Aquí Valgreys apareciendo después de tiempo X'D Sé que prometí no desaparecer tanto, pero entre el trabajo y la universidad no hubo manera de actualizar la historia. Aun así y si todavía queda gente siguiendo este fic, aquí les traigo este nuevo capítulo de Reencarnación.

Como estoy corta de tiempo, no puedo agradecer individualmente a todos, perdón. Pero de todas maneras quería hacerlo, aunque sea en este pequeño mensaje: Gracias por su infinita paciencia para conmigo. Sin ustedes, esta pequeña historia no sería nada. :3

Ahora sí, ahí les dejo este nuevo capítulo. Que lo disfruten.

Encuentros

Teniendo como último recuerdo la voz entrecortada de su amigo de la infancia y el ardor en sus pulmones cuando el agua ingresó en ellos, fue tremendamente extraño despertar al contacto con el áspero suelo de tierra del bosque, es más, fue realmente extraño el siquiera despertar, sin embargo, no tuvo tiempo de pensar en ello, pues la necesidad de expulsar el agua contenida en sus pulmones primó sobre cualquier otra necesidad.

-Por un momento creí que no despertarías —Dijo una voz masculina que la castaña no supo reconocer, pero que se le hizo extrañamente familiar— Bienvenida de vuelta, Tsukatani Akane.

Ante la mención de su nombre, la castaña solo atinó a buscar con la mirada al dueño de aquella voz, sin embargo, lo único que pudo distinguir antes de caer inconsciente una vez más, fue un alborotado cabello marrón. Después, todo se puso negro.

Jadeantes y tosiendo por momentos, tanto Hisagi como Masashima permanecían en el suelo tratando de recuperar el aliento. Con la castaña desaparecida en la corriente del río, el albino no había tardado en seguir a Hisagi, lanzándose a las turbulentas aguas en busca de Akane sin siquiera detenerse a pensarlo; el resultado: ambos estuvieron a punto de ahogarse con la fuerte corriente que los arrastró. Gracias a Gino la situación no tuvo un desenlace fatal.

El azabache estaba al tanto de que Hisagi no pensaba con claridad cuando Akane estaba de por medio, lo que no esperaba era que Masashima tuviese la misma actitud; no tuvo tiempo siquiera de analizar la situación cuando esos dos habían saltado ya al agua. En ese momento, el inspector agradeció el hecho de haber guardado la clama.

Mientras corría por la ribera del río siguiendo a ambos inspectores y viendo a su vez si Akane asomaba la cabeza de entre las aguas, el azabache había contactado con los ejecutores, gracias a esto, Kagari no tardó en aparecer junto a Sasayama a bordo de una de las patrullas. Con ayuda de los ejecutores había logrado sacar a Masashima y Hisagi del agua, sin embargo, de Akane no había rastro. La idea de no volver a verla fue devastadora para él y aunque fue solo un pensamiento fugaz, no pudo quitarse el sinsabor que éste le había dejado; Hisagi y Masashima debían de sentirse igual o al menos tener pensamientos similares, pues las expresiones de ambos así lo demostraban. Era sin embargo el azabache de cabellos alborotados quien parecía más frustrado por la situación.

Había estado tan cerca. Unos centímetros más y podría haberla sujetado, pero no, la corriente era demasiado fuerte y lo había hundido; para cuando pudo salir nuevamente a la superficie ella ya no estaba. Inevitablemente la idea de que la castaña terminase ahogada vino a él y ante esto, solo pudo maldecir entre dientes mientras golpeaba el suelo en reiteradas ocasiones a pesar de lastimarse las manos. Estaba frustrado por no haber podido salvarla, pero por sobre todo, estaba asustado; no quería perderla. Posó entonces la mirada en el albino que recuperaba el aliento a su lado y no pudo evitar que una oleada de ira lo invadiera. El bastardo parecía estar tan calmado a pesar de la situación, que —a pesar ser consciente de que estaba equivocado— no pudo evitar culparlo por todo.

-Akane estaba a tu lado… —Dijo el azabache al albino en un grave susurro, cargado de toda la rabia y frustración que sentía en ese momento—Se supone que es tu compañera… ¡¿Por qué demonios no la protegiste?! ¡Todo esto es culpa tuya! ¡Si algo le ocurre juro que te voy a…!

-¡Hisagi! —Reaccionando a penas con el tiempo justo para detenerlo, Gino sujetó a su compañero antes de que el azabache se lanzase sobre el albino. Comprendía su frustración, pero no era momento de discutir— Clámate ¿Quieres? Esto no es culpa de nadie. Fue un accidente.

-No, él tiene razón. Fue culpa mía.

Incluso Shinya detuvo su arrebato al oír las palabras del albino; aquello había sido inesperado para todos.

Era bien sabido que Hisagi y Masashima nunca estaban de acuerdo en algo, precisamente por esa razón fue extraña la actitud que el inspector había tomado. El albino sin embargo, no dio tiempo a réplica o cuestionamiento por parte de los presentes pues, apenas terminó de hablar, comenzó a andar hacia la patrulla; encontrar a Akane era su máxima prioridad.

Al igual que el albino, inspectores y ejecutores optaron por priorizar la búsqueda de la castaña y no tardaron en subir a la patrulla. Momentos después, estaban siguiendo la ribera del río en el más absoluto silencio, eso claro, hasta que Gino verbalizó el cuestionamiento que lo venía aquejando desde que ambos inspectores se lanzaron al agua.

-¿Cómo sabías que Akane no saldría a flote? —Cuestionó el azabache. Sentado junto a Masashima y a pesar de estar hablándole, el inspector mantenía la mirada fija en el río, a la espera de ver algún indicio de la menor— Hisagi la buscó siempre en la superficie, pero tú te sumergiste completamente.

-Akane no puede nadar —Respondió el albino, inmutable y sin apartar la vista del frente. La expresión burlona que usualmente tenía en el rostro, había desaparecido por completo— Si el agua la cubre completamente, queda paralizada y se hunde.

-Eso… quizá se deba a lo que pasó en la escuela —Dijo Kagari, interviniendo en la conversación. Apretado como iba en el asiento trasero entre Hisagi y Sasayama, el ejecutor se acomodó lo mejor que pudo antes de continuar— Cuando éramos niños, Akane-chan tuvo un accidente y desde ese entonces no había podido nadar… no creí que ese miedo derivase en una fobia.

-¿Accidente? ¿Qué accidente? —Cuestionó Hisagi, que había permanecido en silencio hasta ese entonces— Explícate, Kagari.

-Cuando teníamo años, no lo recuerdo bien… Akane-chan quedó atrapada en una cisterna* de agua —Explicó el pelirrojo. Dada la tensión que Hisagi pudo percibir en el cuerpo ajeno al estar a su lado, el azabache pudo deducir que aquel no era un recuerdo agradable— Uno idiota quiso "vengarse" porque su padre había sido despedido para dar trabajo a un chico especial… El bastardo la dejó allí, encerrada, pasaron horas hasta que pude encontrarla.

Aquel era uno de esos recuerdos que Kagari había querido borrar de su memoria, pero que nunca pudo olvidar. El estúpido del que ni siquiera recordaba el nombre, había estado molestando a Akane desde que los colocaron en el mismo salón. Al ser un poco más alto que los demás, otros niños lo seguían e imitaban sus acciones, por lo que su castaña amiga era molestada con frecuencia; de haber sido otra persona, su tonalidad se habría oscurecido, pero ella simplemente sonreía, recogía los libros que los mocosos destruían y decía que no importaba; aquella actitud, lejos de aplacar a los "abusones" pareció empeorar la situación.

Una tarde en la que él se había quedado castigado en el salón por llevar videojuegos a la clase, Akane había sido intimidada una vez más por el idiota y su grupo de amigos; ¿La diferencia?, esa vez fueron demasiado lejos. Para cuando el pelirrojo salió del salón, ella no estaba por ninguna parte. Por pura casualidad y mientras la buscaba por los pasillos, oyó al idiota y su grupo jactándose de haberle dado una lección a la estúpida mocosa especial; inmediatamente sus alertas se dispararon.

A pesar de ser más bajito que los otros, Kagari no era tonto, en un descuido del grupo de idiotas, logró interceptar a uno y le sacó a golpes lo que habían hecho a su mejor amiga; a sus 8 años, el pelirrojo supo por primera vez lo que era el terror de perder a alguien importante.

