L)