Con el corazón acelerado y sin perder tiempo, había corrido todo lo que sus piernas daban hasta llegar a una vieja cisterna* que estaba en desuso, dado que pertenecía al antiguo edificio de la escuela. Trató de abrir la puertezuela pero estaba trabada; llamó entonces a gritos a la castaña y obtuvo como respuesta la voz llorosa de ella que, claramente aterrada por la oscuridad del lugar, solo atinó a pedirle que la saque de allí. Kagari recordaba haberle pedido que lo esperase mientras iba por un adulto; lo que el desconocía en ese momento era que la vieja cisterna iba a ser llenada nuevamente con agua esa tarde, pues iban a comenzar con la reparación del viejo edificio a la mañana siguiente. Aquel error pudo costarle la vida a su mejor amiga.

-Esta tarde no había ningún Dron cerca y me tomó demasiado encontrar a algún encargado de mantenimiento —Explicó el pelirrojo quien, a pesar de la molesta opresión en el pecho que sentía antes ese recuerdo, iba relatando lo ocurrido esa tarde— Akane-chan no me dijo que la cisterna se estaba llenando y yo no supe identificar el sonido del agua… Para cuando la sacaron, la cisterna estaba casi llena; ella llevaba demasiado tiempo sumergida y en completa oscuridad. Sus labios estaban morados y no dejaba de temblar… La hipotermia casi la mata… Demonios, no pude protegerla entonces y tampoco pude hacerlo ahora… Yo…

Las palabras del pelirrojo fueron interrumpidas por Hisagi quien, al ver lo doloroso que resultaba para el menor hablar del tema y la culpabilidad que reflejaba la mirada de éste, sujetó su hombro con firmeza.

-Lo hiciste bien, Kagari. Ella se salvó gracias a ti. —Dijo el azabache, apretando levemente el hombro del pelirrojo. Las palabras que dijo tras esa acción, de alguna forma eran también para convencerse a sí mismo de ellas— Encontraremos a Akane, tenlo por seguro.

La aparente serenidad con la que pronunció aquellas palabras pareció calamar al menor y las bromas que Sasayama hizo luego, relajó dentro de lo posible el tenso ambiente, sin embargo, el azabache no estaba tranquilo. ¿Cuántas cosas más había que él desconocía de Akane? Llevaban años de amistad y sin embargo, algo tan importante como esa experiencia traumática y la fobia que desarrolló a causa de ésta, escapaban totalmente de su conocimiento. ¿Qué clase de amigo era, si desconocía ese tipo de cosas? Él, que se preciaba de conocer mejor que nadie a la castaña, no tenía idea de algo que había marcado la vida de ella. Era patético.

Gino podía hacerse una idea de lo que pasaba por la cabeza de su compañero y amigo, después de todo, él se encontraba en una situación similar. Estaba al tanto de que Akane no sabía nadar, sí, lo había descubierto por pura casualidad cuando —en un viaje que hicieron juntos a la casa de su abuela en la burbuja de Okinawa— ella estuvo a punto de ahogarse en el mar, pero la castaña lo había atribuido al hecho de que nunca había tomado clases de natación. Aquella vez le pidió que no le dijese nada a Shinya o él la molestaría con eso de por vida; en aquel entonces, Gino estuvo feliz de compartir un secreto con ella, pero no tenía la menor idea de la gravedad del asunto detrás de la imposibilidad de la castaña para nadar. Si Hisagi se consideraba patético, él era peor.

A pesar del imperturbable y serio semblante que Masashima tenía en ese momento, había escuchado todo el relato del ejecutor y, en un gesto imperceptible para sus acompañantes, había tratado de descargar su frustración en el fuerte apretón que le dio al timón de la patrulla; estaba enojado. ¿Quién había sido el bastardo que se había atrevido a tocarla? Hablaría con Choe luego y, si el sujeto estaba todavía vivo, él se aseguraría de que no lo estuviese por mucho tiempo; nadie lastimaba a Akane y salía ileso.

La molestia, sin embargo, no era solo por aquella situación traumática que la castaña había tenido que vivir; lo que le molestaba en realidad era no saber nada sobre el asunto. Estaba al tanto de la fobia que tenía la castaña, sí, en más de una ocasión tuvo que intervenir para que ella no se ahogase mientras intentaba enseñarle a nadar para las pruebas físicas de la academia, pero no sabía cuál era la raíz del problema; ahora que estaba al tanto de todo, no podía evitar que atisbos de culpabilidad aflorasen en él, después de todo, en más de una ocasión había hecho crueles bromas sobre lo torpe que era Akane en el agua. Le debía una disculpa.

De no ser porque estaría totalmente fuera de lugar dada la tensa situación, Sasayama habría dejado escapar un largo y cansado suspiro; los cuatro eran demasiado evidentes. La chica no era fea, es más, le había dado un rápido vistazo a sus "atributos" a pesar de no ser su tipo de mujer, y aunque sus rasgos aún infantiles eran los que más destacaban, podía adivinarse la firmeza de "todo" lo que había debajo del uniforme policiaco, sin embargo, el ejecutor sabía que para los tres inspectores y el otro ejecutor que estaban en el auto junto a él, aquello iba más allá de una mera atracción física. La pregunta que rondaba su cabeza era ¿Por qué carajo ninguno se le había confesado? De ser él, hace rato ya que habría hecho un movimiento, es más, para esas alturas, aquella "niña inocente" probablemente ya no lo sería tanto.

En un gesto exasperado y a sabiendas de que hacer una broma al respecto sería muy mal visto, el ejecutor desordenó sus castaños cabellos antes de devolver la vista a la ventana, en busca de algún indicio de la menor de los inspectores; inesperadamente, sus ojos captaron algo al instante.

-¡Hey, detengan el auto! —Exclamo de repente, mientras señalaba un punto a través de la ventana— Al otro lado del río, ¿No es esa la chaqueta de la inspectora?

La forma repentina en que Masashima frenó el auto fue lo último que importó a los inspectores. Prácticamente pasando por encima de Sasayama, Hisagi y Kagari salieron del auto, mientras Masashima y Gino hacían lo propio; momentos después, estaban todos en la ribera del río, tratando de visualizar el objeto que el castaña ejecutor había mencionado.

-Está lejos… —Dijo Kagari, aguzando la mirada hacia el punto que Sasayama señalaba— ¿Estás seguro de que es su chaqueta? No sé cómo lograste distinguirla desde el auto en movimiento.

-Tengo la mejor vista de toda la unidad. Estoy completamente seguro que esa chaqueta es de la inspectora —Respondió el castaño, señalando insistentemente el punto azul que se distinguía a unos metros, del otro lado del río— No sé cómo llegó ahí, pero… ¡Hey!

Las palabras del castaño se vieron interrumpidas por Hisagi quien, seguido por Masashima, comenzó a correr río abajo ¿La razón? Un delgado y viejo tronco que lo cruzaba de una orilla a otra. Reprimiendo una maldición al ver cómo tanto Kagari como Ginoza seguían los pasos de los dos inspectores —importando poco lo frágil que se veía el tronco al mecerse peligrosamente sobre la rápida corriente— Sasayama decidió darles alcance, después de todo, alguien tenía que sacar a esos idiotas si alguno caía al agua.

Para cuando todos lograron cruzar al otro lado del río, corroboraron que sí, que aquella era la chaqueta de la castaña, pero no había rastro de ella; inevitablemente y aunque ninguno de los presentes creía realmente en ese tipo de cosas, un mal presentimiento los embargó a todos. La corriente los había llevado fuera de los límites de la burbuja, y si alguno de los exiliados había encontrado a Akane… la sola idea hizo que un escalofrío recorriese la espalda de inspectores y ejecutores por igual; tenían que encontrarla pronto.

-Es casi imperceptible, pero hay un rastro. —Dijo de repente Masashima, mientras revisaba algunas huellas y rastros de humedad en el suelo. Su afilada mirada evidenciaba el pensamiento que inundaba su mente: Si alguien se atrevía a lastimarla, lo mataría con sus propias manos— Quienquiera que se le haya llevado, no se molestó en ocultar sus huellas.

No solo era eso, Hisagi lo presentía, y sin embargo, no había nada que pudiese hacer al respecto. Se tratase de una trampa o un descuido de parte de la persona que tenía a Akane en su poder, no había otra opción más que seguir el rastro dejado, era eso o abandonarla y ninguno estaba dispuesto a dejarla.

Con un asentimiento y una tregua silenciosa entre los inspectores, optaron por seguir las pistas; iban a rescatarla a toda costa.

Desorientada y reaccionando quien sabe después de cuanto tiempo, Akane abrió los ojos; su garganta ardía y sentía la cabeza pesada. Recorrió con la mirada el lugar en el que había despertado y no pudo evitar preocuparse al no reconocer la habitación en la que se encontraba, pero por sobre todo, le preocupó el hecho de estar casi desnuda en una cama que no era la suya. Inmediatamente el recuerdo de la voz del hombre que la había sacado del río vino a su memoria y su miedo creció. ¿Qué le había hecho? No recordaba nada, y el estar solo con una camisa masculina encima, además de un bóxer y con el dispositivo que llevaba en la muñeca desde que se convirtiese en inspectora, averiado, no era precisamente tranquilizador.

Con un nudo en la garganta y a pesar de estar en una situación difícil, Akane hizo un llamado a la calma e intentó serenarse. Inhaló profundo y barajó todas sus posibilidades; la luz que se filtraba por la ventana de la habitación le indicaba que todavía era de día y a juzgar por la cantidad de iluminación en el cuarto, todavía era temprano, por lo que no pudo haber estado inconsciente por mucho tiempo. Su cuerpo, si bien presentaba algunos hematomas y rasguños, eran superficiales, por lo que probablemente se los debía de haber hecho mientras la corriente la arrastraba; no había ningún signo de que alguien la hubiese forzado ni que hubiesen usado drogas para sedarla.

Estaba sana y salva, o al menos eso esperaba.

Un poco más calmada, recordó el detalle que llamó su atención antes de caer inconsciente en la ribera del río: aquel sujeto la conocía. ¿De dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? Y lo más importante ¿Ella lo conocía a él? Quisiera decir firmemente que no, pero algo en aquella voz le era tremendamente familiar.

-Pero... ¿Por qué? —Susurró para sí. Sentada sobre la cama y cubierta parcialmente por las sábanas, Akane tomó una postura pensativa mientras divagaba por sus memorias— ¿Dónde lo he escuchado antes?

-En otra vida, probablemente.

Tensándose de manera involuntaria y reaccionando por instinto, la castaña se incorporó de un brinco sobre la cama y tomó una postura defensiva al oír aquella voz; no tardó demasiado en identificar al sujeto de pie, apoyado en el marco de la puerta.

De oscuros cabellos marrones, unos orbes heterocromáticos —lavanda el ojo derecho y marrón el izquierdo— y una estatura no mucho mayor a la suya, el desconocido sujeto la observaba con una ligera sonrisa en el rostro mientras se acercaba a ella; extrañamente y a pesar de haber tomado una postura defensiva, Akane no percibía peligro proveniente de él. Aquello era extraño, muy extraño.

-¿Quién eres? —Cuestionó la castaña. Con la mirada fija en el sujeto y el cuerpo tenso pero listo para pelear de ser necesario, Akane siguió todos los movimientos ajenos hasta que el extraño estuvo frente a ella— ¿Qué es éste lugar? Más importante… ¿Cómo llegué aquí?

-Kamui. —Dijo el sujeto, haciendo caso omiso a las preguntas de la castaña— Kamui Kyoichi, puedes llamarme así.

-Eso no responde mis preguntas —Replicó la castaña, manteniéndose a la defensiva— ¿Quién eres? ¿Por qué sabes mi nombre? ¿De dónde…?

-Puedo responder a todas tus cuestionamientos, pero… ¿Estás segura de querer hablar sobre eso en estas condiciones? —Pregunto el sujeto, sin perder aquella divertida sonrisa. Sus ojos dieron un breve recorrido a la anatomía ajena y se vio en la necesidad de levantar la mirada para hacer contacto visual con ella, dado que permanecía de pie sobre el lecho; la sonrisa en sus labios no tardó en acentuarse— Tengo una buena vista desde aquí ¿Sabes?

Si bien Akane no comprendió el significado de aquellas palabras en primera instancia, pronto y al seguir la divertida mirada del sujeto, comprendió todo. La camisa masculina estaba entreabierta y dejaba muy poco a la imaginación, además de eso, el bóxer era grande y había comenzado a deslizarse hacia abajo con el movimiento brusco que había realizado al incorporarse sobre la cama. En resumen, estaba casi desnuda frente a un desconocido; inmediatamente un encendido rubor apreció en sus mejillas y toda postura ofensiva quedó en el olvido; en ese momento, lo más importante era tratar de cubrirse.

Claramente divertido por las reacciones ajenas, Kamui no pudo evitar reír ligeramente; ella no había cambiado.

-¡Esto no es divertido! —Exclamó de repente la castaña— ¡¿Quién demonios eres?! ¡¿Dónde está mi ropa?!

-Secándose. —Fue la simple respuesta del sujeto. Acto seguido, sacó de debajo de su brazo un pantalón y una camiseta seca; segundos después y sin querer tentar más su suerte, dejó las prendas en el pequeño mueble junto a la cama— No es de tu talla, pero servirá hasta que traigan ropa seca para ti, Inspectora Tsukatani Akane.

La castaña no supo que pensar y optó por permanecer en silencio, sin perder de vista los movimientos ajenos. El sujeto no parecía tener malas intenciones, tampoco se sentía amenazada con él a su alrededor —a pesar de su evidente desventaja— y eso, para alguien acostumbrado a mantenerse en guardia como ella, era muy extraño.

-Cuando termines de vestirte, ven a la sala. Responderé todas tus preguntas. —Dijo de repente el sujeto. Encogiéndose de hombros ante el silencio de la castaña, Kamui comenzó a andar con dirección a la salida de la habitación; brevemente sus pasos se detuvieron bajo el umbral de la puerta— Y, Akane… puedes bajar la guardia; estas segura aquí. Si lo que te preocupa es la razón por la que despertaste semi-desnuda, pierde cuidado, fue una mujer quien se encargó de desvestirte.

Con esto dicho y sonriendo ligeramente a la castaña, Kamui abandonó la estancia. Además del sonido de sus pasos que se fueron alejando lentamente, la habitación quedó en silencio.

Akane permaneció por unos minutos con la mirada fija en la puerta cerrada. Ese sujeto definitivamente era extraño, pero por sobre todo, parecía conocerla, ¿De dónde? No tenía la menor idea. Inhalando un poco de oxígeno en un intento por recobrar la compostura, Akane optó por vestirse apropiadamente; de momento, lo importante era saber dónde se encontraba y si había alguna manera de ponerse en contacto con sus compañeros.

Una vez vestida y en sus cinco sentidos, Akane abandonó la habitación.

De pie junto a uno de los amplios ventanales de la casa en la que residía y con una taza de café en la mano, Kamui esperaba pacientemente a que la castaña terminase de vestirse. Había sido una sorpresa encontrarla durante uno de sus paseos por los alrededores, no iba a negarlo; lo último que esperaba esa mañana era verse totalmente empapado mientras se las ingeniaba para sacar a alguien del agua. Lo que más le sorprendía, sin embargo, era que se tratase precisamente de ella.

Akane… encontrarla después de tanto tiempo y en esas condiciones… ¿Cómo podría llamar a eso? ¿Coincidencia tal vez? ¿Suerte? ¿Destino? Muchas definiciones pasaban por su mente, pero ninguna era suficiente para explicar aquella inverosímil situación; de entre tantas burbujas y los millones de personas que habitaban en ellas, habían coincidido nuevamente. Si eso no era destino, no sabría decir que cosa era.

-Si continuas divagando así, el café que Shisui te preparó con tanto cariño, se enfriará.

La voz grave de alguien que venía entrando a la amplia sala en la que se encontraba, interrumpió el hilo de sus pensamientos; inmediatamente y sin necesidad de voltear a verlo, Kamui supo de quien se trataba.

-Bienvenido a casa, Saiga-sensei —Respondió al recién llegado. Sonriendo ligeramente, el muchacho posó la vista en su anfitrión— No esperaba que llegases hasta dentro de unas horas.

De oscuros cabellos marrones, pálida tez y unos 50 años en apariencia, Saiga Jouji era lo más cercano que Kamui había tenido a un pariente. Debido a ciertos acontecimientos pasados, el mayor se había hecho cargo de su custodia cuando niño y, a pesar de tener 20 años ya y ser lo suficientemente maduro como para vivir por su cuenta, Kamui había optado por quedarse con él.

-La ciudad es estresante, siempre intento volver pronto. —Encogiéndose de hombros en un gesto que restaba importancia al asunto, el mayor se sentó sobre el sofá de la sala; su mirada, sin embargo, se mantuvo fija en el menor— Por cierto… hay ropa de mujer secándose en el patio y no es de Shisui… veo que trajiste visitas mientras no estaba. Kamui, a ella no le gustara saber que tienes a otra mujer aquí.

-Shisui y yo no tenemos ese tipo de relación, sensei; tú mejor que nadie lo sabe. En todo caso, ella está al tanto de su presencia aquí, es más, fue a conseguirle algo de ropa. —Dijo el aludido. Sonriendo ligeramente mientras dejaba la taza sobre el pequeño mueble a su lado, el castaño posó la mirada en el recién llegado— ¿No preguntarás de quien se trata?

-Ya dejaste de ser un niño y hace poco dejé de ser tu tutor. Eres libre de hacer lo que quieras ahora. —Contestó el mayor— Aunque debo reconocer que me causa curiosidad el hecho de que hayas traído una mujer a la casa. Es algo sin precedentes.

-Akane. —Fue la simple respuesta del muchacho—

Y aquello fue suficiente. Claramente sorprendido, Saiga posó la mirada en su protegido, aún incrédulo del nombre que el muchacho había pronunciado; aquello había sido realmente inesperado y, por ende, desconcertante.

-¿Estamos hablando de "esa" Akane? —Cuestionó el mayor; de manera instintiva y al oír lejanos pasos provenientes del pasillo que daba a las habitaciones de la casa, Saiga posó la mirada en ese lugar antes de devolverla a su protegido— ¿Estás seguro?

-¿De cuál otra, sino de ella? —Fue la simple respuesta del menor— La encontré hoy en el río. Su cuerpo era arrastrado por la corriente.

-De todos los lugares, aparecer justo aquí… —Susurró para sí el mayor. Estaba sorprendido, pero sobre todo, intrigado por el extraño giro de los acontecimientos— ¿No hay duda de que se trata de ella?

-Velo por ti mismo, sensei.

La primera reacción del profesor, fue dirigir la mirada hacia el punto al que su sonriente protegido apuntaba; una sola frase escapó de sus labios al ver a la joven castaña aparecer frente a ellos en la sala que ocupaban.

-Por todos los cielos…

Lo último que Akane esperaba al salir de la habitación, era encontrarse con alguien más en el lugar. Kamui había dicho que una mujer la había desvestido, por lo que supuso que, de haber otra persona en esa casa, sería una mujer; no esperaba ver a otro hombre, sobre todo, porque el sujeto la miraba de una manera extraña. Si antes se sentía nerviosa y hasta cierto punto, incómoda, ahora era peor. Quería salir pronto de ese lugar.

De no ser por la tensión del ambiente y la obvia incomodidad de la castaña, Kamui habría aprovechado la situación para molestar un poco a su antiguo tutor, después de todo, eran contadas las ocasiones en las que podía sorprenderse a un hombre como Saiga. Reprimió también el comentario que tenía respecto a la graciosa apariencia que la castaña presentaba; sus ropas, a pesar de ser solo un poco más alto que ella, le quedaban holgadas, dándole una apariencia cómica. Optó sin embargo por dejar de lado los desatinados comentarios que surgían en su mente y se concentró en la situación que tenía entre manos; era mejor terminar todo pronto.

-Mirar fijamente a alguien por tanto tiempo es de mala educación, sensei. —Dijo por fin el castaño, rompiendo el tenso silencio instalado en la sala— Fue lo primero que me enseñaste.

-Recuerdo también haberte enseñado a no ser impertinente. —Sonriendo ligeramente y repuesto ya de la sorpresa inicial gracias a las palabras del castaño, el mayor hizo una ligera inclinación de cabeza en un gesto de saludo para con la menor— Mis disculpas, señorita. No quise incomodarla.

-No... no tiene que disculparse. Soy yo quien apareció de repente en su casa, después de todo. —Inesperadamente incluso para ella, una sutil sonrisa se dibujó en su rostro y aquello la desconcertó—

Algo debía de andar mal con su cabeza y con lo que Masashima llamaba "Instinto para el peligro" porque otra explicación no tenía para la situación que estaba viviendo. No percibía amenaza alguna de ninguno de los dos, es más, había una extraña sensación de familiaridad con ambos, pero sobre todo, con el mayor; le había sonreído casi sin pensarlo y aquello era extraño, demasiado. Luego estaba la casa… ¿Por qué tenía la sensación de haber estado allí antes? Demasiadas preguntas para las que no tenía respuesta.

-Si me permiten interrumpir su amena conversación, haré las presentaciones pertinentes —Dijo de repente Kamui; simultáneamente, se sentó en el sofá más cercano a él e invitó a la castaña a imitarlo. Acto seguido, señaló a uno y otro respectivamente—Tsukatani Akane, Saiga Jouji. Saiga-sensei, Tsukatani Akane.

Aquel nombre resonó por varios segundos en la mente de Akane ¿Dónde lo había escuchado? Pensando en eso estaba cuando, de repente, la respuesta vino a ella con forma de un albino acosador ¡Eso era! El libro que Masashima le había quitado en la biblioteca y que posteriormente le había prestado; Saiga Jouji era el autor de "Reencarnación" el libro que lo había comenzado todo. La pregunta que rondaba su cabeza ahora era una sola ¿Se trataba de la misma persona, o era un homónimo? Sin intención de quedarse con la duda, Akane se aventuró a verbalizar sus dudas.

-¿Saiga Jouji? —Cuestionó al instante la castaña, obviando de momento la situación en la que se encontraba— ¿Es usted el autor de "La ciencia de la reencarnación"?

-Vaya, es agradable saber que todavía existen jóvenes interesados en mis viejos estudios. —Sonriendo ligeramente, el mayor se incorporó del sofá y caminó hasta la cafetera que había en el lugar. Acto seguido, se sirvió un taza humeante de la cálida bebida y trajo otra para la menor— ¿Puedo preguntar la razón por la cual tomaste interés en un tema tan extraño para la época, cómo lo es la reencarnación? ¿Has tenido acaso sueños extraños?

-Sensei… Akane no es una de tus pacientes —Haciéndose notar, Kamui interrumpió las preguntas del mayor. Simultáneamente, se sirvió otra taza de café antes de proseguir— Si continúas con el interrogatorio, la asustarás.

-Las viejas costumbres son difíciles de olvidar —Respondió el aludido, encogiéndose de hombros. Acto seguido, devolvió su atención a la castaña— Espero no estar incomodándote.

Akane se limitó a negar con un simple gesto de cabeza mientras, en un gesto inconsciente, sonreía al mayor. Sintiéndose extrañamente cómoda a pesar de las muchas preguntas que tenía sobre su llegada a esa casa, además de la curiosidad por el hecho de que ambos parecían conocerla, Akane optó por dejar fluir las cosas; de alguna extraña manera sabía que ellos no le harían daño.

Saiga le habló de su carrera y de cómo ésta había desembocado en la autoría de libros sobre la reencarnación; el profesor contó a la castaña mientras bebían un café, que él era psiquiatra y terapista. Según su relato, en muchas ocasiones había trabajado en conjunto con inspectores y ejecutores bajo las órdenes de Sibyl, sin embargo, se había retirado ya hace varios años.

Habiéndose excluido por voluntad propia de la burbuja a pesar de no tener una tonalidad oscura, el profesor había optado por ejercer su carrera como psiquiatra y psicoanalista con los exiliados y muchos de ellos habían podido reintegrarse a la sociedad en el interior de las burbujas gracias a sus terapias. Sin embargo, no había sido solo el estresante ritmo de vida en la ciudad lo que había orillado al mayor a auto excluirse, la verdadera razón fueron una serie de sueños recurrentes que lo perseguían desde que era joven y que incluso, lo habían llevado a comprar la casa en la que se encontraban ahora; aquel había sido el punto de partida para sus posteriores investigaciones.

-Comencé a preguntarme la razón detrás de aquellos extraños sueños y de la intensa sensación de déjà vu que tenía muchas veces en determinados lugares —Explicó el mayor, dejando a su vez la taza vacía de café en la mesa de centro frente a él— Antes de darme cuenta, se me consideraban un experto en la materia. Fue así como éste muchacho llegó aquí. —Añadió el profesor, señalando al castaño que ocupaba el sofá de en frente— Técnicamente, Kamui fue el primer paciente tuve en esa área.

-¿Paciente? —Repitió casi por inercia la castaña. Su mirada se posó brevemente en la del joven frente a ella antes de devolverla al profesor— ¿Por qué? ¿Qué estaba mal con él?

-Sus padres lo trajeron debido a las constantes pesadillas y el comportamiento extraño que tenía después de ellas. —Explicó el mayor, dirigiendo brevemente la mirada a su protegido. Kamui, por su parte, no hizo el menor intento por intervenir en el relato, por lo que el profesor prosiguió— Lo dejaron bajo mi cargo mientras duraba la terapia, pero un día simplemente no volvieron más por él. Dada la situación en la que se encontraba, Sibyl no dudo en entregarme su custodia.

Un breve e incómodo silencio siguió a aquellas palabras. Saiga no dijo más, posiblemente esperando a que Akane asimilase la información recibida, y Kamui continuó bebiendo su café con expresión calma; aquel tema parecía no afectarle. Akane, sin embargo, no podía permanecer callada ¿Qué clase de monstruo abandonaba a su hijo de aquella forma solo por ser diferente? ¡Aquello no estaba bien! Y sin embargo, la castaña sabía que era una situación cotidiana en la sociedad en la que le había tocado vivir; la gente abandonaba a su hijos por dinero o porque no encajaban con sus ideales, a sabiendas de que Sibyl designaría un tutor para los menores. Ella tuvo suerte de que sus padres la aceptasen a pesar de su peculiaridad, y quizá por esa razón aquella realidad le era tan chocante: chicos como Masashima o Kamui existían; eran abandonados a su suerte y puestos en manos de desconocidos solo por ser diferentes y eso, para la castaña, era repugnante.

-¿Por qué?... —Preguntó en un susurro, más para sí misma que para los dos hombre en la sala— ¡¿Por qué abandonar así a un hijo?! ¡Los niños no son objetos desechables! —Claramente indignada, quizá por lo familiar que le sonó el caso, la castaña posó la mirada en Kamui, que había optado por permanecer en silencio. Inesperadamente para ella, un nudo se formó en su garganta al verlo y unas lágrimas amenazaron con escapar de sus ojos; estaba enojada, pero también frustrada. — ¡¿Por qué no dices nada?! ¡Ellos te abandonaron!

-Tenía 5 años, Akane. No había nada que pudiese hacer entonces y no hay nada que pueda hacer ahora. —Respondió el castaño, manteniéndose sereno en todo momento. Luego de darle un sorbo a su cada vez más frío café, prosiguió— Además, sin importar lo que dijese, ellos no escucharían. Generalmente, los chicos especiales somos desechados. Ser criado por Saiga-sensei fue lo mejor y es algo que aún al día de hoy agradezco.

Aquellas palabras hicieron que el nudo en la garganta de la castaña se hiciese más difícil de tragar. Kamui era un chico especial, como ella, y había sido cruelmente desechado cuando niño por unos padres que, se supone, debían de protegerlo; la imagen de un pequeño castaño esperando día tras día a que sus padres viniesen a recogerlo, cruzó por su mente y no pudo reprimirse más. Akane lloró, y no fue solo por Kamui, lo hizo también por Masashima, por ella, y por todos los que eran diferentes; llevaba demasiado tiempo reprimiendo experiencias dolorosas de una difícil infancia.

Por un momento, Akane se vio nuevamente en los pasillos de aquella escuela, siendo acusada por ser diferente y abrazando sus libros rotos, esos que otros destrozaban. Oyó una vez más los calificativos hirientes que usaban para con ella y recordó las miradas despectivas que recibía, todo por no ser como el resto. Recordó que en más de una ocasión se preguntó cuándo niña si algo estaba mal con ella, ¿Por qué la miraban con tanto desprecio? ¿Acaso había hecho algo malo? ¿Podía hacer algo para que la gente dejase de odiarla? Ella era madura para su edad en ese entonces y si alguien le decía que era lo que estaba haciendo mal quizá podría remediarlo, o al menos eso pensaba. Tiempo después comprendió que su único pecado había sido nacer diferente y eso, aunque quisiera, era algo que no podía remediar.

De repente, Akane se sintió pequeña, indefensa como cuando niña, y aquello la asustó; no quería sentirse así otra vez. De repente y en un gesto inesperado, los brazos de alguien rodearon su tembloroso cuerpo y, a pesar de estar consciente de que lo acababa de conocer, Akane quiso creer en lo dicho por él.

-Tranquila, nadie puede lastimarnos ahora.

Y es que Kamui sabía lo que pasaba por la mente de Akane en ese momento, o al menos se hacía una idea.

Asintomáticos o chicos especiales no pertenecían a ningún lugar. Eran envidiados y —hasta cierto punto— repudiados por las personas dentro de las burbujas, dado el favoritismo que recibían en las ciudades debido a su condición; en los exteriores, donde vivían los exiliados, eran odiados por tener la posibilidad de vivir dentro de las burbujas y aspirar a un futuro prometedor dentro de las grandes ciudades. Sin importar donde estuviesen, ambas "especies" eran envidadas y no se les permitía encajar en ningún grupo; estaban solos.

Él había vivido aquello en carne propia y por eso la comprendía, pero por sobre todo, era el hecho de conocerla desde hace mucho tiempo lo que le permitía adivinar sus pensamientos; ella no lo recordaba, pero él jamás la olvidaría. Con aquello en mente, el castaño se permitió abrazarla un poco más, dejándola llorar hasta que fuese ella misma quien se detuviese; minutos después, Akane se veía más calmada.

Tomando consciencia de la situación en la que se encontraba y una vez recuperada la compostura, Akane se removió algo incómoda en los brazos ajenos; exceptuando a sus tres compañeros inspectores, no estaba acostumbrada al contacto físico con otros hombres. Posó entonces las manos en el pecho del castaño en un intento de alejarse, o al menos pretendió hacerlo, sin embargo, las manos de éste sobre sus ahora ruborizadas mejillas, detuvieron toda acción de su parte y no supo cómo reaccionar. Salvo algunos balbuceo incoherentes, Akane no sabía qué hacer ante las acciones ajenas.

-Las mujeres bonitas lucen mejor con una sonrisa en el rostro. —Dijo de repente el castaño, sonriendo ligeramente mientras, haciendo uso de las manos que mantenían sujetas las mejillas ajenas, limpiaba con suavidad los rastros de las lágrimas que en éstas habían quedado. — Akane… sonríe por favor. Vuelve a reír como antes.

-¿Cómo antes? —Cuestionó ella, casi por inercia. Aquella pregunta había traído a su memoria el cuestionamiento inicial que se hiciese cuando despertó en el bosque: ¿Kamui la conocía de algún lugar?— ¿Qué quieres decir con…?

Las palabras de Akane se vieron interrumpidas por el sonido de una puerta al abrirse. Inmediatamente y casi de manera instintiva, puso distancia entre Kamui y ella, eludiendo a su vez la mirada interrogante de él y la sutil pero divertida risa de Saiga; el sonrojo en sus mejillas evidenciaba la vergüenza que sentía en ese momento. Segundos después y con un andar calmado, entró en la habitación una joven de cortos cabellos castaños —casi en la misma tonalidad que los suyos— ojos lavanda como uno de los que poseía Kamui, no más alta que ella, y de su edad aproximadamente. La muchacha no tardó en acercarse y, segundos después, dejó caer sobre la mesa de centro frente a ella una pequeña bolsa para luego, sentarse junto a Kamui, que había ocupado nuevamente el sofá contrario; Akane no pudo pasar por alto la mirada que la recién llegada le dio y, de no ser porque se acababan de conocer, juraría que esa chica la odiaba, o por lo menos le tenía cierto resentimiento. Más tarde comprendería por qué.

-Tardaste más de lo que esperaba, Shisui. —Dijo el castaño, sonriendo ligeramente a la recién llegada— ¿Tuviste algún problema de camino aquí?

-No me dijiste que la ruta rápida estaba bloqueada por un deslizamiento, tuve que tomar la antigua autopista. —Respondió la aludida, desviando ligeramente la mirada del castaño; el ligero rubor que acudió a sus mejillas no pasó desapercibido por ninguno de los presentes. — De regreso, había cinco idiotas bloqueando el camino, iban a pie y parecían dirigirse hacia acá. Esperé un rato pero iban tan lento, que tuve que rodearlos.

-¿Cinco idiotas? ¿Había un albino entre ellos?—Cuestionó inmediatamente la castaña. Suponiendo que, dadas las circunstancias de su desaparición, sus compañeros la estarían buscando, creyó que mencionar al físicamente más resaltante de sus compañeros podría ser información útil— ¿Eran del MWPSB?

A penas había terminado de formular su pregunta, cuando sintió nuevamente la mirada hostil de la castaña sobre ella. Si bien Akane había percibido aquello antes, supuso al ver como Shisui se sonrojaba cuando Kamui le hablaba, que podrían tratarse de celos únicamente, después de todo ella no los conocía y tal vez tenían una relación, sin embargo, aquella hostilidad era más intensa que la primera y, estaba segura, era demasiada para tratarse solo de celos.

-Un albino, dos morenos y dos castaños; los tres primeros con chaquetas del MWPSB. —Fue la cortante respuesta de la aludida quien, de brazos cruzados, no se dignó siquiera a mirar a la joven inspectora mientras hablaba. — Venían para acá, así que no te acomodes, inspectora. Pronto te irás de aquí.

-Shisui…

La voz de Kamui, aunque calmada, detuvo cualquier intento de proseguir con la frase que la recién llegada pudiese tener. Akane percibió entonces un breve intercambio de miradas entre el castaño y la castaña, quien no pudo sostener mucho aquel enfrentamiento y terminó eludiendo la ajena en lo que a la inspectora le pareció un acto de rendición. Segundos después, vio como la chica se tensaba e inmediatamente se ponía de pie, dándole una severa mirada antes de dirigirse a los otros presentes en la sala.

-Ya hice lo que me pidieron, así que iré a la biblioteca. Comienza a apestar aquí. —Dijo Shisui, claramente fastidiada. Acto seguido, se incorporó del sofá y comenzó a nadar hasta perderse por algún pasillo. —

Un incómodo silencio en el que ninguno dijo nada, se formó en la sala mientras la chica se marchaba. Momentos después y con una mirada interrogante, Akane posó la vista en ambos sujetos que permanecían con ella en la estancia. Saiga fue el primero en reaccionar, luego claro, de exhalar un cansado suspiro.

-Debes disculparla. —Dijo al fin el mayor, dirigiéndose a la inspectora. — Shisui no tiene un buen concepto de los inspectores. Sus padres fueron asesinados por uno de ellos hace tiempo.

-¿Asesinados?... —La pregunta salió casi por inercia de boca de la castaña, aquello la había tomado por sorpresa y no supo reaccionar—

-Ajusticiados, quise decir. —Fue la respuesta del mayor, corrigiéndose por el "error" que había cometido. — Sus coeficientes criminales habían aumentado debido al estrés y no pudieron escapar de la burbuja a tiempo. Murieron frente a Shisui cuando era niña, ella no lo soportó y al cabo de unas semanas fue llevada a un centro de reclusión; cuando salí de la burbuja, la traje conmigo. Poco después llegó Kamui y desde ese entonces esos dos han vivido en esta casa. Shisui detesta a los inspectores y a todo lo que tenga que ver con Sibyl después de lo que ocurrió con sus padres, así que no tomes su actitud como algo personal.

Akane permaneció en silencio luego de oír la explicación de Saiga e inevitablemente, sus ojos se perdieron por un instante en el pasillo por el que había desaparecido la muchacha; aquello había sido inesperado. Sabía de antemano que, al menos en la actualidad, los inspectores no se detenían a pensar si el juicio del Dominator era correcto o no, sin embargo, ver las consecuencias que aquello podía generar era algo muy distinto; Akane no podía culpar a la chica por odiar al sistema ni por sentir repulsión hacia los inspectores, es más, la comprendía.

Posiblemente aquel sentimiento de empatía se vio reflejado en sus facciones pues Kamui, en un acto que la tomó por sorpresa, cambió drásticamente el tema; no pudo evitar que la sensación de familiaridad con él brotase nuevamente en su interior: la conocía demasiado bien.

-El pasado es algo que podamos cambiar, Akane. No pienses más en eso. —Dijo el castaño, sonriendo ligeramente. Acto seguido, tomó la bolsa que Shisui había traído consigo y se la entregó a la inspectora. — Shisui lo trajo, es un cambio de ropa para ti. —Explicó. — Vístete antes de que tus compañeros lleguen, no querrás que te vean así.

Akane se vio tentada a responder que aquella no sería la primera vez que alguno de ellos la viese en esas fachas, especialmente Masashima, que era con quien prácticamente compartía su departamento, pero se abstuvo de hacerlo; esa era información que Kamui y Saiga no necesitaban saber. Optó entonces por asentir ligeramente y se incorporó del sofá con la intención de dirigirse a la habitación en la que había descansado mientras estuvo inconsciente, sin embargo, se detuvo al caer en cuenta de un pequeño detalle.

-Nunca me dijeron como llegué aquí. —Replicó la castaña. Acto seguido, posó su mirada interrogante en Kamui. — Lo último que recuerdo fue estar en el bosque, aunque ni siquiera sé cómo salí del agua. Tú me sacaste ¿cierto?

-Vi tu cuerpo flotando en el río mientras descansaba del paseo matutino que doy con la motocicleta siempre; los sonidos del bosque son agradables por las mañanas —Contestó el castaño. — Estabas atrapada entre las ramas de un viejo árbol que cayó sobre el río hace un par de días, pero no ibas a durar mucho con la fuerte corriente. Te saqué lo más rápido que pude pero no respirabas, tuve que recurrir al RCP* para traerte de vuelta.

-Y-ya… ya veo… —Con un ligero rubor en las mejillas, la joven inspectora no pudo evitar desviar la mirada. A comparación de antes, Akane ya no era tan ingenua y si bien había sido para salvarle la vida, fue inevitable para ella sentirse abochornada al pensar en el tipo de contacto que requería el RCP. Optó sin embargo por hacer un llamado a la calma y no tardó en recuperar la compostura. — Gracias por salvarme. Estaré en deuda contigo siempre.

-No, soy yo quien te debe mucho. —Fue la escueta respuesta del castaño, quien sonrió a la joven inspectora luego de aquella afirmación. —

-Deberías ir a cambiarte, señorita. —Dijo de repente el profesor, dirigiéndose a la castaña. — Tus compañeros llegarán pronto.

Si bien tenía la duda generada por aquellas palabras carcomiéndole el cerebro, Akane tuvo que estar de acuerdo con Saiga; ellos debían de estar cerca. Inhaló entonces un poco de oxígeno y lo retuvo brevemente en sus pulmones antes de soltarlo; poco después y guardando su curiosidad para luego, se dirjió a la habitación. Al cabo de unos minutos, estaba lista.

El breve momento de silencio que reinó ente ambos hombres cuando la castaña abandonó la sala, fue roto por el mayor de ellos, quien hasta ese entonces se había dedicado únicamente a observar al menor. Aquella actitud en el castaño no era normal y, en honor a la verdad, aquella situación tampoco lo era.

-¿Piensas decirle todo? —Cuestionó Saiga directamente; no era momento para juegos. — No habrá punto de retorno si es que lo haces.

-No, solo me dedicaré a observar, al menos de momento. —Fue la respuesta del castaño quien, mientras respondía, se incorporaba del sofá. Segundos después, estaba de pie junto al ventanal, viendo la llegada de sus nuevos visitantes. — O quizás no…

Si Saiga quiso replicar o cuestionar las afirmaciones del castaño, no tuvo tiempo de hacerlo. El sonido intermitente del timbre de la casa interrumpió cualquier acción que se estuviese dando dentro y, a juzgar por la enigmática sonrisa que su protegido tenía en ese momento, el profesor o resistió la curiosidad y se asomó también a ver a los recién llegados; la sorpresa no tardó en reflejarse en sus facciones e inmediatamente comprendió el misterio detrás de las palabras de Kamui.

-"Cuando no se han cumplido las metas establecidas durante una vida, el alma busca una nueva oportunidad, sin importar cuantos años pasen."

Dejando aquella frase en el aire, Kamui abandonó su posición junto al ventanal y se dirjió a la puerta principal de la casa; habían invitados que recibir después de todo.

Siguiendo una vieja y desgastada autopista —que en su momento conectó a la gran ciudad de la burbuja principal con una zona de camping— los cuatro inspectores y los dos ejecutores se había adentrando en el bosque, en busca de la castaña inspectora. De camino, el rastro había pasado de ser la huella de un par de zapatos, a convertirse en las marcas dejadas por los neumáticos de una motocicleta que se adentraba aún más a una zona retirada del bosque; inmediatamente se arrepintieron de haber dejado la patrulla atrás.

Después de varias horas de caminata y con la esperanza de no estar cometiendo un error al seguir ese rastro, inspectores y ejecutores se toparon con un letrero de "propiedad privada", más adelante, encontraron una casa considerablemente grande que estaba resguardada por un viejo pero confiable sistema de seguridad; inesperadamente, Hisagi tuvo una extraña sensación de familiaridad al ver el lugar, mas lo atribuyó al extraordinario parecido que tenía aquella vivienda con Fallingwater (La casa de la Cascada) de Frank Lloyd Wright.

Varios metros más adelante, al límite de sus fuerzas y luego de ser rebasados por una motocicleta que iba a mayor velocidad de la permitida, los cinco hombres llegaron por fin a la entrada principal de la casa; nunca antes habían estado tan agotados. Solo esperaban que el esfuerzo hubiese valido la pena.

Si bien Hisagi no tuvo ninguna sensación en particular al ver al joven castaño que los atendió en la puerta, si la tuvo al ingresar a la casa y ver su interior: eran tan extrañamente familiar, que asustaba; aquella sensación, sin embargo, languideció al momento en que su mirada se encontró con la del sujeto que tomaba café tranquilamente junto a uno de los ventanales y, al parecer, Gino tuvo también aquella sensación pues la expresión marcada en sus facciones así lo demostraba. Por primera vez en mucho tiempo, ninguno supo cómo reaccionar.

Saiga mentiría si dijese que ver a esos muchachos entrando a su casa no lo sorprendió. Era demasiada coincidencia todo aquello y aunque sus facciones no mostraron la sorpresa que sentía, no iba a negar que la sensación estaba allí, latente. Optó sin embargo por no decir nada y se limitó a saludar a los jóvenes; no era el momento todavía y esperaba sinceramente que nunca llegase.

-He de suponer que están aquí por su compañera. Siéntense por favor y en un momento estará con ustedes. —Dijo el mayor, indicándoles a los recién llegados los sofás vacíos. Acto seguido, posó la mirada en su joven protegido. — Kamui.

El castaño simplemente se limitó a asentir y, segundos después de haber recibido la silenciosa orden de su antiguo tutor, abandonó la sala con dirección a las habitaciones en busca de la joven inspectora. No hizo falta que tocase la puerta, ella estaba saliendo del cuarto cuando la encontró.

Akane no esperaba encontrarse con el castaño fuera de la habitación, por lo que pegó un pequeño brinco producto del susto que se llevó al encontrarlo tras ella luego de cerrar la puerta.

-La última vez que me vi en el espejo, mi rostro no era tan desagradable como para asustarte. —Bromeó el castaño, sonriendo ligeramente al ver la reacción de la joven inspectora. —

-Cualquiera se asustaría si lo sorprenden por la espalda. —Replicó la castaña, haciendo sin ser realmente consciente, un pequeño puchero como cuando niña. —

-Mi culpa entonces. —Riendo ligeramente, el castaño se encogió de hombros mientras comenzaba a caminar de regreso a la sala. — Venía a buscarte, tus compañeros llegaron hace un momento y esperan en la sala.

-¿Ya están aquí? —Cuestionó casi por inercia la castaña mientras le daba alcance a Kamui. — Eso fue más rápido de lo que esperaba.

-¿Cómo podrían dejar a su indefensa compañera expuesta a los peligros del exterior por tanto tiempo? —Replicó el aludido, haciendo referencia al hecho de que no estaban dentro de las burbujas. — De haber estado en su lugar, probablemente te habría encontrado mucho antes, Akane.

-De hecho, si están los cinco juntos, me sorprende que hayan logrado encontrarme sin matarse en el camino. —Riendo ligeramente, la castaña iba detrás de Kamui, sin embargo, su risa se detuvo al igual de sus pasos al caer en cuenta de un pequeño detalle. Inmediatamente y a solo unos pasos de llegar a la sala, Akane sujetó el brazo del castaño. — Espera, hay algo que todavía no me has dicho. Mi nombre… nunca lo dije pero tú parecías saberlo desde antes. —Añadió la inspectora, apretando levemente el agarre que mantenía en él. — Además… ésta extraña sensación de familiaridad que tengo contigo y Saiga-sensei… ¿Acaso nos hemos visto antes?

El silencio que siguió a sus palabras fue bastante tenso. Akane no supo que más decir y Kamui simplemente la miraba en silencio, como si barajase las opciones que tenía antes de elegir una. ¿Acaso había dicho algo extraño? Akane pensaba que no, solo preguntó algo que le venía carcomiendo la cabeza desde que despertó en la habitación que acababa de dejar. Quería respuestas y aunque la situación no era la más adecuada, necesitaba saber la razón detrás de aquella extraña sensación.

Tan ensimismada estaba, que no pudo evitar sorprenderse al sentir el tibio tacto de la mano libre del castaño contra su mejilla; la sonrisa que éste tenía en los labios terminó de descolocarla.

-Hay cosas que es mejor ignorar, Akane.

Con aquella enigmática respuesta reverberando en el pasillo, Kamui abandonó la mejilla ajena para luego aprovechar la sorpresa de la inspectora y tomar su mano. Acto seguido y sin esperar a que reaccionase, tiró de ella mientras comenzaba a andar los pocos pasos que quedaban hasta la sala; la mirada que recibió de parte del albino del grupo le hizo saber que lo ocurrido recientemente entre Akane y él había tenido al menos un espectador.

No lo esperaba, es decir, ¿Desde cuándo ella tenía ese tipo de cercanía con otra persona? Sabía de Hisagi, de Ginoza, incluso de Kagari, pero fuera de ellos, de Choe y de él mismo, Akane no permitía que otra persona la tocase de esa manera ¿Qué había de diferente entonces en aquel sujeto? ¿Se debería acaso al hecho de a que salvó su vida? No, Akane no caería por algo tan simple, entonces ¿Qué era? Lo que fuese, a Masashima no le gustaba. Con esto en mente y sin el menor deseo de dejar a su compañera cerca del castaño, se incorporó del sofá dispuesto a alejarla de él, sin embargo, alguien más se le adelanto; los reclamos de parte de los otros no se hicieron esperar.

Akane no notó que su mano seguía entrelazada con la de Kamui hasta que fue separada sorpresivamente de él por un efusivo abrazo. Tomada por sorpresa y en un intento por no caer al suelo, solo atinó a aferrarse al cuerpo de quien se sujetaba a ella también, abrazándolo sin saber de cuál de todos sus compañeros se trataba realmente; los reclamos ajenos y la voz del sujeto que la sostenía, le dieron la respuesta.

-Estaba tan preocupado… —Susurró el sujeto mientras la apretaba contra sí. —

-Lo siento… No quise preocuparte, Kagari-kun. —Sonriendo ligeramente y como si de una madre se tratase, la castaña dio suaves palmadas en la espalda del joven ejecutor; comprendía como se sentía y por eso, en ningún momento dejó de abrazarlo. — Todo está bien.

De no haber oído la historia entre esos dos, probablemente Shinya hubiese sido el primero en separarlos; lamentablemente para él, estar consciente de todo frenó sus impulsos… al menos los primeros cinco minutos. Más pronto de lo esperado, sus celos no tardaron en salir a flote, al igual que los de Gino y Masashima.

Akane solo pudo reír al ver como sus compañeros regañaban a Kagari, quien solo sobaba su propia nuca en un gesto que ella sabía, era de nerviosismo. Unas horas atrás, mientras se hundía en el agua hasta perder la consciencia, creyó que no volvería a verlos; agradecía enormemente que ese no fuera el caso. Con esto en mente, se acercó a los "revoltosos" y, después de regañarlos a partes iguales, sonrió para ellos mientras los abrazaba; la sola idea de no volver a verlos había sido desbastadora.

Luego de aquella sorpresiva muestra de cariño y una sonora bofetada de parte de la castaña hacia Sasayama después de que éste —aprovechando el abrazo grupal— le tocara el trasero, la castaña se separó del grupo. Agradeció nuevamente a sus salvadores y dejó tras ella la promesa de volver a visitarlos en algún momento. Acto seguido y luego de oír el claxon de uno de los autos que habían venido a recogerlos, inspectores y ejecutores abandonaron la casa, siendo Masashima el último; aquello resultó extraño para Akane, sobre todo, lo fue la seria expresión en el rostro del albino al salir.

-¿Ocurre algo malo? — Cuestionó la castaña al verlo salir. Optando por retrasar su andar, Akane caminó a la par de su albino compañero. — ¿Masashima-san?

-No. No es nada, Akane-chan. —Forzando una sonrisa, el albino posó su diestra en el castaño cabello de la menor, desordenándolo un poco a pesar de saber que a ella eso no le gustaba; la reacción de la joven inspectora era algo que lo divertía siempre. — Ve en el auto con Hisagi, que te lleve a la enfermería y haga que te revisen. Yo me encargaré del informe con Ginoza. Hablaremos en casa esta noche.

Si antes estaba preocupada, aquello terminó por disparar todas sus alarmas. ¿Masashima enviándola con Shinya? Definitivamente algo no andaba bien pues, en su sano juicio, él nunca la mandaría con su azabache amigo por voluntad propia. Aquello era demasiado extraño y preocupante, por lo que intentó preguntar, sin embargo, habían llegado ya hasta las patrullas que los llevarían de regreso y el albino no le dio tiempo de nada; para cuando se dio cuenta, él estaba abordando junto a Gino y los ejecutores uno de los autos. Aquello la preocupó más todavía.

Shinya sabía cuándo Akane estaba preocupada por algo y, si era sincero en esa ocasión, él también lo estaba, o dicho de la manera correcta, el término "preocupado" era exagerar, "extrañado" sería la palabra más apropiada. Él más que nadie sabía que el albino usaría cualquiera turco para alejarlo de la castaña y esos cuatro años de distanciamiento que tuvieron era la prueba de ellos, por eso era extraño que, de un momento a otro, fuese ese mismo el que dejase a Akane en sus manos; no tenía sentido. Sabía sin embargo que, de decírselo a la castaña, ella estaría más intranquila aún, por lo que decidió no ahondar en el tema. Era mejor distraerla y quizá, solo quizá, poder pasar tiempo de calidad con ella ahora que la había recuperado.

Con esto en mente y haciendo uso de su ya conocido sentido del humor, el inspector se las ingenió para lograr que Akane se mantuviese entretenida durante el camino de regreso; lamentablemente para él y a pesar de haberle sacado un par de sonrisas durante el trayecto, la conocía demasiado ben y sabía que seguía preocupada. Emitió entonces un pequeño suspiro y detuvo el auto antes de ingresar a la burbuja. Tal vez deberían tener una pequeña conversación antes de volver a la oficina.

Cuando la patrulla que los seguía de cerca se detuvo antes de cruzar la burbuja, Masashima solo atinó a apretar con más fuerza de la necesaria el timón del vehículo; en circunstancias normales no habría dejado a Akane con Hisagi, pero en ese momento necesitaba silencio y por sobre todo, necesitaba pensar.

Kamui. Ese sujeto… desde que vio la cercanía que tenía con Akane, le desagradó completamente, pero no era eso lo que estaba molestándolo en ese momento, fue el breve intercambio de palabras que tuvieron cuando fue a buscar su chaqueta, lo que había alterado la usual tranquilidad de su mundo.

"Para disfrutar del té, debemos tener todos nuestros sentidos en el presente. Sólo entonces nuestras manos sienten la agradable calidez de la taza y percibimos el aroma, saboreamos la dulzura y apreciamos la delicadeza del té. Si le damos vueltas al pasado o nos preocupamos por el futuro, nos perdemos la experiencia de disfrutar esa taza de té. Miraremos la taza y el té ya habrá desaparecido. Lo mismo ocurre con la vida". *

Aquellas palabras, que parecían dichas al aire, no lo eran realmente; estaban dirigidas hacia él y Masashima lo sabía, la pregunta era ¿Por qué? Si antes el sujeto le era desagradable, ahora lo era aún más, pero por sobre todo, Kamui le inspiraba cautela; ese tipo no era alguien normal.

-Masashima Shougo… nos viste ¿Cierto? —Había dicho el Kamui. Él por su parte, había permanecido de pie en medio de sala, con la chaqueta en la mano y la mirada atenta a cualquier movimiento ajeno. — A Akane y a mí, quiero decir.

-Debo poner en duda el hecho de que ella permitiese que la llamases por su nombre únicamente, solo porque la salvaste. —Fue la respuesta inmediata del albino. — Akane no es ese tipo de mujer.

-Akane y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, más del que puedes llegar a imaginar. —Replicó e ese entonces el castaño, seguido de una sutil sonrisa. — Si hay alguien aquí con derecho a llamarla por su nombre, soy yo.

-¿Qué quieres decir con eso? —Fue la pregunta inmediata del albino, quien como pocas veces, mostraba un serio semblante; no le gustaba el rumbo que estaba tomando esa conversación. — Akane no te ha mencionado antes, ¿De dónde la conoces? ¿Cuál es tu relación con ella?

-Esos son asuntos que no te competen. Sin embargo, hay algo que debo advertirte, Masashima Shougo. —Dijo el castaño mientras cerraba el libro que tenía en las manos. Acto seguido y luego de dar unos cuantos pasos hasta quedar frente a él, lo miró fijamente por breves segundos antes de continuar. — Cuidado, porque esas pesadillas tuyas, pueden ser más reales de lo que crees.

Dicho esto y dejándolo con más preguntas que respuestas, el bastardo lo había dejado solo en la sala de la casa. Poco después, él había dado alcance a la castaña fuera de la vivienda, pero las dudas que iban y venían en su cabeza no lo dejaban tranquilo. ¿Quién demonios era ese sujeto? ¿De dónde conocía a Akane? ¿Cómo sabía de sus pesadillas? Y sobre todo ¿Qué habían querido decir sus palabras? La sola idea de que algunos de esos terribles sueños fuesen de alguna forma "real" lo dejó perplejo.

Con aquello dándole vueltas en la cabeza y mientras llegaban ya a las oficinas del MWPSB, Masashima tomó una decisión: tal vez no ese día, ni el que seguía después de ese, pero en algún momento y de una manera u otra, volvería a ese lugar. Necesitaba respuestas y tenía el extraño presentimiento de que allí las encontraría.

Con la decisión tomada, el albino se adentró en las oficinas junto a Ginoza para preparar el informe de la situación. Era su trabajo después de todo.

De pie junto al amplio ventanal de la casa, Kamui observaba el camino por el que hace rato ya se habían marchado los inusuales visitantes que habían tenido. Con el libro aún en la mano, el castaño dejó escapar un leve suspiro antes de dirigirse por fin a la persona que permanecía con él en la sala. No parecía contento pero tampoco estaba molesto, simplemente permanecía ahí, observándolo en silencio y, en sus años de vivir con él, Kamui sabía que aquello era peor.

-Así que has decidido marcharte, después de todo. —Dijo Saiga, mirando fijamente a quien fuese su protegido por tanto tiempo. — ¿Qué esperas lograr con esto, Kamui?

-Es simple, sensei. —Respondió con serenidad el menor. En ningún momento la sutil sonrisa en sus labios desapareció. — Quiero ver si el juez que he esperado durante tanto tiempo, aparecerá en esta época… Y si el destino que se detuvo con el fin de la guerra hace más de cien años, puede proseguir su marcha.

Notas de la autora.

Pues hasta aquí llegamos con el capítulo de hoy. Como verán, a partir de aquí comienza un nuevo "arco" —por llamarlo de alguna manera— y es en este punto donde el título del fic toma sentido realmente X'D Espero haya sido de su agrado y lo de siempre, comenten tanto si les gustó como si no, sus opiniones, siempre que sean con respeto, serán bienvenidas :3

¡Hasta la próxima!

*PD: La cita que hace Kamui durante el capítulo pertenece a Brian Weiss.

PD 2: Estoy trabajando en la actualización de Dicotomía, así que pronto sabrán de ese fic :3

PD 3: Si gustan pueden pasarse por mi Tumblr, estoy con el mismo nombre que aquí en Fanfiction. Hay varios dibujos alusivos a estos fics y justamente hoy subiré uno más.